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Cartel promocional de Mad Men con Jon Hamm (como Don Draper), Elisabeth Moss (Peggy Olson) y Vincent Kartheiser (Pete Campbell). /WMagazín

‘Mad Men’ o la importancia de la serie de televisión más literaria y seductora del siglo XXI convertida en un clásico

Diez años después de su último capítulo, en 2015, la obra de Matthew Weiner protagonizada por Jon Hamm, como Don Draper, es referente de una época en la que empezó buena parte del presente y futuro. Un catálogo de la condición humana y de grandes transformaciones personales, económicas, sociales, laborales y sentimentales con una factura que la convirtió en clásico. ¿Por qué?

La vida de verdad transcurre en el interior de cada persona donde nadie es completamente bueno ni malo. La interacción con las personas lleva a crear máscaras como un pretexto para nutrir el mundo interior y que la vida no deje de girar alrededor de un puñado de sueños. Eso es lo que cuenta y plantea Mad Men (de AMC), que diez años después de su final sigue siendo la serie de televisión estadounidense más literaria y una de las mejores de todos los tiempos por su narrativa argumental, escrita, visual, emocional, artística, existencial y actoral con uno de los personajes audiovisuales que se hizo clásico al instante: Don Draper, caracterizado por Jon Hamm. Un catálogo de la condición humana con personajes en búsqueda de sí mismos.

Hace una década, en mayo de 2015, se emitió el último e ingenioso capítulo de los 92 que tuvo durante siete temporadas, desde julio de 2007, y cuya vigencia hoy aumenta. Una obra poblada de sutilezas que recrea la década de los sesenta del siglo XX, con sus transformaciones trascendentales en todos los ámbitos que sentaron las bases de buena parte del presente y del futuro: del consumismo a las luchas de los derechos de las minorías o el feminismo, pasando por el machismo, el mundo heteronormativo y tantos asuntos públicos y privados que nos acompañan con sus sueños, ansias, delirios y mejoras. Sin olvidar los cambios frente al sexo y, sobre todo, del amor como fuerza poderosa que se cuela en todos los ámbitos con sus ilusiones, espejismos y trampas.

“Esa pobre chica no sabe que amarte es la peor manera de llegar a ti”, Betty Francis sobre su ex esposo Don Draper.

Matthew Weiner (1965) fue el creador, productor y director de muchos capítulos de Mad Men (Había sido coguionista de Los Soprano). La serie despliega ecos de diversos creadores, desde William Shakespeare (interior de la condición humana) hasta Virginia Woolf (autoconciencia y observación propia y ajena desde el pensamiento). Y su protagonista, un hombre pobre hecho a sí mismo a partir de la mentira sobre quién es en realidad, llega a lo más alto como creativo de la publicidad, es un lector permanente y en la obra se ve con títulos que van de El infierno, de Divina comedia, de Dante Alighieri; o Naturaleza, de Ralph Waldo Emerson; a El ruido y la furia, de William Faulkner; pasando por Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain; La historia de la decadencia y caída del imperio romano, de Edward Gibbon, o La rebelión de Atlas, de Ayn Rand.

Orfandad. Oquedad. Búsqueda. Amor. Felicidad.

Estos cinco conceptos subyacen en la narrativa de Mad Men. Es un tapiz de las personas y de la sociedad contemporáneas un tanto extraviadas en su búsqueda de felicidad escenificados en el corazón del cambio: una agencia de publicidad. El espacio que transformó la percepción del yo, de la vida, del mundo y de los sueños.

“La publicidad es vender la felicidad”, Don Draper.

Todo sucede en la agencia de publicidad ficticia Sterling Cooper en Madison Avenue de Manhattan (Nueva York). De ahí el nombre de la producción: Mad, de Madison, y Men, de hombres: los hombres de Madison. El lugar donde se crea la ilusión y se escriben líneas del destino a través de eslóganes e imágenes fijas, sonoras o en movimiento que refuerzan la idea de libertad y del libre albedrío. La propia agencia como empresa vive sus metamorfosis con cambios de socios, nombres y lugares para adaptarse a las transformaciones vertiginosas y sobrevivir en su misión.

Mad Men sigue la vida de Don Draper, un afamado publicista de los años sesenta que, desde siempre, ha huido de su triste origen y de sí mismo, en cuya escapada se reinventa a partir de una mentira trágica que lastra su vida. En la pequeña agencia donde trabaja triunfa y es ahí donde se cruzan los destinos de varias personas, empezando por su secretaria que se convierte en su sucesora en todos los sentidos (Peggy Olson, caracterizada por Elisabeth Moss) que representa el cambio, la lucha y la evolución de una mujer por ocupar un lugar de respeto profesional y personal en un mundo de hombres con códigos milenarios. Alrededor de ellos más creativos, secretarias, vendedores de cuentas, dibujantes, periodistas, los dueños millonarios de la agencia y clientes de grandes y pequeñas empresas que sueñan con ampliar sus mercados poniendo a prueba a la agencia y su ingenio, mientras las vidas de los que allí trabajan afrontan una incesante metamorfosis de adaptación consigo mismos y con el mundo cambiante.

“Lo que llamas amor fue inventado por tipos como yo para vender medias”, Don Draper.

 

La crítica, la ironía y el cinismo no faltan en este universo de la publicidad. Un nivel o una fase más del capitalismo y la aceleración de su robustecimiento al intervenir en la vida de la gente. Una parte decisiva del presente económico, social y personal hunde sus raíces en aquel tiempo. Y la felicidad es el objetivo, el corazón de todo, porque se vuelve un producto mercantil, aunque su mayor creativo fuera el más infeliz de todos.

“¿Qué es la felicidad? Es el momento antes de necesitar más felicidad”, Don Draper.

Con sus personajes y con los espacios donde trabajan, viven y se divierten, Mad Men aborda temas que van de “los claroscuros del capitalismo a la literatura norteamericana contemporánea que tanto ha influido en sus guiones, del ascenso del feminismo y los derechos sociales de las minorías a la conversión de la realidad en un nuevo y absoluto objeto publicitario”, escriben los editores de Errata naturae en su libro Mad Men o la frágil belleza de los sueños en Madison Avenue.

Como recuerdan los editores del ensayo, el propio Matthew Weiner confesó que “más allá de una aparente revisión del pasado con vocación retrocool, se trata de viajar a un periodo de encrucijada de la historia reciente, en el que extrañamente convivieron el triunfalismo y la desesperación, el sueño americano y la resaca metafísica, el asalto (capitalista) de los cielos y el descenso a los infiernos”.

Somos defectuosos porque queremos mucho más. Estamos arruinados porque obtenemos estas cosas y deseamos lo que teníamos”, Don Draper.

Mad Men muestra una amalgama de emociones que indagan en la formación de la identidad en la cual todos sus personajes son antihéroes en su proceso aspiracional de ser héroes, de sí mismos o ante los demás. Criaturas de ficción complejas, arquetipos hechos de verdades reconocibles como en las mejores novelas y cuentos con sus arcos de evoluciones personales, laborales, sentimentales y sociales: Don Draper, Peggy Olson, Joan Holloway (Christina Hendricks), Roger Sterling (John Slattery), Peter Campbell (Vincent Kartheiser), Betty Francis, primera esposa de Don (January Jones), Megan Calvet, segunda esposa de Don (Jessica Paré) o Sally Draper, hija de Don (Kiernan Shipka). Y el espectador no sabe si los comprende o no, si los quiere o no, si querría ser su amigo o no. Pero seres fascinantes que representan diferentes partes de la naturaleza humana, capas de cada uno de nosotros con diálogos ágiles, profundos, ingeniosos o simpáticos que los delatan a ellos o a la misma sociedad.

“Puede que se comporte como si quisiera una secretaria, pero la mayoría de las veces, está buscando algo entre una madre y una camarera”, Joan Holloway da un consejo a una secretaria sobre sus jefes.

“Sabéis bien que más allá de su apariencia sexy, es una serie que nos habla de las cosas que de verdad nos importan: nuestra ansia contemporánea de felicidad, nuestra difícil búsqueda de la libertad, nuestra maltrecha construcción de la identidad”, señalan los editores de Errata naturae.

Es entonces cuando se formaliza la presión sobre el duelo al que se enfrenta toda persona, en mayor o menor medida: ser lo que los demás quieren que sea o ser, verdaderamente, lo que quiere ser.

En cada personaje se aprecia esa disonancia, esos desajustes interiores que suelen crear imágenes distorsionadas de las personas o que ellas se empeñan en que se vean de una determinada manera, aunque por dentro sean otras.

“Un día estás ahí y, de repente, hay menos de ti. Entonces, te preguntas a dónde se fue esa parte, si está en algún lugar fuera de ti”, Peggy Olson.

La serie recuerda que ninguna persona es de una sola pieza, que los seres humanos están hechos de fisuras y grietas que se cierran y se abren. Que nadie es completamente bueno ni malo. Que cada persona lidia con sus turbulencias y lucha contra sus demonios. Que cada uno hace lo que puede y crea estrategias de supervivencia que chocan con las estrategias de los demás. Un ecosistema que escenifica la manera como el entorno altera y moldea a las personas, al tiempo que estas hacen lo mismo con su entorno. Dos elementos orbitan a su alrededor en pugna perpetua: el egoísmo y lo colaborativo. Ambos, y todo lo anterior, tienen en el centro la soledad del ser humano contemporáneo que busca derrotarla de mil maneras.

En ese empeño aparecen asuntos ondulantes sobre los que sus personajes no terminan de decidirse como el amor, la ambición, la lujuria, el poder, la envidia, la ternura, la infidelidad, los secretos, la amistad, la hipocresía, la creatividad, la nobleza, la cobardía, la admiración, la inseguridad, la culpa, el silencio, la lealtad, el despecho, el resentimiento, el deseo, la vergüenza, la reflexión, los escrúpulos, el desdén…

“Las personas nos dicen quiénes son, pero lo ignoramos porque queremos que sean lo que nosotros queremos que sean”, Don Draper.

En su estructura narrativa, cada episodio vale por sí mismo, es autónomo. Mad Men es como esas novelas donde cada capítulo es individual, pero forma parte del rosario de historias que construyen un mosaico colorido y profundo lleno de matices. Y donde los televidentes conocen y saben más de los personajes que ellos mismos y los demás.

El tempo de la serie es otro gran valor. En apariencia no pasa nada, pero sucede de todo. Los personajes viven con sus sueños y tormentas interiores que impactan en sus trabajos y vidas privadas. Personas que buscan tomar posesión del mundo exterior no solo con palabras, sino con miradas, gestos, comportamientos, vestuarios, silencios…

Personajes e historias que hablan del presente, del vacío de unas personas que crean sueños para los demás, pero que al observarlos desde fuera despiertan la rabia, la simpatía o incluso la compasión o la lástima porque no están conformes consigo mismos mientras desean amar, pero no saben hacerlo, sobre todo Don Draper.

Dos escenas que definen Mad Men

Hay dos escenas clave, la primera corresponde al capítulo final de la primera temporada: Recoge el estilo y el espíritu que impregnan la narrativa de la serie en todos los sentidos. Don Draper presenta a Kodak su campaña para lo que se llamará El Carrusel. Cuenta a los clientes que en su primer trabajo, una compañía de pieles, un redactor griego, llamado Teddy, le dijo que la palabra más importante en un anuncio era “Nuevo”, crear el anhelo, y, un segundo después, termina de crear el universo Mad Men:

“Pero también hablaba de una profunda conexión con el producto: Nostalgia…. Es delicada… pero potente.

Teddy me dijo que, en griego, Nostalgia significa, literalmente, el dolor de una vieja herida…

Te punza el corazón mucho más fuerte que un mero recuerdo.

Este aparato no es una nave espacial, es una máquina del tiempo. Va hacia atrás, hacia adelante… Te lleva a ese lugar donde nos duele volver.

No se llama la rueda, se llama el Carrusel.

Nos permite viajar como viaja un niño… Vuelta y vuelta de nuevo… Al lugar donde sabemos que nos aman”.

La nostalgia por el pasado real, por lo que pudo ser y la nostalgia misteriosa por lo que se sueña y no ha sucedido impulsan Mad Men y las tres nostalgias le dan su carácter clásico, intemporal.

La segunda escena que resume parte de todo esto y de la serie misma es el final de la quinta temporada: Don Draper, que debería estar feliz, al ayudar a que su segunda y joven esposa cumpla su sueño de entrar en el mundo audiovisual, la acompaña a la primera grabación de un anuncio publicitario. Él ya intuye que no cree en la felicidad o no cree tener derecho a ella y, como ha hecho siempre, va a sabotear su propio futuro… Ella se despide con un beso para seguir el rodaje, él sonríe y se aleja pensativo del set colorido, su silueta a contra luz avanza hacia el espectador en la penumbra del estudio… Suenan los primeros acordes de una hermosa canción, porque la música es una gran coprotagonista de la serie, cuando él se funde en la oscuridad al ritmo de la melodía y, en una secuencia perfecta, Don Draper entra en un bar de Manhattan de los que tanto frecuenta, se sienta en la barra, se pone un cigarrillo en los labios y se escucha a la voz lenta de Nancy Sinatra:

You Only Live Twice (Solo se vive dos veces)

Don pide un whisky Old Fashion, y mientras enciende el cigarrillo, la canción continúa:

O eso parece.

Una para ti

y otra para tus sueños.

La cámara se aleja con Don Draper meditativo envuelto en su propio humo para dar paso a secuencias de Peggy, Pet y Roger, como representantes del resto de personajes, en ese mismo momento de la noche donde se les hacen presentes el amor y el sexo en diferentes formas bajo la voz de Nancy Sinatra que sigue su relato:

Los años te han llevado a la deriva

Y tu vida está en calma

Hasta que aparece

Un sueño llamado amor.

Y el amor es un desconocido

Que te hace un guiño.

No creas que el peligro

Y el desconocido se han ido.

La imagen vuelve al bar donde está Don Draper…

Este sueño es para ti…

Una mujer hermosa se le acerca y le pregunta si tiene fuego. Sin hablar ni mirarla, le enciende su cigarrillo.

Así que paga el precio…

La mujer le dice que su amiga quiere saber si está solo…

Y el amor es un desconocido

Que te hace un guiño…

Don Draper gira lento su cabeza, la mira con una media sonrisa entre el triunfo y el desdén… La música invade toda la escena que captura el presente y se adentra en el futuro. Como cada escena final de cada uno de los 92 capítulos de Mad Men que condensan todo lo ocurrido en el episodio, proyectan su porvenir y el espectador completa piezas del rompecabezas de esas vidas.

Solo se vive dos veces,

O eso parece.

Una para ti

y otra para tus sueños.

 

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Winston Manrique Sabogal

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