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La soledasd se ha convertido en una epidemia en el siglo XXI.

Por qué la soledad no deseada se ha convertido en una ‘epidemia’ en todas las edades y cómo combatirla

La profesora de Historia Moderna en la Universidad de York publica 'Una biografía de la soledad' (Alianza) donde analiza los motivos de esta situación delicada. WMagazín publica pasajes de este libro que conviene leer a todos

Presentación WMagazín ¿Por qué la soledad no elegida se ha convertido en una especie de ‘epidemia’ del siglo XXI? ¿Siempre nos hemos sentido solos? ¿Cómo era la relación de la gente con la soledad en los siglos anteriores? ¿Qué se puede hacer para reducir el impacto emocional, físico, psicológico, social, económico y de salud de la soledad? Estos son algunos de los temas que aborda en Una biografía de la soledad (Alianza) Fay Bound Alberti, profesora de Historia Moderna en la Universidad de York y miembro del prestigioso programa UK Research and Innovation Future Fellows de Inglaterra. El ensayo llegará a las librerías el 24 de febrero de 2022.

WMagazín avanza en primicia algunos pasajes de este ensayo esclarecedor, necesario y oportuno ante una problemática cada vez más presente en todas las edades. Un tema que cada día tocan más los medios de comunicación ante una realidad que parece desbordarse. Entre las ideas que desarrolla Fay Bound Alberti figuran:

  • La soledad se ha convertido en un cajón de sastre emo­cional: una síntesis de la ausencia de felicidad, del sentimiento de desconexión, de la depresión y de la alienación.
  • La soledad se incrementa cuando hay una desconexión entre el individuo y el mundo, una desconexión característica del neoliberalismo, pero que no es parte inevitable de la condición humana.
  • Si la soledad es una epidemia, frenar su propagación depende de la erradicación de las condiciones que permitieron que arraigara.
  • Sí, la soledad podía ser negativa en siglos anteriores, y además la gente hablaba de ella en términos negativos. Pero el marco filosófico y espiritual era diferente.
  • Los estudios sugieren que entre el 30% y el 50% de los encuestados en Gran Bretaña y Norteamérica se sienten solos.
  • El miedo a la soledad crea soledad.
  • Haríamos mejor en considerar los vínculos entre la soledad y otros factores relacionados con el estilo de vida, que van desde el hambre emocional, la obesidad y la inactividad física.
  • La soledad no se da en el vacío, sino que está profundamente relacionada con todos los aspectos de nuestra salud mental, física y psicológica: es una aflicción de todo el cuerpo, de eso no hay duda.

El siguiente es el avance de Una biografía de la soledad que recomendamos especialmente:

'Una biografía de la soledad'

Por Fay Bound Alberti

¿Por qué la soledad? Eso es lo que la gente me preguntó al principio, cuando les dije que estaba escribiendo este libro. Bueno, no todo el mundo. Sólo aquellos que no habían convivido con la soledad, los que no habían sentido sus aristas en la oscuridad. Y de repente, un año después, ya no parecía un tema tan extraño: la soledad se volvió omnipresente. Se hablaba de ella en los periódicos y en los programas de radio; era una epidemia nacional; tenía su propio ministerio. En la primera década del siglo XXI nos encontramos en medio de una epidemia de soledad, mientras que la propia preocupación por ella la vuelve más inevitable. Hablar de la soledad parece extenderse como algo contagioso, hasta haberse convertido en parte del tejido social. Desde luego, ha pasado ha ser un repositorio en el que guardar una serie de descontentos. La soledad se ha convertido en un cajón de sastre emo­cional: una síntesis de la ausencia de felicidad, del sentimiento de desconexión, de la depresión y de la alienación. Excepto cuando no lo es. A veces, la soledad es buscada y deseada; no solamente la solitud, que tiene su propia historia, sino también la soledad: esa dolorosa sensación de desconexión que puede ser física, emocional, simbólica, sensorial o conductual.

(…)

¿Existe una cura contra la soledad? O más bien, ¿existe una cura contra la soledad no deseada? Porque ahí está el problema: en el elemento electivo. No hay un tratamiento rápido, ni una talla única para todos. La soledad como aflicción social moderna ha crecido en las grietas, en la formación de una sociedad menos inclusiva y comunitaria, basada en la idea científica y medicalizada de una mente individual, separada del resto. La soledad se incrementa cuando hay una desconexión entre el individuo y el mundo, una desconexión característica del neoliberalismo, pero que no es parte inevitable de la condición humana. (…)

Si la soledad es una epidemia, frenar su propagación depende de la erradicación de las condiciones que permitieron que arraigara. Esto no equivale a decir que toda forma de soledad sea mala, o que la soledad como sentimiento de carencia no existiese en el mundo premoderno. El contrargumento ante la tesis de su modernidad es: ah, pero sólo porque el lenguaje de la soledad no existiese antes de 1800 no signi­fica que la gente no se sintiera sola. A esta clase de argumentos respondo sencillamente que la invención de un lenguaje acerca de la soledad refleja el encuadre de un nuevo estado emocional. Sí, la soledad podía ser negativa en siglos anteriores, y además la gente hablaba de ella en términos negativos. Pero el marco filosófico y espiritual era diferente. La creencia universal en algún tipo de Dios en la Gran Bretaña premoderna —por lo general alguna deidad paternalista, que proporcionaba sin lugar a dudas un sentido y una orientación en el mundo— aportaba un marco estructural de pertenencia que, para bien o para mal, ya no existe. Un monje medieval, recluido y solo pero que habita un universo mental en el que Dios está siempre presente, no experimentará la misma sensación de abandono y carencia que una persona sin este marco narrativo. En el siglo XXI nos encontramos suspendidos en universos de creación propia en los que la certeza del yo y la unicidad importan mucho más que cualquier sentido de pertenencia colectiva.

(…)

Según la leyenda de los Beatles, Paul McCartney fue el creador de Eleanor Rigby, que apareció en el álbum Revolver de la banda. Se dice que fue la preocupación que McCartney sentía por los ancianos desde que era niño la que inspiró en él la imagen de Eleanor Rigby como una «solterona solitaria», recogiendo arroz despúes del tipo de boda del que ella nunca disfrutaría. En un plano más amplio, la canción se hizo eco de una ola de preocupación sobre la sociedad contemporánea relacionada con los cambios sociales que estaban teniendo lugar en el Reino Unido y Estados Unidos durante la década de 1960. En un contexto de espíritu antisistema, que englobaba al movimiento por los derechos civiles y las protestas contra la guerra de Vietnam, las estructuras socioeconómicas en transformación y la urbanización intensiva provocaron que cada vez más personas vivieran solas y al margen de las unida­ des familiares tradicionales. Existía un creciente problema de pobreza y sinhogarismo en el Reino Unido, con los consiguientes males médicos y sociales. Al contar la historia de «Eleanor Rigby», los Beatles llamaron la atención sobre una creciente y preocupante tendencia a la soledad en cuanto que aflicción moderna: «All the lonely people / Where do they all
come from?» [«Toda la gente solitaria, ¿de dónde viene?»].

Medio siglo después, la soledad se ha convertido en una «epidemia» devastadora para la salud pública, el equivalente emocional de la lepra, según The Economist. Al igual que esta enfermedad, se da a entender que la soledad es contagiosa y debilitante, algo que hay que temer y evitar a toda costa. También es aparentemente universal. Según revistas médicas británicas como The Lancet, e incluso según ese viejo estandarte de los valores británicos tradicionales que es The Daily Mail, el Reino Unido está experimentando una epidemia de soledad. Los estudios sugieren que entre el 30% y el 50% de los encuestados en Gran Bretaña y Norteamérica se sienten solos. De hecho, Gran Bretaña ha sido calificada como la «capital de la soledad de Europa». Y esto antes de tomar en consideración la soledad política autoimpuesta por el Brexit. Los niños se sienten solos, los adolescentes se sienten solos; así como las madres jóvenes, los divorciados, los ancianos y las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido, por citar solo algunos de los grupos sociales que periódicamente son señalados con particular preocupación por la prensa británica. Se puede decir que estamos en pleno estallido de pánico moral. (…)

¿Cómo se relaciona la soledad moderna con el pasado? ¿Siempre nos hemos sentido solos? ¿Por qué la soledad se ha convertido en un problema de tal magnitud?

Una de las respuestas tiene que ver con la forma de enfocarla. El miedo a la soledad crea soledad. Este efecto, sin lugar a duda, se ha detectado entre las personas mayores que temen estar solas y volverse vulnerables a medida que envejecen. Sin embargo, desde los años sesenta también se han producido profundos cambios sociales, económicos y políticos que han colocado a la soledad en primera línea de la conciencia popular y gubernamental, y que incluyen el aumento del coste de la vivienda, la inflación, la inmigración y el cambio de las estructuras sociofamiliares, así como la política de laissez-faire (del francés, literalmente, «dejad hacer») de Margaret Thatcher en los ochenta y el abandono gradual de las ideas de sociedad y comunidad en favor de la de individuo. Al neoliberalismo se le han achacado muchas cosas, entre ellas el rechazo de los valores colectivos y la búsqueda —a cualquier precio— del engrandecimiento individual.

En este contexto de transformación socioeconómica y política, existe un gran interés político por el coste financiero de la enfermedad. La soledad se percibe como una carga nacional y económica porque da lugar a una amplia gama de enfermedades emocionales y físicas. Las enfermedades vinculadas a la soledad, con explicaciones diversas sobre sus causas y posibles consecuencias, van desde la depresión y la ansiedad hasta los infartos, embolias, cánceres y la disminución de la respuesta inmunitaria. Los vínculos entre la soledad y la mala salud mental y física han sido estudiados con especial atención en la tercera edad. La página web del Servicio Nacional de Salud (NHS) señala que las personas solitarias tienen un 30% más de probabilidades de morir prematuramente que las menos solitarias, y que la soledad es un factor de riesgo en los problemas cardíacos, los derrames cerebrales, la demencia, la depresión y la ansiedad entre las personas mayores.

Se entiende, a la luz de lo anterior, que la soledad haya sido descrita como una «epidemia» moderna. Pero esta terminología es política y socialmente poderosa: conduce a una política basada en los titulares en vez de a un debate ponderado e históricamente informado acerca de lo que puede significar la soledad y por qué podría estar aumentando. Tal vez, en lugar de considerar la soledad como algo inevitable, especialmente en la vejez, y centrarse en las razones científicas de sus efectos físicos (como los cambios hormonales en el cuerpo), haríamos mejor en considerar los vínculos entre la soledad y otros factores relacionados con el estilo de vida, que van desde el hambre emocional, la obesidad y la inactividad física (una trinidad impía que a menudo se correlaciona con la soledad) hasta cuestiones de corte práctico, como el hecho de que una persona aislada carezca de un compañero que le recuerde tomar su medicación para el corazón. La soledad no se da en el vacío, sino que está profundamente relacionada con todos los aspectos de nuestra salud mental, física y psicológica: es una aflicción de todo el cuerpo, de eso no hay duda. La historia de la soledad es compleja.

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