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Fotografía de Jesús Abad Colorado, sur de Bolívar (2000)

Reto en Colombia: que la paz desplace a la violencia como inspiración de las artes

El Festival Cinexcusa explora el territorio inédito del posacuerdo con las FARC. Una cita con el cine, la literatura y las ciencias sociales con casi treinta creadores y pensadores. Te invitamos a disfrutar de una galería trailers con las películas que se proyectarán

Los artistas, cineastas, músicos, dramaturgos y escritores de Colombia tienen un nuevo desafío: crear a partir de la paz y la tranquilidad. Al menos si se cumplen y respetan los acuerdos entre Gobierno y guerrilla. Este es un tiempo, un intervalo inédito para los colombianos al que están atentos, también, sus creadores. Sobre todo después de dos siglos de estar inmersos en un rosario de violencias que ha definido maneras de sentir, de pensar, de vivir y que a ellos les ha inspirado algunas de sus mejores obras en todas las artes, pero hoy es la hora del posacuerdo.

Vivir en un país sin guerra traería para los colombianos nuevas formas de pensarse, de narrarse y de habitar el mundo. Un cambio de paradigma desde la firma del acuerdo de paz con las FARC, el 24 de noviembre de 2016. Un escenario de tránsito. Ese es el territorio por descubrir y reflexionar que el Festival de Cine de Neiva Cinexcusa explorará entre el 23 y 27 de octubre. Se trata del encuentro cinematográfico y cultural más destacado del departamento del Huila y del sur de Colombia al ser un evento multidisciplinar que alrededor del cine integra literatura, música, periodismo y ciencias sociales.

“Venimos de una sobredosis de cine sobre el narcotráfico y de personajes construidos en moldes y clichés”, asegura Luis Eduardo Manrique Rivas, director de Cinexcusa. “Quizá”, añade, “este es momento para contar historias con personajes más reales y actuales en ambientes más cercanos que generen identificación”. En esa dirección apunta la película Pariente, que tendrá la premier en el Festival, y que representará a Colombia en los Oscar de 2018. El filme habla de los enemigos agazapados de la paz, narra la historia del amor de Willington por Mariana mientras el rumor de un ladrón en las veredas y una serie de muertes violentas recuerdan las viejas épocas de miedo a través de “personajes rurales, complejos, contradictorios y en disputa en torno al desamor y cómo no, a la violencia”.

“El territorio de la literatura está entre la historia y el mito”, reflexiona Daniel Ferreira (Colombia, 1981), escritor invitado al Festival. Para el escritor, «ese desgarro en la realidad permite que lo inactual se vuelva central, que el pasado y sus contradicciones se ordene con otro sentido de una manera distanciada y aparezca con más clarividencia para el futuro”. Ferreira es autor de la novela Viaje al interior de una gota de sangre (Alfaguara, 2017), recién publicada, en la que reconstruye una masacre a través de las voces de las víctimas y para quien “no hay verdades colectivas, solo individuales”.

Cinexcusa cumple doce años abordando las problemáticas sociales y políticas de Colombia y del mundo, como el maltrato a la mujer, el nazismo o el conflicto armado del país, desde las artes. Por Cinexcusa han pasado autores como el colombiano Alfredo Molano, que ha dedicado su vida a narrar la historia de la violencia en Colombia en libros como Los años del tropel: relatos de la violencia, Trochas y fusiles y uno de sus más recientes, A lomo de mula. El argentino Andrés Neuman, invitado en la edición anterior, que puso sobre la mesa la experiencia individual y colectiva de la memoria que explora en Una vez Argentina. Hace dos años la invitada fue la cronista argentina Josefina Licitra, quien ha narrado la memoria de los arrasados de la tragedia de Epecué en su libro El agua mala, un episodio similar al ocurrido en Armero. También han participado, Manuel Rivas, Lucrecia Martel o Leila Guerriero.

Durante estos cinco días se llevarán a cabo más de 30 actividades, con 28 invitados y 22 películas, entre largometrajes y cortometrajes, en 12 escenarios públicos de Neiva. Una ciudad que, por ser la primera en el sur del país y estar a la rivera del río Magdalena, ha sido un lugar de paso ineludible, un enclave estratégico para el sostenimiento de los ejércitos: un lugar de guerra en el que ahora se celebra un encuentro de arte, de cultura, de paz.

El tema central de las proyecciones de esta 12ª edición es el posacuerdo. Trece películas sobre este tema configuran el grueso de la programación, que además se alimenta de la participación de los propios directores o expertos que abren el debate, como el director de Pariente, Iván Gaona, el reconocido actor Álvaro Rodríguez y el crítico de cine Augusto Bernal. Con el propósito de brindar un panorama de la filmografía nacional, también está la sección de “Cine colombiano”, un espacio para hablar con los creadores sobre sus procesos de creación y experiencias durante el rodaje. También hay una muestra de cortometrajes, que se ha convertido en un concurso nacional, para difundir y estimular los proyectos audiovisuales, y una muestra de películas que se proyectan en varias escuelas de la ciudad, llamada “Cine al tablero”, que busca llevar el cine a las aulas.

Ahora los invitamos a asomarse a algunas de las películas que se proyectarán en Cinexcusa, una luz sobre los contextos de guerra y posconflicto:

 

Tráiler 'El fin de la guerra'

Perdón y reinserción

La vuelta de los insurgentes a la vida civil es uno de los retos que trae todo conflicto bélico. Lo que deja experiencia de otros países que han pasado por conflictos similares y guerras civiles es que una de las claves es el perdón. Tres películas abordan este tema desde enfoques distintos: El fin de la guerra, de Marc Silver, documenta los días de negociaciones en la Habana entre el Gobierno colombiano y las FARC, y el posterior turno del pueblo a decidir en la urnas si se acogerían los acuerdos; El silencio de los fusiles, de Natalia Orozco, casi por la misma línea, sienta a dos enemigos irreconciliables en una mesa a negociar la paz, pero los diálogos, contrario de lo esperado, dividen a millones de colombianos; Tres escapularios, de Felipe Aljure, por su parte, se vale de una historia de ficción para mostrar una profunda realidad: Lorena y Nico tienen que matar a una ex militante guerrillera cuyas declaraciones provocaron el bombardeo de un campamento, pero ahora lamentan tener que matar a alguien.

Tráiler de 'Oscuro animal'

Desplazados

Colombia es el país con mayor desplazamiento forzado del mundo. 6,9 millones de casos, según la ONU. Familias enteras han tenido que dejar su tierra, sus casas y sus pertenencias, para llegar a un nuevo lugar con las manos vacías y emprender de nuevo. Oscuro animal, de Felipe Guerrero, narra la historia de tres mujeres que, tratando de escapar del acoso de la guerra, inician un viaje en búsqueda de sosiego desde la selva a la ciudad. Jardín de amapolas, de Juan Carlos Melo, relata la historia de un padre y un hijo que son desterrados de su finca y llegan a un pequeño pueblo en el altiplano donde se ven obligado a trabajar en cultivos ilícitos de amapola. Noche Herida, la apuesta del director Nicolás Rincón Gille, cuenta la historia de Blanca y tres de sus nietos en Bogotá, donde han llegado huyendo de la violencia.

Tráiler de 'Pariente'

La vida en el campo

Las zonas rurales de Colombia han sido las más maltratadas durante el conflicto. Los campesinos han tenido que convivir con la sombra de la guerra, como si esta fuera un vecino más del pueblo. Sobre la vida de los campesinos y su continuo contacto con la violencia trata Pariente, la película de Iván D. Gaona que representará a Colombia en los Oscar 2018. Una historia de desamor entre Mariana y Willington mientras una serie de muertes en el pueblo además de ponerlos en peligro, los lleva a recordar los peores años de la guerra. Pasos de héroe, de Henry Rincónes una conmovedora historia de superación: Eduardo es un niño de 10 años sin una pierna que quiere participar en un torneo infantil de fútbol, su profesor de música y sus amigos lo ayudarán a cumplir su sueño. Los retratos, también de Iván D. Gaona, cuenta la historia de Paulina, una anciana que gana una cámara Polaroid en el mercado, como el dinero no alcanza para un caldo de gallina le propone a su marido tomarse fotos de sus vidas y de ellos mismos.

 

 

El perdón, el desplazamiento forzado y la vida en el campo también han sido narrados por la literatura. En cuentos, novelas, ensayos y poemas, las palabras han sido las primeras en organizar, buscar sentido y explorar el conflicto armado y la violencia que padece Colombia. Desde La vorágine (1924), de José Eustasio Rivera, hasta Cien años de soledad (1967), de Gabriel García Márquez, pasando por autores contemporáneos como Fernando Vallejo, Laura Restrepo, Héctor Abad Faciolince, Evelio Rosero, Darío Jaramillo, Juan Gabriel Vásquez y Santiago Gamboa.

Sobre la bibliografía literaria básica para entender la violencia colombiana, la periodista y escritora Marbel Sandoval Ordóñez ha escrito: “El conflicto en sí mismo, la irrupción de actores como el paramilitarismo y el narcotráfico, con la corrupción que ha generado al interior de todas las instituciones, incluida la misma guerrilla, así como la violación constante de derechos humanos fundamentales, han proporcionado material abundante no sólo para la literatura sino para el periodismo y la investigación. De las viejas guerras, como la de los Mil días, a finales del XIX y principios del XX, que nutren obras como Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, o El coronel no tiene quién le escriba, a una vorágine en la que se han gestado textos como Las muertes de Tirofijo, el mítico fundador de las FARC, aunque en realidad es una colección de cuentos, La bola del monte, o El diario de un guerrillero, todos de Arturo Álape, y todos situados en los inicios de esa guerrilla; o Abraham entre bandidos, una novela de factura más reciente, 2010, del escritor Tomás González, que recrea el tránsito que hacían el bandolerismo y las guerrillas liberales hacia lo que finalmente se conoció como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), guerrilla de origen eminentemente rural y cimentada en sus inicios en el derecho de los campesinos a la tierra”.

El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, es una de las obras referenciales. A diez años de su publicación, acaba de ser reeditada por Alfaguara con algunas nuevas reflexiones añadidas. La novela, sobre el asesinato de su padre y el profundo amor que sentían el uno al otro, ha dado la vuelta al mundo, en compañía del documental Carta a una sombra, que de hecho participó hace dos ediciones en Cinexcusa. Faciolince, en una ocasión, destacó la novela Los Ejércitos, de Evelio Rosero, y El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez: “La primera se ocupa de la anomia de la violencia en el campo; la segunda, de la violencia política urbana y rural, contaminada de narcotráfico. Tanto las artes plásticas como la literatura consiguen que un espectador o un lector cómodos, se desacomoden y se pongan en el papel de las víctimas. Las artes educan en la empatía y en la capacidad de salirnos de nosotros mismos. Y en la evocación del propio dolor al ver o al leer el dolor ajeno”.

 

El poeta y narrador Darío Jaramillo, quien ha sido víctima directa de la violencia, mencionó que “las novelas sobre la violencia se convirtieron en un género”. Desde los libros de García Márquez y “Manuel Pacho, de Eduardo Caballero Calderón, Cóndores no entierran todos los días, de Gustavo Álvarez Gardeazábal y, más reciente, Siempre fue ahora o nunca, de Rafael Baena sobre los últimos 30 años”.

 

 

Entre las novedades más recientes se encuentran Toño Ciruelo (Tusquets, 2017), de Evelio Rosero, una novela en la que descubre la cara de una asesino, su proceso particular de conversión, desde la raiz —infancia, colegio, adolescencia— hasta llegar a su última y definitiva cara: la de sus víctimas. El ensayo La guerra y la pazde Santiago Gamboa, representa una investigación fundamental para un país como Colombia y otros como Israel y Bosnia, con el título de la novela de Tolstoi, por medio de un viaje a través de la historia el escritor colombiano compone una reflexión sobre las distintas caras de la guerra y el proceso de construcción de la paz.

 

Aunque siempre se ha dicho que la felicidad no vende, no interesa como arte, el reto ahora de los creadores colombianos es seguir narrando el país pero desde los espacios de paz.

 

Los mejores momentos de Cinexcusa

 

 

 

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