La novela contemporánea en español vive una gran transformación como refleja el proyecto “26 en el 26: novelistas que renuevan la literatura en español”, de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México). /WMagazín
La novela contemporánea en español: el mapa de 26 novelistas de América Latina y España que trazan su futuro en la FIL Guadalajara
Libertad, hibridación, intimidad, cuerpo, memoria, identidad, extrañeza y lenguaje son algunos de los territorios que exploran los autores menores de 40 años seleccionados por la FIL de Guadalajara en “26 en el 26”. No es tanto una generación del futuro, sino una que ya está modificando el presente de la novela en español. Varios de ellos analizan para WMagazín los derroteros del género
En una vida asediada por las tecnologías, la novela en español más contemporánea se hace más humana, universal y mutante: ha convertido lo íntimo, los detalles de los personajes y las huellas que deja en ellos el exterior en un espejo de lo que sucede en el mundo.
Ese modo de revelar lo universal a través de lo particular coincide con uno de los momentos de mayor libertad de la novela: puede desprenderse sin complejos de ciertas convenciones de la tradición y abrazar la hibridación y la exploración de géneros. El resultado son obras eclécticas en fondo y forma, en las que el lenguaje y cada palabra ganan peso.
A su vez, se trata de un retrato inclasificable porque hay tantas novelas contemporáneas de América Latina y España como autores. Son una ventana del mapa novelístico en otros idiomas. La idea de que la novela contemporánea se hace más humana no significa que se vuelva más pequeña o ensimismada, todo lo contrario: entra en el mundo por la intimidad.
Esto diría la contraportada de un libro imaginario sobre la historia de la novela contemporánea en español. Son las conclusiones de varios de los escritores latinoamericanos y españoles, menores de 40 años, seleccionados por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), en el proyecto “26 en el 26: novelistas que renuevan la literatura en español”. Una apuesta sobre el género literario más popular porque, afirma la feria del libro más importante en nuestro idioma, se trata de autores que “exploran nuevos territorios narrativos y proyectan un horizonte más allá del presente”. Esta selección busca contribuir a ampliar el mapa extraordinario de la novela contemporánea ya conocido y arrojar luz sobre muy buenos novelistas que no tienen aún los lectores que merecen. La FIL lo expresa en su comunicado:
Esta selección funciona como un pequeño laboratorio de la novela en español de la tercera década del siglo XXI: ¿qué revela esa diversidad sobre este género? Lo analizan algunos de los especialistas que formaron parte de la curaduría de la FIL y varios de esos autores. Con sus voces se dibuja un libro coral cuyos principales derroteros funcionan como capítulos:
- A modo de presentación: una generación en movimiento
- Una novela sin fronteras: libertad, hibridación y mezcla
- De la gran historia a los detalles de la vida
- El cuerpo, la memoria y la identidad como territorios literarios
- La extrañeza como forma de contar lo que no cabe en la realidad
- El lenguaje: encontrar otra forma de mirar y nombrar
- Epílogo: “La novela sigue siéndolo todo porque hace tiempo que no es nada”
A modo de presentación: una generación en movimiento

Lo más destacable de estos novelistas elegidos por la FIL de Guadalajara “es su enorme variedad y capacidad de exploración en los géneros. La novela está explorando más allá de su propia forma y construcción, en los temas y en el diálogo con su propio tiempo. Más que novela-río es novela-nave espacial”, explica Ana García Bergua. La escritora mexicana formó parte del equipo de curaduría que estudió a más de doscientos novelistas y seleccionó a los 26 en el 26, junto a los especialistas en literatura, editores, periodistas y escritores Antonio Ortuño, Sara Poot Herrera, Winston Manrique Sabogal y Marisol Schulz Manaut, directora de la FIL.
Esta cartografía confirma el diálogo en español con obras escritas en otros idiomas, “tanto por lo que se lee en cuanto a lo que se escribe”, destaca Sara Poot Herrera, doctora en literatura hispánica por El Colegio de México, profesora del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de California en Santa Bárbara y escritora.
Poot Herrera se detiene en “el punto de vista’ de cada novela (más que las voces o con las voces narrativas; un ejemplo podría ser el uso de la primera persona que propone nuevas maneras de hablar del ‘yo’), porque incluso en una misma novela, pueden corresponder a miradas oblicuas –de sesgo–, que dan lugar a texturas heterogéneas, constituidas por hilos de distintos matices. Narrativas que no son documentos, no informan, sino que inventan e imaginan a partir de la elaboración del lenguaje. Muchas veces provienen de la indagación de archivos o son resultado de sólidas lecturas para dar lugar a una nueva lectura de varios rostros”.
La novela sin fronteras: libertad, hibridación y mezcla
La libertad a la que se refieren los autores consultados por WMagazín es una libertad renovada. Parte de la novedad está, como asegura Sara Poot Herrera en “el punto de vista’.
La colombiana Lorena Salazar Masso (Medellin, 1991), autora de Esta herida llena de peces y Maldeniña, recuerda que novelistas como ella “no están haciendo nada nuevo, que lo fragmentario, lo híbrido y los límites borrosos entre novela y otras formas de escritura están allí desde hace mucho tiempo. En ese sentido, creo que los escritores y escritoras emergentes dudan cada vez más de los conceptos alrededor de la novela y saben que es un género que abarca todas las formas de contar el mundo”.
Ahí estaría una de las claves de que cada vez se le preste más atención a la literatura en nuestro idioma como grupo en el mundo, después del boom de los años sesenta del siglo XX, con autores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar. En parte, “responde a una renovada desfachatez o irreverencia expandida de los autores a la hora de escribir”, considera el argentino Roberto Chuit Roganovich (Córdoba, 1992), doctor en letras por la Universidad Nacional de Córdoba, docente, director de talleres de escritura creativa y autor de Quiebra el álamo y Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores (Premio Clarín de Novela 2024).
La literatura latinoamericana, añade Chuit Roganovich, no puede ser reducida a un mapa, “porque hoy se resiste a colocarse o encontrarse en una tradición. La veo particularmente ecléctica, mutante y cambiante. Y eso es muy rico y alentador”. Cree que en el caso argentino escritoras como Mariana Enriquez y Samanta Schweblin han ayudado a renovar la relación entre lector y escritor “con géneros que se suelen alejar del realismo de principios de siglo. Eso, para algunos de nosotros, es alentador puesto que nos convida, a quienes somos más chicos, a la idea de que es posible escribir y tener un buen circuito de lectores sin tener que pactar con aquellos tipos de obras, de discursos o de géneros que, por lo general, son considerados la alta literatura”.
Esta libertad e irreverencia la amplía el peruano J. J. Maldonado (Lima, 1989), autor de El amor es un perro que ruge desde los abismos y E-mails con Roberto Bolaño. Maldonado va más allá y encuentra, porque ve “un gesto punk en la novela contemporánea, aunque no un punk de barricada o de discurso, sino de actitud, de cierta rebeldía, incluso de cierta pose –en el buen sentido–, del novelista al momento de sentarse a escribir. Es como si este dijera: ‘escribo como me da la gana, mezclo lo que quiero, hago remix, intervengo, ataco, me saboteo, vuelvo a remezclar, y si todo eso queda raro, mejor”.
Para Maldonado “la apuesta por la hibridación de géneros es el síntoma más honesto de la época. La ficción ya no quiere estar sola. Ahora se junta con el ensayo, con la crónica, con la autoficción, con la sátira, todo en un mismo libro, a veces en una misma página. Detrás de ese aparente desorden, hay un desplazamiento interesante”.
De la gran historia a los detalles de la vida

La novela contemporánea da más valor a las personas y a los pequeños detalles cotidianos que dan vida a la vida. Ha cambiado los mundos totalizadores por la épica que viven los individuos en su intimidad y emociones, y por la manera en que lidian consigo mismos y se relacionan con el mundo exterior.
Lorena Salazar Masso destaca que uno de los aspectos que más le interesa de la novela contemporánea “es que no depende de una gran trama ni de un hecho grandilocuente. En cambio, cada vez se ocupa más de minucias, detalles aparentemente insignificantes que narran de otra forma la vida de sus protagonistas, los espacios y también las preguntas que la novela persigue”.
Una de esas preguntas es el “interés marcado en la idea de cartografiar la historia de territorios geográficos propios”, afirma la cubana Elaine Vilar Madruga (La Habana, 1989), autora de La tiranía de las moscas, El cielo de la selva y La piel hembra. La narradora, poeta y dramaturga trasciende esas geografías propias y habla del interés por “mapear los territorios y registros personales, las historias familiares”.
Nuevos espacios que, explica J. J. Maldonado, logran que la novela actual esté “alejada de solemnidad, llena de hibridación, vinculante con la cultura pop, con lo weird, con la memoria y el cuerpo, pero con una memoria y un cuerpo intervenidos por los terrores del capitalismo tardío, y así”. El escritor peruano insiste en que “se acabó lo estrictamente ‘serio’. Y eso, al menos para mí, es lo más sano que le ha pasado a la narrativa en español en los últimos años”.
La novela se acerca así a lo íntimo para encontrar en la experiencia particular aquello que habla de todos. Como si para comprender lo universal necesitara primero detenerse en lo más singular y humano.
El cuerpo, la memoria y la identidad como territorios literarios
Esos territorios citados relatan, según Elaine Vilar Madruga, “el paso ingrato de la memoria en contraposición con la idea/obsesión de la fijación de la idea, la crítica política ejercida desde la presencia de lo distópico en el mundo contemporáneo (la distopía ha dejado de ser parte del registro fantástico, a mi entender, y se ha vuelto realismo), el trazo y los lenguajes de las corporalidades (o sea, historias escritas desde los cuerpos y para los cuerpos)”.
Una dinámica que crea una situación transversal en la que destaca “la identidad difusa e híbrida que muchos autores usan. Esto se relaciona directamente con la reparación de traumas o resolución de bagaje emocional, a nivel personal y social”, reconoce la chilena Sofía Troncoso (Antofagasta, 1997), licenciada en artes y humanidades, maestra en escritura creativa y autora de Funerales y Lo que mata es la humedad.
La extrañeza como forma de contar lo que no cabe en la realidad

Otra palabra que atraviesa buena parte de esta narrativa es extrañeza. Lo weird, el horror, el neogótico, lo fragmentario, las identidades difusas, las memorias quebradas y las lenguas que se mezclan aparecen como formas de contar una realidad que ya no parece explicarse desde una sola mirada.
En América Latina, agrega Sofía Troncoso, “está cada vez más presente el neogótico, el horror latinoamericano, que es algo muy especial que ha surgido y a lo que, inevitablemente, uno se va acercando en la escritura”.
Y, paradójicamente, las tecnologías emergentes y la inteligencia artificial contribuyen, asegura J. J. Maldonado, a que la novela “se esté volviendo más rara, más weird, más corporal, casi como si intuyera que ese territorio –el de la sensación, el del cuerpo intervenido, el de la memoria fallada– es el único que puede defenderse frente a un modelo entrenado con millones de textos ajenos. Escribir raro, escribir sucio, escribir desde el cuerpo, escribir con argot, es también una forma de decir ‘esto no lo vas a poder copiar tan fácil, maldito robot”.
El lenguaje: encontrar otra forma de mirar y nombrar
El lenguaje vuelve a ocupar un lugar central: la búsqueda de la palabra precisa, de una voz propia, de una manera distinta de mirar y nombrar.
Elaine Vilar Madruga aprecia “exploraciones continuas en torno al sujeto de habla que somos (para mí, algunas de las visiones más importantes e innovadoras que veo en la novela hispanoamericana contemporánea son la idea de una búsqueda desde y hacia el lenguaje, cómo nos define y nos marca, la lengua como materia de metamorfosis, la lengua mutante y mística, la lengua emigrante que se fusiona con las raíces de otras culturas y crea su propia identidad de esa fusión)”.
Es parte de la naturaleza mutante de la que hablaba Roberto Chuit Roganovich y en la que profundiza y lleva a su terreno el mexicano Luis García Manríquez (La Paz, Baja California Sur, 1992) ingeniero en biotecnología, con formación de posgrado en biología sintética y de sistemas e innovación biotecnológica, autor de Conocerán tu verdadero nombre. García Manríquez funde ciencia, literatura, poesía, libertad y realidad al referirse a los derroteros de la novela en español: “Siempre me ha apasionado la idea de la novela en cualquier idioma como una sonda que se envía a los rincones más inexplorados de la experiencia humana, pero que al mismo tiempo quiere competir con algún aspecto de la realidad y suplantarlo. Creo que la novela más contemporánea en nuestro idioma busca descubrir estas nuevas experiencias particulares de nuestra geografía y sociedades, ver lo mismo desde otro punto de vista, romper con ideas que ya han perdido vigencia, proponer desde el lenguaje y desde nuevas arquitecturas narrativas, nombrar cosas que antes no tenían nombre, todo desde un espacio absoluto de libertad”.
Es ahí, y por eso, que la argentina Leila Sucari (Buenos Aires, 1987), autora de Adentro tampoco hay luz, Fugaz, Casi perra y ¿Se dice así?, no puede englobar el concepto de novela contemporánea en español, porque hay “tantas novelas contemporáneas como autores contemporáneos”. Sucari no detecta aspectos en común y se rehúsa a pensar en la literatura de género o de una región específica.
Y la escritora argentina va más allá al poner en cuestión lo llamado «contemporáneo» respaldada por el concepto de libertad en este género literario: «Hay novelas de otras épocas que son más contemporáneas que las actuales. No me interesan los libros que representan un tiempo, un conflicto o una geografía determinada, sino los que desarman lugares comunes, los que arriesgan desde la exploración del lenguaje, los que inventan nuevas formas de pensar y no son complacientes con la corrección política de turno. En este sentido, me interesan las novelas que no pretenden encajar en el mercado, que se corren de su propia lengua, y que nacen de un impulso, una necesidad vital, una suerte de arrojo”
Epílogo: “La novela sigue siéndolo todo porque hace tiempo que no es nada”

Toda esta diversidad literaria y de creadores de una lengua que se habla en 21 países oficialmente, más Estados Unidos, donde los hispanohablantes son la minoría mayoritaria, vive “cierto giro hacia el tema frente a la forma. La novela es un género más vivo que nunca”, no lo duda el español Munir Hachemi (Madrid, 1989), escritor y traductor del chino y el inglés, doctorado por la Universidad de Granada, que ha sido docente e investigador en la Universidad de Pekín y autor de las novelas Los pistoleros del eclipse, 廢墟, Cosas vivas y El árbol viene.
Hachemi destaca que “a diferencia de un libro de cuentos, una novela tiene la capacidad de abordar un solo tema, o un tema principal, e intervenir en la conversación pública. Esto, unido a la creciente mundialización de la literatura (casi escribimos pensando ya en que nos van a traducir) y a su captación en las lógicas del mercado, da lugar a una predominancia del comentario de época que deja de lado el estilo. Por supuesto, hay muchísimas experiencias muy heterogéneas y siempre quedan otras formas de novela en los lugares a los que el mercado no mira”.
El novelista español se pregunta por el predominio de la novela: “Es un género muerto, ¿no?, y a la vez totalmente vivo. La novela sigue siéndolo todo porque hace tiempo que no es nada”.
Como explica Sara Poot Herrera sobre esta selección de escritores de la FIL de Guadalajara, 26 en el 26: novelistas que renuevan la literatura en español, no se trata de “solamente una novela, sino de un grupo de novelas (más aun de los/las novelistas, ahora seleccionados) que amplían el mapa, en donde se juega la ficción y la imaginación, mostrando la relación de la literatura con otras artes y disciplinas a partir de la palabra”.
No estamos ante la generación del futuro, sino ante una generación que ya está modificando el presente de la novela en español. Una generación que continúa, desplaza y abre nuevos caminos a partir de las rutas trazadas por sus inmediatos antecesores y por otros novelistas contemporáneos más conocidos que han ampliado el mapa de la literatura en español hasta convertirlo en uno de los territorios más diversos y fértiles de la narrativa actual.
Próxima entrega: Los novelistas contemporáneos frente a la inteligencia artificial.
- Winston Manrique Sabogal (director de WMagazín) formó parte del equipo de curaduría que seleccionó a los 26 novelistas de “26 en el 26” de la FIL Guadalajara.

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