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Detalle de la portada de ‘La Iliada y la Odisea’, de Homero, ilustrada por Soledad Bravis. /WMagazín

La literatura de náufragos, peregrinos y argonautas que viajan por la Tierra y el interior humano

Las Conversaciones de Formentor dedican su edición 2021 a libros que narran la itinerancia física y espiritual. WMagazín crea un periplo por los comienzos de algunas de las obras emblemáticas. César Aira recibe el Formentor de las Letras

El viaje, la peregrinación y el naufragio están presentes en el origen de las historias contadas. Ya están en la epopeya de Gilgamesh, el primer texto de la historia de la humanidad escrito en tablillas de arcilla hace 35 siglos; y se convierten en gran literatura y soplo de inspiración para resto del Tiempo desde hace 28 siglos en Odisea, de Homero, donde ese viaje es también naufragio con múltiples metáforas.

Viajes y peregrinaciones físicas, viajes y peregrinaciones interiores, viajes y peregrinaciones intelectuales, viajes y peregrinaciones emocionales y sentimentales; naufragios físicos, naufragios interiores, naufragios intelectuales, naufragios emocionales y sentimentales… Estos son los temas que aborda las Conversaciones de Formentor 2021 tituladas Náufragos, peregrinos y argonautas. De la vida itinerante en el ancho mundo con una treintena de escritores y profesionales del libro del 9 al 11 de octubre en Sevilla (España). Y estas mismas conversaciones han empezado este año su peregrinación e itinerancia porque hasta el 2020 se realizaban en el Hotel Formentor de Pollença en Palma de Mallorca, pero su venta obligó a buscar nuevos lugares.

Tras Ulises, en Odisea, la literatura se ha poblado de innumerables seres itinerantes por la Tierra y la psiquis… «Robinson Crusoe, Ali Bey y Simbad, Ibn ‘Arabí y Anselm Turmeda, Kavafis, los Durrell y Henry Miller se han embarcado junto a tantos otros en el viaje sentimental, erótico y espiritual que tiempo atrás emprendieron sus ancestros, los náufragos sin puerto, los peregrinos sin consuelo, los argonautas sin fin», señala la organización de las Conversaciones de Formentor.

Todo empezará con la entrega del Premio Formentor de las Letras al escritor argentino César Aira el sábado. El domingo estará dedicado al análidis de la obra del galardonado. Habrá un homenaje Roberto Calasso, editor y ensayista italiano fallecido este 2021 y ganador del Formentor de las Letras, con la participación de los editores Antoine Gallimard, de Gallimard,Jorge Herralde, de Anagrama. También se presentará el programa dedicado al centenario del natalicio de José Saramago.

Entre los autores destacados en la Conversaciones de Formentor figuran Lídia Jorge, Philippe Claudel, Raquel TaranillaMoisés Mori y Jean-François Fogel.

La Fundación Formentor fue creada para organizar el Prix Formentor y las Conversaciones literarias que se celebran cada año. La entidad auspiciada con el mecenazgo de la familia Barceló y la familia Buadas, da continuidad a los encuentros culturales iniciados en 1930 y al premio literario convocado por los editores europeos desde 1961.

En su segunda etapa desde 2011 el Premio a distinguido a Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Alberto Manguel, Mircea Cartarescu, Annie Ernaux, Cees Nooteboom y César Aira.

Cartel del Premio y Conversaciones de Formentor 2021.

Viaje por la mejor literatura de naufragios y peregrinos

WMagazín propone un breve periplo por la literatura de náufragos, peregrinos y argonautas que abordarán estas Conversaciones de Formentor. Lo hacemos con el comienzo de algunas obras incluidas en el programa y señalamos el escritor o especialista que la tratará. Como prólogo la obra emblemática de la que surgen todas.

Odisea, de Homero:

«Háblame, Musa, de aquel varón ingenioso que anduvo errante largo tiempo, después de haber destruido la sagrada ciudad de Troya; que vio los pueblos y conoció las costumbres de muchos hombres, y sufrió en su corazón muchas penas, sobre el mar, luchando por su vida y la vuelta de sus compañeros. Y no pudo salvarlos a pesar de su deseo: perecieron por su misma demencia ¡insensatos! pues se comieron los bueyes del Sol, hijo de Hiperión, y este les quitó el día de su regreso. Musa, hija de Júpiter, cuéntanos algo de estas aventuras».

Lluvia y otros cuentos, de Somerset Maugham (a cargo de Sònia Hernández):

«Se acercaba la hora de acostarse; cuando despertaran a la mañana siguiente, la tierra estaría a la vista. El doctor Macphail encendió su pipa y, apoyándose en la borda, registró los cielos, buscando la Cruz del Sur. Después de pasar dos años en el frente y de recibir una herida que demoró más de lo necesario en cicatrizar, se sentía satisfecho al pensar en una temporada tranquila en Apia, durante unos doce meses por lo menos, y ya notaba que el viaje le había hecho bien. Como algunos de los pasajeros desembarcaban al día siguiente en Pago-Pago, habían improvisado un baile por la tarde, y aún parecían resonar en sus oídos las duras notas del piano mecánico».

Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez (a cargo de Ridha Mami):

«El 28 de febrero de 1955 se conoció la noticia de que ocho miembros de la tripulación del destructor «Caldas», de la marina de guerra de Colombia, habían caído al agua y desaparecido a causa de una tormenta en el mar Caribe. La nave viajaba desde Mobile, Estados Unidos, donde había sido sometida a reparaciones, hacia el puerto colombiano de Cartagena, a donde llegó sin retraso dos horas después de la tragedia. La búsqueda de los náufragos se inició de inmediato, con la colaboración de las fuerzas norteamericanas del Canal de Panamá, que hacen oficios de control militar y otras obras de caridad en del sur del Caribe».

El cuarteto de Alejandría I. Juastine, de Lawrence Durrell (a cargo de María Belmonte):

«Otra vez hay mar gruesa, y el viento sopla en ráfagas excitantes: en pleno invierno se sienten ya los anticipos de la primavera. Un cielo nacarado, caliente y límpido hasta mediodía, grillos en los rincones umbrosos, y ahora  el viento penetrando en los grandes plátanos, escudriñándolos…

Me he refugiado en esta isla con algunos libros y la niña, la hija de  Melissa. No sé por qué empleo la palabra ‘refugiado’. Los isleños dicen bromeando que sólo un enfermo puede elegir este lugar perdido para restablecerse. Bueno, digamos, si se prefiere, que he venido aquí para curarme…».

Los errantes, de Olga Tokarczuk (a cargo de Patricia Almarcegui):

«Tengo pocos años. Estoy sentada en el alféizar, a mi alrededor hay juguetes esparcidos por el suelo, torres de cubos derrumbadas, muñecas de ojos saltones. La casa está a oscuras, en las estancias el aire, poco a poco, se enfría, se debilita. No hay nadie; se han marchado, han desaparecido, cada vez más tenues se pueden oír todavía sus voces, su arrastrar de pies, el eco de sus pasos y alguna risa lejana. Al otro lado de la ventana el patio aparece desierto. La oscuridad se desliza suavemente desde el cielo. Se posa sobre todas las cosas como un negro rocío.

Lo más molesto es la quietud: espesa, visible; el frío crepúsculo y la luz mortecina de las lámparas de vapor de sodio que se sumerge en la penumbra apenas a un metro de su fuente».

Viaje a la Luna, de Cyrano de Bergerac (a cargo de Basilio Baltasar):

«A Monseñor Tannegui, Regnault des Bois-Clairs Caballero, secretario de los Reales Consejos y gran preboste de Borgoña y Bresse
Señor:
Cumplo ahora la última voluntad de un muerto que vos obligasteis en su vida con un señalado desprendimiento. Como era conocido por una infinidad de gente de espíritu por el fuego potente que ardía en el suyo, fue absolutamente imposible el que muchas gentes ignorasen la desgracia que una peligrosa herida, seguida de fiebre violenta, le produjo algunos meses antes de su muerte. Muchos han ignorado qué buen demonio velaba por él; pero ha creído él que el nombre no debía ser tan público como fue provechoso el lance. Vos fuisteis su amigo, vos le socorristeis con frecuencia y aun le habríais testimoniado muchas veces cuán bien sabréis vos cuánta necesidad tenía él de vuestro socorro; pero, ¿qué se ha de hacer, si otros hombres no hicieron como vos? ¿Y qué menos que os mostraseis así ante nuestro amigo, vos que también parecíais magnánimo con cien más que no eran de su temple?».

Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinad Céline (a cargo de Philippe Claudel):

«La cosa empezó así. Yo nunca había dicho nada. Nada. Fue Arthur Gánate quien me hizo hablar. Arthur, un compañero, estudiante de medicina como yo. Resulta que nos encontramos en la Place Clichy. Después de comer. Quería hablarme. Lo escuché. ‘¡No nos quedemos fuera! -me dijo-. ¡Vamos adentro!’. Y fui y entré con él. ‘¡Esta terraza está como para freír huevos! ¡Ven por aquí!», comenzó. Entonces advertimos también que no había nadie en las calles, por el calor; ni un coche, nada. Cuando hace mucho frío, tampoco; no ves a nadie en las calles; pero, si fue él mismo, ahora que recuerdo, quien me dijo, hablando de eso: «La gente de París parece estar siempre ocupada, pero, en realidad, se pasean de la mañana a la noche; la prueba es que, cuando no hace bueno para pasear, demasiado frío o demasiado calor, desaparecen. Están todos dentro, tomando cafés con leche o cañas de cerveza. ¡Ya ves! ¡El siglo de la velocidad!, dicen. Pero, ¿dónde? ¡Todo cambia, que es una barbaridad!, según cuentan. ¿Cómo así? Nada ha cambiado, la verdad. Siguen admirándose y se acabó. Y tampoco eso es nuevo. ¡Algunas palabras, no muchas, han cambiado! Dos o tres aquí y allá, insignificantes…’ Conque, muy orgullosos de haber señalado verdades tan oportunas, nos quedamos allí sentados, mirando, arrobados, a las damas del café».

Viajes literarios en los que los personajes llegan a su destino, pero su historia surca el Tiempo…

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