La escritora colombiana Pilar Quintana (1972), en Madrid en septiembre de 2025. / WMagazín
Pilar Quintana (2): “Necesitamos reconocer al animal que llevamos dentro y reconciliarnos con nuestra propia violencia para aprender a gestionarla”.
La escritora colombiana narra en 'Noche negra' la travesía de una mujer ante la violencia atávica de los hombres hacia ellas. En esta entrevista reflexiona sobre por qué algunos "no consideran a la mujer un ser humano, sino como alguien que solo puede representar a su género"
Pilar Quintana conoce bien la cartografía de las diferentes clases de violencias que han acechado y acechan a las mujeres, no solo por ser mujer y lectora, sino, también, por la investigación que hizo como editora de la Biblioteca de Escritoras Colombianas. En ese proyecto literario, de este lustro, leyó a decenas de colombianas de los últimos cinco siglos que en sus obras reflejan todo tipo de temas, incluidos esas violencias micro o macro, visibles o invisibles.
El ecosistema propio de la mujer y las violencias que la asedian vertebran la obra narrativa de Pilar Quintana (53 años – Cali, 1972) desde antes de que se convirtiera en tendencia literaria en esta década. Libros de sus colegas que cuentan la verdad y desacralizan el mundo de la mujer desde dentro. Obras en las que están contándonos y contándose entre ellas la verdad real de ser mujer en sus propios cuerpos, con asuntos sobre dolores o no dolores, maternidades anheladas o no, la soltería querida o no, las relaciones conflictivas, a veces, entre madres e hijas, los amores y sacrificios de la crianza, el deseo amoroso y sexual. Toda una cartografía en marcha sobre la mitad de la población que habita un mundo minado de todo tipo de violencias, prejuicios y desigualdades.
Pilar Quintana planifica muy bien sus novelas antes de sentarse a escribir, pero termina de descubrir los temas sobre los que ha escrito cuando se lo dicen los lectores y, entonces, descubre más cosas: “Ahí es cuando uno termina por cerrar la novela”.
Ese es el arco de creación y exploración en el que cree la escritora colombiana. Y eso incluye su reciente y sexta novela, Noche negra (Alfaguara), con la que completa un tríptico sobre la mujer y sus travesías sobre lo que desea, la búsqueda de su independencia y su identidad, sobre la desacralización de temas producto de normas patriarcales donde la sociedad no termina de considerarlas como un ser humano igual que el hombre. Las otras dos novelas son La perra (2017, Premio de Narrativa en su país y Finalista del National Book Award en Estados Unidos) y Los abismos (Premio Alfaguara de Novela 2021).

Noche negra narra la vida de una mujer exitosa que decido irse a vivir con su marido a un pueblo del Chocó, en el Pacífico colombiano, en una casa en la frontera entre el mar y la selva, pero que cuando queda sola, tras la marcha de él unos días, empieza a adentrarse en un mundo que se va oscureciendo por culpa de los hombres de la zona y de sus propias prevenciones. Ambas producto de la historia atávica que ha condicionado y maltratado a las mujeres. Un escenario que Pilar Quintana conoce muy bien por que vivió en esa zona nueve años. De parte de aquella experiencia salió su novela La perra.
Pero el origen de su romance con la literatura inició cuando tenía unos siete años y escribió un cuento sobre un payaso que tenía una gran sonrisa pintada de rojo, cuya madre acababa de morir. Y lo que fue una pulsión se convirtió en una razón cuando, a los trece años, leyó Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez, y le impactó tanto que la leyó nueve veces seguidas. “A partir de ahí no quise ser otra cosa que escritora. Todos los eventos de mi vida y todas las decisiones que tomé eran porque quería ser escritora”, recordó Quintana en la primera parte de esta entrevista que puedes ver en este enlace.
Entre las tragedias del payaso que inventó y la creada por García Márquez, sobre el asesinato de un hombre a manos de otro recién casado porque, supuestamente, había quitado la virginidad a su esposa, según le confesó ella misma la noche de bodas, los temas literarios de Pilar Quintana fueron cristalizando: la verdadera identidad, las múltiples violencias y sus resortes, sobre todo contra la mujer, el amor y el desamor y el miedo a la soledad y al olvido.

La mujer vista como un ser inferior
En un hotel de Madrid, Pilar Quintana lamenta que la violencia contra las mujeres continúe, a la vez que reconoce que se intenta gestionar o renovar formas tradicionales de abordar o dirigirse a las mujeres o incluso la forma de piropearlas…
“Las estadísticas nos dicen que el asedio a las mujeres no ha cambiado. Y que el lugar más peligroso para una mujer sigue siendo su propio hogar. Las mujeres asesinadas mueren a manos de su marido o de un familiar. Y eso sigue siendo tal cual. Los feminicidios son a mano de tu pareja o expareja.
Es verdad que hay más conciencia y hay más hombres que quieren ser feministas y aliados, digamos, eso lo veo más. En España no me han hecho ni una sola pregunta machista. En Colombia, si el entrevistador es hombre es raro no tener una pregunta machista. Por ejemplo: ¿por qué a tus personajes femeninos los pones en ambientes hostiles? Y a mí me ha tocado volverla a vestir y decirle: “¿Vos le preguntás a Juan Gabriel Vázquez o a Antonio García o a Ricardo Silva por los personajes masculinos? o ¿los de ellos se llaman solo personajes?».
Si es una obra de una mujer, suele ser encasillada como literatura femenina, que es una manera de sacarla de la literatura y decir: «Esto es una cosa menor”. Esto es otra cosa que la pongo en el estante de literatura femenina como de literatura gay, como de literatura afrocolombiana.
Si me preguntas cómo se te ocurre poner a tus personajes femeninos en ambientes hostiles es que no considerás que yo como autora soy heredera de una tradición que explora eso, que es Ernest Hemingway, Joseph Conrad, Jack London, José Eustasio Rivera. Ni se les pasa por la cabeza.
Si fuera un hombre con un personaje hombre que se va a la selva, le van a decir, «Ah, sos heredero de la tradición de literatura selvática”. Eso sigue existiendo y pasa porque no se considera a la mujer un ser humano, sino como alguien que solo puede representar a su género. El hombre representa los dos, a la humanidad entera. Eso quiere decir que a la mujer no la consideras un ser humano.
Todavía tú percibes eso. En muchas entrevistas hechas por hombres se percibe un punto de misoginia, de sexismo. Mientras no entendamos que la mujer es un ser humano y que representa la humanidad en la misma medida que un hombre, ese patriarcado va a seguir ahí y no se va a caer”.

Domesticar al animal que llevamos dentro
“Pero hay otros aspectos de la violencia que nos involucran. Hay una conversación que las mujeres abrimos y pusimos sobre la mesa y nosotras ya nos estamos mirando y nos identificamos. A mí me parece que el hombre todavía no. Cada vez hay más novelas que indagan en ellos mismos, en lo que les pasa y en lo que el patriarcado les ha hecho a ellos, pero son poquitos. Al hombre le falta dar ese salto. El hombre ya lava platos y cocina, ¿verdad? Pero siente que está ayudando. Le falta asumir. Falta eso.
Y, también, me parece que tenemos que indagar en la naturaleza de la violencia de las mujeres. Hemos indagado en la naturaleza de la violencia de los hombres y esa la tenemos claro y aquí indago en eso. Esa violencia es otro punto de unión entre esas tres novelas: la indagación en la violencia de las mujeres.
Somos a animales. Hemos evolucionado de una manera X y tenemos un instinto. Pero esa evolución nuestra y nuestra cultura no creo que nos separe de lo animal. Esa es la característica del animal que somos, que es un animal cultural y civilizado.
Porque es muy civilizada y quiere tener las riendas dentro de la civilización de lo que nos impone la civilización Es una civilización controlada y civilizada. Pero necesita sacar las garras y las pezuñas y su aullido de animal para poder sobrevivir ahí, si no va a ser víctima, sí no va a ser presa. Entonces está preguntándose cómo debe salir esa violencia.
Y es hacia donde yo quiero ir, supongo; y no sé de qué será mi próxima novela, no sé si indagaré en lo mismo. Pero esa violencia fue, precisamente, la que nos permitió civilizarnos. Cuando nos vamos a la selva y decimos: ‘¡Oh! La selva es hermosa, voy a vivir en armonía con la naturaleza’. La realidad es que tienes que defenderte para sobrevivir. Necesitas el machete. Esas son las garras del animal que sos y sin eso no vas a sobrevivir, y te toca sacar al colono, al colonizador, al conquistador, a esa figura que rechazamos y nos parece horrible.
Es por lo que me convertí en escritora, cuando escribí la historia del payasito: hemos olvidado al animal que tenemos dentro y que necesitamos recuperarlo porque no estamos completos sin ese animal.
No estoy diciendo que la violencia sea buena. Pero esa violencia hace parte de nosotros y si no la reconocemos, esto nos va a salir mal como le sale a Damaris o mal como le sale a la mamá de Claudia, que es que se vuelve hacia adentro. Necesitamos de alguna manera reconciliarnos con nuestra propia violencia. Necesitamos reconocer al animal que llevamos dentro y reconciliarnos con nuestra propia violencia para aprender a gestionarla.
Creo que el arte nos puede salvar de la guerra, porque yo creo que la guerra es un reflejo del animal nuestro que no ha sido incorporado. Las guerras intestinales y las guerras de exterminio son nuestro animal salvaje. Un animal mal domesticado, saliéndose porque no lo incorporamos. Hay que aprender a convivir con nuestro animal salvaje.
Si me preguntan por qué escribo, últimamente he estado respondiendo como con un meme: En un meme vi donde le preguntan a una mujer algo así como: “Si pudieras hacer lo que quisieras, ¿dónde estarías?”. Y ella responde: “En la cárcel”. No hemos aprendido a reconciliarnos con ese animal que llevamos dentro.
A mí la literatura me permite sacar ese animal que tengo dentro. Yo puedo ser puta, asesina, violadora, lo que quiera y vivirlo de verdad y permitírselo vivir a otros”.
Desacralizar la maternidad
El tema de la maternidad y lo que rodea a la mujer por su condición biológica y de género también es una tendencia literaria, sobre todo desde el 2017, tras el Movimiento Me Too…
“Estos temas no son nuevos, ni tampoco es nueva la manera de tratarlos en la literatura de las mujeres. Y lo digo, por ejemplo, después de haber editado y de llevar los últimos cinco años editando la biblioteca de escritoras colombianas y diciendo, pues que me las leí, no a todas, pero me leí ciento y pico de autoras colombianas. Lo que pasa es que ahora nos están parando bolas, porque pasó el Me Too (2017) que impulsó el nuevo movimiento feminista a través de redes sociales. A partir de ahí nos están oyendo y nos están leyendo, quizás con más justicia de la que se nos leía en otras épocas, y eso es superpositivo.
Hay unas grandes autoras que desde su lugar muy auténtico han narrado estos temas relacionados con la violencia, la maternidad, la naturaleza, todo. Pero también he visto, y sobre todo más últimamente, que se ha vuelto otra casilla y otra manera para las mujeres de estar en el mundo literario, y no sé si eso es bueno.
Entonces me pregunto: ¿Eso es auténtico en vos? O ¿lo estás haciendo porque hay una búsqueda del mercado? He leído algunos libros con los que no siento que esa búsqueda sea tan auténtica o, por lo menos, a mí no me llega. Así es que me preocupa que esa sea una manera de estar en el mercado, porque es lo que el mercado busca. Y lamentaría que no fuera la búsqueda propia y honesta de esas escritoras”.
…
“Yo escribo mis novelas con una escaleta muy clara que voy siguiendo al pie de la letra. Ahora, esa escaleta se va transformando en la medida en que avanzo en la escritura. Es flexible.
Noche negra tiene imágenes o metáforas autorales, pero hay otras que las construye el lector. Y eso me parece superinteresante. Una novela no termina de construirse hasta que es leída. Y uno tiene que ser el primer lector de su propia novela cuando hace los borradores y decir: Ah, esta novela va sobre esto. Y a partir de ahí hacer los siguientes borradores, hasta que entrega la novela final, luego está el editor. Los temas que uno toca los descubrís con los lectores. Que son tu editor junto a los periodistas y los lectores de los clubes de lectura, y uno ahí termina por cerrar la novela”.
- Puedes leer la primera parte de la entrevista en este enlace: “La mujer puede liberarse, pero tendría que liberarse también el hombre”.
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