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Samanta Schewblin, ganadora del I Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana po us cuentos de ‘El buen mal’. /WMagazín

La argentina Samanta Schweblin gana el I Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, de un millón de euros

Obtuvo el galardón por el volumen de cuentos ‘El buen mal’ por sus "mundos perturbadores de prosa hipnótica. Continúa la tradición del cuento en su punto más alto", según el jurado

En el universo narrativo de Samanta Schweblin, lo inquietante y extraño no irrumpe: late bajo la superficie de lo cotidiano. Ese territorio, explorado en El buen mal (Seix Barral), le ha valido el I Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, que reconoce el mejor libro de ficción de 2025, dotado con un millón de euros.

Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) es una de las escritoras en español con más presencia global. Traducida a más de cuarenta idiomas, en 2022, obtuvo el National Book Award a la mejor traducción por Siete casas vacías, y ha sido nominada tres veces al Booker Internacional.

El premio lo recibe, según el jurado, “por plasmar en un volumen de relatos nuevos mundos turbadores, fascinantes y complejos. Samanta Schweblin recorre magistralmente la frontera entre lo posible y lo imposible con una prosa hipnótica. Es un libro de belleza inquietante que sitúa la tradición del cuento en su punto más alto”.

El buen mal, según la organización del premio, es un “Libro de cuentos cuyos personajes, vulnerables y profundamente humanos, están atrapados en ese instante en que lo extraño asoma a sus vidas para transformarlas, dejando a algunos de pie frente al dolor, a otros dialogando con la culpa o la ternura y a todos atravesados por la incertidumbre”.

Samanta Schweblin, al recibir el galardón, preguntó al jurado que si eran conscientes “de la declaración de principios que implica empezar un premio con un libro como este. Otros grandes premios internacionales premian novelas y novelas y novelas extraordinarias, por supuesto. Y muy cada tanto tiene que aparecer una Alice Munro o una Jhumpa Lahiri, autoras de un talento sobrenatural para romper los cánones y lograr asomar un libro de cuentos. Me encanta que este premio incluya otros géneros más allá de la novela. Y hoy este premio da su primer paso premiando la excepción. Me emociona, de verdad, pensar que estoy recibiendo un premio que es, también, un reconocimiento al género del cuento”.

Los otros cuatro finalistas eran Ahora y en la hora, del colombiano Héctor Abad Faciolince (Alfaguara); Marciano, de la chilena Nona Fernández (Random House); Los ilusionistas, del español Marcos Giralt Torrente (Anagrama); y Canon de cámara oscura, del español Enrique Vila-Matas (Seix Barral).

Estos finalistas reciben 30.000 euros, cada uno, más las regalías por los derechos de autor de unos 70.000 ejemplares, por autor, del millón 400.000 euros que Aena (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea) destinará a la compra de ejemplares.

El jurado lo conformaron Rosa Montero, escritora española y presidenta, y los escritores españoles Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenca y José Carlos Llop; los argentinos Jorge Fernández Díaz y Leila Guerriero; y el mexicano Élmer Mendoza. Como secretarios, los periodistas y escritores españoles Jesús García Calero (diario ABC) y Sergio Vila-Sanjuán (La Vanguardia).

La escritora argentina Samanta Schweblin l recibir el I Premio Aena de Narrativa Hispanoamricana por su volumen de cuentos ‘El buen mal’. /Foto Cortesía La Tropa Pruduce

 

Universo literario Schweblin

Samanta Schweblin ganó su primer concurso literario hace 25 años, en 2001, cuando tenía 23 años. Fue con el cuento Hacia la alegre civilización de la Capital, en el Concurso Nacional Haroldo Conti. Al año siguiente publicó su primer volumen de cuentos y obtuvo el premio del Fondo Nacional de las Artes con El núcleo del disturbio.

Con ellos inaugura su universo literario, donde las llamadas normalidad y cordura son un espejismo, donde la realidad está siempre a punto de quebrarlas. Schweblin ha dicho que es “el pacto de la normalidad para poder convivir. Pero la verdad es que todo me parece un malentendido, una mala noticia porque… la normalidad es una falacia absoluta”.

El buen mal es su cuarto volumen de cuentos, tras el citado El núcleo del disturbio (2002), Pájaros en la boca (2009), Siete casas vacías (en 2015 ganó el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero y en 2022 el National Book Award y fue llevada al cine por Claudia Llosa). Ha publicado las novelas Distancia de rescate (2014) y Kentukis (2018). Su obra se ha traducido a unos cuarenta idiomas y sus cuentos se han publicado en medios como The New Yorker, The Paris Review, The New York Times o Granta.

El ADN literario de Schweblin se ve fortalecido en El buen mal donde, según la reseña de WMagazín, en 2025, la escritora argentina “da un paso más en su forma extraordinaria de asomarse al futuro inquietante que se avecina en la cotidianidad. Una narración que adentra al lector en una dimensión ambigua, donde sus personajes habitan mundos normales a la vista de todos, pero en cuyas sombras confabulan elementos extraños, como los miedos agazapados, para alterar sus vidas y dejar un rastro de incertidumbre, asombro, dolor, desazón o preguntas”.

Su prestigio viene de los cuentos y de la forma de explorar el tema de la cotidianidad y el modo en que inocula la zozobra en el lector, que reconoce lo que lee y ve la realidad como un cristal al que una piedrecilla golpea y empieza a resquebrajarse y a crujir, no se sabe por cuánto tiempo, antes de hacerse añicos y caer en un estruendo que cambia la vida.

Sus relatos describen episodios cotidianos en los que se ve cómo los principales temores-tragedias esperan agazapados en el interior de cada persona, alimentados por ellas mismas. Esos miedos que “autosecuestran la libertad” relacionados con los afectos y la incomunicación o la comunicación.

Sus personajes descubren quiénes son en sus “anormalidades” pero no suelen reconocerse y deciden seguir actuando como se espera de ellos para que el teatro del mundo siga su representación.

El origen de sus historias son los cuentos. No sabe si alguna vez tomó esa decisión, según reconoció en una charla con Juan Gabriel Vásquez para un vídeo de WMagazín en 2018: “Vos sabés que me formé en talleres literarios. En Argentina hay muchísimos talleres literarios, casi todos nos formamos así y ahí se leía mucho cuento. No sé si sea eso, pero un día llegó un cuento. (…) De hecho, la novela Distancia de rescate la escribí en el año en que me mudé a Berlín (2012) y, por primera vez, en mi vida tuve un año entero, sin interrupción, en el que me podía dedicar completamente a la escritura de algo. Luego se dio el cambio de género. Es interesante pensar cómo no sé hasta qué punto uno elige el género. Depende de las condiciones”.

Son temores y temblores que siempre han inquietado a Samanta Schweblin. Al principio, con relatos situados en zonas rurales y luego en las ciudades. En ambos un punto en común: el silencio exterior primero y el silencio interior después.

Una literatura que conserva y potencia la herencia del fantástico rioplatense con el que se hizo lectora y escritora: “Siempre me ha fascinado ese juego de lo extraño en la normalidad”.

Después de la imaginación, el lenguaje es la herramienta que le sirve para traerla a este mundo y compartirla: “Cada vez que el lenguaje se pone en marcha, cualquiera que se haya elegido, acarrea con sus propios límites y posibilidades. El lenguaje es esa fuerza benévola y malévola. Benévola porque nos permite comunicarnos y malévola por todo el ruido que carga el lenguaje”, reveló en una entrevista a WMagazín en 2018 por Kentukis.

Es el motivo por el cual para Schweblin la literatura es tan cómoda “y tan incómoda esta situación de entrevista. Tiene que ver con el control que uno tiene primero con la conciencia del daño que podés hacer cuando no comunicás exactamente lo que querés o cuando comunicás lo que querés y no deberías. Lo segundo es la inestabilidad en que sucede el lenguaje. En el espacio de la literatura yo detengo el mundo y si me toma tres meses entender una oración de siete palabras, me toma tres meses. La oralidad, en cambio, no permite esa suspensión del tiempo. En la oralidad el lenguaje te da coletazos por todas partes todo el tiempo te está mordiendo la cola. Y piensas: no es exactamente esto lo que quise decir, no lo dije o quería decir esto otro. Es el espacio de la duda, del malentendido”.

Samanta Schweblin al recibir el I Premio Aena de Narrativa Hispanomericana por ‘El buen mal’. /foto cortesía de La Tropa Produce

Fragmento de El buen mal

“BIENVENIDA A LA COMUNIDAD

Salto al agua desde la punta del muelle y me hundo apretándome la nariz. Tras el impacto inicial abro los ojos, me entrego atenta a la caída que va suavizándose, a los tonos nuevos a mi alrededor, más densos y tornasolados. Desciendo, aguanto sin respirar.

Quizá pasa un minuto. Al fin, despacio, toco el suelo mohoso con los pies, como una astronauta aterrizando en la luna. Me suelto la nariz y bajo los brazos, el cuerpo se tensa. Una contracción llega desde los pulmones, es un espasmo, espero un poco más. Tanteo las piedras atadas a mi cintura, el nudo siempre puede deshacerse. Para evitar arrepentirme, inspiro. Lleno el pecho de agua y un frío nuevo y duro se me pega a las costillas. Quiero que esto pase sin dolor. Una decena de burbujas salen por la boca y la nariz y se elevan. Otro espasmo me acalambra y tengo miedo de lo que pueda ocurrir ahora. Suelto el aire que me queda. Me sorprende la sensación líquida donde antes había aire, pero sobre todo me sorprende la lucidez, la serenidad. Me miro las manos, más grandes y blancas que en la superficie, y me pregunto cuánto tardaré en perder el conocimiento. Algas, cardúmenes de ojos plateados, plancton flotando como brillantina. Siento el cuerpo suelto, el contacto con las corrientes cálidas, frescas, cálidas otra vez. A lo lejos, el fondo se enturbia. ¿Cuánto tiempo habrá pasado? Tres minutos, cinco, es algo que ya no sé calcular. Estaba segura de que esto ocurriría rápido.

Toco las piedras, busco el nudo. No hay arrepentimiento, a estas alturas lo hecho hecho está. Es curiosidad. Desato la soga y las piedras se desprenden. La caída provoca un sismo cerca de mis pies, que se despegan lentamente de la tierra. Quedo ahí como flotando, sin saber qué hacer. Y es entonces, en ese momento, cuando recuerdo haber pensado ¿y si esto es todo? Dudar suspendida el resto de la eternidad: el primer miedo real que tuve este día. No ser capaz de avanzar ni de retroceder, nunca más, en ninguna dirección.

Me hago un ovillo, golpeo el suelo con los pies y me impulso. ¿Qué es lo que salió mal?…”.

 

En el siguiente videorrelato de WMagazín, Samanta Schweblin conversa con el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez.

Míralo AQUÍ

Samanta Schweblin y Juan Gabriel Vásquez o cómo ser autores del siglo XXI

La polémica del Premio Aena

El Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana hizo su anuncio el 8 de abril, en Barcelona, en medio de la polémica, no por la selección de libros ni sus autores, si no por asuntos extraliterarios como:

  • La procedencia del premio (Aena es una entidad semipública, con un 51% del Estado español, encargada de los aeropuertos y adscrita al Ministerio de Transportes).
  • Las prisas por lanzar el premio y no haber explicado lo suficiente su estrategia de responsabilidad social corporativa, donde enmarca este mecenazgo con dinero público.
  • La elevada cantidad que entrega, un total de 2,4 millones de euros, entre ganador y finalistas, que tiende a distorsionar el objetivo del premio: homologar dinero con calidad y confundir valor con precio.
  • La contradicción o eficacia de algunos de sus objetivos, entre ellos el fomento de la lectura, arrojar luz sobre libros o autores inesperados o estrechar lazos literarios con Latinoamérica, al no diversificar el ecosistema editorial español.
  • La nula contribución a la diversificación del ecosistema del libro, pues las cinco obras son editadas en España y pertenecen a grupos editoriales potentes.
  • El resultado de su diseño para elegir a las obras finalistas, donde hay un desequilibrio geográfico en los profesionales que preseleccionan las obras, lo cual puede generar un sesgo, pues el 80% son de medios de comunicación españoles para un premio de Narrativa Hispanoamericana.

En conjunto, las críticas no apuntan al resultado, sino al modelo: cómo se selecciona, cómo se financia y qué efectos produce.

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Winston Manrique Sabogal

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