El escritor francés Olivier Guez (1974) autor de ‘Mesopotamia’. /Foto JF Paga / Grasset
Olivier Guez (1): “Solo la cultura puede crear un sentimiento de unión fuerte y solidaridad en Europa”
Tras su exitoso ciclo literario sobre la Alemania y la Europa de después de la Segunda Guerra Mundial, el periodista y escritor francés reconstruye la vida de Gertrude Bell, una de las personas más influyentes en la configuración del Oriente Medio moderno. Clave en las fronteras y destinos de territorios como Siria, Palestina el Kurdistán o Irak
Gertrude Bell cambió el mapa de Oriente Medio, pero la historia la relegó a la sombra de Lawrence de Arabia. Ambos modificaron el destino de la región, a comienzos del siglo XX y, de paso, el del mundo con temblores geopolíticos que no cesan y se intensifican. Pero la Historia es como el viento del desierto: puede ocultar lo que quiera y sacarlo a la luz cuando le plazca. Y ese viento ha despejado con fuerza el nombre de la llamada “madre de Irak” o “reina del desierto” que ayudó a configurar el Oriente Medio moderno tras la Primera Guerra Mundial (1914-1918).
Esta mujer dibujó las fronteras impensables alrededor de los ríos Tigris y Éufrates, desde donde sigue manando gran parte del destino del mundo lastrado por el mito bíblico fundacional de la vida y por la tragedia propiciada por la codicia del petróleo y otras riquezas. Fue determinante en el destino de territorios como Siria, Palestina, el Kurdistán e Irak.
Gertrude Bell se hace presente en la novela Mesopotamia, de Olivier Guez (con traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona, en Tusquets). El autor francés (51 años /Estrasburgo, 1974) recrea la vida de esta escritora, aventurera, geógrafa, arqueóloga, políglota y espía británica nacida el 14 de julio de 1868, en Durham (Inglaterra) y fallecida el 12 de julio de 1926 en Bagdad (Irak), hace un siglo.
Una vida de novela que trazó el devenir de una gran región, y que se debe leer con calma. La Historia se arremansa en Oriente Medio y esta novela, poblada de información y política, sigue la vida de una mujer de familia rica victoriana que decidió trazar su propio camino al verse incomprendida y al reconocer que aquel mundo de niña mimada no era lo suyo y le quedaba pequeño. Olivier Guez humaniza a Gertrude Bell a través de las docenas de cartas que dejó, en las cuales se muestra idealista, libre, rebelde y anhelante de amor. Reconstruye la ruta de esta mujer hasta hacerse protagonista de la Historia.
Olivier Guez es una persona que conoce bien Oriente Medio y Europa y colabora con medios como The New York Times, Le Monde o el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Su experiencia y mirada original para conectar la historia con el presente lo han llevado a publicar varios ensayos geopolíticos y novelas como La desaparición de Josef Mengele (Premio Renaudot 2017), sobre la vida clandestina de este militar nazi en la Argentina de Perón hasta su muerte. Fue el cierre de una trilogía sobre la Alemania de después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) que le llevó más de diez años y que incluye El regreso imposible: Una historia de los judíos en Alemania desde 1945, la obra en que se basó para escribir el guion de la película El caso Fritz Bauer, en torno al fiscal alemán que persiguió a numerosos nazis.

A contraluz de un gran ventanal en un hotel de Madrid, Olivier Guez empieza contando su pasión por la historia, por desentrañar sus secretos a través de las personas y por tratar de comprender el rumbo o los rumbos que toma la vida, y ahora con Oriente Medio. . (Puedes ver la segunda parte de la entrevista AQUÍ)
Winston Manrique Sabogal. ¿Cuándo le empezó a interesar la historia?
Olivier Guez. Desde siempre, desde pequeño me interesé en la historia. Recuerdo que tenía un libro sobre la historia de Francia, tenía cinco años, y lo conocía de memoria. No sabía escribir y, entonces, a quien era mi mejor amigo le dictaba el libro. Siempre he tenido una pasión por la historia. Con siete u ocho años en clase hacíamos exposiciones y esas cosas de niños. Un día hice venir a una tía mía que había nacido en 1900 para que contase la historia, la guerra, el siglo XX.
Me gusta mucho la historia, pero no soy historiador. Respeto demasiado la historia para pretender ser un historiador.
W. Manrique Sabogal. Pero es un muy buen periodista y los buenos periodistas investigan cualquier tema, deben hacer una pequeña historia. Por ejemplo, sus dos últimas novelas son sobre sendos personajes históricos que sitúa en un marco histórico general. En el caso de Josef Mengele, ¿cuándo le empezó a interesar?
Olivier Guez. El libro sobre Mengele es la última parte de una trilogía consagrada a Alemania y a la Europa de la postguerra. Yo nací en Estrasburgo, entre Alemania y Francia. Fui criado por mis abuelos maternos que eran de origen germánico. Una parte de mi familia judía es de Renania y otra de Austria y Hungría. Así que siempre he tenido una relación muy directa con el mundo germánico. Esto pasa por la alimentación porque mi abuela hacía la comida típica alemana que me encanta.
También había cosas curiosas porque cuando era niño mis abuelos veían programas de variedades alemanas. Era horrible, no sé por qué miraban esos programas. Así que he tenido una relación directa con el mundo germánico. Luego, el hecho de haber sido criado por personas que habían vivido la guerra explica que, en cierta forma, estuve sumergido en un ambiente de la posguerra y que bastante joven me pregunté cómo se reconstruye, no solo después de la Segunda Guerra Mundial, sino después del shock de 1914 a 1945, es decir, la aniquilación de Europa de individuos y de sociedades. Así que me instalé en Berlín en 2005 para escribir un primer libro, sobre la historia de los judíos en Alemania desde la guerra hasta el siglo XXI. Quería entender cómo se había pasado del país de los asesinos a la tierra prometida para los judíos de la URSS.
A través de ese mosaico de personas que encontré, también apareció el mito de la memoria alemana: cómo había cambiado la relación con el pasado. En aquella época quería contar la misma historia, pero desde el punto de vista de un asesino, del verdugo, no desde el de las víctimas. No sabía cuál. Entonces hubo una película alemana que se titula El caso Fritz Bauer. Cuenta cómo ese fiscal en Fráncfort encontró a Adolf Eichmann, hombre clave de las SS nazis, en Argentina. Así que empecé a investigar y me encontré con Mengele y dije: “Ya tengo al personaje”. Y escribí La desaparición de Josef Mengele, última parte del ciclo literario sobre la Alemania y la Europa de posguerra.

W. Manrique Sabogal. En 2019, usted publicó en el diario español El País un artículo titulado Querida Europa, una especie de carta donde advierte de asuntos que se han intensificado, incluso habla de Donald Trump, durante su primera presidencia en Estados Unidos. ¿Qué cambiaría de esa carta o qué añadiría?
Olivier Guez. No recuerdo muy bien lo que decía ese mapa de Europa, pero, a menudo, confundimos Europa con la Unión Europea. La Unión Europea es una organización política, económica, jurídica y espero que un día lo sea, también, de defensa. Y Europa es otra cosa. Europa son paisajes, son cocinas, son rostros, una civilización entera y plural. Yo no soy pro europeo, soy europeo, que no es lo mismo. No estoy contra la Unión Europea, aunque puedo ser muy crítico con ella en un momento dado, soy europeo.
Todos los escritores tienen un territorio en general. Mi territorio de escritura es Europa. Mengele no es una historia alemana, es una historia europea y Mesopotamia igual. No es una historia inglesa, es una historia europea. Y, por desgracia, somos pocos los que sentimos esto. Tengo la impresión de que antes éramos más. Cuando tenía 15 años cayó el muro de Berlín y Europa estaba muy de moda. Daba la impresión de que no sabíamos cuándo, pero el objetivo era construir una Europa fraterna, una auténtica Europa.
Y esa carta a Europa, si mal no recuerdo, tenía una urgencia que hoy se ha acrecentado, porque entonces no existía la guerra de Ucrania, por ejemplo. Y eso cambia enormemente muchas cosas.

W. Manrique Sabogal. En esa carta advierte del auge de los nacionalismos, de los provincianismos, incluso tomaba como ejemplo que se da poca importancia a la cultura, a las humanidades y citaba el ejemplo de los billetes donde las imágenes son puentes o cosas un poco inhumanas, no detalles que conectaran con lo cultural o intelectual.
Olivier Guez. Considero que si queremos, realmente, unir pueblos, si queremos crear una familia, en una familia hay un relato, algo que se comparte y a través de ese relato se crea la solidaridad. Si no hay solidaridad, solo hay intereses.
Lo que me chocó, a partir de la crisis económica de Grecia, hace quince años, es que en el fondo había un hermano pequeño que había hecho trampas, había maquillado sus cuentas. Y el hermanito pedía ayuda, pedía solidaridad, pero los países del norte no tenían ninguna solidaridad. Se preguntaban por qué iban a pagar por un hermanito que había engañado, pero, la verdad, es que no lo veían como un hermano.
Solo con la cultura podemos crear un sentimiento de unión fuerte y solidaridad en Europa, más allá de los intereses económicos, políticos o de defensa. Ese sí es un relato común que todos reconocemos y en el que nos identificamos.
Hace tres años dirigí en Francia una recopilación de artículos titulada Le Grand Tour. Pedí a 27 escritores europeos, uno por país miembro de la UE, que escribieran sobre un lugar que hable de la cultura y la historia europea. Justo para crear un vínculo, una comunidad embrionaria de artistas o escritores europeos. Realmente había grandes estrellas de la literatura europea: Daniel Kehlmann, de Alemania; Colm Tóibín, de Irlanda, László Krazsnahorkai, de Hungría; Sophie Oksanen, de Finlandia; Lídia Jorge, de Portugal; Fernando Aramburu, de España; un nivel altísimo.
Ese libro hace veinte o treinta años se habría traducido en todas las lenguas de Europa, pero solo se tradujo al neerlandés. España no lo hizo, Italia no lo hizo, Alemania no lo hizo. Los editores consideraron que no hay público para la literatura europea, que no hay interés por la cultura europea en general. Me sentí decepcionado, profundamente decepcionado.
Además, ahora mismo hay una urgencia militar. Hay una urgencia económica. Hay una urgencia tecnológica. Y parece que crear una comunidad de la cultura fuera insignificante frente al resto de las urgencias. La cultura es más importante que nunca. A pesar de esas negativas recordar la cultura sigue siendo mi fundamento.
W. Manrique Sabogal. No me extraña su decepción. Es una pena que no se tradujera. Creo que sí hay un interés por un libro así. La idea es muy importante y valiosa no solo literariamente por los autores que participan. Un libro necesario con un coro de voces magnífico. Intentaré publicar algo en WMagazín.
Olivier Guez. Me sorprendió que ninguno de mis editores o grandes editores europeos o pequeños editores tradujese ese libro. Es un libro, realmente, sobre la psique europea. Se publicó tres meses antes del comienzo de la guerra en Ucrania. Ese fue el final de un ciclo que se abrió el 9 de noviembre de 1989 con la caída del Muro de Berlín.
- Segunda parte: Gertrude Bell: la creación del Oriente Medio moderno.
- Mesopotamia. Olivier Guez. Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona (Tusquets).

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