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WMagazín

Cómo proteger la democracia, la libertad y la tolerancia frente al fascismo y el populismo, según Cicerón, Arendt, Orwell, Eco, Weill…

Ante la advertencia de varios intelectuales sobre los peligros que cercan a los sistemas democráticos desde la propia manipulación de los términos capitales de la convivencia, WMagazín, con apoyo de Endesa, recomienda algunos libros de autores de todos los tiempos que analizan conceptos como Igualdad, Nacionalismo, Respeto...

Filósofos, sociólogos e intelectuales advierten desde hace unos años del peligro que afronta la sociedad ante el auge de movimientos y políticas intolerantes, populistas, fascistas y de ultraderecha que socavan con alboroto o sigilo la democracia y, por ende, los principios de igualdad y respeto y parte de la herencia de la Ilustración. Un momento complejo que es alentado por las diferentes crisis que vive el mundo y que hace aflorar miedos, incertidumbres y decepciones ante esos hechos y la creación de dilemas falsos. A eso se suma la reflexión de que los líderes políticos actuales no están a la altura para garantizar un buen porvenir. Piden respeto a la democracia y que la sociedad esté vigilante para garantizarla.

La manipulación y manoseo de conceptos capitales para la armonía democrática y la ligereza del uso de los mismos termina por desgastarlos y minarlos, e incluso tergiversarlos.

WMagazín, con apoyo de Endesa, propone una serie de libros de autores importantes de todos los tiempos en los que se analiza y reflexiona sobre conceptos como:

Democracia, según Adela Cortina.

Diálogo, según David Bohm.

Fascismo, según Umberto Eco.

Igualdad, según Ralph Waldo Emerson.

Libertad, según Hannah Arendt.

Nacionalismo, según George Orwell.

Opresión, según Simone Weill.

Respeto, según Marco Tulio Cicerón.

Tolerancia, según Carolin Emcke.

Totalitarismo, según George Orwell.

Un ejemplo de la preocupación con la que algunos intelectuales ven este presente lo escenificaron en 2020 en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) Yuval Noah Harari (Israel, 1976), autor de obras como Sapiens. De animales a dioses y de 21 lecciones para el siglo XXI, y Michael Sandel (Estados Unidos, 1953), autor de Filosofía pública y La tiranía del mérito. Ambos trataron de explicar y entender qué es lo que está pasando en el mundo con situaciones como el auge de los populismos, la erosión de la democracia, la polarización de la ciudadanía, el debate entre política y ciencia, la importancia de la divulgación de la ciencia y el rumbo de la humanidad en un momento en que varios factores parecen minar la democracia como se conoce hoy.

Un ejemplo es el siguiente momento del diálogo:

«Michael Sandel. La nación cada vez importa menos, la identidad nacional. Si los gobiernos nacionales cada vez son menos efectivos frente a la globalización, entonces ¿en qué se convierte la democracia? ¿Es posible concebir una democracia que funcione a nivel global? ¿Yuval, tú crees en las preocupaciones de las naciones como comunidades imaginarias? ¿Crees que la alternativa a los populistas autoritarios que hemos visto depende de darle a las naciones, o incluso a los nacionalismos su responsabilidad como una manera de reducir la democracia?

Yuval Noah Harari. La nación está colapsando y el colapso de la nación lleva a la guerra civil. Hay varios ejemplos en el mundo. En Estados Unidos no, pero se ve que la gente odia a sus conciudadanos mucho más de lo que odian a alguien más y no es un accidente, ha sido encendido intensionadamente por estos líderes populistas.

La democracia no colapsa por el surgimiento de nacionalismos, si entendemos el nacionalismo en el sentido de amar a tus compatriotas y no odiar a los extranjeros.

M. Sandel.  Coincido con algo muy importante: El nacionalismo orgullosamente entendido invoca un sentido de comunidad y responsabilidad compartida de unos con otros de una comunidad compartida o proyecto civil. El populismo que enardece el odio racial y trivalismo no son nacionalistas en el sentido de crear solidaridad y comunidad». (Puedes leer el diálogo completo en este enlace de WMagazín).

A continuación nuestros diez autores con una breve sinopsis de sus libros y un pasaje de los mismos que invitan a conocer y preservar valores democráticos y dan claves para identificar aquellos movimientos y actitudes que erosionan la democracia y la igualdad:

Democracia

Las raíces éticas de la democracia. Adela Cortina (Universitat d’Estiu de Valencia, Servicio de Publicaciones):

«Los ciudadanos son la clave y los grandes ausentes en la democracia representativa», afirmó Adela Cortina en el acto de apertura de la XXVI edición de la Universitat d’Estiu de Gandia, el 13 de julio de 2009. La Catedrática de Ética y Filosofía Política defiende la «democracia de los ciudadanos» y con unos partidos que realmente se democraticen y piensen antes que en ellos en los ciudadanos a quienes sirven.

El siguiente es un pasaje de la introducción del libro que recoge la conferencia de Adela Cortina:

«El pensamiento que guía la reflexión de Cortina tiene que ver con su inquietud sobre cómo establecer el poder del pueblo, si es que se puede seguir hablando del poder del pueblo, y su relación con los ciudadanos, por lo que, no conforme con una simplificación de la democracia en un modelo representativo que suma en una baja o nula participación en asuntos públicos, Cortina aboga por un tipo de democracia comunicativa, en la que el pueblo y su relación con el poder se entiende como un conjunto de ciudadanos, que discrepan desde el punto de vista de sus intereses, de sus preferencias y cosmovisiones, pero están unidos por el diálogo racional por su empeño en intentar pensar y razonar conjuntamente. [Les une] la amistad cívica, el debate público y la apuesta por un intercambio de opiniones, del que pueden obtener enriquecimiento mutuo y la forja de una voluntad en común.

La búsqueda por establecer una democracia desde esta perspectiva lleva a plantear un modelo distinto de democracia que Cortina define como democracia comunicativa (o de los ciudadanos), que difiera de un modelo basado en emociones y manipulación de las mismas (democracia emotiva), o bien en un modelo que se nutra de la sumatoria de los intereses individuales a partir de los cuáles se desarrolla un bien común (democracia agregativa). Cortina vincula la necesidad de fortalecer la ciudadanía dentro de un modelo democrático, con su propuesta de una ética de mínimos en el que la voluntad de diálogo se vuelve una pieza fundamental, así como la autonomía y en un sentido de solidaridad por descubrir en conjunto qué es lo justo y ponerlo en práctica en lo cotidiano».

Diálogo

Sobre el diálogo, de David Bohm (Kairós):

Diálogo es uno de los conceptos más reclamados en todos los tiempos y en todos los ámbitos. Es una de las paradojas más tristes y complejas que David Bohm (Estados Unidos, 1917-Inglaterra, 1992) analiza en su libro al ir a las raíces de su historia y fines hasta el proceso que busca hacer realidad el diálogo, la comunicación, la información. Bohm recuerda que dialogar no es hablar por hablar sino que el diálogo explora la mente y la psique humana.

Y lo dijo uno de los físicos cuánticos más relevantes del siglo XX. El siguiente es un fragmento de su libro Sobre el diálogo donde da una pequeña lección sobre las diferencias entre diálogo y discusión:

«El diálogo no sólo puede tener lugar entre dos sino entre cualquier número de personas e incluso, si se lleva a cabo con el espíritu adecuado, una persona puede llegar a dialogar consigo misma. La imagen que nos proporciona esta etimología sugiere la existencia de una corriente de significado que fluye entre, dentro y a través de los implicados. El diálogo hace posible, en suma, la presencia de una corriente de significado en el seno del grupo, a partir de la cual puede emerger una nueva comprensión, algo creativo que no se hallaba, en modo alguno, en el momento de partida. Y este significado compartido es el ‘aglutinante’, el ‘cemento’ que sostiene los vínculos entre las personas y entre las sociedades.

Comparemos esto con el significado de la palabra ‘discusión’, un término que tiene la misma raíz que las palabras ‘percusión’ y ‘concusión’, y cuyo significado es disgregar. El término ‘discusión’ subraya la idea de análisis, de personas que sostienen puntos de vista diferentes y que, en consecuencia, conciben y desmenuzan las cosas también de modo distinto, lo cual, obviamente, tiene su importancia, pero resulta limitado y no nos permite trascender la divergencia de puntos de vista. En este sentido, la discusión se asemeja al pimpón en que las ideas van y vienen y en que el objetivo es ganar o conseguir el mayor número de tantos posible. Tal vez, en un juego de estas características, se apele a las ideas de alguien para respaldar las propias, pero el objetivo, en cualquiera de los casos, es vencer. Éstos son, al menos, los cauces por los que habitualmente suele discurrir una discusión.

El espíritu del diálogo, sin embargo, es completamente diferente porque, en él, nadie trata de ganar y, si alguien gana, todo el mundo sale ganando. En el diálogo no se trata de obtener más puntos ni de hacer prevalecer una determinada perspectiva porque, cuando se descubre un error, todo el mundo sale ganando. El diálogo es un juego al que podríamos calificar como ‘ganar-o-ganar’ (a diferencia de lo que ocurre en la discusión, un juego del tipo ‘yo-gano-tú-pierdes’). Pero el hecho es que el diálogoes algo más que una participación común en la que no estamos jugando contra los demás sino con ellos. (…)

Ahora bien, ¿por qué es necesario del diálogo? Si la gente tiene dificultades para comunicarse aun en el seno de un pequeño grupo, qué no ocurrirá en un grupo de unas treinta o cuarenta personas, a menos que haya un propósito definido o que alguien se encargue de encauzarlo. Esto es así porque cada uno de los participantes sostiene creencias y opiniones diferentes. Y no se trata de creencias superficiales sino de creencias básicas, creencias que giran en torno a cuestiones realmente fundamentales como, por ejemplo, el sentido de la vida, los propios intereses, los intereses de su país o los intereses religiosos, es decir, todo aquello que uno piensa que es importante. Y es que la gente no suele tolerar fácilmente el cuestionamiento de sus creencias más profundas y suele defenderlas con una gran carga emocional. El hecho es que albergamos todo tipo de creencias, no sólo creencias políticas, económicas y religiosas, sino también creencias sobre lo que pensamos que debería hacer un individuo, sobre el significado de la vida, etcétera».

Fascismo

Contra el fascismo. Umberto Eco (Lumen):

Una de las amenazas latentes después de la Segunda Guerra Mundial es el fascismo. Umberto Eco dio en una conferencia de 1995 titulada El fascismo eterno, catorce claves para aprender a identificar esta amenaza. Este volumen es esa conferencia donde Eco deja claro que no hay que caer en trivialidades con el término, a la vez que brinda instrumentos para mantenerlo a raya para no repetir el pasado. Un aspecto destacado en la reflexión del intelectual italiano es que recuerda que el fascismo no se limita al campo de la política y tiene su base en un sustrato cultural, es decir que el fascismo no es algo venido de Marte y que practican personas ajenas a nosotros y que de nosotros depende que resurja o no.

«El fascismo eterno aún nos rodea, aunque lleve traje de paisano. Puede volver en cualquier momento, aunque se disfrace de las formas más inocuas. Nuestro deber es detectarlo, quitarle la máscara y denunciar en voz alta cada una de sus gestas», afirma Eco.

Tras aclarar diferentes formas de fascismo, Eco identifica varias características de lo que él llama «fascismo eterno»:

  1.   «La primera  característica de un Ur-Fascismo es el culto de la tradición. El tradicionalismo es más viejo que el fascismo. No sólo fue típico del pensamiento contra reformista católico después de la Revolución Francesa, sino que nació en el final de la edad helenística como una reacción al racionalismo griego clásico.
  2. Como consecuencia, no puede existir avance del saber. La verdad ya fue anunciada definitivamente y solamente podemos seguir interpretando su obscuro mensaje. Es suficiente observar el ideario de cualquier movimiento fascista para encontrar los principales pensadores tradicionalistas.
  3. El tradicionalismo implica el rechazo a la modernidad. Tanto los fascistas como los nazistas adoraban la tecnología, mientras los tradicionalistas en general rechazan la tecnología como negación de los valores espirituales tradicionales. Con todo, aunque el nazismo sintiera orgullo de sus éxitos industriales, su elogio de la modernidad era tan sólo el aspecto superficial de una ideología basada en “la sangre” y “la tierra” (Blut und Boden). El rechazo del mundo moderno era camuflado como condenación del modo de vida capitalista, mas se refería principalmente al rechazo al espíritu de 1789 (o 1776, obviamente). El iluminismo, la edad de la Razón eran vistos como el inicio de la depravación moderna. En ese sentido, el Ur-Fascismo se puede definir como “irracionalismo”.

Igualdad

Ensayos. Ralph Waldo Emerson. Traducción de Javier Alcoriza (Cátedra):

Casi dos siglos después, los textos y pensamientos de Emerson sobre el individuo y su conducta a nivel individual e interior y en armonía con el entorno, la sociedad y la mirada esférica sobre la vida, el mundo y el estar en convivencia nunca han perdido actualidad y gana en estos tiempos vigencia. el siguiente es un pasaje de uno de esos textos:

«Hay voces que podemos oír en soledad, pero que se desvanecen en cuanto ponemos un pie en el mundo. En todas partes la sociedad se convierte en una conspiración contra la individualidad de cada uno de sus miembros. No es más que una sociedad anónima en la que, para asegurar mejor el pan de cada accionista, sus integrantes se ponen de acuerdo para quitar la libertad y la cultura a los comensales. La virtud más solicitada es la conformidad, la confianza en uno mismo es su antagonista. Esa sociedad no valora las realidades ni los creadores, sino los nombres y las costumbres.

Aquel que quiera ser un hombre habrá de ser un inconformista. Quien desee ganarse las palmas inmortales no debe detenerse ante el nombre de la bondad, sino que debe explotar si de verdad eso es bondad. Al final, nada hay más sagrado que la integridad de tu propia inteligencia. Si te absuelves de ti mismo, entonces tendrás el apoyo del mundo entero. (…)

Haz tu trabajo y te reforzarás a ti mismo. La persona ha de saber que la conformidad es el juego de la gallinita ciega. Si conozco a qué secta perteneces, conozco tus argumentos de antemano».

Libertad

La libertad de ser libres. Hannah Arendt (Taurus):

La gran filósofa se pregunta en este ensayo qué es libertad y qué significa para nosotros. Arendt reconstruye la noción histórica de libertad. En especial de las revoluciones en Francia y América. A continuación sus palabras sobre las raíces de lo que vive hoy el mundo:

«Mucho me temo que el tema que voy a tratar hoy es casi bochornosamente tópico. Las revoluciones se han convertido en sucesos cotidianos desde la extinción del imperialismo, momento a partir del cual tantos pueblos se han levantado ‘para ocupar, entre las potencias del mundo, el puesto diferenciado e igual al que les dan derecho las leyes de la naturaleza y el dios de esa misma naturaleza’. Del mismo modo que el resultado más duradero de la expansión imperialista fue la exportación de la idea de Estado nación a todos los rincones de la tierra, el fin del imperialismo, bajo la presión del nacionalismo, ha dado lugar a la propagación de la idea de revolución a lo largo y ancho del planeta.

Todas esas revoluciones, al margen de cuán violentamente antioccidental sea su retórica, se encuentran bajo el signo de las revoluciones occidentales tradicionales. La situación actual ha venido precedida por la serie de revoluciones que tuvieron lugar en la propia Europa después de la Primera Guerra Mundial. Desde entonces, y de forma más notable a partir de la Segunda Guerra Mundial, nada parece más seguro que el hecho de que un cambio revolucionario de Gobierno, frente a un mero cambio de Administración, se verá frustrado en la forma de un conflicto armado entre los poderes existentes; es decir, en una especie de aniquilación total. Pero conviene señalar que, incluso antes de que los desarrollos tecnológicos hicieran de las guerras entre las grandes potencias una lucha literalmente a vida o muerte, y por lo tanto autodestructiva, desde un punto de vista político las guerras se habían convertido ya en una cuestión de vida…».

Nacionalismo

Notas sobre el nacionalismo. George Orwell (FlashDebate):

En este extraordinario ensayo, publicado en mayo de 1945, en los estertores de la segunda guerra mundial, George Orwell establece una definición del nacionalismo que va más allá del vínculo con un lugar geográfico:

«En algún lugar de su obra, Byron emplea la palabra francesa longueur y aprovecha para señalar que, aunque en Inglaterra no tengamos esa palabra, poseemos en abundancia lo que esta enuncia. Del mismo modo, hoy en día existe un hábito mental tan extendido que afecta a nuestras ideas sobre casi cualquier tema, pero que aún no tiene nombre. Como su equivalente más cercano, he escogido la palabra nacionalismo; sin embargo, como se verá, no la empleo en su sentido corriente, quizá porque la emoción de la que hablo no siempre está vinculada a lo que llamamos «nación», es decir, a una raza o a una zona geográfica. Puede estar ligada a una Iglesia o a una clase social, o funcionar de un modo puramente negativo, contra algo o alguien, sin necesidad de que haya ningún objeto positivo al cual se adhiera.

Cuando digo «nacionalismo» me refiero antes que nada al hábito de pensar que los seres humanos pueden clasificarse como si fueran insectos y que masas enteras integradas por millones o decenas de millones de personas pueden confiadamente etiquetarse como «buenas» o «malas». Pero, en segundo lugar —y esto es mucho más importante—, me refiero al hábito de identificarse con una única nación o entidad, situando a esta por encima del bien y del mal y negando que exista cualquier otro deber que no sea favorecer sus intereses. El nacionalismo no debe confundirse con el patriotismo, aunque ambas palabras se usan normalmente con tanta vaguedad que cualquier definición es susceptible de ser sometida a discusión. Sin embargo, es preciso distinguir entre ellas, puesto que aluden a dos cosas distintas, incluso opuestas. Por «patriotismo» entiendo la devoción a un lugar determinado y a una determinada forma de vida que uno considera los mejores del mundo, pero que no tiene deseos de imponer a otra gente. El patriotismo es defensivo por naturaleza, tanto militar como culturalmente. El nacionalismo, en cambio, es inseparable del deseo de poder; el propósito constante de todo nacionalista es obtener más poder y más prestigio, no para sí mismo, sino para la nación o entidad que haya escogido para diluir en ella su propia individualidad».

Opresión

Opresión y libertad. Simone Weill. Traducción de Luis González Castro (Página Indómita):

La filósofa y activista política francesa (1909-1943) hizo grandes aportaciones de crítica social, libertad y demás elementos clave de la convivencia para avanzar. Este libro reúne análisis sobre la libertad y la opresión política y social, de sus causas permanentes, sus mecanismos y sus formas contemporáneas teniendo en el horizonte la preocupación de la injusticia. El siguiente es un pasaje del libro:

«Ha llegado el momento previsto hace ya largo tiempo enque el capitalismo está a punto de ver detenido su desarrollo por límites infranqueables. Independientemente de cómo se interprete el fenómeno de la acumulación, está claro que el capitalismo significa esencialmente expansión económica, y que la expansión capitalista no está lejos de la hora en que chocará con los límites mismos de la superficie terrestre. Sin embargo, jamás ha habido menos signos premonitorios del advenimiento del socialismo. Nos encontramos en un período de transición, pero ¿de transición hacia qué? Nadie tiene la menor idea. Y más sorprendente aún es la inconsciente seguridad con que nos instalamos en la transición como si esta fuera un estado definitivo; tanto es así que las consideraciones referentes a la crisis del régimen se han convertido casi por doquier en lugares comunes.

Ciertamente, uno siempre puede creer que el socialismo llegará pasado mañana y hacer de esta creencia un deber ouna virtud. Mientras lo esperemos diariamente para pasado mañana, tendremos la seguridad de no vernos desmentidos. Pero ese estado de ánimo no es muy distinto al de esas buenas gentes que creen, por ejemplo, en el Juicio Final. Así pues, si queremos atravesar virilmente esta época sombría, nos abstendremos, como el Áyax de Sófocles, de reconfortarnos con esperanzas vanas. A lo largo de toda la historia, los hombres han luchado, sufrido y muerto para emancipar a los oprimidos. Y sus esfuerzos, cuando no han sido vanos, nunc ahan tenido otro resultado que el de reemplazar un régimen de opresión por otro. Marx, que llamó la atención sobre ello, creyó poder establecer científicamente que hoy es distinto, y que la lucha de los oprimidos conduciría ahora a una verdadera emancipación y no a una nueva opresión. Y es esta idea, que ha permanecido entre nosotros como un artículo de fe, la que tendría que ser examinada de nuevo, a menos de queramos cerrar sistemáticamente los ojos ante los acontecimientosde los últimos veinte años. Evitémonos las desilusiones de aquellos que, habiendo luchado por la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, se encontraron un buen día con que, como dice Marx, habían obtenido Infantería, Caballería y Artillería».

Respeto

Ataque a un enemigo de la libertad. Marco Tulio Cicerón (Taurus):

El romano insigne de Cicerón (106 a.C – 43 a. C.) es uno de los filósofos que mejor ha sabido enfrentar las ambiciones dictatoriales de los mandatarios en aras de recuperar su amada República. Sus discursos mordaces contra Marco Antonio lo dicen todo, y tiene tienen toda la vigencia del mundo contra cualquiera que aspire a la tiranía. El siguiente es un pasaje de aquellas palabras dirigidas por Ciceron en el Senado con toda su sabiduría:

«Antes de decir, senadores, lo que creo que debe decirse en estas circunstancias sobre la actual situación política, os expondré brevemente los motivos de mi partida y de mi regreso. Como confiaba en que por fin la República había sido encomendada de nuevo a vuestra sabiduría y autoridad, consideraba que era mi obligación permane-cer, por así decirlo, en mi puesto de centinela, como se espera de quien ha sido cónsul y es senador. Y así, desde el día en el que fuimos convocados en el templo de la diosa Tierra, nunca abandonaba mi puesto ni apartaba mis ojos de la República. En ese templo, en cuanto de mí dependió, puse los cimientos de la paz, renové un antiguo ejemplo de los atenienses, tomé incluso prestado el término griego del que aquella ciudad se había servido en el pasado a la hora de poner fin a las discordias civiles, y propuse que cualquier recuerdo de nuestras discordias quedase sepultado bajo un eterno olvido. Insigne fue entonces el discurso de Marco Antonio, excelentes también sus propósitos. Él y su hijo fueron los garantes de que por fin se había consolidado la paz con los ciudadanos más eminentes. Y el resto de su vida política se guiaba por estos buenos principios: hacía participar a los principales de la ciudad de las discusiones que sobre los asuntos de Estado se celebraban en su casa».

Tolerancia

Contra el odio. Carolin Emcke (Taurus):

La filósosa alemana CarolinEmcke (1967) ha ocupado unlugar especia en el último lustro gracias a este libro oportuno, profundo y sencillo a la vez sobre la xenofobia y demás odios alimentados por la sociedad contemporánea contra ssu congéneres. Emcke levana su ensayo sobre al idea de que el odio no es natural sino que es producto de la cosntrucción individual y colectiva. Un odio al otro que erosiona la convivencia y la democracia que hoy es un arma en una sociedad polarizada alentada por políticos y líderes incendiarios. Es uan defensa de lo plural, de lo diverso y recuerda que en ello está la riqueza del ser humano y su progreso. A continuación un fragmento de su libro:

«El odio es siempre difuso. Con exactitud no se odia bien. La precisión traerá consigo la sutileza, la mirada o la escucha atentas; la precisión traerá consigo esa diferenciación que reconoce a cada persoan como un ser humano con todas sus caracteríticas e inclinaciones diversas y contradictorias. Sin embargo, una vez limados los bordes y convertidos los individuos, como tales, en algo irreconocible, solo quedan unos colectivos desdibujados como receptores del odio, y entonces se difama, se desprecia, se grita y se alborota a discreción: contra los judios, las mujeres, los infieles, los negros, las lesbianas, los refugiados, los musulamanes, pero también contra los Estados Unidos, los políticos, los países occidentales, los policías, los medios de comunicación, los intelectuales. El odio se fabrica su propio objeto. Y lo hace a medida.

El odio se mueve hacia arriba o hacia abajo, su perspectiva es siempre vertical y se dirige contra ‘los de allí arriba’ y contra ‘lo de allí abajo».

Totalitarismo

Rebelión en la granja y 1984, de  George Orwell (Lumen):

Escritor y pensador, periodista y visionario. Ciudadano. George Orwell (1903-1950) es uno de los escritores y ensayistas británicos más destacados del siglo XX por su mirada minuciosa sobre los derroteros de la sociedad. La mirada crítica a los totalitarismos, que él mismo vivió y padeció, le llevaron a escribir, entre otras, dos novelas fundamentales: Rebelión en la granja y 1984, esta última es una distopía sobre un mundo en manos de los poderosos que nos vigilan. El siguiente es el comienzo de 1984 en cuya historia confluyen elpoder, el totalitarismo y la manipulación contra la sociedad:

1984. George Orwell. Traducción de Miguel Temprano (Lumen):

«Era un día frío y luminoso de abril y los relojes estaban dando las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en un esfuerzo por escapar al desagradable viento, pasó a toda prisa entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no lo bastante rápido para impedir que se colara tras él un remolino de polvo y suciedad.

El vestíbulo olía a col hervida y a esteras viejas. En un extremo habían colgado en la pared un cartel coloreado y demasiado grande para estar en el interior. Representaba solo una cara enorme de más de un metro de ancho: el rostro de un hombre de unos cuarenta y cinco años, con un espeso bigote negro y facciones toscas y apuestas. Winston se dirigió a las escaleras. Era inútil tratar de coger el ascensor. Raras veces funcionaba y en esos días cortaban la corriente eléctrica durante las horas diurnas. Era parte del impulso del ahorro en preparación para la Semana del Odio. El apartamento estaba en el séptimo, y Winston, que tenía treinta y nueve años y una úlcera varicosa en el tobillo derecho, subió despacio, parándose a descansar varias veces. En cada rellano, enfrente del hueco del ascensor, el cartel con el rostro gigantesco le contempló desde la pared. Era uno de esos carteles pensados para que los ojos te sigan cuando te mueves. ‘El Hermano Mayor vela por ti’, decía el eslogan al pie».

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