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El intelectual holandés Rob Riemen, autor del ensayo ‘La palabra que vence a la muerte’, en Madrid, en 2025./WMagazín

Rob Riemen: “Cuando desaparece la trascendencia, desaparecen también los valores”

El pensador holandés analiza el miedo a la libertad, la crisis de las humanidades y el vacío espiritual de nuestro tiempo. Su ensayo 'La palabra que vence a la muerte' es un libro iluminador y necesario

Ahora, más que nunca, es hora de recuperar el arte de ser humanos y, con la palabra, despejar los caminos que conducen al abismo, como el fascismo y las dictaduras. Es momento de invocar la nobleza del espíritu y de reconocer en la belleza una vía para comprender la vida y afrontar lo inesperado.

Estas ideas atraviesan el pensamiento de Rob Riemen (Países Bajos, 1962), presente tanto en sus libros como en el Instituto Nexus, el foro internacional que fundó en 1994 para promover el debate filosófico y cultural. Su ensayo más reciente, La palabra que vence a la muerte. Cuentos de verdadera grandeza (con traducción de Jur Schuurman, en editorial Taurus), es una nueva defensa de las humanidades frente a su progresivo desplazamiento.

Riemen, un convencido del poder transformador de la palabra, aparece como una figura sobria y atenta: alto, de presencia firme, con un reloj en cada muñeca, pequeñas gafas doradas y una voz serena que invita a escuchar.

El libro es un ensayo iluminador y muy necesario para recordarnos, en un momento como el actual, la expulsión de las humanidades de la conversación y de la vida misma, incluso en los colegios, en la enseñanza pública y en el debate social y político. Reivindica la palabra, el arte y la cultura como herramientas para combatir un mundo cada vez más utilitarista y extractivista.

Ha alertado de todo esto en obras como Nobleza de espíritu, vendido a 18 idiomas, The Eternal Return of Fascism (2010),The University of Life (2013),The Return of Europe. Her Tears, Deeds and Dreams (2015), Para combatir esta era (Taurus, 2018) y El arte de ser humanos. Y, trimestralmente, en la revista Nexus.

En su último ensayo recuerda: “Los que adoran la Grandeza solo desean información, quieren datos para conquistar aún más poder insulso. Pero quien conoce la verdadera grandeza se atiene a lo que dijo el sabio Cicerón: animi philosophia est (La filosofía es el cultivo del alma)”.

Sentado en el hall de un hotel de Madrid, Rob Riemen habla pausadamente. Insiste en que la cuestión central es cómo dar sentido a la vida de cada individuo.

Rob Riemen en Madrid, en 2025./ WMagazín

Winston Manrique Sabogal. Dice que Nietzsche, en 1886, ya vislumbró todo esto. Y usted cita el apartado donde dice que el anhelo de libertad y responsabilidad sería reemplazado por el miedo a la libertad y la adoración de un nuevo ídolo, el líder. Las musas cederán su sitio al poder y la riqueza.

Rob Riemen. Este es el cuarto libro que ahora publica Taurus de los que yo he escrito. El primer libro se titula Nobleza de Espíritu, con la cuestión de qué pasó con la nobleza de espíritu; El eterno retorno del fascismo, donde ya escribí un prólogo donde aparecía la musa de la Historia, y es ella la que cuenta la historia. Porque, en el fondo, no hay nada nuevo. Mucho de lo que vivimos ya fue pensado y dicho. Para combatir esta era y El arte de ser humanos.

Nietzsche es una figura clave en la historia de nuestra cultura nuestra. De hecho, desempeña un papel importante en el libro sobre Thomas Mann, sobre la visión de la desgracia de Nietzsche, que, digamos, lo vio todo. Es un profeta de desgracias.

Su famosa frase de “Dios ha muerto” es la clave. ¿Dónde está Dios? Porque somos nosotros los que matamos a Dios. Es una frase esencial que a menudo es olvidada.

Porque lo que Nietzsche dice, claramente, es que nosotros hemos matado más o menos a Dios, queriendo decir la trascendencia, lo trascendente. Porque cuando desaparece la trascendencia, desaparecen también los valores morales y espirituales, y cuando esto desaparece la conclusión lógica es que acabamos en un mundo nihilista.

Además, Nietzsche es un gran psicólogo. En cierto modo, se vio influido por Dostoievski. Se dio cuenta de que hay algo que no pueden afrontar los seres humanos: no somos capaces de soportar el vacío. Si uno se levanta todas las mañanas, o antes de irse a la cama, uno se mira al espejo y se dice “Mi vida es una vida sin sentido”. Entonces, uno se sube al tejado y salta. Es imposible vivir con la idea de que uno tiene una vida sin sentido.

Con los años se introducen las culturas falsas, las pseudoculturas. Y de esas tenemos por lo menos cinco que, más o menos, se corresponden al mundo en que vivimos.

La primera, la pseudocultura de la jaula. ¿Qué quiere decir esto? Es una especie de champú. Digamos que huele muy bien, parece que está muy bien, pero enseguida desaparece. Y con esto, también, viene la idea de que todo debe ser fácil, agradable, bonito y muy bueno. Es un poco la vida de Instagram y todas estas redes sociales.

Luego tenemos la pseudocultura del dinero. Ahora tenemos un nuevo hombre más rico del mundo. Es, también, una cultura de lo fácil.

Lo peor que tenemos o lo más potente ahora es la cultura de las drogas, el extremismo, el nacionalismo, la cultura del poder, la cultura de la violencia.

Justo estaba leyendo un informe sobre que Estados Unidos está al borde de una guerra civil, donde se promueve la cultura de las armas.

Lo que Nietzsche describe son hechos muy básicos. No hace falta ser psicólogo para comprender por qué estamos en un mundo como el que nos encontramos.

W. Manrique Sabogal. ¿Es una demostración de esa incapacidad del ser humano para gestionar o autogestionar ese vacío y esa responsabilidad realmente de su propia libertad y conservar sus valores?

Rob Riemen. En Los hermanos Karamázov, de Dostoievski, está la leyenda del gran inquisidor, que consiste en que Jesucristo regresa a la España de la Inquisición y lo arresta el Gran Inquisidor, quien le reprocha que haya dado a las personas la libertad, algo que él considera una carga porque se prefiere el “pan” y la seguridad frente a la libertad de elegir entre el bien y el mal.

Cuando un ser humano tiene que elegir entre lo fácil o lo difícil, la mayor parte de la gente elige la salida fácil. Es decir, formar parte del grupo o ir solo o con pocos, sabiendo que va a ser un extraño, o va a ser un expulsado o sentirse desterrado.

En general, si la gente tiene que elegir entre la valentía y la corrupción, la mayoría va a elegir la corrupción. Si no, fijémonos en nuestra clase política. Hay todo tipo de excusas que lo explican.

Aquí es donde Sócrates, Spinosa, Nietzsche y otros filósofos, pero también Albert Camus, Dostoievski y Thomas Mann entran en juego. El modelo de las musas en la mitología griega es el de la memoria. La memoria es el modelo.

En Alemania existe el término Bildung, educación. Esto nos permite, nos ayuda a, precisamente, optar por la nobleza de espíritu para tomar el camino no trillado y no tener miedo de ser o de estar solo, de quedar aislado de la masa.

Pero claro, todo esto tiene consecuencias. Hay que pagar un precio. Hace que la vida se le dificulte a uno, y ¿qué ganamos a cambio con esa nobleza de espíritu? Que somos auténticos. Somos nosotros mismos.

Y el peligro que esto tiene, sobre todo para las generaciones jóvenes, para mis hijos es que va ser mucho más difícil crecer de lo que lo fue para nosotros, porque la presión social a través de los medios de las redes sociales, de lo que uno se supone que tiene que hacer, cómo uno tiene que vestirse, qué tiene que hacer y demás, es gigantesca. Una persona tiene que tener una personalidad muy fuerte para decirles a todos: “Ahí os quedáis”.

Rob Riemen, autor de ‘La palabra que vence a la muerte’. /WMagazín

W. Manrique Sabogal. Hay un concepto que late en sus libros, la búsqueda de la felicidad. ¿Es la felicidad, quizás, el concepto o la aspiración a ella que más presión recibe hoy de la sociedad? Sobre todo, en esos jóvenes a los que se refiere.

Rob Riemen. Lo que me dicen los estudios en investigación social sobre las generaciones más jóvenes es que son mucho más desgraciadas que nosotros. Se sienten muy inseguros. Tienen miedo del futuro. No saben quiénes son. No saben qué hacer.

Y, encima, tenemos el mundo de las drogas digitales, lo cual hace que para ellos sea mucho más difícil tener capacidad de concentración, leer, reflexionar, porque todo tiene que ser inmediato, rápido y, como consecuencia, enseguida se sienten vacíos.

El número de jóvenes con trastornos mentales, que sufren depresión, que están quemados o que tienen intenciones suicidas, se ha multiplicado exponencialmente. Además, estamos enfrentados a la siguiente cuestión: ¿cuándo uno es feliz? Y, sobre todo, ¿cuándo está uno feliz con uno mismo? ¿Cuándo uno se siente feliz con uno mismo?

Si la felicidad significa que uno es igual al resto y, por lo tanto, está todo el rato viendo qué referencia tiene que copiar, que es lo que, en general, hace la mayor parte de la gente, ¿qué ocurre si no piensan de mí lo que tienen que pensar? ¡Qué agobio!, ¿no?

Entonces la vida se complica para estas personas, pero esto es algo natural, es algo normal. Y la idea de que uno diga: “Yo soy quien yo soy” no es fácil.

Entonces, si uno tiene confianza en uno mismo, la vida tiene un planteamiento totalmente distinto porque, cuando la felicidad se basa en el amor a uno mismo, la confianza en uno mismo, y no en la emoción o la excitación, en primer lugar es muy caro y luego agotador.

W. Manrique Sabogal. Usted dice en un apartado que la era de internet nos ha sido prestada como nos fue prestada la era de la información. Y también habla de que esta es la era de la ansiedad ante el vacío espiritual, que se junta con la era del yo, del egoísmo.

Rob Riemen. La película Barbie lo que nos muestra, fundamentalmente, es una idea, una diferencia ontológica entre ser guapa, disfrazar la vida, estar contenta y feliz, y ser un ser humano de verdad y darse cuenta del pecado, la mortalidad y atravesar la vida cuestionándonos, porque, para avanzar en la vida, hay que cuestionarse constantemente.

No es posible tener una vida con sentido sin autoexaminarse. Tenemos que mirarnos al espejo y preguntarnos: ¿Soy yo ese? ¿Es esto lo que quiero hacer con mi vida? ¿Qué debo cambiar en mi vida? Y, si ocurren asuntos importantes en la vida pues…

Ahora nadie tiene ningún instrumento para afrontar esas preguntas o decisiones fundamentales o crisis o tragedias, porque nadie ha leído un libro ni se ha instruido.

La gente, sencillamente, no tiene esperanza.

Por eso, el número de psicólogos y de gente que va al psicólogo aumenta, a la vez que aumenta el número de falsos mesías, de fundamentalistas y de personas con ideas extremas y la polarización. Por eso estamos donde estamos.

W. Manrique Sabogal. Ha citado antes a Dostoievski, que está muy presente en su libro. Y, leyéndolo, noté que la palabra belleza está varias veces, al igual que el concepto. ¿Por qué cree que la gente parece que no se conmueve con la belleza? La belleza en el sentido platónico, que lo contiene todo, no solo lo visible. “La belleza salvará al mundo”, escribió Dostoieveski en El idiota.

Rob Riemen. Hay un mundo más superficial. Uno de los terribles efectos de esta cultura es la cultura de la jaula. En algunos países hay programas sobre la vida de las mujeres más guapas o cómo ser más bellos. Todo esto ha tenido consecuencias porque la gente se ha olvidado de que la esencia de la belleza es la belleza interior. La frase de Dostoievski en El idiota sobre que “la belleza salvará el mundo” reside en la creencia fundamental de que la belleza, la bondad y la verdad están conectadas en una sola cosa.

El título de La nobleza de espíritu es un ideal olvidado. Estamos en un proceso en el que hay que recordarlo a la gente una y otra vez. Primero, lo que significa la palabra democracia. Nuestra clase política no tiene ni la más remota idea de lo que es la democracia. No se trata más que de un eslogan para ellos. No saben de lo que están hablando.

Hablan de Europa y no tienen idea de lo que es Europa. Y cuando hablan de belleza no tienen ni idea de lo que es la belleza.

Lo que están haciendo es cambiar el lenguaje, cambiar el significado de las palabras.

En el mundo anglosajón nunca se habla de sabiduría, ni siquiera de conocimiento, solo de información.

Los estadounidenses, por ejemplo, nunca utilizan la palabra problema. Usan by challenge. Lo han transformado en reto. No hablan de problema, sino de reto, que no es lo mismo, evidentemente. Porque un problema es algo que da miedo, pero un reto es otro rollo. Nosotros podemos.

En el cambio de lenguaje, los estadounidenses siempre hablan de to fix, hay que decir como arreglarlo. Tenemos que arreglar la democracia. Tenemos que arreglar esto, tenemos que arreglar lo otro. Perdón, no puedes arreglar la democracia. No es una herramienta, no es un ordenador, no es una máquina.

W. Manrique Sabogal. ¿Qué está pasando? ¿Por qué esa erosión tan veloz que están sufriendo la democracia y los valores de la ilustración?

Rob Riemen. Si respondo me vas a dar un millón de dólares. Uno necesita cuidar la salud. Cuando tenemos hijos hay que cuidarlos. Cualquier cosa necesita nuestro cuidado. Es imposible tener algo precioso y valioso y creer que va a ir por sí solo; porque, antes o después, la democracia también necesita que la cuidemos para que funcione. Una de las razones por las que necesitamos cuidarla es porque es la forma de gobierno más difícil que existe.

La tiranía, la dictadura, es fácil.

Pero la democracia requiere que toda la sociedad se dedique a ella, que se participe, que se acepte su propia responsabilidad, que tenga una idea del bien común. La democracia funciona cuando se tiene determinado espíritu. Por eso no se puede arreglar.

Por definición, la democracia es más que la libertad de voto, la libertad de expresión e, incluso, mucho más que el estado de derecho, porque, como han dicho otros, cuando la sociedad se corrompe también las leyes se corrompen.

Tú mencionas la Ilustración, pues la Ilustración, también, tenía sus propios problemas, porque se basa en un paradigma totalmente racional. Y esto genera la idea de que el ser humano es una especie totalmente racional.

O sea, que la razón lo decide todo. Con la razón no puede decidirse sobre el bien sobre el mal. La razón nos puede dar información sobre los hechos, pero no sobre los valores. Y nosotros no somos animales racionales. Somos mucho más irracionales debido, también, a nuestra naturaleza instintiva y animal de lo que somos racionales.

En cierto modo, la Ilustración, algunas formas de la Ilustración, renunciaron o desecharon la idea de que nuestros valores son trascendentales, que nos trascienden. Por tanto, estamos, ahora, en una situación en que, en términos generales, aquí en Occidente, mucha gente piensa: “Todo tiene que estar controlado, que tienen que controlarlo todo”.

Por otro lado, con 75 000 dólares le dices a un laboratorio el tipo de hijo que quieres tener.

Si no te gusta tu género, tienes posibilidad de cambiarlo.

Todos estos asuntos vienen aparejados con la idea de que no aceptamos lo que viene siendo el destino, nuestra suerte. Exigimos. Y no está bien que queramos realmente tener un control de nuestro propio destino y que, quizás, lo que mencionaba hace un momento, de que los seres humanos nos debatimos entre lo que realmente queremos ser y lo que los demás quieren que seamos.

Con esta necesidad de controlar todo lo que concierne a nosotros nos hemos olvidado de algo. Unamuno, el filósofo español, escribió maravillosamente sobre el sentido de lo trágico. Lo trágico es algo que no podemos controlar. Si una de las personas que tú amas profundamente muere, no podemos hacer nada. Y eso nos genera una gran infelicidad.

Tenemos que tener la sabiduría suficiente para aceptar lo que venga. En lugar del control de todo, aceptar la responsabilidad.

Para volver a tu pregunta sobre la democracia, esta se convierte en un modelo en el que, entre otras cosas, pedimos a la clase política que la sociedad está ahí para hacernos felices, vamos a exigir y exigimos ser felices. Exigimos que todo funcione bien. Y, entonces, claro, no terminamos de aceptarla porque ocurren cosas inesperadas y no inesperadas.

En cierto modo, es un poco injusto para la clase política, porque la clase política no está ahí para hacernos felices. Y tampoco la sociedad existe para hacernos felices a nosotros como individuos. Y por tanto somos exigentes. Por ejemplo, se exige en las escuelas y colegios que todo sea fácil, que todo sea chulo.

Spinoza dice en su libro de ética que todo lo excelente es tan difícil como infrecuente. Esto se lo digo siempre a los jóvenes: Si todo fuera fácil, si todo es fácil, y cuando te encuentras con una dificultad te enfadas, el precio que tienes pagar no te va a permitir llegar a algo excelente.

El intelectual holandés Rob Riemen, autor del ensayo ‘La palabra que vence a la muerte’, en Madrid, en 2025./WMagazín

W. Manrique Sabogal. Recuerda que Goethe dijo que “la civilización es un ejercicio permanente de respeto por lo divino, por la tierra, por nuestro prójimo y también por nuestra propia dignidad”

Rob Riemen. Es la definición más hermosa que yo conozco de civilización. Es una frase que escribe en Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister. Tiene que aprender algo profundo. Tiene que hacer un ejercicio de respeto. Si uno puede respetar lo que está por encima de nosotros, lo trascendental, lo que sea, pues…

Cuando respetamos el planeta Tierra, cuando respetamos la naturaleza, respetamos al prójimo. ¿Cuánto de este respeto vemos en nuestro mundo?

W. Manrique Sabogal. Goethe también dijo: “Esta sociedad denominada civilizada, no es tan civilizada como queremos. Como pretendemos”.

Rob Riemen. Esta cita es muy buena. Por ejemplo, cuando uno es tradicional, es anticuado, lo que él considera anticuado. Pues este tipo de citas se consideran anticuadas. Pero a mí me da igual si me dicen que soy anticuado, y me da igual, porque hay una sabiduría en esa idea.

W. Manrique Sabogal. En uno de los últimos párrafos pide que los humanos nunca subestimen el poder de las artes, ese obsequio de las musas, que es lo que usted está diciendo de las artes, de la belleza, del conocimiento. Ante esta situación de desorden, de desencanto de la gente y de volver a las humanidades, ¿dónde queda el arte?

Rob Riemen. En el segundo capítulo empecé con Max Weber, que explica que vivimos en un mundo que no tiene ningún encanto, el desencanto del mundo. Ya no podemos sorprendernos por las estrellas porque ya sabemos dónde están las estrellas. La Luna, los planetas, han perdido parte de su encanto mitológico, que es el desencanto del mundo.

W. Manrique Sabogal. ¿Cómo podemos reencantarnos del mundo? ¿Cómo podemos recuperar esa fascinación? ¿Cómo podemos hacer que la gente se dé cuenta de lo precioso de la vida?

Rob Riemen. En el arte de ser humano yo empecé el primer capítulo con la vida de mi madre, que fue prisionera de guerra en Indonesia, durante tres años. Y tuvo que afrontar todo tipo de horrores. A través de ella aprendí que la vida es un don, con todos sus problemas, con todas sus dificultades.

De lo que se trata es de cómo hacer que la vida de uno tenga sentido. A lidiar con los dones que tenemos, cómo utilizarlos.

Lo único que yo llevo haciendo todo este tiempo es volver a las raíces de la civilización. A lo que los griegos y los profetas judíos, a través de los humanistas europeos, quisieron enseñarnos. No se trata de una ideología política. No estoy predicando una fe, sino que ellos promulgan que cada cual debe decidir.

Pero sí que me gustaría decirle a la gente que uno tiene que contar con el hecho de que la vida no siempre va a ser fácil y que tendrá que afrontar cuestiones diferentes, cuestiones y preguntas fundamentales a las que no siempre va a encontrar una respuesta, para poder tener una vida digna, bella.

Tenemos la filosofía, las musas. Hay películas como Oppenheimer o Barbie que pueden ayudar a enseñar algunas cosas. ¿Y cuál es el error? La gente tiene fe en la inteligencia artificial, y, muchas veces, digo: “Oye, ¿y qué tal la sabiduría artificial o la justicia artificial o la ley o el derecho artificial?”.

Cuando pensamos así nos damos cuenta de que todo eso es falso, es una mentira. Es una farsa, no lo compres, no te lo tragues.

Incluso Spinosa dijo que la forma más elevada de conocimiento está basada en la intuición. Todos nosotros sabemos, por nosotros mismos, cuándo estamos haciendo algo bien y cuándo estamos haciendo algo mal. Lo sabemos. Evidentemente, podemos diluirlo todo y encontrar un millón de excusas y pretextos.

W. Manrique Sabogal. La pena es que estos gobernantes que están en el prólogo saben que están llevando al mundo por el lado oscuro como en Star Wars.

Rob Riemen. Sí. Saben que no están haciendo lo correcto. Dentro de cincuenta años nada de nosotros quedará y todos estos absurdos, los influencers habrán pasado a la historia y no habrán dejado rastro. Lo crítico aquí, lo fundamental, es ¿qué tenemos que hacer con esa gente? En primer lugar, ¿por qué los seguimos? ¿Por qué hablamos de ellos? ¿Por qué los votamos?

Dentro de cien años verán nuestra época y pensarán “¡qué gente tan absurda!”. No van a ser capaces de entender nada de lo que ocurrió en este tiempo.

  • La palabra que vence a la muerte. Cuentos de verdadera grandeza. Rob Riemen. Traducción: Jur Schuurman. Taurus.

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Winston Manrique Sabogal

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