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Detalle del cuadro ‘Drei Frauen und drei Wölfe’ (Tres mujeres y tres lobos), de Eugene Grasset, en la portada del libro ‘Mujeres que amamantan chachorros de lobo’, de Adriana Cavarero (Galaxia Gutenberg). /Cortesía de editorial Galaxia Gutenberg para WMagazín

Los libros de las escritoras que cuentan el mundo real de la mujer se debaten entre la calidad literaria y la moda comercial

Aumentan las obras que desmitifican o desacralizan el universo femenino en sus diferentes ámbitos, de la maternidad al deseo, pero varias autoras advierten del riesgo de que el tema sea fagocitado por el mercado y la banalización. WMagazín crea un atlas de estos asuntos literarios del siglo XXI con Adriana Cavarero, Chimamanda Ngozi Adichie, Ariana Harwicz, Pilar Quintana, Jazmina Barrera...

“Aquella vez en que Lila y yo decidimos subir las escaleras oscuras que llevaban, peldaño a peldaño, tramo a tramo, hasta la puerta del apartamento de don Achille, comenzó nuestra amistad”.

Es la puerta literaria de entrada más popular e influyente del siglo XXI al universo real de la mujer. Ese mundo impuesto, restrictivo, infravalorado, etiquetado y eclipsado desde siempre por un sistema patriarcal, pero que las escritoras desvelan ellas mismas, cada vez más, en toda clase de obras literarias hasta crear un atlas en construcción de la realidad femenina sin prejuicios. Aquel párrafo es el comienzo de la novela La amiga estupenda (Lumen), de Elena Ferrante, publicada hace quince años, en 2011, considerado el mejor libro del siglo XXI, según una encuesta de The New York Times, en 2024. Es la primera parte de su tetralogía Dos amigas, una de las obras que más ha contribuido a la expansión del conocimiento sobre el ecosistema de la mujer y a la inspiración de las escritoras para compartir sus vidas, impulsado, luego, por el Movimiento Me Too, de 2018, y la tercera ola del feminismo.

Pero el aumento necesario y celebrado de estas obras que desmitifican temas, rompen tabúes o narran la verdadera realidad del mundo de la mujer se debate, ahora, entre la honestidad creativa y la presión del mercado, entre la calidad literaria y la moda, entre el desvelamiento de temas y la tergiversación, entre la reflexión y la banalización, entre la autenticidad y el obtener otra etiqueta. Así lo expresan algunas escritoras de referencia en estas temáticas consultadas por WMagazín ante el riesgo de que sea un asunto fagocitado por la industria editorial y se degrade hacia el simulacro y cree un efecto contraproducente, como advierten:

Chimamanda Ngozi Adichie: “Necesitamos más mujeres escribiendo sobre esta literatura de manera seria”.

Adriana Cavarero: “Es hora de que los hombres, las mismas mujeres, y la sociedad conozcan la realidad, la verdad de lo que significa ser mujer”.

Ariana Harwicz: “Hay un efecto contagio que puede derivar en una moda de obras que se empiezan, peligrosamente, a parecer, porque se construyen bajo el mismo lema y, por lo tanto, pueden anular el objetivo”.

Pilar Quintana: “Se ha vuelto otra casilla y otra manera para las mujeres de estar en el mundo literario, y no sé si eso es bueno”.

Jazmina Barrera: “En este auge influye el mercado, pero en este caso para bien, porque mientras el mercado está buscando vender, las editoriales independientes hacen cosas muy buenas y auténticas”.

Todas estas escritoras, y muchas más, han creado y desvelado, desde lo auténtico y lo honesto, aspectos diversos, conocidos y eclipsados del mundo femenino en sus diferentes esferas para enriquecerlo y humanizarlo.

Obras en las que las mujeres tratan de contar la verdad de primera mano y desacralizar asuntos como:

  • la maternidad (desde desearla o no hasta narrar la realidad difícil que va del embarazo a la crianza y los sacrificios que muchas veces significa),
  • las relaciones madres e hijas o hijas y madres,
  • las cartografía de los sentimientos (del amor a la pasión, el desamor o el despecho)
  • el deseo,
  • las diferentes edades o la menopausia,
  • el reconocimiento del propio cuerpo,
  • el laberinto del mundo laboral,
  • los miedos reconocibles y agazapados,
  • la belleza,
  • la violencia familiar, en la pareja y en la sociedad,
  • la soledad,
  • los sueños que quedan en el camino por asumir roles preestablecidos o hacer lo que la familia y la sociedad espera de ellas más que lo que ellas mismas quieren hacer…

Son muchas las escritoras de diferentes culturas e idiomas que comparten la realidad de la mitad de la humanidad, que cuentan y descubren, sin máscaras, el mundo femenino desde finales del siglo XX y que aumentan en esta década; que exploran múltiples ámbitos de la mujer, que diversifican sus ópticas, que iluminan espacios poco o nada conocidos o tergiversados y que lo han hecho y hacen desde toda clase de géneros literarios.

Son temas que han sido abordados toda la vida, sobre todo por hombres, y sobre los que, incluso, Rosalía puso a hablar-cantar a medio mundo en 2018 con El mal querer, su segundo álbum, inspirado en una novela casi secreta y prohibida por la iglesia católica en la Edad Media, de 1287: El Roman de Flamenca, en español, Flamenca, en catalán. De autor desconocido y precursora del feminismo medieval, esta novela occitana narra una historia de amor, supuestamente basada en hechos reales, sobre la metamorfosis del sentimiento amoroso, desde el destello hasta la caída al infierno por los celos del marido de la protagonista para luego renacer. “Pero también es una novela subversiva por el tratamiento que da a la mujer en igualdad de condiciones y deseos que el hombre en cuestiones como la inteligencia, el amor y el sexo”, reseñó WMagazín en 2018.

El siglo XX tuvo algunos libros clave como Una habitación propia, de Virginia Woolf, pero es a finales de esa centuria cuando empieza la proliferación de obras que develan el universo de la mujer donde son ellas mismas quienes se encargan de contar sus vidas como lo hicieron o hacen nombres como:

… Elena Poniatowska, Doris Lessing, Annie Ernaux, Laura Restrepo, Marta Sanz, Brenda Navarro, Mar García Puig, Valeria Alonso, Aixa de la Cruz, María Fernanda Ampuero, Marcela Serrano…

 

Mujer y filosofía

Una de las escritoras que más conoce el tratamiento de esta realidad en la literatura y que estuvo en su big bang, desde 1990, es la filósofa y escritora italiana Adriana Cavarero. Aplaude el aumento de estos libros porque “es hora de que los hombres, las mismas mujeres, y la sociedad conozcan la realidad, la verdad de lo que significa ser mujer”.

Su primer ensayo sobre este tema fue A pesar de Platón. Figuras femeninas en la filosofía antigua, en 1990, y el más reciente, de 2025, es Mujeres que amamantan cachorros de lobo (ambos en Galaxia Gutenberg). Escribe desde su saber sobre el mundo clásico, la evolución de las ideas y el comportamiento social y su desarrollo en el mundo contemporáneo teniendo de fondo a Hannah Arendt. Adriana Cavarero destaca la importancia de que estos temas se aborden desde el pensamiento:

“Hay una distinción entre la filosofía y la filosofía de la narración, del relato. La filosofía tiene poca capacidad para hablar de lo particular, de lo material, de lo real. La filosofía siempre intenta hablar de categorías universales, de discursos generales. Por lo tanto, es la complejidad la que une la realidad material y la inteligencia. La narración, en cambio, puede ocuparse de lo particular, como siempre ha sido así, desde Homero”.

Mujeres que amamantan cachorros de lobo es un gran compendio de todo ese universo y su realidad narrada y, en parte, presente en autores y obras literarias. Es un libro sobre la esencia de la mujer: su cuerpo como materia viva, qué significa ser madre y ser una figura transversal en todos los ámbitos. A partir de ahí, Cavarero construye un universo real que difiere en buena medida del que suele tener la gente en su imaginario. Se trata de una deconstrucción y construcción de la verdad sobre lo femenino. Y lo hace desde la filosofía, que ha tenido muy poco en cuenta a la mujer y sus circunstancias.

Hora de que hablen las mujeres

La abundancia literaria sobre este mundo femenino contado por las mismas mujeres, sin intermediario masculino, como ha ocurrido, mayoritariamente, hasta ahora, lo celebra el ecosistema del libro y Ariana Harwicz no le teme, aunque reconoce sus riesgos:

“Es innegable que hay una revancha o una respuesta por tantos siglos de casi ausencia de las mujeres en las artes. Pero eso no es lo que anima la escritura o cualquier arte, siempre es otra cosa, algo oblicuo o paralelo donde pueden estar asuntos previsibles y otros casi desconocidos por la gente”.

La argentina Ariana Harwicz es una de las autoras en español pioneras en la creación de este atlas femenino sin prejuicios, mucho antes del Me Too, con la Trilogía de la Pasión: Matate, amor (2012), La débil mental (2014) y Precoz (2015, en Anagrama). Una novela muy vigente a nivel mundial por la adaptación al cine, en 2025, de la primera novela, dirigida por Lynne Ramsay, protagonizada por Jennifer Lawrence y Robert Pattinson:

“No tengo miedo a que haya más libros que cuenten la realidad de la mujer. Por supuesto que hay un efecto contagio que puede derivar en una moda de obras que se empiezan, peligrosamente, a parecer, porque se construyen bajo el mismo lema y, por lo tanto, pueden anular el objetivo. Una obra que se parece a otra pierde toda singularidad, y si la pierde deja de ser una obra para formar parte de un discurso repetido, vacío. A pesar de ello no me preocupa, eso pertenece a un mundo extraliterario”.

 

… Clarice Lispector, Hélène Cixous, Cristina Rivera Garza, Fernanda Trías, Luna Miguel, Olga Ravn, Elena Garro, Ana Navajas, Mieko Kawakami, Alejandra Costamagna, Sally Rooney…

 

Verdades silenciadas

Pilar Quintana conoce estos silencios y ruidos como autora y como investigadora. Primero lo ha contado con novelas que desacralizan el mundo de la mujer con La perra, Los abismos y Noche negra (Alfaguara) y porque recuerda:

“Cuando empecé a publicar se consideraba a los temas propios del universo de la mujer como asuntos tradicionalmente femeninos, entre esos la maternidad, claro, como temas de poco vuelo literario. Y eso que numéricamente los lectores mayoritarios han sido y son mujeres”.

Y Pilar Quintana sabía que los editores eran mujeres:

“Es que nosotras, las mujeres, no estamos exentas de misoginia ni de sexismo, porque crecimos en una sociedad patriarcal”.

Un tema que la escritora colombiana no solo ha vivido, sino que ha leído e investigado como directora, durante el lustro pasado, desde la Biblioteca de escritoras colombianas, y comprobó cómo les daban la espalda a las escritoras:

“Grandes autoras, desde su lugar muy auténtico, han narrado estos temas relacionados con la violencia, la maternidad, la naturaleza, todo, pero no las publicaban”.

Pilar Quintana va más allá y trae el tema al presente donde, advierte:

“Se ha vuelto otra casilla y otra manera para las mujeres de estar en el mundo literario, y no sé si eso es bueno. En cualquier caso, celebro que se nos lea ahora con más justicia de la que se nos leía en otras épocas”.

 

La maternidad por primera vez

La filósofa y escritora italiana Adriana Cavarero destaca la figura de Elena Ferrante en este relato del mundo de la mujer contado por ellas mismas:

“Ha contribuido a que las mujeres y la sociedad conozcan la verdad sobre muchos aspectos de su universo consigo mismas, sus roles, sus sueños y su relación con el entorno. En Ferrante la maternidad no es la maternidad idealizada de la madre de Dios, sino que es la experiencia real, la experiencia corporal de ser cómplice en el ser con la naturaleza, con el mundo de las formas vivientes, en la regeneración de la singularidad de la vida”.

En 2018, la argentina Samanta Schweblin, en el Hay Festival de Cartagena de Indias, en una conversación en vídeo con Juan Gabriel Vásquez para WMagazín, ya detectó está tendencia de que las escritoras abordaran la maternidad en sus diferentes etapas:

“Hay algo con los personajes madres, como que la maternidad, por fin, se vuelve algo interesante… Karolina Ramqvist decía algo que me dejó pensando: que leía a grandes autores de la literatura universal pasar por la escena en la que la madre le da la teta al hijo por encima. Entonces, citaba estos autores con todas estas escenas, las leyó y se dio cuenta de que, en realidad, cuando uno pasa por esas escenas no transmite una sensación especial. Realmente no está ocurriendo, se pasa por arriba. Creo que, también, es un tema en el que, por fin, se puede leer en pausa, se puede leer en detalle, porque, por fin, se vuelve algo material, tangible. Es como si lo estuviéramos escribiendo por primera vez”.

Una parte de la pluralidad de esas maternidades la relata y analiza la mexicana Jazmina Barrera en Línea nigra. Ensayo de novela sobre embarazos y terremotos (Pepitas de Calabaza) donde reúne imágenes y voces de mujeres que desde la literatura y el arte cuentan la realidad del embarazo, el parto, la lactancia o los cuidados:

“Es de los muchos terrenos que habían sido silenciados o no se consideraban de interés y que el feminismo ha reivindicado. Lo que algunos llaman moda literaria tiene que ver con algo de lo que por tantos siglos no se habló y sobre lo cual tenemos mucho que decir. Cada maternidad es única, porque cada maternidad está atravesada por la economía, la personalidad, las familias, la política. Entonces, pensar que todo está dicho es absurdo”.

Reconoce que el mercado favorece ahora esta clase de libros, y considera que eso está bien porque entre otras cosas, da información a todos:

“Si los hombres parieran y menstruaran habría muchos más libros. Antes las mujeres escribían, pero no les publicaban”.

 

…Chantal Maillard, Eva Baltasar, Siri Hustvedt, Lydia Davis, Anna Pacheco, Rachel Cusk, Irene Solá, Vivian Gornick, Dacia Maraini, Mayra Montero, Piedad Bonnett…

 

Tensiones madres e hijas

Las relaciones entre madres e hijas se suelen mostrar con tiranteces. Pero tres escritoras han publicado obras tras la muerte de sus madres y narran universos distintos y colindantes donde se mezclan la hija y la madre, que son: la española Menchu Gutiérrez en Vida y muerte de un jardín de papel (Siruela), la portuguesa Lídia Jorge en Misericordia (Libros de la Umbría y la Solana, Premio Médicis en Francia) y la india Arundathi Roy en Mi refugio y mi tormenta (Alfaguara).

Lídia Jorge dijo en el Festival Eñe de Madrid 2025:

“Me parece que estamos a contra corriente, porque hoy la psicología hace exactamente lo contrario. El psicólogo te dice: ‘El culpable de tu sufrimiento es tu madre’. Siempre es la madre culpable de todo. Y, felizmente, la literatura contradice a Freud y esa herencia que han llevado a que la paternidad-maternidad sea considerada como un sinónimo de culpabilidad.

Ella soñaba con la libertad de sus hijos, quería que nosotras fuéramos alfabetizadas; gente con capacidad de decir: ‘Yo estoy aquí, soy alguien’. Eso ha sido para mí muy importante. Hago una especie de homenaje a una mujer, pero a todas las madres de esa época que han transformado la vida.

Mi abuela, la madre de mi madre, aprendió a leer escuchando a sus hermanos, hombres, que iban a la escuela. Las niñas no iban a la escuela. Fue un drama para ella. Me pareció que debía escribir sobre ese temperamento, esa lucha por ser alguien”.

En el caso de Arundathi Roy su relación con su madre fue complicada, como lo contó en Espacio Fundación Telefónica de Madrid en otoño pasado. Su libro recrea esa relación de hija y madre, una mujer fuerte y que, a la vez le dio herramientas para afrontar su vida y el mundo; y los roces venían de cuando la escritora tomaba su propia ruta, y decidió irse de su casa en India para alcanzar la libertad y ser quien quería ser. La autora de Mi refugio y mi tormenta no recrimina a su madre:

“Hay una tendencia a culpar de todo lo que te sucede en tu vida adulta a tu madre, pero a mí me parece que eso significa que no has crecido. He escrito este libro porque quería compartir la figura de mi madre con el mundo, no porque quiera que ella estuviera de acuerdo. Es mi manera de hablar con ella. No la juzgo ni siento que tenga que perdonarla”.

La mexicana Dahlia de la Cerda desacraliza en su novela Medea me cantó un corrido (Sexto Piso) las relaciones pasionales, sentimentales, de pareja y de la maternidad en la doble vía:

“Todas las personas vamos a experimentar la maternidad de alguna forma. Ya sea maternando o desde la hijitud, siendo hijos, hijas, hijes. Vamos a estar cerca de una madre, sea nuestra madre, la madre de alguien o vamos a maternar. En México la maternidad ha sido sacralizada, idealizada y romantizada. De ahí que uno de los iconos más venerados sea la Virgen de Guadalupe, que es la madre de todos los mexicanos, que vela por sus hijos. Pero, en lo concreto, la maternidad no es tan así. Al menos en los contextos donde yo he vivido, las mamás son unas cabronas: así como te pueden dar mucho amor y muchos cuidados, también te pueden agarrar a palos por cualquier cosa. Hay un meme de la canción de Shakira que le escribió a sus niños donde dice que lo único que quiero es tu felicidad y estar contigo hoy. Entonces alguien puso a una persona cantando esta canción y arriba le puso: ‘Mi mamá después de pegarme con la escoba’. Creo que eso define la maternidad”.

 

…Rosa Montero, Miranda July, Mónica Ojeda, Andrea Abreu, Isabel Allende, Sabina Urraca, Doireann Ní Ghríofa, Louise Erdrich, Bernardine Evaristo, María Folguera, Gioconda Belli…

 

El deseo femenino

El deseo, la libertad sexual y el placer femenino sin prejuicios son analizados en varios libros por ellas mismas, con nombres como Eva Illouz, Catherine Millet, Tamara Tenenbaum, Luna Miguel, María Hesse, E. L. James, Sara Mesa… Una de las más populares es B. B. Easton por su novela 44 capítulos sobre 4 hombres, adaptada por Netflix, que en una entrevista a WMagazín, en 2021, fue clara:

“Las mujeres tienen hambre. No solo estamos hambrientas de hechos e información sobre el sexo y la sexualidad, que históricamente se ha ocultado a las niñas y mujeres, hasta que Internet lo puso al alcance de la mano, sino que también estamos hambrientas de entretenimiento que presente personajes que se vean y se sientan como nosotras”.

Algo poco habitual en la literatura. La escritora recordó que, en la lista de las 100 mejores novelas de todos los tiempos, compilada por la Modern Library de Estados Unidos, solo nueve tienen protagonistas femeninas. La solución, añade Easton, es:

“No podemos preguntarles a las mujeres que vinieron antes de nosotras cómo abrazar nuestra sexualidad porque nunca se les enseñó cómo. Y no podemos buscar en la literatura histórica, porque tampoco la encontraremos allí. Entonces, nos miramos unas a otras. Lo estamos resolviendo juntas. Y estamos compartiendo lo que hemos aprendido de todas las formas que sabemos, especialmente a través de los libros.

“Tenemos que elevarnos por encima de miles de años de supresión para abrazar completamente nuestra sexualidad, porque para muchos de nosotras, esos miedos y estigmas aún persisten”.

Una parte de este objetivo podría estar en el movimiento Me Too, según Easton, pese a que algunos lo acusan de tener ciertas corrientes puritanas o que torpedean el juego de la seducción:

“El Me Too sirve para empoderar a las mujeres que se sienten indefensas, lamentablemente, sobre todo, en el lugar de trabajo donde hablar o denunciar puede repercutir en la pérdida de su trabajo o de oportunidades futuras. No creo que su agenda refleje una visión puritana de la mujer. Los movimientos no están diciendo que las mujeres no quieran o no disfruten del sexo; están diciendo que las mujeres no quieren ni disfrutan estar sujetas a actos sexuales, amenazas o acoso en el lugar de trabajo. Estoy segura de que los hombres no apreciarían ese tipo de tratamiento tampoco”.

 

…Lionel Shriver, Sara Mesa, Mayra Santos-Febres, Ali Smith, Mary Kerr, Rivka Galchen, Patricia Lockwood, Gabriela Wiener, Rumena Bužarovska, Guadalupe Nettel, Tina Amodt, Sara Torres…

 

Conocer el cuerpo de la mujer

Chimamanda Ngozi Adichie, una referencia del feminismo actual y la multiculturalidad por títulos como Todos deberíamos ser feministas, también considera positivo este momento, pero, sobre la gran oferta de títulos, aclara:

“Creo que necesitamos más mujeres escribiendo sobre literatura seria. Me refiero a las complejidades de las mujeres, a la vida interior de las mujeres, la humanidad confusa, liosa, compleja de las mujeres. Por ejemplo, me parece muy interesante que haya temas que damos por sentado en lo que nos parece que es la gran literatura, mirando hacia atrás”.

Y se refiere a que las mujeres no necesitan hablar por persona intermedia:

“A menudo he pensado en lo interesante que es, por ejemplo, que hay ciertos temas que damos por sentados en lo que consideramos gran literatura. Pero, buena parte de esa gran literatura fue escrita por hombres, así que, evidentemente, no representan a las mujeres en su complejidad. Es hora de que, como humanidad, cambiemos eso”.

Chimamanda Ngozi Adichie destaca que hay que hablar del cuerpo de la mujer más allá del imaginario social y de la salud de las mujeres, uno de los temas de su reciente novela Unos cuantos sueños (Random House):

“Si más hombres leyeran libros sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres, tal vez, mejoraría la comunicación entre hombres y mujeres. Creo que las mujeres leen libros de hombres y de mujeres y los hombres leen libros de hombres y ahí hay como una carencia de conocimiento”.

 

… Margaret Atwood, María Moreno, Catlyn Moran, Marta Jiménez Serrano, Inés Garland, Leslie Jamison, Edurne Portela, Anne de Marcken, Bárbara Blasco, Joan Didion…

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Winston Manrique Sabogal

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