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Meryl Streep y Robert Redford en ‘Memorias de África’, de Sydney Pollack, basada en el libro homónimo de Isak Dinesen.

‘Memorias de África’, de Sydney Pollack, amplía los recuerdos, el romance y la belleza del libro de Karen Blixen

CINE CLUB LITERARIO WMAGAZÍN Celebramos los 40 años de este clásico contemporáneo con Meryl Streep y Robert Redford. Reseñamos la película y el libro y publicamos uno de sus fragmentos . Una obra sobre el descubrimiento de un lugar y de los propios sentimientos y deseos

La baronesa Karen Blixen llegó a África a comienzos del siglo XX, en 1913, cuando Kenia pertenecía al Imperio Británico. Allí tuvo sus dos grandes amores: la tierra, el lugar que habitó y le descubrió la belleza de la naturaleza, y un cazador europeo llamado Denys Finch-Hatton. Hubo un tiempo en que los dos amores vivieron en armonía, pero no le pertenecían porque aquel continente no era el suyo y aquel hombre tenía otro concepto de la libertad y de la pertenencia y eso incluía el amor.

Karen Christence Blixen-Finecke (Rungsted, 17 de abril de 1885-Rungsted, 7 de septiembre de 1962) es una escritora danesa que escribió sus libros bajo el seudónimo de Isak Dinesen. Aquel tiempo de descubrimiento emocional y del mundo lo contó en su libro Memorias de África, publicado en 1937. Una autobiografía producto de los recuerdos que en 1985 Sydney Pollack llevó al cine, pero complementada con otros escritos de Blixen, protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford.

Se trata del título triunfador de los premios Oscar de aquel año (siete galardones, incluidos Mejor Película y Dirección). Habla del choque de la colonización, del encuentro de los europeos con los nativos africanos, de la belleza del paisaje, de la conveniencia del matrimonio que vive Blixen, del amor verdadero, de la espera y las expectativas sentimentales, de la libertad, y del desencuentro que, a veces, surge entre estos últimos. Una obra sobre el descubrimiento de un lugar y de los propios sentimientos y deseos.

En esta película emotiva de los años ochenta nos detenemos hoy en nuestro Cine club literario WMagazín, que este 2025 dedicamos a buenas adaptaciones literarias cinematográficas que celebran una efeméride importante. Los 40 años de Memorias de África, de Sydney Pollack, inspirada en la obra de Karen Blixen, llega a nuestra sección tras los 40 años de El beso de la mujer araña, de Héctor Babenco, sobre la novela de Manuel Puig; tras los 50 años de Tiburón, de Steven Spielberg, adaptación del best seller de Peter Benchley; tras los 60 años de Doctor Zhivago, de David Lean, a partir del clásico de Borís Pasternak; tras los 70 años de Las diabólicas, de Henri-Georges Clouzot, basada en el libro de Pierre Boileau y Thomas Narcejac; y tras los 80 años de El retrato de Dorian Grayde Albert Lewin, sobre el clásico de Oscar Wilde.

Bienvenidos a nuestro Cine club literario WMagazín con Memorias de África:

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Tráiler de 'Memorias de África', de Syney Pollack, basada en la autobiografía de Karen Blixen.

La película

Los años que Karen Blixen pasó en Kenia, de 1913 a 1931, con sus impresiones del descubrimiento de un mundo, del territorio, de su gente, de la naturaleza, del propio curso de la historia (la Primera Guerra Mundial), de sus emociones y búsquedas afectivas, de sus desconciertos ante la vida, de las desigualdades entre hombres y mujeres, de las reflexiones sobre las relaciones humanas y, en general, de una mujer adelantada a su tiempo están presentes en el libro de Keren Blixen Memorias de África y la adaptación al cine que realizó Sydney Pollack. El director logró captar el lirismo de los escritos de Blixen, su sensibilidad y profundidad en ese encuentro de dos mundos y del descubrimiento del suyo interior. Y con algo muy evidente y reseñable: la vocación narradora de Blixen, su talento para contar historias, para fundir realidad y ficción en las escenas donde la protagonista, Meryl Streep, arma relatos improvisados para sus reducidas audiencias. En suma, se muestran los orígenes literarios de una escritora.

La producción de la película es extraordinaria y sencilla, al mismo tiempo. Posee un aliento épico sobre la vida de una mujer en un tiempo de cambio y de sus búsquedas y batallas sentimentales en un entorno de gran belleza natural que Pollack sublima.

Las actuaciones de Meryl Streep (nominada al Oscar) y de Robert Redford, como Denys, son muy buenas. Y aunque se suele resaltar la de Streep, la interpretación de Redford es convincente y crucial para que sea creíble que la baronesa se enamore de él.

Memorias de África obtuvo siete premios Oscar: Mejor película, director, guion, fotografía, Dirección artística, Banda sonora original y Sonido.

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El libro: Memorias de África

“Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías”.

Este comienzo de la autobiografía que escribió Keren Blixen es no solo uno de los más conocidos, sobre todo por la primera frase, sino que plasma a la perfección el tono, ritmo, sensibilidad y detalles con que la baronesa cuenta su vida en Kenia. La obra está poblada de descripciones ante el asombro de descubrir un mundo físico, social, cultural y emocional. Se detiene en aspectos cotidianos acompañados de reflexiones sobre la vida y la gente.

Aunque Karen Blixen salió de Kenia al borde la bancarrota y descorazonada ante el destino que tuvo su relación con Denys y su posterior muerte, el libro es sereno y hermoso. No hay afán de revancha, solo interés en rescatar el lado luminoso de lo que vivió. Fue su primer libro, que la hizo muy reconocida y luego famosa y que le abrió las puertas a sus futuros relatos.

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Meryl Streep y Robert Rdford en ‘Memroias de África’. /WMagazín

FRAGMENTO

Debo a Denys Finch-Hatton el mayor, el más delicioso placer de mi vida en la granja: volar con él sobre África. Allí, donde no hay carreteras o hay muy pocas y donde se puede aterrizar en las llanuras, volar se convierte en algo de real y vital importancia en tu vida, te abre un mundo. Denys había traído su avión Moth; podía aterrizar en mi pradera de la granja sólo a unos cuantos minutos de la casa y volábamos casi todos los días. Cuando vuelas sobre las tierras altas africanas tienes unas vistas tremendas, sorprendentes combinaciones y cambios de luz y de color, el arco iris sobre la tierra verde iluminada por el sol, las gigantescas nubes verticales y las grandes y salvajes tormentas negras, que te rodeaban a toda velocidad corriendo y danzando. Las fuertes y contundentes lluvias blanquean el aire oblicuamente. El lenguaje se queda corto para expresar la experiencia de volar y tienes que terminar inventando nuevas palabras. Cuando has sobrevolado la Falla Grande y los volcanes de Suswa y Longonot, has viajado más allá, hasta las tierras que hay al otro lado de la luna. Otras veces puedes volar tan bajo que ves los animales en las praderas y te sientes como Dios cuando acababa de crearlos y antes de que le encargara a Adán que les pusiera nombre.

Pero no son las visiones, sino la actividad lo que te hace sentirte feliz, y la alegría y la gloria del aviador es el vuelo en sí. La gente que vive en las ciudades vive triste y esclavizada porque en todos los movimientos sólo conoce una dimensión; sigue una línea, como si fuera conducida por una correa. La transición desde la línea hasta el plano en dos dimensiones, cuando paseas por un campo o por un bosque, es espléndida, es una liberación de los esclavos, como la Revolución Francesa. Pero en el aire eres llevada a la completa libertad de las tres dimensiones; después de largas épocas de exilio y de sueños, el añorante corazón se lanza en los brazos del espacio. Las leyes, la gravitación y tiempo.

(…)

Aquí, en las tierras altas, cuando han pasado las grandes lluvias y en la primera semana de junio las noches comienzan a enfriar, aparecen las luciérnagas en los bosques. Una tarde veías dos o tres, audaces estrellas solitarias que flotaban en el aire claro, subiendo y bajando como si montasen sobre una ola o como si hicieran reverencias. Siguiendo el ritmo de su vuelo sus diminutas lámparas se encendían o se apagaban. Podías coger un insecto y resplandecía en la palma de tu mano; producía una curiosa luz, un misterioso mensaje que convertía la carne verde pálido en un pequeño halo a su alrededor. A la noche siguiente había centenares y centenares en los bosques.

(…)

Meryl Streep y Robert Redford en una de las escenas más populares de ‘Memorias de África’. /WMagazín

Denys Finch-Hatton había venido de uno de sus safaris y se había quedado una pequeña temporada en la granja, pero cuando comencé a deshacer la casa y a preparar las cosas y no pudo quedarse allí, se fue a vivir a la casa de Hugh Martin en Nairobi. Desde allí venía todos los días en automóvil hasta la granja y cenaba conmigo, sentándose —hacia el final, cuando yo había vendido mis muebles— en un cajón y con la comida sobre otro. Nos quedábamos allí hasta muy avanzada la noche.

Unas cuantas veces Denys y yo hablamos como si de verdad fuera a dejar el país. Él consideraba a África su hogar y me entendía muy bien, compartiendo mi pena conmigo, aunque se riera de mi angustia por dejar a mi gente.

—¿Crees —decía— que no puedes vivir sin Sirunga?

—Sí —respondí.

Pero la mayor parte de las veces, cuando estábamos juntos, hablábamos y actuábamos como si el futuro no existiera; nunca se había preocupado mucho por él, como si supiera que podía aprovechar fuerzas desconocidas para nosotros, si quería. Naturalmente estaba de acuerdo con mi plan de dejar que las cosas marcharan y que la gente pensara lo que quisiera. Cuando él estaba allí parecía algo completamente normal y a nuestro gusto estar sentados sobre unas cajas de embalaje en una casa vacía. Me citaba un poema:

Debes dejar tu triste cantinela

por otra más alegre.

Nunca vendré por piedad,

siempre vendré por placer.

Durante aquellas semanas solíamos hacer cortos vuelos sobre las colinas de Ngong o sobre la Reserva. Una mañana Denys vino a buscarme muy temprano, cuando estaba saliendo el sol y luego vimos a un león en la llanura, al sur de las colinas.

Habló de empaquetar sus libros, que llevaban muchos años en mi casa, pero nunca lo hizo.

—Tenlos tú —me dijo—, yo no tengo dónde meterlos. No se podía decidir adónde iría cuando se cerrara mi casa. Una vez, siguiendo los insistentes consejos de un amigo, llegó a ir en automóvil hasta Nairobi para echar un vistazo a los bungalows que había para alquilar, pero volvió tan disgustado por lo que había visto que ni siquiera quería hablar de ello y durante la cena, cuando empezó a hacerme una descripción de las casas y de sus muebles, se calló y se quedó sentado en silencio, con una repulsión y una tristeza en su rostro que eran muy raras en él. Había estado en contacto con un tipo de existencia que le resultaba insoportable.

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Cine club literario 2025

80 años: El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, y su vigencia inquietante popularizada por el cine.

70 años: Las diabólicas, de Clouzot, o la película que renovó el suspenso y el terror psicológico.

60 años: Doctor Zhivago, de David Lean, el cine épico sobre el amor, la pasión y la guerra basado en la novela de Borís Pasternak.

50 años: Tiburón, cuando de Spielberg cambió las reglas del cine comercial gracias al libro súper ventas de Peter Benchey.

40 años: El beso de la mujer araña, de Héctor Babenco, fiel a la novela de Manuel Puig que confrontó a la izquierda y al autoritarismo

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Serie completa: Cine Club Literario de verano de 2021 a 2024

Cine club literario de verano 2024

90 años: Madame Bovary. el clásico de Flaubert, exaltado en el cine por Jean Renoir.

85 años: Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, el primer gran best seller convertido en clásico del cine.

70 años: La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock, una obra maestra del cine basada en un relato sencillo.

50 años de El gran Gatsby, la obra maestra de Filtzgerald, adaptada al cine con guion de Coppola y Capote.

40 años: Los santos inocentes, de Mario Camus, basada en la gran novela de Miguel Delibes.

30 años: El Cartero y Pablo Neruda, la película que conquistó el corazón de la gente basada en la novela de Antonio Skármeta.

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 Cine club literario de verano 2023

El jorobado de Notre Dame, cien años de la película basada en  la novela clásica de Victor Hugo.

De aquí a la eternidad, de Fred Zinnemann, 70 años de una historia contemporánea basada en la novela de James Jones.

Los pájaros, de Hitchcock, 60 años de un clásico basado en un relato de Daphne du Maurier.

El gatopardo, de Luchino Visconti, 60 años de una obra maestra basada en la novela de Lampedusa.

El exorcista: la película de terror que cambió el género, basada en el best seller de Blatty.

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Cine club literario de verano 2022

Nosferatu: cien años de la película que abrió las puertas del terror en el cine con Drácula.

Casablanca: 80 años del clásico del cine de amor y del alegato contra la Segunda Guerra Mundial.

Matar a un ruiseñor: 60 años de una gran película contra el racismo y para aprender a vivir, basada en el libro de Harper Lee.

Lolita: 60 años de la película perturbadora de Kubrick, basada en la obra maestra de Nabokov.

Lawrence de Arabia: 60 años de una película épica sobre batallas anticoloniales.

El padrino: 50 años de una de las mejores películas de la historia.

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Cine club literario de verano 2021

Frankenstein: 90 años del monstruo del futuro en el cine.

Desayuno con diamantes: 60 años de un gran romance con el público.

Fahrenheit 451: 55 años de una película aún vigente sobre un mundo que prohíbe los libros.

La naranja mecánica: 50 años de una película de culto perturbadora.

El silencio de los corderos: 30 años de la película que cambió las reglas del cine de terror.

El señor de los anillos: 20 años de una gran película de aventura épica y fantástica.

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Maribel Lienhard

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