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Detalle de la portada del libro ‘Aprender a ser salvajes. Cómo las culturas animales crían familias, crean belleza y consiguen la paz’, de Carl Safina.

La lección de convivencia de otras culturas de animales y la búsqueda de la belleza del ser humano para vivir

En 'Aprender a ser salvajes' el autor y etólogo del libro muestra cómo otras especies viven en paz con la naturaleza. Safina recuerda que el planeta no es solo del ser humano, es de muchas especies y solo sobrevivirá si hay un equilibrio. WMagazín avanza un pasaje esclarecedor de esta obra

Presentación WMagazín Esta es una visita fascinante a las formas de vidas de otras comunidades de seres vivos. Una visita desde la óptica de la cultura en los animales. Es la invitación que hace el etólogo Carl Safina en el libro Aprender a ser salvajes. Cómo las culturas animales crían familias, crean belleza y consiguen la paz (Galaxia Gutenberg).

Una obra que recuerda que el ser humano no está solo en el planeta y para que este sobreviva deben vivir todas sus especies en armonía y equilibrio. Otro elemento maravilloso es la manera en que la belleza se ha convertido en una especie de estratagema de la vida para impulsar y motivar al ser humano a vivir.

WMagazín publica un pasaje de este ensayo de este doctor en Ecología por la Universidad Rutgers, primer titular de la cátedra de Naturaleza y Humanidad de la Universidad Stony Brook, desde donde copreside la junta directiva del Centro Alan Alda para la Ciencia y la Comunicación y también es presidente fundador del Safina Centre, institución sin ánimo de lucro. Es autor del ensayo Mentes maravillosas. Lo que piensan y sienten los animales.

«Durante siglos se ha creído que la cultura es estrictamente una hazaña humana. ¿Y si no es así? Los genes no son el único factor que hace que nos convirtamos en quienes somos. La cultura también es una forma de herencia. La cultura almacena información importante, no en el acervo génico, sino en la mente. ¿Qué sería de las distintas especies y de los individuos que las componen si los mayores no transmitieran conocimientos y habilidades como dónde encontrar agua y alimento, en quién nos podemos apoyar y quién nos puede hacer daño, cómo se organiza nuestra comunidad, cómo comunicarnos a través de la palabra, del canto o de los gestos? ¿Cómo nos adoptaríamos a los cambios constantes de nuestro entorno si nadie nos transmitiera nada?».

Carl Safina fue el presentador de la serie de diez capítulos de la cadena PBS Saving the Ocean with Carl Safina. Sus artículos aparecen publicados en The New York TimesNational Geographic, Audubon y otras revistas, así como en internet en las páginas web National Geographic News, Huffington Post y CNN.com. Éste es su séptimo libro.Por su labor, Carl Safina ha obtenido las becas MacArthur, Pew y Guggenheim, y por sus obras, ha sido galardonado con los premios literarios Orion, Lannan y National Academies, así como con las medallas John Burroughs, James Beard y George Raab.

El siguiente es el viaje asombroso a la naturaleza para aprender a vivir:

'Aprender a ser salvajes. Cómo las culturas animales crían familias, crean belleza y consiguen la paz'

Por Carl Safina

Hasta ahora, la cultura ha sido, en gran medida, un aspecto oculto y poco valorado de las vidas salvajes. Sin embargo, para muchas especies, la cultura es crucial y, al mismo tiempo, frágil. Mucho antes de que una población disminuya lo suficiente como para considerarla bajo la amenaza de la extinción, es posible que empiecen a desaparecer sus conocimientos singulares, su cultura adquirida y transmitida a través de muchas generaciones.

Este libro trata también de dónde ha llevado la cultura a la Vida (Vida con mayúscula, es decir, todas las formas vivas sobre la Tierra en general) durante su recorrido a través de la profundidad de los tiempos. Los cuerpos llameantes de los guacamayos rojos, por ejemplo, plantean un misterio grandioso: ¿por qué nos parecen bellos los mismos colores y plumas que también les parecen bellos a las propias aves? Mucho antes de los humanos, la Vida desarrolló la capacidad no solo de percibir sino de crear –‍y desear–‍ lo que llamamos belleza. ¿Por qué existe en la Tierra la percepción de la belleza? Este aspecto de nuestra indagación actual lleva a una conclusión muy sorprendente sobre el papel de la belleza en la evolución. Analizaremos los detalles a medida que avancemos en nuestro viaje. Por ahora me limitaré a decir que una tarde de domingo, cuando me encontraba escribiendo y me di cuenta de la escasa atención prestada al papel de la belleza a la hora de impulsar la evolución de nuevas especies, se me pusieron los pelos de punta.

Los genes no son el único factor que hace que nos convirtamos en quienes somos. La cultura también es una forma de herencia. La cultura almacena información importante, no en el acervo génico, sino en la mente. Las reservas de conocimiento –‍habilidades, preferencias, canciones, uso de herramientas y dialectos–‍ se transmiten de una generación a otra como un testigo. Y la propia cultura cambia y evoluciona y, a menudo, proporciona adaptabilidad con más flexibilidad y rapidez de lo que podría hacerlo la evolución genética por sí sola. Un individuo solo adquiere genes de sus progenitores, pero puede adquirir cultura de cualquiera que pertenezca a su grupo social. No nacemos dotados de cultura; esa es la diferencia. Y, como la cultura mejora las posibilidades de supervivencia, la cultura puede ir por delante y los genes tienen que seguirla y adaptarse. (…)

Aprender de otros «cómo vivimos» es un rasgo humano. Pero aprender de otros también es una característica de los cuervos. Del simio y la ballena. Del loro. Incluso de la abeja. Suponer que otros animales no tienen cultura porque no tienen una cultura humana es como pensar que otros animales no se comunican porque no tienen una comunicación humana. Tienen su comunicación. Y tienen sus culturas. No digo que la vida les parezca lo mismo que nos parece a nosotros; eso no ocurre con la vida de nadie. Solo digo que el instinto llega hasta cierto punto; muchos animales necesitan aprender casi todo para ser lo que acaban siendo.

Los cachalotes, los guacamayos y los chimpancés que vamos a visitar representan tres grandes temas culturales: identidad y familia, las connotaciones de la belleza y las tensiones que crea la vida social y que la cultura debe suavizar. Estas tres especies, y muchas otras que figuran en estas páginas, van a ser nuestras maestras. De cada una de ellas vamos a aprender algo que hará que valoremos más el hecho de estar vivos en este milagro que llamamos con ligereza el mundo.

Al adentrarnos en la naturaleza, y observar a los animales de forma individual, en libertad y en sus comunidades, vamos a obtener una imagen privilegiada de las bambalinas de la Vida en la Tierra. Contemplar cómo fluyen los conocimientos, las habilidades y las costumbres entre otras especies nos proporciona una nueva comprensión de lo que pasa constantemente sin que lo veamos, fuera de la humanidad. Y nos ayuda a construir la respuesta a una de las preguntas más importantes que podemos hacernos: ¿quiénes son nuestros compañeros de viaje en este planeta, con quién estamos aquí?

La belleza

Un cachalote descubre con quién va a viajar, un guacamayo mira con deseo a una bella vecina, un chimpancé aprende a pagar para jugar. La cultura crea inmensas reservas de conocimiento no programado ni planificado. Todo el mundo habla, canta y comparte las claves.

Sobre el terreno, esto es interesante, sin más. Pero retrocedamos para tener una perspectiva general. La vida en la Tierra, un fragmento infinitesimal de toda la materia y la energía cósmica, es el universo que toma conciencia de sí mismo. Y la cultura es la Vida que se adapta y reacciona, a través del tiempo y minuto a minuto, al rincón de la galaxia en el que se encuentra. La magia y el misterio de esa reacción consciente y flexible, visibles en todo, desde un gorrión que canta hasta el telescopio espacial Hubble, dan escalofríos.

La vida es nuestra pequeña parte del universo que toma las riendas de su propio destino. Y la Vida ha escogido, de maneras muy reales, llevar a cabo actos aleatorios de belleza. No toda la vida, ni todo el tiempo, pero, desde que comenzó este viaje asombroso, hace cientos de millones de años, esta tendencia ha existido: la vida ha creado una capacidad de percepción que se siente como belleza, y luego ha buscado sin cesar cosas bellas. La vida prefiere lo bonito y considera bonito lo que prefiere. La vida ha decidido ver belleza en sí misma y en nuestro trozo de cielo. Ese descubrimiento es tan asombroso que puede dejarnos sin aliento. Convierte nuestro mundo viviente en algo más que un accidente cósmico de la física y la química: en un milagro.

Pero milagroso no significa seguro.

  • Aprender a ser salvajes. Cómo las culturas animales crían familias, crean belleza y consiguen la paz. Carl Safina. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (Galaxia Guttenberg).
Las mejores portas del año 2020 en WMagazín. / Gif de Luis Manrique-WMagazín

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