El escritor español Joaquín Bergés (Zaragoza, 1965), autor de ‘Manual de terapia felina’ (Tusquets). /Foto de Iván Giménez – cortesía Tusquets
Joaquín Berges: “El lenguaje es lo que explica el mundo”
El escritor español publica la novela 'Manual de terapia felina' donde, a través, del humor despliega una galería de personajes que reflejan conductas poco "normales". Identidad, ego o afectos son algunos de sus temas: "Todos tenemos una parte en los márgenes"
A los once años, Joaquín Berges comprobó, con la muerte de su padre, la tragedia de vivir y lo absurdo de la vida. Ahí descubrió la necesidad de ver el lado humorístico de todo para sobrevivir: “La literatura siempre ha estado en mi vida, quizá porque he querido escapar de la perversa realidad, con lo cual me he hecho competente dentro de este mundo de ficción, quizá para ahorrarme los suplicios del mundo real”.
Lo ha plasmado con gran desparpajo e inteligencia en diez novelas desde 2009, con El club de los estrellados. Y, en la última, Manual de terapia felina (Tusquets), despliega una galería de personajes normales que recuerdan que todas las personas tienen algo en los márgenes. Una novela que cuestiona la “normalidad” al desnudar la identidad de una serie de pacientes con problemas, obsesiones, conductas o comportamientos secretos que aquí exponen a su terapeuta.
Joaquín Berges (61 años, Zaragoza, España, 1965) se adentra en estas páginas en un universo que remite a Oliver Sacks por lo real de los casos y a David Lodge por el tratamiento del humor y lo absurdo, donde el yo parece más desatado o extraviado que nunca. Pero detrás de esas situaciones expuestas aparecen un hombre que ha perdido su sombra, un joven que vive en unos grandes almacenes o dos gemelos que intercambian su identidad para conquistar a una mujer.
Vidas marcadas por la conformación constante de la identidad y la búsqueda de afectos. Y como punto de confluencia y espejo el gato, los gatos. Al otro lado de la pantalla del computador, el escritor y filólogo habla con calma, como si fuera el maestro del terapeuta de su novela. Y la pregunta es: ¿Qué es la normalidad?

Winston Manrique Sabogal. ¿De dónde cree que procede esa mirada de humor y de lo absurdo?
Joaquín Berges. Viene en el ADN y un poco en lo que he vivido. Quizás por una serie de hitos que van marcando mi vida. En mi casa había una situación muy trágica y muy absurda con la muerte de mi padre cuando yo tenía once años. Entonces, ya uno no se puede tomar el mundo muy en serio si te pasa esto a los 11 años. Mi madre tuvo una pensión de viudedad y yo, una de orfandad. Más tarde nos pusimos a trabajar juntos y fuimos muy proactivos. Estudiamos, junto con mi hermana, fuimos buenos estudiantes y tiramos para adelante.
Aquello me hizo separar los ámbitos de la ficción y de la realidad porque estas cosas absurdas de que, de pronto, una persona de 39 años fallezca de muerte natural y deje ahí a la familia colgada solamente pasan en la realidad.
La ficción para mí siempre ha tenido un marco más coherente. En la ficción, las cosas pasan por algo, hay una intención. Con lo cual, eso que me pasó en mi vida ya me llevó directamente al mundo de la ficción que era muchísimo más ordenado y coherente que el mundo de la realidad.
Y, concretamente, al mundo del humor a través de las obras del grupo de teatro de aficionados con el que colaboraba en Daroca, Zaragoza.
Entré en el mundo del humor y me di cuenta de que ese código de no tomarnos tan en serio era algo que a mí me ayudaba a comprender un poco en qué había quedado mi vida después de aquello tan trágico.
A partir de ahí ya empecé a descubrir a los grandes autores de aquella época: Miguel Mihura, Alfonso Paso, Jardiel Poncela… Luego, descubrí mis propios autores fetiche, sobre todo David Lodge. Tuvimos una relación muy buena, nos escribimos durante muchos años.
Independientemente de eso, yo estudié Filología Hispánica, y me interesa la literatura. El humor siempre me ha parecido un código muy inteligente para mirar el mundo.
W. Manrique Sabogal. Uno de los temas que más me llama la atención de sus libros, en especial de este, es el lenguaje. No el lenguaje que utiliza, sino el lenguaje como parte de la vida, ventana para conocer a alguien y como modelador de la vida. Recuerda que somos lenguaje. Aquí vuelve a tener a un terapeuta como personaje y un paciente de este señala que las cosas no existen si no se nombran.
Joquín Berges. Es cierto, yo soy muy travieso con el lenguaje. Y más en mis obras que tienen un punto más cómico, porque no todas lo tienen un punto cómico, hay otras que son más dramáticas y ahí juego un poco menos.
Es muy importante el lenguaje porque nuestra relación con el mundo es a través del lenguaje. Ya no digo nuestra relación entre nosotros; por supuesto, la relación es el lenguaje. En esta novela el terapeuta habla con sus pacientes y nosotros estamos hablando ahora también y dentro de un rato estaremos leyendo. El lenguaje es nuestro medio de comunicación, pero más allá de eso el lenguaje es lo que explica el mundo.

W. Manrique Sabogal. La identidad es otro asunto esencial en la novela, o el juego de identidades que desfila por la consulta del terapeuta. Aquí el lenguaje constituye la identidad y la identidad se reconoce a sí misma dependiendo de ese lenguaje.
Joaquín Berges. Es así. Por ejemplo, un ejercicio que se hace mucho en el mundo de las empresas, en las entrevistas, es que te piden que te describas, que pongas tus puntos fuertes y débiles y dónde tienes que mejorar, y todo son palabras. Eso es el lenguaje, es nuestra identidad.
W. Manrique Sabogal. “El ego es el motor del mundo”, dice uno de ellos personajes y otro viene a decir que el amor no es más que una demostración de egoísmo.
Joquín Berges. Eso es una pareja, si quieres que lo digamos en términos así un poco extremos, pero es eso el ego. Hay corrientes orientales que dicen justo lo contrario. Hay una frase que dice: “Maestro, yo quiero felicidad”. Tres palabras. Y responde el maestro: “Te sobran dos palabras, el yo, que es el ego, y quiero, que es el deseo”. Y si quitas esas dos palabras, lo que te queda es la felicidad”. Esto es totalmente occidental. Como tú bien has dicho, siglo XXI, año 2026, pero en occidente. Y es verdad que ahora las diferencias entre occidente y oriente por culpa de la globalización y de los medios de comunicación y las redes se están empezando a limar un poco. Pero aun así sigue habiendo diferencias. Yo estoy muy concienciado con el tema occidental. De hecho, hay uno de los casos en los que la solución que le propone el terapeuta es: Váyase a Oriente. Porque allí, todavía, se hacen las cosas del siglo pasado.
W. Manrique Sabogal. El mundo vive situaciones inéditas y no fáciles de nombrar y algunos conceptos o definiciones parecen obsoletas. ¿Hay que inventar palabras, crear acepciones para referirse a algunas cosas o conceptos o hay que esperar a que se decanten y que surja de manera espontánea ese nuevo léxico? Por ejemplo, las palabras fascismo o genocidio.
Joaquín Berges. El lenguaje por ser esa parte orgánica de la vida que nos permite comprender el mundo, describirlo y relacionarnos con los demás, está en total evolución constantemente. Hay montones de palabras que se están inventando. Hay muchas cosas que se van diciendo con anglicismos completamente adoptados por nosotros.
Luego están los términos que han sentado cátedra y son históricos, como podría ser el fascismo. Es verdad que ahora, con otras actitudes, que no son exactamente las del fascismo de la primera mitad del siglo XX, pero que responden a esas mismas cerrazones mentales y polarizaciones. Fascismo ha cobrado otra dimensión y puede ser aplicado a otras cosas.
No se trata solo de inventar palabras, sino que las palabras que existen también se enriquecen con nuevos significados y matices. Es imparable. Por eso hace falta que haya alguien que lo regule, en este caso pues la Real Academia Española, aunque a veces, tiene la manga demasiado ancha.
W. Manrique Sabogal. ¿Qué te inspiró o qué referencias tuviste para esta novela donde se despliegan tantos comportamiento y obsesiones del ser humano?
Joaquín Berges. Siempre busco los personajes un poco en los márgenes de la normalidad. O sea, sí que están en la normalidad, pero no están en el centro. Mi anterior novela, por ejemplo, Ganas de vivir, está protagonizada por unos funerarios que desarrollan una serie de perversiones muy particulares.
Ahora he ido a la consulta de un psicólogo, que desde luego es un sitio ideal para ir a buscar este tipo de personas de las que hablo que están un poquito en los márgenes, donde podríamos estar la mayoría. Voy buscando un poco eso. Son temas que en el fondo son muy cotidianos, porque tampoco es que haya aparecido una nave espacial con extraterrestres, es todo terrenal, pero un poco en los márgenes.
W. Manrique Sabogal. Como han dicho algunos autores: todos somos raros, todos tenemos nuestras periferias.
Joaquín Berges. Estoy seguro de que todos tenemos una parte en los márgenes y esa es la parte que a mí me interesa. Busco historias de personas normales, pero que están en una situación anormal como hemos estado todos alguna vez.
W. Manrique Sabogal. Otra conclusión al ver esta galería de personajes es la necesidad de afecto del ser humano. ¿Por qué esa necesidad de afecto? Habla de las preguntas básicas de la filosofía como ¿qué hacemos aquí? ¿Qué es esto?
Joaquín Berges. El ser humano es un animal social y necesita de los demás. Pertenecemos al reino animal, que a veces se nos olvida, y somos mamíferos y somos homínidos y todas las comunidades de primates de las que descendemos viven en comunidad.
¿Y nosotros de dónde venimos? Venimos del clan de los clanes que se reunían alrededor de la hoguera y en una gruta podía haber varias hogueras y tú eras de una hoguera o de otra. Y de ahí empezamos a salir. Después empezamos a hacer nuestras propias casas y de ahí provienen nuestros apellidos. Eso significa que todos procedemos de un clan y que somos clan. No digo tampoco que necesitemos ser amados por todo el mundo, pero necesitamos un clan.
Detrás está la necesidad de reconocimiento de los demás, está nuestro ego, pero no por ser ególatras, simplemente porque son los demás los que reafirman nuestra identidad.
Si nosotros estuviéramos solos en el mundo sin que nadie pudiera constatar nuestra presencia a nuestro lado queriéndonos, ¿existiríamos? También es la dependencia, la necesidad afectiva, pero también en uno se establecen los grados de dependencia humana.

W. Manrique Sabogal. Y aquí entra en escena el gato, uno de los cuales vive con el protagonista y cuya compañía este recomienda a un paciente.
Joaquín Berges. Lo más gracioso de todo es que yo he tenido todos los gatos que cito al comienzo. Pero soy alérgico al pelo de los animales, de los gatos y de los perros, con lo cual me los tuve que quitar.
W. Manrique Sabogal. ¿Usted tuvo gatos de niño?
Joaquín Berges. Hay de todo. El primero, que se llamaba Rodolfo, lo tuve no mucho, pero luego vienen Benito y Lucas que estuvieron con nosotros veinte años. Luego vino Peluchín que estuvo catorce años. Luego está Carita que todavía vive con mi suegra y el pequeño mimo que es el último al que nombro porque el verano pasado vinimos a Zaragoza y había un gatito. Le buscamos una casa ese mismo día porque era buenísimo. Yo me enamoré de él, estuve dos días con él, ni alergia ni nada, me daba igual.
Mi relación con los gatos es real. Y luego mi admiración por este animal. Es una mascota igual que el perro, pero muy diferente. El perro necesita un amo, un dueño. Si no tiene dueño o no sabe quién es su dueño, se porta mal. Los perros cuando van a los terapeutas de perros o a los adiestradores, es porque no tienen claro quién es su dueño. Y la mayor parte de los adiestradores se dedican a indicar quién es el dueño para que el perro esté tranquilo. Tiene esa necesidad imperiosa de saber quién es su dueño.
Un gato no es así, un gato es un felino, muchísimo más asilvestrado, muchísimo más salvaje. Dentro de que también es muy cariñoso. Pero son independientes, ellos vienen cuando quieren y no por supuesto cuando los llamas, algunas veces vienen y otras no. Son independientes emocionalmente y, desde luego, eso es lo que estamos vendiendo hoy en día. Hoy nadie predica la dependencia emocional del otro. Eso está hasta mal visto. Realmente lo que se predica es la independencia emocional. Otra cosa es que estés con quien quieras, pero que sea porque tú quieres de verdad, no porque sea simplemente una acomodación de los años ni nada, ni una inercia sentimental. No, no, que sea de verdad. Entonces, el gato me ha parecido siempre un ejemplo y lo que dice el terapeuta, lo sostengo yo también, la gente si tuviera un gato y observara su comportamiento…
W. Manrique Sabogal. Como filólogo y escritor, ¿con qué palabra o concepto definirías o describirías este momento que vive el mundo?
Joaquín Berges.Creo que estamos viviendo una película de James Bond. Esto es una trama, lo que está pasando a nivel internacional con las guerras, con el conflicto nunca terminado de Israel, con los ataques de Estados Unidos a Irán que ya los hemos vivido otras muchas veces. Esto se está convirtiendo en una especie de película de aventuras, lo digo con muchísimo sarcasmo, claro. Creo, de verdad, que hemos llegado a una parte del mundo cinematográfica. Estamos constantemente viviendo una película. Veo el telediario y me parece que es una de esas películas que se han hecho tantas de catástrofes y en las que siempre sale el presidente de los Estados Unidos… Me parece que es una película de esas.
Como me gusta llevarlo todo a mi terreno, estoy viendo un mundo de ficción. Lo que está pasando en el mundo no pertenece a la realidad, sino a la ficción. Hay una intención detrás, hay un argumento, hay un plot, hay algo que va a pasar y luego va a terminar y van a salir los títulos de crédito. Es demasiado perverso como para que sea real.
Una película de James Bond o como estar metidos en un libro. Porque, como dijera el propio Joaquín Berges, la literatura siempre ha estado en la vida, “quizá porque he querido escapar de la perversa realidad para ahorrarme los suplicios del mundo real”; una forma de entender —y de soportar— el mundo.
- Manual de terapia felina. Joaquín Berges (Tusquets).

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