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Ilustraciones de Manuel Estrada para el ciclo de encuentros ‘El pecado de leer. Los siete pecados capitales’ con el que Alianza celebra los 10 años de la nuevas portadas de su colección de bolsillo, en 2021. /WMagazín

El placer de pecar con la lectura de libros de los siete pecados capitales

Una docena de autores celebra con Alianza editorial los diez años de El nuevo libro de Bolsillo y los 55 del sello con el ciclo de encuentros El pecado de leer. Obras de Shakespeare, Proust, Freud, Conrad o Marguerite Duras fueron invocadas como ejemplos de libros donde se aprecia la soberbia, la envidia, la gula, la pereza, la ira, la avaricia y la lujuria

Todos los temas están en los libros y casi todos en la colección de bolsillo de Alianza. Incluidos los de los siete pecados capitales: soberbia, ira, pereza, envidia, gula, avaricia y lujuria. Ellos protagonizaron el ciclo El pecado de leer: diez años del nuevo libro de bolsillo de Alianza, que en 2021 coincide con los 55 de la fundación de la editorial.

Es la felicidad y el placer de pecar con la lectura de estos libros de bolsillo cuyo elogio más ingenioso lo hizo Alberto Manguel, pecador impenitente:

“Lujuria: Consiste para mí en amar los libros físicamente, empezando por las cubiertas de Manuel Estrada, la tipografía Gramonte, el papel magnífico. Además, el libro de bolsillo permite tenerlo en la mano de manera lujuriosa y se puede llevar a la cama.

Ira: Es cuando un libro de bolsillo se destartala porque la encuadernación no es buena.

Soberbia: Me ufano de tener más libros de bolsillo de Alianza que todos mis amigos juntos.

Envidia: Porque en mi largo recorrido he perdido libros bellos y tengo enorme envidia de quienes tiene esas primeras ediciones de bolsillo.

Avaricia: Porque nunca presto mis libros de bolsillo.

Pereza: Es un pecado que me encanta porque me permito no hacer deporte por estar leyendo.

Gula: Confieso que soy goloso de los libros de bolsillo y nunca tengo suficientes. No los voy a leer todos los 1.300, pero los quiero todos en mi casa”.

Alberto Manguel abrió, por teleconferencia, con esta confesión de sus siete pecados capitales la celebración que tuvo como escenario el salón de actos del Instituto Cervantes de Madrid el 8 de febrero de 2021. En el escenario estaban Luis García Montero, poeta y anfitrión de pecadores lectores como director del Instituto Cervantes; Manuel Estrada, responsable de la tentación de pecar a través de las portadas de los libros de bolsillo con grandes ilustraciones y que tomó el relevo de otros grandes como Daniel Gil; y Valeria Ciompi que ejerce de incentivadora mayor de los pecados como directora de Alianza. Atenta a todo Giselle Etcheverry Walker, comisaria de estos pecados.

Diez escritores dialogaron, entre febrero y marzo, alrededor de estas temáticas surgidas en obras del catálogo de Alianza. El objetivo, señala Valeria Ciompi, directora editorial del sello, era “poner a dialogar los libros y las ideas, los deseos y las imágenes, y remontarnos al mayor pecado, el de la sed de conocimiento, que ha llegado a concretarse en una serie de encuentros en que escritores y periodistas -todos ellos en primer lugar lectores- pertenecientes a generaciones y tendencias distintas han propuesto algunas versiones y aspectos de cada uno de los siete pecados capitales a la luz de lecturas de libros del catálogo de El libro de bolsillo”.

El resultado -provocador, divertido, creativo-, continúa Valeria Ciompi, “nos ha mostrado, una vez más, que cada lectura puede enriquecerse con otras visiones, que los libros más dispares pueden dialogar entre sí, y que en sus páginas aguardan sorpresas que escapan incluso a una lectura atenta, lo que los convierte, como sabemos, en inagotables”.

El resultado de estos cuatro encuentros fue la invocación de autores en cuyas obras están presentes estos pecados como Miguel Ángel Asturias, Robert Graves, Mario Benedetti, Marguerite Duras, Adolfo Bioy Casares, Guillermo Díaz-Plaja, Thorstein Veblen, H.G. Wells, Sigmund Freud, William Shakespeare, Arthur Rimbaud, Benito Pérez Galdós, Marcel Proust y Soren Kierkegaard.

Algunas de sus obras fueron elegidas y analizadas por los autores Miguel Sáenz, Lara Moreno, Patricio Pron, Mercedes Cebrián, Javier Montes, Diego Garrocho, Violeta Gil, Vicente Molina Foix, Sabina Urraca, Edurne Portela, Félix de Azúa y Manuel Rodríguez Rivero.

Los siete pecados capitales fueron abordados por estos autores, entre febrero y marzo, en diferentes días y lugares de Madrid pero vistos a través del mundo digital en directo. En WMagazín recuperamos los encuentros de los pecadores y el placer que les producen estos pecados capitales reflejados en los libros:

SOBERBIA E IRA

Bajo el lema ¿Personajes esclavos de sí mismos? se trató la soberbia en palabras de Miguel Sanz y la ira con Lara Moreno, moderados por Patricio Pron, en la librería Rafael Alberti. Miguel Sanz se refirió a la novela El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias; y a Yo, Claudio, de Robert Graves, para ejemplificar este pecado reflejado en la literatura. Dos obras de referencia mundial, la de Asturias es una de las obras fundacionales del tema de dictadores en la narrativa latinoamericana y la de Graves un clásico sobre el imperio romano con sus crueldades y batallas intestinas con personajes entre los que destaca Calígula.

La ira la representó Lara Moreno en Yan Andrea Steiner, de Marguerite Duras, y en Pedro y el capitán, de Mario Benedetti. Aunque la primera obra es un híbrido de géneros hay un pasaje que Lara Moreno recuerda y es cuando Duras se refiere a su pareja, Yan Andrea, como alguien a quien le teme y que le suscitaba miedo cuando este despertaba. La obra teatral de Benedetti la menciono por la relación de torturador y torturado. “La ira necesita del otro para ser ejecutado. Y se da en Pedro y el capitán”, afirma Moreno.

ENVIDIA Y PEREZA

¿Cuánto hay de ellas en nuestra vida en común? Bajo este lema charlaron Mercedes Cebrián y Javier Montes, moderados por Diego S. Garrocho, en la librería Tipos infames. De la pereza se encargó Mercedes Cebrián a partir del libro El español y los siete pecados capitales, de Fernando Díaz-Plaja, y Teoría de la clase ociosa, de Thorstein Vleben. Cebrián intentaba ver si había una pereza ibérica y otra anglosajona.

La envidia la abordó Javier Montes con los libros La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, y La isla del Dr. Moreau, de H. G. Welles. Asegura que la envidia es el pecado menos rehabilitable y que es muy difícil que alguien reconozca padecerla. “Vivimos en una sociedad tan eficiente y es una postura de debilidad. El infierno del envidioso es el infierno de debilidad. La envidia es un fracaso”.

El escritor recordó que hay antídotos contra estos pecados capitales: contra la pereza: diligencia, contra la gula: templanza; contra la envidia: caridad. “Y eso de la caridad fue lo que me hizo pensar en que el universo del envidioso es la crueldad, un mundo en el que no existe la piedad”, señala Montes.

AVARICIA Y GULA

¿Cuál es el precio del exceso? Sobre esto reflexionaron Vicente Molina Foix y Violeta Gil, moderados por Sabina Urraca, en la librería La Buena Vida. Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud, fue la obra elegida por Violeta Gil, como una lectura muy literaria de la gula. La avaricia fue el pecado de Molina Foix a través de La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud; y El mercader de Venecia, de William Shakespeare. La avaricia ha dado grandes obras literarias, según Molina Foix. “En la literatura la maldad esquemática y maniquea no me gusta”, explica Molina Foix. Al escritor le gusta “la maldad escrita con altura. Si hay alguien que ha creado malos incomparables de una humanidad en su maldad es Shakespeare. La literatura avanza con maldad y humanidad como la vida real”.

LUJURIA

¿Cuál es el placer del cuerpo que no obtiene placer? Edurne Portela y Félix de Azúa, moderados por Manuel Rodríguez Rivero, cerraron el ciclo en la FNAC, de Madrid. Portela lo hizo a través de Lo prohibido, de Benito Pérez Galdós, y Diario de un seductor, de Sören Kierkegaard. Azúa se decantó por Tristán e Iseo, versión de Alicia Yllera, y En busca del tiempo perdido. Sodoma y Gomorra, de Marcel Proust.

Félix de Azúa trazó la biografía del concepto lujuria y su aplicación en la sociedad: “Por raro que parezca es un invento hebreo y fue el mundo bíblico el primero que habló de ella. Fue el primero en separar la fornicación en dos partes: una aprobada y otra rechazada cuando se daba en determinadas circunstancias. Es el primer intento de separar la vida sexual en su lugar civilizado y su forma salvaje. Todo lo que no estaba reglamentado por la ley era lujuria”.

El escritor español viajó hasta la Grecia antigua: «El mundo clásico fornicaba con todo. En Grecia estaba admitido la relación homosexual de los guerreros sin conflicto con sus matrimonios heterosexuales. Solo se condenaba le exceso. La palabra latina luxuria significaba lo propio de alguien rico y los dispendios, es decir el lujo. En su origen no tiene nada que ver con el sexo».

El cambio del concepto viene con la religión, recuerda Azúa: «En el mundo cristiano fue san Agustín quien dio la primera justificación de la pulsión sexual al relacionarla con el pecado de Adán y Eva. La prohibición era la fornicación, no comer la manzana del pecado original”.

Recordó que con el paso de los años la lujuria se anula en el matrimonio porque el casado adquiere compromiso sin amarse con su esposa: “La lujuria en la vida moderna toma un sesgo artístico que en el siglo XXI ha desaparecido”.

Su mirada de la lujuria en el presente la resume con estas palabras: “La sociedad técnicamente desarrollada del siglo XX ha convertido la lujuria en un elemento clave del mercado. Su integración mercantil incluye programas de televisión con parejas dispuestas a tener sexo. Sería engañoso creer que esa colosal presencia del sexo en nuestra sociedad tiene la menor relación con la lujuria. Es solo económica y mercantil. El sexo como producto económico es una de las mayores fuerzas del mercado. La lujuria ya no es lo que era, quizás tan solo nos queda un recuerdo artístico y literario de cuando fue algo realmente importante, pero hay que andarse con ojo porque la represión sigue siendo dura y eficaz. La actual iglesia y la publicidad mercenaria se han adueñado de ella”.

Historia de Alianza y El libro de bolsillo

El libro de bolsillo de Alianza es la historia del éxito que sueña toda editorial: prestigio, popularidad y cariño por parte de sus lectores.

La propia editorial cuenta mejor que nadie su origen en su web:

“Fue creada en 1966 por un destacado grupo de intelectuales (entre ellos José Ortega Spottorno, hijo del filósofo José Ortega y Gasset), con el objetivo de vivificar y agitar la claustrofóbica atmósfera cultural española, de promover el debate y de difundir el conocimiento entendido como una de las herramientas de cambio más poderosas para la sociedad española del momento. Corrían los últimos años de la dictadura de Franco, que duraría hasta finales de 1975, y por entonces los más destacados autores y obras literarias únicamente circulaban en ediciones extranjeras o clandestinas”.

A partir de entonces sus libros llegaron a colegiales, universitarios, profesionales y lectores de toda clase. Se convirtió en referencia. El libro de bolsillo está pensado como una biblioteca básica para cualquier persona interesada en el conocimiento, la cultura y el placer de leer.

El resultado ha sido un diálogo sin tiempo entre autores clásicos y contemporáneos con los lectores. Así es que en 2021 quisieron celebrar diez años de un nuevo reto para El libro de bolsillo, “una colección que tiene nombre de formato, pero que nació con vocación de biblioteca, casi como una manera de entender/ordenar el mundo, justo en el año en que se cumplen cincuenta y cinco desde su creación y cuando el catálogo vivo alcanza los 1.300 títulos”, recuerda su editora editorial.

Hace diez años alianza emprendió la aventura de repensar la colección en términos de diseño y formato, cuenta Ciompi, “con el cuidado de siempre en los contenidos, con una revisión a fondo de las propuestas que abarcan casi todas las materias de conocimiento y de los placeres que proporciona la lectura en temas, estilos, autores”.

El trabajo con Manuel Estrada, reconoce Ciompi, ha supuesto un enriquecimiento en ambas direcciones: “Para un diseñador como él, enfrentarse al peso de las palabras. Para los editores de Alianza, llevar a la práctica una idea que estaba en el origen de la creación del sello, en que las imágenes, en este caso las portadas, son también un mensaje, que habla de la aspiración a construir un artefacto casi perfecto, que integra de manera sugerente contenido y forma. Las portadas como pretexto para una reafirmación del espíritu de la colección y también una llamada para los nuevos lectores”.

El secreto del éxito de las portadas de Manuel Estrada podría estar en esta confesión: “Cuanto más tiempo llevo trabajando con imágenes más me interesan las palabras”. Lo dijo en la apertura del ciclo El pecado de leer donde reconoció que “sintetizar un libro, unas palabras, una idea, en una imagen es una tarea muy difícil”.

Sobre todo con un catálogo como el de Alianza, añadió, en el que sus autores y títulos no caducan. Y las portadas tampoco. Después de diez años de rediseño para celebrarlo con los siete pecados capitales Estrada no recurrió a nuevas imágenes, sino que el mejor homenaje fue reutilizar algunas portadas y adaptarlas a este pecado de leer. Así surgieron las ilustraciones de los siete pecados capitales de El libro de bolsillo de Alianza:

El cartel de los siete pecados viene de la portada del libro Poesía y pensamiento. Antología de Santa Teresa de Jesús. Una fresa con forma de corazón atravesada por una pluma de escritura.

Soberbia e ira. Es la imagen de El celoso extremeño, de Migue de Cervantes. Un tenedor metálico abrazado o envolviendo a una cuchara de madera.

Pereza y envidia. Viene de La dicha por el mal ajeno, de Chadenfreude. Un mando a distancia colgado en medio de unos cuchillos.

Avaricia y gula. procede de El pirata, de Josep Conrad. Un zapato lleno de monedas.

Lujuria. Es del libro de Freud Ensayos sobre la vida sexual y la teoría de la neurosis. Unas gafas y el culo de una escultura.

Manuel Estrada reveló algunos de sus secretos para contribuir a crear pecadores de lectura de libros, lo hizo con una especie de mandamientos:

“Fue emocionante rediseñar los libros de alianza. Lo hicimos de adentro hacia afuera.

Las cubiertas son las puertas por las que se entra a los libros.

Las cubiertas son ventanas que abrimos para que el contenido de los libros se asome al exterior.

Una portada no debe nunca responder a criterios de venta o llamar la atención. Esto es lo que, a veces, ocurre. Los libros buscan atraer el impulso.

Para hacer una cubierta buena no es un análisis a posteriori que nos dice que la cubierta tiene una significación, un sentido o un hallazgo formal. Debe ser lo segundo. La portada debe reflejar el contenido del libro.

Leer, comprender, dibujar.

Esos son los libros de bolsillo de Alianza que conecta con las diferentes generaciones de los últimos 55 años. Valeria Ciompi recordó: “Alguien ha dicho recientemente que nuestra naturaleza de seres siempre en busca de sentido, de seres que se narran a sí mismos y narran a otros no puede agotarse en una pantalla de televisión, de ordenador o de móvil. En esta celebración hemos encontrado una vez más el irrenunciable estímulo que nos proporcionan los libros. Hablar de pecados, hablar de libros es también sentirnos menos solos cuando nos equivocamos o cuando vivimos tiempos tan raros. Nos estamos reafirmando en la lectura y en nuestra labor como editores, con libros pequeños llenos de sentido y para solaz de todos los sentidos y, lo que no es menos importante, con precios asequibles”.

Leer, comprender, dibujar es la ruta del ilustrador que nos seduce, para que luego el lector caiga en la tentación de leer, comprender y dibujar su propio mundo de lectura.

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