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El escritor español Domingo Villar (Vigo, 1971-2022). /Foto cortesía Ediciones Siruela

Muere Domingo Villar, autor de novela negra con estilo y cronista de cuando España ganó el Mundial de Fútbol

Con solo tres libros de novela negra, el escritor español ocupó un lugar destacado en su país, sobre todo por 'La playa de los ahogados'. WMagazín lo recuerda con pasajes de sus artículos sobre el paso de España por el Mundial de Sudáfrica

Domingo Villar escribió tres novelas, pero ya con la segunda, La playa de los ahogados, ocupó un sitio en la literatura española del siglo XXI. Con otro mérito: sus novelas eran más que novelas de género negro tanto por el estilo literario como por la hondura de sus personajes. Una prueba de que no hace falta escribir mucho, ni entregarse al mercado, ni a las modas, para tener prestigio y ser apreciado por sus lectores, sus colegas y el sector del libro. Pero ya no habrán más novelas protagonizadas por el inspector Leo Caldas, su creador falleció este 18 mayo de 2022, a los 51 años.

Domingo Villar (Vigo, Galicia, 1971-2022) publicó su primera novela en 2006, Ojos de agua; la segunda en 2009, La playa de los ahogados, y la tercera en 2019, El último barco (todos en Ediciones Siruela.) Entonces, Leo Caldas ya era un personaje con el cual Villar mostraba Vigo y Galicia en sus gentes, en sus paisajes, en sus calles y en su mundo interior. La prensa española recibió así la noticia de su muerte:

«Un gran personaje como Caldas solo pudo salir de una gran persona como Villar», escribe Berna González Harbour, en El País;

«Muere Domingo Villar, autor de novelas negras psicológicas, musicales y nostálgicas», recuerda Luis Alemany, en El Mundo;

«El Eligio, la isla de Toralla y el Grial: el universo vigués de Domingo Villar enmudece el día de su muerte», señala Víctor Honorato, en eldiario.es;

«Domingo Villar, un escritor bendecido por la calma», dice Antonio Lozano en La Vanguardia.

En WMagazín queremos recordar a Domingo Villar con un lado menos conocido por el gran público: su pasión por el fútbol y los deportes, en general. Para ello he elegido el año 2010 cuando Villar escribió unas crónicas magníficas, emotivas y muy personales sobre el paso de la Selección de Fútbol de España de 2010 en el Mundial de Sudáfrica, que a la sazón ganaría.

La historia es la siguiente: con motivo de ese Mundial de Fútbol se me ocurrió, cuando yo coordinaba el apartado de Libros de Babelia (suplemento cultural de El País) y el blog Papeles perdidos, hacer una cobertura, más o menos literaria, de ese evento deportivo. La ilusión de España en su selección era máxima, pues esos jugadores habían ganado la Eurocopa dos años antes. Así es que invité a un escritor por cada uno de los países de habla hispana, más Estados Unidos, que participaban en el Mundial para que siguieran por televisión los encuentros de sus selecciones respectivas y nos lo contaran en dos crónicas: la de la víspera del partido y la de después del mismo. Por España el encargado de contar los avatares de su selección fue Domingo Villar. El año anterior  había publicado La playa de los ahogados.

A medida que el Mundial avanzaba y eliminaban selecciones los autores dejaban de escribir. Solo uno, o dos, o ninguno, podían llegar hasta el último día. Al final, sería Domingo Villar el que contaría aquel último partido, del 11 de julio de 2010, entre España y Holanda.

El escritor español Domingo Villar (1971-2022) y sus libros. /Foto cortesía Ediciones Siruela

En WMagazín publicamos unos breves pasajes de las crónicas de Villar que lo muestran como el gran escritor que supo contar sus dudas y emociones tras cada partido, a la vez que dejaba rastro de su vida y sus amores. Esta antología sirve para revivir un mes inolvidable para España y para un escritor que lo supo contar como pocos.

Sus crónicas fueron proféticas desde el comienzo del primer artículo, publicado el 6 de junio de 2010: El grupo del sabio, la crónica de la víspera de lo que un mes después llevaría a todo un país a la felicidad:

«Mi primer recuerdo son los brazos de Mario Kempes extendidos como alas en 1978, celebrando su segundo gol bajo un diluvio de papelitos blancos. ‘Es su Mundial, el de Argentina’, debió de murmurar mi padre sentado en el sofá, a mi lado: ‘El próximo es el nuestro”.

Párrafos más abajo terminaba así:

«Hoy el grupo de audaces españoles viaja a Sudáfrica sin arrogancia, pero con la ilusión de alzar la Copa del Mundo por primera vez. Aunque no está con ellos el hombre sabio que los congregó, su legado se mantiene inalterado: las camisetas rojas son señuelos y el balón una liebre en los pies.

Hay enemigos temibles, y para alcanzar el trofeo será necesario añadir una buena ración de suerte a la osadía de los nuestros, pero en los sofás de las casas algo ha cambiado. Hoy el niño que ve los partidos a mi lado ya no se pregunta a qué juega España. Sólo le preocupa saber si se puede atrapar a un conejo con los pies». Puedes leer la crónica completa en este enlace de Papeles perdidos, de El País.

El 16 de junio de 2010, el día del primer partido de España contra Suiza, Villar contaba el origen de su pasión por el fútbol en El truco del zurdo:

«Llegué de Galicia a Madrid en 1989, recién estrenado el otoño. El campo del Celta quedaba demasiado lejos y, buscando emociones nuevas, me acerqué al Vicente Calderón para ver un partido de UEFA. El Atlético recibía a la Fiorentina, y yo quería ver a ese Baggio del que tanto se hablaba. Sin embargo, casi desde el principio, mi atención esta en otro hombre: el 10 rojiblanco. Paulo Futre se desesperaba como un niño en el patio escolar si no tenía la pelota. Gritaba y hacía aspavientos a sus compañeros reclamando todos los pases, se movía de un lado al otro en pos del balón y, tan pronto como lo atrapaba, salía disparado hacia el campo contrario, buscando la trinchera violeta de los italianos. Debió de encararlos una docena de veces, y en todas perdió el balón. Pero no dejó de intentarlo. El Atleti ganó 1-0. No recuerdo quién fue el goleador, pero sí quién me ató desde entonces a la grada del Calderón». Puedes leer la crónica completa en este enlace de Papeles perdidos, de El País.

Tras el partido, que perdió España 1-0 ante Suiza, Villar tituló Se escapó el conejo, y terminó diciendo:

«Y luego España lo intentó pero no pudo burlar a la Guardia Suiza. Ni siendo fiel a su estilo tranquilo ni atacando desesperada. Está visto que Benedicto XVI puede dejar puestas las llaves del Papamóvil a la hora de la siesta sin temor». Puedes leer la crónica completa en este enlace de Papeles perdidos de El País.

El 21 de junio España jugó contra Honduras y ganó 2-0. Villar tituló Un rumbo imprevisto y cerró la crónica así:

«Desde tierra parece que el barco se va desviando poco a poco del rumbo marcado. No importa abandonar una ruta prevista si la intención es volver al camino –hay vientos y mares convulsos que exigen rodeos, lo sabe cualquier pescador–. Lo malo es emprender a mitad de trayecto un viaje distinto y enmascarar la nueva orientación con excusas, pues con esa deriva se puede marchar la ilusión». Puedes leer la crónica completa en este enlace de Papeles perdidos, de El País.

El 25 de junio España ganó a Chile 2-1. Villar tituló De Perico a Indurain, que en la mitad de la crónica dice:

«Miguel Indurain era un hombre tranquilo que ganó cinco Tours y dos Giros, y pedaleando parecía sonreír. Fue durante varios años un ciclista tan superior que algunos de sus rivales, de puro desalentados, no le atacaban. Desistían y se conformaban con escoltarlo en su viaje a París sabiendo que el rey era generoso, que no le importaba compartir laureles ni disputaba etapas sin necesidad.
En la segunda parte, tras el primer cambio, España recordó a Indurain…, y al equipo templado que hace dos años nos hizo vibrar en Viena». Puedes leer la crónica completa en este enlace de Papeles perdidos, de El País.

El 29 de junio España ganó a Portugal 1-0. Villar tituló La España cojonuda y allí confiesa:

«Pero, claro, Villa metió un gol y yo me olvidé de mis prejuicios y me dediqué a brindar y a gritar, que es lo mío. Los pocos vecinos que presumían de que en el quinto vivía un escritor se habrán llevado esta tarde un buen chasco. Desde hoy saben que en realidad aquí hay un hooligan. Y a mucha honra. Me he quitado la careta. Con el gol de Villa berreé como si me hubieran clavado una punta oxidada en un pie. Y qué bien se queda uno cuando sale del armario». Puedes leer la crónica compelta en este enlace de Papeles perdidos, de El País.

El 3 de julio, en los cuartos de final, España ganó a Paraguay 1-0. Villar tituló El conejo apaleado y empezaba así:

«No creí que llegara a ver esto. España es semifinalista de un Mundial. Un país en peligro de derrumbe se merecía una alegría así. Estos jugadores también. Por parecer tipos normales. Por saberse privilegiados. Un grupo de amigos felices, halagados por la responsabilidad de representar a los demás. Un equipo en el que todos brillan pero nadie es estrella. Lo nunca visto: genios solidarios. Son como Induráin, que nunca abandonó el plural. “Hemos atacado en el Alpe d’Huez”, decía de sí mismo al llegar a la meta y en casa resoplábamos como si hubiésemos pedaleado con él». Puedes leer la crónica completa en este enlace de Papeles perdidos, de El País.

El 7 de julio, en la semifinal, España ganó a Alemania 1-0. Villar tituló Enamorado y feliz, y reconocía:

«Parece mentira, pero esta semifinal de Copa del Mundo que se anunciaba reñida acabó siendo un partido tranquilo. Y eso que el rival era de órdago: Alemania, la que siempre lucha, la que presiona y jamás se entrega, la que lleva la victoria en los genes, la que siempre aparece en la fiesta aunque nadie la espere. Esta vez eran una ola crecida durante el torneo. Amenazaban con arrollarlo todo a su paso…, pero sólo fueron espuma».

Para terminar con:

«Yo sólo deseaba ganar, pero me voy a la cama enamorado y feliz. Me alegro por Luis (Aragonés), que dio forma al equipo; por Del Bosque, que aprovechó su legado y lo mejoró; por el grupo de magos humildes que miran al frente; y por cada español que hoy tiene el brillo en los ojos que tengo yo.

Las buenas historias, como los grandes inventos, siempre surgen de alguien intrépido que una vez se atrevió a preguntar: «¿Qué sucedería si…?”. Puedes leer la crónica completa en este enlace de Papeles perdidos, de El País.

El 11 de julio, en la final España ganó a Holanda 1-0. Domingo Villar escribió horas antes del partido una crónica que terminaba así:

«También Del Bosque está sereno. Aunque algo debe de urdir tras el bigote. Ya habrá rebuscado en su chistera un conejo adecuado para hoy. Y tendrá cavilando al enemigo, porque hay que ver cómo se las gasta el salmantino, que azuza a los caballos cuando todos esperan un alfil…, y siempre acierta.

Mis hijos de seis y cuatro años han jugado esta tarde su final en el pasillo de casa. Aún no sé bien quién ha ganado: España ha metido más goles, pero Holanda ha hecho añicos la lámpara. Tampoco sé si con el tiempo recordarán este verano que pasaron llenos de ilusión, vestidos de rojo; este mes en que los buenos fuimos nosotros. Pero merecerá la pena vivir para volver a contárselo». Puedes leer la crónica completa en este enlace de Papeles perdidos, de El País.

Al día siguiente del partido en esta cobertura especial del blog Papeles perdidos publicamos un artículo en el cual varios de los escritores que habían participado en la serie escribían algo de un jugador de la selección española. Domingo Villar habló de Iniesta con estas palabras:

«Iniesta es un genio solidario. Da gusto ver jugar a este chaval de rostro pálido que parece inofensivo aunque domine la pelota como pocos. Es pequeño y humilde, esforzado y generoso, y rehúye casi siempre de los focos que le vienen a alumbrar. Hoy no pudo escaparse. No hay manera. Su segundo gol del campeonato vale una copa del mundo. Esa en la que tanto había destacado hasta entonces. Un control, una mirada al portero, un fogonazo. Goool, y el chico tímido echó a volar para abrazarse con su amigo Jarque en el cielo». Puedes leer la crónica completa en este enlace de Papeles perdidos, de El País.

Muchas gracias Domingo Villar por la complicidad, por estas crónicas inolvidables y por los libros que aquí seguirán.

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