Detalle de ‘La grieta’, intervención de la artista colombiana Doris Salcedo en la Tate Modern, de Londres, en 2007.
Los motivos que llevaron a convertirse en artistas a Fernando Botero, Doris Salcedo y otros creadores colombianos
El periodista y escritor Fernando Gómez Echverri publica 'Vidas de artistas. Crónicas del arte colombiano', una antología de entrevistas y perfiles sobre creadores clave de su país en el últmo medio siglo. Un mapa que trasciende las artes plásticas y se convierte en una ventana para asomarse a la historia de Colombia
Presentación WMagazín Este es un mosaico sobre las artes plásticas colombianas del último medio siglo a través de las voces de sus protagonistas y de un libro sobre la dedicación, el rigor, la creatividad y la alegría del periodismo y, en concreto, del periodismo cultural. Vidas de artistas. Crónicas del arte colombiano (Intermedio Editores), de Fernando Gómez Echeverri (50 años – Palmira, 1974), es una antología de sus encuentros con creadores de su país que ha convertido en entrevistas, perfiles, análisis y crónicas: de Fernando Botero a Doris Salcedo, pasando por Débora Arango, Antonio Caro, Hernán Díaz o Carlos Jacanamijoy. De los grandes solo faltan Alejandro Obregón y Feliza Bursztyn, porque cuando Gómez empezó en el periodismo ellos ya habían fallecido.
Este libro no es solo una recopilación de piezas periodísticas donde los artistas hablan de sus vocaciones o de sus periplos para llegar a ser quienes fueron y son y conozcamos y entendamos mejor su obra, sino que es, también, un coro de voces de diferentes generaciones en momentos distintos de sus trayectorias que, al reunirse aquí, dejan pinceladas sobre la historia de su país y de las pulsiones y derroteros del propio arte, una prueba más de que es espejo y reflejo de la vida y una ventana para asomarse a momentos de esa misma vida.
El espíritu de esta antología empieza en la introducción. Fernando Gómez Echeverri desanda su trayectoria en el periodismo al contar con franqueza, buen ritmo y alegría cómo a los 20 años empezó, por azar, su camino en el mundo periodístico y de la crítica de arte. Treinta años han pasado de aquel o aquellos dos momentos decisivos: uno en Cali con una crónica sobre una escultura y otro en La Habana sobre la entrevista a un cineasta que estrenaba la película sobre vida de un artista. Tres décadas donde esa alegría del periodismo se mantiene, conmueve y contagia. Escritos que vivifican la palabra y buscan formas eficaces para compartir con los lectores la experiencia del periodista con cada creador.
Esta trayectoria le permite, a Gómez Echeverri, reflexionar y lamentar que el arte colombiano no tenga un lugar más relevante en el escenario internacional, no por falta de calidad, sino, entre otras cosas, por la ausencia de buenas políticas culturales y de apoyo institucional.

Gómez Echeverri es autor, también, de cuatro novelas: ¡Salta cachorro!, Microbio, Muérdeme suavemente y La soledad del cuarto oscuro, y de una u otra manera en todas ellas está presente el arte. En el periódico El Tiempo es editor de Lecturas Dominicales y de la revista Bocas, especializada en entrevistas. Fue editor de la revista DONJUAN y Habitar y formó parte del equipo fundador de Gatopardo.
Así como Fernando Gómez Echeverri recuerda en Vidas de artistas como encontró su camino feliz del periodismo cultural y de la vida, WMagazín publica algunos extractos de este libro donde los artistas revelan, también, sus orígenes:

Julian Schnabel (1997)
P. ¿Cómo nace la idea de realizar el filme (Basquiat)?
R. Hace cinco años un hombre fue a mi casa para entrevistarme y luego realizar un guion sobre Jean-Michel. Cuando terminó de escribirlo me di cuenta de que él tenía una imagen distorsionada, deforme de lo que realmente era mi amigo. Y decidí pagar por su historia y uniéndome con otro escritor realizar otra. Le tomó dos años y el resultado fue un libro de 320 páginas que resultó ser una buena biografía, pero un cero a la izquierda como guion. Vinieron los reajustes, un presupuesto restringido pero sí el apoyo de todos los actores que prácticamente no cobraron nada por cuestiones de afinidad y amistad, además del escepticismo de la prensa y los críticos, porque yo soy un artista, pero no tengo una credencial o un título que diga que puedo hacer películas.
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Fernando Botero (2015)
P. ¿Y en qué momento decidió ser pintor?
R. Eso fue gradual. Empecé a pintar con los amigos ahí las acuarelas y después, por mi pasión por los toros, empecé haciendo copias de cuadros de un cartelista llamado Carlos Ruano Llopis. Era tal la pasión que yo copiaba esos cuadros en acuarela, eran óleos y yo los copiaba a la acuarela. A mis amigos no los vi más porque me cambié de casa, me pasé a otro barrio, y ya en la otra casa empecé a pintar yo solo ahí en mi cuarto, empecé a pintar muy en serio. Pintaba cosas muy trágicas, muy como José Clemente Orozco, unas cosas muy dramáticas, pero pensando muy en serio en ser pintor. Y empecé a participar en exposiciones de grupo en Medellín, y en Bogotá también, ya cuando tenía unos 17 años. Y a los 19 ya hice mi primera exposición individual en Bogotá, en el año 51.

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Doris Salcedo (2021)
P. ¿Su obra tuvo siempre esta visión social y política?
R. El artista no tiene tanta libertad creativa. Está condicionado por su entorno. Nací en el 58 y vi violencia toda mi vida, violencia política. Me forjé en esa violencia. Tenía la influencia de Joseph Beuys y las obras que había visto en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Siempre tuve una mirada política del arte.
P. ¿Qué la marcó?
R. Yo trabajaba en el Banco de la República y fui testigo de los hechos del Palacio de Justicia. Escuché los balazos, los disparos. Y cuando hice lo que me toma ir de la Biblioteca Luis Ángel Arango al Palacio de Justicia ya estaban ahí los tanques de guerra. En la medida de lo posible presencié esa guerra brutal durante el tiempo que se me permitió estar cerca.

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Nadín Ospina (2022)
P. ¿Por qué decidió convertirse en artista?
R. Por rebeldía. Una reacción contra el conservadurismo y formalidad del medio social y familiar que me tocó en suerte. Yo no quería ser un señor de corbata en una oficina, y la figura del artista libertario, anárquico y bohemio me parecía totalmente seductora.

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