Detalle de la porta del libro ‘Pablo de Olavide. El Ilustrado’, de Luis Perdices de Blas. /WMagazín
Pablo de Olavide, un ilustrado que ayudó a modernizar el destino de España en el siglo XVIII
El ensayista y catedrático publica una monografía detallada del político, escritor, traductor y jurista hispano peruano en el tricentenario de su nacimiento (1725). Una figura clave en lo económico, social y educativo cuya vida sirve para comprender parte de la historia de España. Publicamos cinco pasajes esenciales sobre sus ideas
Presentación WMagazín Pablo de Olavide (Lima, Perú, 1725 – Baeza, España, 1803) es una de las figuras clave de la Ilustración en España. Su influencia en los planos económico, social y educativo de la universidad determinaron una parte importante del destino del país: estableció reformas en Sevilla, bajo el reinado de Carlos III llevó la colonización de Sierra Morena y Andalucía y ayudó a modernizar el sistema educativo. Sus ideas liberales lo llevaron a ser procesado por la Inquisición en 1778, por lo cual se exilió en Francia donde fue testigo de la Revolución Francesa (1789).
Con motivo del tricentenario de su nacimiento, Luis Perdices de Blas, ensayista y catedrático de Historia del Pensamiento Económico de la Universidad Complutense de Madrid, publica una nueva edición de Pablo de Olavide (1725-1803). El Ilustrado. Se trata de una detallada monografía que sirve para entender un momento histórico de España y del manejo de las ideas, de su evolución y de sus múltiples formas de ser recibidas por la gente de la época. De las interrelaciones entre los diferentes ámbitos. Luis Perdices de Blas concluye que a Pablo de Olavide lo caracterizan tres aspectos: pragmatismo, ambigüedad y constructivismo.
El Ilustrado fue Personero del Común del Ayuntamiento de Madrid, Superintendente de las nuevas poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, Asistente de la ciudad de Sevilla, Intendente del Ejército de los cuatro reinos de Andalucía, Superintendente de Rentas Provinciales del reino de Sevilla y ciudadano de a pie en sus últimos años en Francia y en España.
A Pablo de Olavide, explica el catedrático, hay que verlo en su contexto histórico para entender cómo surge, cómo actúa y cómo se proyecta, es decir, cómo es su pensamiento. La obra recuerda cómo cada persona es producto de su tiempo, de su entorno, de las ideas e influencias ajenas, de la interrelación entre ellas que luego cada uno asimila, gestiona, enfoca y reelabora: “No se le puede considerar una excepción entre los ilustrados españoles y más si el punto de referencia son sus protectores, Aranda y Campomanes, o su discípulo Jovellanos, o simplemente sus amigos, entre los que se encuentran los citados además de Bruna, Almodóvar y Múzquiz, entre otros. Hecho que queda confirmado tras el análisis de su formación intelectual, de su pensamiento económico y sus fuentes, de sus propuestas reformistas y su reacción ante los acontecimientos revolucionarios franceses de l789”.
WMagazín publica extractos del libro que ayudan a comprender cinco de las ideas y acciones de este intelectual:

Pablo de Olavide (1725-1803). El Ilustrado
Por Luis Perdices de Blas
De la creación a la destrucción
Es imprescindible conocer la visión de España de la segunda mitad del siglo XVIII según los escritos de Olavide, que no tiene por qué coincidir con la de los historiadores de la economía de nuestros días, con el fin de apartar y de destacar los problemas existentes según el autor y de esta manera comprender mejor las reformas propuestas. Olavide fue un defensor de la sociedad estamental e intentó racionalizarla proponiendo unas reformas socioeconómicas, pero algunas críticas realizadas a esta sociedad y las medidas propuestas, portaban en su seno la destrucción de la ordenación estamental y conducían a una sociedad regida por las condiciones económicas.
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Hospicios
A los ilustrados le preocupó la beneficencia, pero recogiendo la tradición de los arbitristas les preocupó más encontrar las causas del atraso de España y sus remedios. Olavide compartía este planteamiento por eso la fundación de hospicios era una medida a corto y medio plazo hasta que las reformas propuestas surtieran efecto y toda la población estuviese ocupada en una labor provechosa (ajusta el mercado de trabajo a corto plazo). Recogió la tradición de Vives más que la de Soto y por ello estaba de acuerdo con la necesidad de la intervención de la autoridad civil en los asuntos de socorro de pobres, la distinción entre pobres verdaderos y pobres fingidos, el control de la vida y las costumbres de los pobres, la recogida de los pobres en casas y la obligación de trabajar.
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Libertad de comercio
El debate sobre la libertad de comercio interior en España fue paralelo al de otros países europeos y preocupó a economistas, políticos y al pueblo. Olavide, como personero del común del ayuntamiento de Madrid, participó en este debate. Dos argumentos se muestran para defender la libertad. Uno, la libertad es la mejor política de abastos, pues derivaba en abundancia y buen precio de los productos. Otro, es la mejor política para fomentar al productor, en este caso se está pensando en el agricultor. Eliminándose los obstáculos al interés del agricultor se procuraría la abundancia de los frutos y a un buen precio, con lo que se solucionaba el problema de los abastos.
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Reforma agraria
La reforma agraria es la protagonista de los escritos de Olavide y por la que es conocido. Su pensamiento sobre este tema ofrece dos líneas bien diferenciadas dependiendo de las tierras en que se fuera a aplicar la reforma. Si eran tierras estatales o concejiles se debían aplicar inmediatamente las reglas maestras de la empresa colonizadora de Sierra Morena y Andalucía que eran un modelo para el resto del país. Si eran tierras de particulares, el fin era el mismo pero mediante el empleo de la persuasión, de métodos indirectos, “sin revoluciones”. Por eso, el que triunfara la empresa colonizadora era de vital importancia y el comportamiento de Olavide era diferente en función de si actuaba como director de la empresa colonizadora o como intendente de Sevilla. La sociedad estamental debía copiar de la sociedad modelo las reglas económicas sobre las que estaba asentada, en ningún momento Olavide propuso un cambio del régimen social, no fue un utopista pues ni criticó el régimen social existente, ni proyectó un patrón de vida colectivo.
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Sociedad olavideña
Cuatro son los rasgos que definen la sociedad modelo olavideña: admisión de individuos útiles exclusivamente, desarrollo de todos los ramos de la agricultura, establecimiento de la industria y dispersión de la población. Cuando se refiere a un individuo útil piensa en aquel que está ocupado en un sector de la producción, y en la sociedad modelo todos los sectores y ramos de la producción estaban desarrollados. El pleno empleo era un hecho y por lo tanto no existían vagos y no eran necesarias instituciones tales como hospitales y hospicios. La base de estos establecimientos son pequeños labradores que tenían el dominio útil de la tierra, gracias a un censo enfitéutico, que estaban dotados de los medios para explotar adecuadamente la tierra, que cercaban su heredad y estabulaban su ganado. Esta situación es la adecuada para que el pequeño labrador mejore su tierra (aplica los nuevos sistemas y métodos de cultivos practicados en Europa y regiones más prósperas de España), siembra diversos granos y semillas, mantiene adecuadamente cuidado su ganado y desarrolla el resto de los ramos de la agricultura (principalmente la horticultura y el plantío de árboles).
- Pablo de Olavide (1725-1803). El Ilustrado. Luis Perdices de Blas (Fundación Municipios Pablo de Olavide).
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