El poeta y narrador vietnamita estadounidense Ocean Vuong. /Anagrama
Ocean Vuong confirma su promesa de gran escritor con ‘El emperador de Alegría’
EL AUTOR DEL MES EN LOS MEDIOS El poeta y narrador vietnamita estadounidense continúa la historia de su debut novelístico de 'En la Tierra somos fugazmente grandiosos'
El escritor vietnamita estadounidense Ocean Vuong (Ciudad Ho Chi Minh, antes Saigón, 1988) se convirtió con 28 años, en 2016, en un de los poetas más prometedores del siglo XXI en Estados Unidos. Publicó Cielo nocturno con heridas de fuego (Vaso Roto) con el cual obtuvo el prestigioso Premio T. S. Eliot, en 2017, y se convirtió en el ganador más joven en recibirlo, entonces con 29 años, y en el segundo poeta debutante en ganarlo. En 2019 amplió su territorio a la novela, tocada de poesía, En la Tierra somos fugazmente grandiosos (Anagrama), con muy buenas críticas, y, en 2025, continuó aquella historia con El emperador de Alegría (Anagrama) que lo confirmó como uno de los escritores estadounidenses más interesantes de la década.
Versos y narrativas que son alegorías literarias de su vida en una escritura serena, profunda, conmovedora y crítica con el sistema. Su presencia en los medios internacionales y españoles más destacados y especializados este 2025 está llena de elogios en entrevistas, críticas literarias, reseñas y artículos.

Comienzo de El emperador de Alegría
«Pero este lugar es hermoso, hasta los fantasmas están de acuerdo. Por las mañanas, cuando la luz lo riega todo de color avena, ellos se elevan como una niebla sobre la cebada que crece al otro lado de las vías y avanzan a trompicones hacia los pinos de agujas negras en busca de sus nombres, nombres que ya no viven en la boca de ningún ser vivo. Nuestro pueblo se alza sobre una costra de tierra a lo largo de un río en Nueva Inglaterra. Al derretirse los glaciares prehistóricos, el valle se convirtió en un lago tan grande como un mundo, y cuando este se secó dejó un hilillo plateado a lo largo de esa cuenca llamada Connecticut: palabra algonquina que significa «largo río de mareas». En este sedimento abundan todas las partículas capaces de albergar la vida. Al acercarse, uno se ve flanqueado por extensiones de brotes de apenas dos dedos de altura, que surgen luminosos entre el barro de abril. Dentro de unos meses, esos brotes se habrán convertido en densas hileras de plantas de tabaco de hoja ancha y maíz dulce de variedad sureña. Más allá del cementerio, cuyas lápidas han perdido sus nombres con los años, hay un puente cubierto que se tiende sobre un arroyo seco, cuya memoria del agua no conoció este siglo. Al otro lado estamos nosotros».
WMagazín selecciona algunos extractos de entrevistas y críticas de su reciente novela en medios de España, Estados Unidos e Inglaterra. Si su debut novelístico, con En la Tierra somos fugazmente grandiosos, terminaba con un joven a punto de tirarse desde un puente, en esta, El emperador de Alegría, una mujer mayor le habla desde el otro lado del puente. Ambos terminarán compartiendo la travesía de la vida, ella con problemas cognitivos, y él con la lucidez de hacer todo lo posible para salir de donde están.

The New York Times, de David Marchese
“Vista con cierta benevolencia, la vida de Ocean Vuong parece un cuento de hadas americano moderno. En 1990, él y su madre llegaron a este país como refugiados de Vietnam. Se instalaron en un pequeño pueblo de Connecticut y comenzaron a sobrevivir como pudieron, en una existencia marcada por trabajos mal pagados y la alienación cultural y personal. Vuong parecía destinado a permanecer marginado de la sociedad. Hasta que descubrió la literatura y su enorme talento para la escritura. (…)
Con más de 400 páginas, un amplio elenco de personajes, escenas cómicas y temas como los trabajos en comida rápida, el cuidado de ancianos y la monotonía de la vida estadounidense, ‘Emperador’ es un libro más extenso en todos los sentidos que la primera obra de Vuong. Además, me brindó la oportunidad de realizar una de las entrevistas más emotivas que he hecho jamás.
(…)
La relación central de El emperador de Alegría es entre un joven inmigrante vietnamita llamado Hai y una mujer lituana de 82 años, con demencia, llamada Grazina. Hai termina convirtiéndose en su cuidador. La novela está dedicada a una Grazina real. ¿Podrías decirme quién era?
Es la abuela de mi pareja. Después de dejar la Universidad Pace, me quedé sin hogar. Dudo en decir que estuve sin techo, porque solo fueron dos semanas y media. Me quedé en Penn Station durante dos semanas y media. Un día, mi pareja y yo llegamos a Penn y me preguntó: «¿Adónde vas?». Le respondí: «Eh, estoy aquí». Él exclamó: «¡Dios mío!». Y yo le dije: «Bueno, no hace falta que volvamos a hablar, esto es muy raro, te escribo». Al día siguiente me llamó y me dijo: «Mi abuela vive en Richmond Hill, no quiere ir a ningún lado, pero tiene alguna enfermedad». Terminé viviendo allí dos años y medio, ayudando a cuidarla. Prácticamente formamos una familia. Mi pareja, Peter, empezó a venir más seguido, y yo le decía: «¿Estamos saliendo? ¿Nosotros no? ¿Qué está pasando? ¡Estoy viviendo con tu abuela!» [Risas.] Fue bonito, porque no le habíamos puesto nombre.
(…)
¿Cambió eso el tipo de escritora que eres (se refiere a que cuidó a su madre con cáncer terminal)?
Aún no lo sé. Este es el primer libro que escribí de principio a fin sin que ella estuviera viva. Me decía a mí misma que era una contraformalista vanguardista. Me creía superior. Pensaba: ‘Escribo lo que quiero’, y estaba muy orgullosa de ello. Pero después de que mi madre falleciera, me di cuenta de que en realidad había estado intentando triunfar en la vida para poder cuidarla. Todo era estratégico: ‘Tengo que conseguir este trabajo, tengo que ser profesora, tengo que conseguir la titularidad’. Y cuando mi madre murió, pensé: ‘Se acabó’. Todo era por ella, y al final tuve que hacerme la pregunta que no quería hacerme: ¿Qué escribiría para mí? Existencialmente es como: ‘¿Y ahora qué?’. Cuando por fin pude hacer lo que creía que había estado haciendo todo este tiempo, que es escribir a mi manera, me sentí vacía. Pero no idealizo la identidad de ‘escritora’. Para mí, lo que tú y yo hacemos es el mismo trabajo. Mi labor docente es la misma. Cuando doy una charla en una universidad, es lo mismo”.
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The Guardian, de M. John Harrison
“Además de la familia elegida, El Emperador de Alegría también trata sobre la brutalidad del trabajo. Hai consigue un empleo en Home Market, una cadena de restaurantes de comida rápida en la Ruta 4. (…) El equipo de BJ es ‘igual que la gente de cualquier otro lugar de Nueva Inglaterra. Curtidos por la intemperie y perpetuamente agotados, cabreados o ambas cosas’. La conclusión que se extrae de su situación es que, más allá de todo lo demás, la cadena Home Market ofrece al cliente una experiencia hortera pero innegablemente sensual; y al equipo, un sustento, aunque sea mínimo. En la confluencia de estos dos bienes socioeconómicos básicos, surge un tercero: un genuino, aunque breve, destello de alegría que ilumina una vida de situaciones desesperadas. Las distintas versiones de este destello se convierten en el verdadero tema de la historia. Quienes viven en la precariedad deben construirse un futuro narrativo. Algunos lo hacen mejor que otros. Para Hai —quien una vez se contó a sí mismo la historia de ‘querer ser escritor’—, estas ficciones de apoyo no están exentas de mantenimiento: tras cada derrota, tras cada golpe de realidad, deben repararse y revisarse. Es un trabajo arduo, que realiza además de sus luchas diarias para cuidar la enfermedad de Grazina y ganarse la vida. No se le da bien. (…)
Desgarradora, conmovedora, pero nada sentimental, y a la vez salvajemente cómica, El emperador de Alegría trata precisamente de lo inestables que pueden llegar a ser las cosas”.
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El País, de Andrea Aguilar
P. ¿Cómo encaja El emperador de Alegría en su trayectoria?
R. Mi primer libro era la carta de un hijo a su madre. Ese personaje protagonista, Perro Pequeño, quiere ser escritor, y me pregunté: ¿cómo sería su novela? Algunos de mis héroes literarios, como James Baldwin o Marguerite Duras, vuelven sobre los mismos temas una y otra vez. Yo también quería regresar al mismo terreno con materiales y contextos distintos, y reescribir esas ideas con otro tono. En esto me inspiró Hayao Miyazaki. Él creó una estética suave y encantadora para escribir de las cosas más horribles: la guerra, el desastre ecológico, el hambre, la violencia. (…)
P. ¿Cómo se siente al echar la vista atrás?
R. Pienso que fue un milagro. Hubo suerte, trabajo duro, y también compasión. Yo soy producto del Estado de bienestar que está siendo destruido. (…) Soy la antítesis de lo que el Estados Unidos conservador valora. No creo que estuviera aquí si no hubiera crecido en un Estado demócrata con altos impuestos que permitieron crear una red de la que yo me beneficié.
P. Frente a la polarización, su libro habla de los puentes de humanidad que se establecen entre la gente.
R. Es como yo entiendo la vida. El trabajo es comunidad, porque si estás codo con codo es muy difícil odiar a tus compañeros, aunque haya diferencias ideológicas. Cuando trabajé en granjas de tabaco o restaurantes había televangelistas o cristianos que pensaban que gente como yo debía arder en el infierno, pero después de meses trabajando juntos, de repente, eso empezó a borrarse. Aflora el ser humano. En la era digital hemos vuelto la crueldad algo normal. Hoy puedes trabajar y socializar sin dejar tu cuarto. Es otro tipo de alienación. Hemos pasado de ser una fuerza laboral a ser un bien de consumo. No veo una rebelión desde el sofá con la gente diciendo basta ya, como lo hicieron los trabajadores en las fábricas en el siglo XIX.
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Ocean Vuong en WMagazín
WMagazín supo de Ocean Vuong en 2019, a través de la escritora mexicana Brenda Navarro que participó en nuestra sección El libro que me acompaña, de 2020, durante la pandemia. La presentación que hizo la autora de las novelas como Casas vacías y Ceniza en la boca de Vuong era así de entusiasta, al tiempo que indicaba las coordenadas de su vida y resortes de su creación literaria:
“Considero que Cielo nocturno con heridas de fuego es esencial en mi biblioteca. Este libro básicamente es una poesía muy íntima donde el autor muestra todo su ser y vulnerabilidad. El migrar a Estados Unidos desde Vietnam hizo convertirlo en un refugiado, aunque con el tiempo se ha vuelto norteamericano. Ese proceso de entender qué significa la racialización de tu cuerpo, la estigmatización de tu lengua materna y la no normalidad que te da ser de distintos lugares lo explora muy bien en este libro, al igual que lo explora en su novela editada en 2019 (En la Tierra somos fugazmente grandiosos).
Es importante decir que este libro es uno de los que más me ha hecho sentir que como lectora vale la pena seguir leyendo, porque trata temas de una manera en la que parece que estás hablando con alguien, que no quiere sorprenderte con el lenguaje, sino que es el lenguaje mismo. Y esa es una de las maestrías que todo escritor debería regalarnos a los lectores.
Voy a leer uno de mis pasajes favoritos:
Algún día amaré a Ocean Vuong.
Ocean, no tengas miedo.
El final del camino está tan adelante que ya lo dejamos atrás”.
Puedes ver el vídeo de Brenda Navarro sobre Ocean Vuong a continuación
- El emperador de Alegría. Ocean Vuong. Traducción: Daniel Saldaña París (Anagrama)
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