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Detalle de la portada ‘Otras américas’, de Sebastião Salgado. /WMagazín

La belleza dual de Sebastião Salgado: el cielo y el infierno en uno solo como denuncia de tragedias humanas y ecológicas

La muerte del gran fotógrafo brasileño que retrató el dolor, las miserias y las tragedias del mundo y la catástrofe del medio ambiente para confoontar al ser humano con su realidad, recuerda el debate sobre el uso de imágenes bellas para denunciar el lado oscuro de la vida

¿La belleza encontrada en el dolor, el horror, la miseria o la angustia es ética? ¿Puede esta perspectiva convertirnos en insensibles frente a la tragedia? ¿Dónde está la frontera entre lo humano y lo inhumano del arte? Es uno de los debates eternos de la creación artística. Y desde la fotografía Sebastião Salgado (Aimorés, Brasil, 8 de febrero de 1944 – París, Francia, 23 de mayo de 2025) agitó desde los años setenta con sus imágenes de la tragedia humana, primero, y luego desde la del planeta. Un testimonio único alrededor de más de cien países caracterizado por el blanco y negro que aspira a la inmortalidad.

Su muerte recuerda esta discusión. Sus obras nos confrontan con la realidad vista desde diferentes esquinas. Ya lo hizo en el siglo XIX Charles Baudelaire con poemarios como Las flores del mal y el poema Himno a la belleza, donde escribe:

¿Oh, belleza, vienes del cielo profundo
o surges del abismo?
Tu mirada infernal y divina,
Vuelca confusamente el beneficio y el crimen,
Y se puede, por eso, compararte con el vino.

Baudelaire vio belleza donde antes el ser humano solo veía fealdad, inmundicia, asco u horror. Dios y el diablo en un mismo hecho, cielo e infierno como parte del mundo. El lado oscuro y negado de la vida pero que son consecuencia de actos humanos. ¿Qué es un cuadro de la crucifixión? ¿Hay allí abuso en el maquillaje del dolor y de la muerte?

Sebastião Salgado mostró el dolor, el drama, la tragedia y la incertidumbre y las consecuencias de los actos humanos sobre otras personas. Las imágenes de Salgado tienen una doble ventana o doble vía. Mientras una foto realista y cruda de una tragedia humana suele provocar que la gente aparte la vista de ella casi instintivamente, las de Salgado rondan la frontera entre la denuncia, lo social, la belleza y la necesidad de que veamos esa tragedia. Imágenes con las que, al principio, no cerramos los ojos, pero, una vez entramos en la escena, constatamos la realidad cruda, cruel o inclemente y apretamos los ojos y la boca… y pensamos y pensamos en lo visto. Salimos confrontados con la realidad.

Frente a estos señalamientos, Sebastião Salgado dijo el diario británico The Guardian, en 2024:

“Dicen que fui un ‘esteta de la miseria’ y que intenté imponer la belleza al mundo pobre. Pero ¿por qué debería ser el mundo pobre más feo que el mundo rico? La luz aquí es la misma que allá. La dignidad aquí es la misma que allá. El defecto que tienen mis críticos, yo no lo comparto. (…) Es el sentimiento de culpa. (…) No nací aquí [en Europa]. Vengo del tercer mundo. Cuando nací, Brasil era un país en desarrollo. Las fotos que tomé, las tomé desde mi lado, desde mi mundo, desde donde vengo”.

France 24 anunció la muerte de Salgado así: “Algunos artistas nos ayudan a entendernos mejor como seres humanos y Sebastião Salgado es uno de ellos. Con sus icónicas fotos en blanco y negro que retrataron lo mejor y lo peor de la humanidad durante cinco décadas, se convirtió en una prodigiosa voz de la situación en el mundo. El fotoperiodista franco-brasileño deja un legado único tras cientos de viajes por todo el planeta, captando con su lente tragedias humanas, como hambrunas, guerras y éxodos masivos”.

Y en su última etapa se dedicó a observar el planeta, a tomar el pulso del lugar donde habitamos y que no tratamos bien; pero, también, espacios bellos, casi intocados en un ejercicio por recordarnos el paraíso perdido.

En la misma entrevista a The Guardian, Salgado explicó su mirada y sentir del mundo ante la crisis medioambiental y la catástrofe del cambio climático:

“Mi perspectiva es pesimista respecto a mi especie, el ser humano, que no ha evolucionado en absoluto. Nuestra especie se ha aislado”.

Para Salgado, afirmó The Guardian, “la ceguera humana conduce a la autodestrucción, lo cual es motivo de gran pesimismo. Pero la naturaleza, dice, sigue su propio curso y sigue evolucionando. Aprendió esta lección en Galápagos, donde pasó 90 días —casi el doble que Darwin, quien pasó 47 días en el archipiélago— y a lo largo de sus ocho décadas de vida.

‘Soy pesimista respecto a la humanidad’, admite, ‘pero optimista respecto al planeta. El planeta se recuperará. Cada vez es más fácil para el planeta eliminarnos”.

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Winston Manrique Sabogal

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