La poeta español María Victoria Atencia (Málaga, 1931). /Foto de Asociación Andaluza de Escritores y Críticos
La belleza poética y libre de María Victoria Atencia gana el Premio Nacional de las Letras Españolas 2025
La escritora recibe el galardón por “una creación poética que posee y recrea la esencia de la vida". Pertenece a la Generación de los 50, pero alejada de lo social
“Si la belleza debe ceder en su frescura / no dejes que se extinga en mí su poderío…”.
María Victoria Atencia (93 años /Málaga, España, 1931) se refiera a la belleza visible e invisible, previsible e inesperada, terrenal y mística, ruidosa y discreta, canónica y escondida o periférica en todos los ámbitos del mundo. La belleza que es vida que interactúa, en silencio, con cada uno y con todo. Esa poesía nacida de lo más humano es por la que ha sido distinguida con el Premio Nacional de las Letras Españolas 2025.
Se trata, según el jurado, de “una creación poética que posee y recrea la esencia de la vida. En sus versos, la palabra se justifica a sí misma por su capacidad de trasmitir instantes de trascendencia emocionante, por una clara fe en el valor representativo y por la relevancia de su belleza”. Y ha añadido que la lírica de María Victoria Atencia “parece brotar de ‘manantial sereno’, atravesada por un verso limpio de traspasada pureza y por la búsqueda de una perfección sin ambages. En su poética, a modo de tapiz, cada puntada sirve de armazón para el conjunto global y para otorgar un significado que multiplica sus efectos estéticos”.
Una poeta dedicada a los versos desde 1955 y que entre medias obtuvo el título de Piloto de aviación, en 1971, estudió piano, le encantan las artes plásticas y traduce al inglés, mientras su obra se lee en idiomas como francés, portugués, gallego, inglés, italiano, lituano, checo, búlgaro, rumano, polaco, sueco, árabe, hebreo, flamenco y latín.

Una poeta de una poesía intemporal que un día escribió:
Que alguien pase mis páginas, pues que debo perderme
en la oscura raíz de mi arboleda.
Puedo
escuchar el gemido del silencio, y ya soy
sólo un roce en sus labios, aunque el escribidor
de versos sólo sea alguien que habla de cosas que no entiende…
María Vitoria Atencia es una poeta muy discreta, leída por pocos, pero de una gran profundidad y trascendencia en la que dialoga con los diferentes tiempos. “En su trayectoria de contundente calidad”, afirma el jurado, “Atencia va añadiendo nuevas miradas que otorgan mayor prestancia y profundidad a su lectura y la convierten en una voz imprescindible en sí misma, sin necesidad de pertenencia a generación canónica alguna, salvo la de su compromiso eterno como mujer creadora”.
Su poesía, escribió Winston Manrique Sabogal, en el diario español El País, en 2014, la ha escrito y la escribe en cualquier momento, cuando llegan, y con lo que tenga a mano: “En esas anda desde 1955, creando y cazando versos y sonetos que dialogan con lo clásico, lo tradicional y lo moderno desde la cotidianidad de la vida, las emociones y los sueños hechos de una belleza tersa y conmovedora”.
María Victoria Atencia estuvo ligada, desde muy joven, a los poetas del grupo Caracola. Es una de las exponentes de la generación de los años 50, pero no con temas sociales, al menos no como se concibió entonces con su interconexión entre la descripción y la denuncia, sino que prefirió esencias de la vida.

Es autora de obras como: Tierra mojada (1953), Cuatro sonetos (1955), Cañada de los ingleses (1961), Los sueños (1976), El mundo de M.V. (1978), Compás binario (1979), Adviento (1983), Trances de Nuestra Señora (1986), De la llama que arde (1988), La pared contigua (1989), El hueco (2003) y De pérdidas y adioses (2005).
Libros y poemas que algo deben a las otras artes que le apasionan o dedica tiempo, pues de joven estudió piano y composición en el Conservatorio y le encantan la ilustración y el grabado, de tal manera que es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo.
Entre otros premios, cuenta con el Premio Nacional de la Crítica 1997, el Premio Luis de Góngora de las Letras Andaluzas 2000, el Premio Real Academia Española de creación literaria 2012 por el libro El umbral. En 2014, es galardonada con el XXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, siendo la cuarta mujer en conseguirlo y la primera española.
…Me asomo a las umbrías de cuanto en esta hora
dispongo y pueda darme su reposo: también
este mundo es el mío: entreabro la puerta…
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