Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural

Mosaico con portadas de libros sobre y de mujeres que han inspirado a Rosalía su álbum ‘Lux’. /WMagazín

Rosalía y ‘Lux’ (2): el origen literario y del misticismo femenino en varios libros

La artista española se inspira en santas, poetas, heroínas y pensadoras cuyas vidas e ideas se encuentran en libros sobre y de Hildegarda de Bingen, Juana de Arco, Santa Rosa de Lima o Simone Weil. Publicamos reseñas y extractos de estas obras

El misticismo femenino y la dualidad humana entre lo terrenal y lo espiritual que despliega Rosalía en su álbum Lux proceden o son reforzados por sus lecturas de biografías o hagiografías de mujeres santas, poetas, pensadoras o heroínas que vivieron en un periodo que va desde la Alta Edad Media hasta la Edad Contemporánea, sobre todo de los siglos X, XI, XII, XV, XVI y XX. Vidas de, por ejemplo:

Santa Olga de Kiev (879 – 969).

Hildegarda de Bingen (1098-1179).

Santa Rosalía de Palermo (1130-1170).

Juana de Arco (1412 – 1431).

Santa Rosa de Lima (1586-1617).

Simone Weil (1909-1943).

Rosalía (33 años / San Esteban Sasroviras, Cataluña, 1992), la cantante, compositora, productora y actriz española, rescata, reinterpreta y reescribe en versos de canciones las ideas de estas mujeres para tratar de responderse a sí misma y a lo que muchas personas sienten o piensan en un mundo cada vez más tecnologizado, deshumanizado y aturdido. Donde la sensación en aumento es la del vacío y la necesidad de aferrarse a algo que les ayude a comprender preguntas pilares de la filosofía y de la teología, como de dónde venimos y qué es la vida y la de su propia existencia. Y de la importancia de recuperar la conexión entre las propias personas y con la naturaleza, de un yo menos desatado y un nosotros más fuerte. Puedes ver la primera entrega de este especial AQUÍ.

Para ello ha creado un disco mestizo o híbrido en todos los aspectos, en consonancia con buena parte de la bibliografía actual: dialoga con diferentes épocas, lugares, géneros musicales, registros de voz, tradiciones e idiomas con unas letras que dan cuenta de la tensión o contradicciones de la búsqueda y conciliación entre los deseos terrenales y los espirituales o celestiales que buscan la serenidad interior y el querer comprender.

“Creo que siempre he tenido el deseo de ¿cómo puedo acercarme a Dios? ¿Cómo puedo estar más cerca de Dios? Ese sentimiento espiritual siempre ha estado ahí, solo que no lo he racionalizado ni intelectualizado”, reflexionó Rosalía en el podcast estadounidense Podcast.

A partir de esas preguntas y deseos de comprender, Rosalía convoca en Lux las ideas, pensamientos, actitudes ante la vida y filosofía de esas santas, poetas, pensadoras o heroínas citadas. Lo hace con dieciocho canciones, agrupadas en cuatro movimientos, que van de lo sinfónico al centro de su voz, en las que canta en catorce idiomas: los nativos de la artista, español y catalán, y alemán, inglés, francés, árabe, hebreo, italiano, latín, japonés, mandarín, portugués, siciliano y ucraniano.

WMagazín reseña algunos libros que cuentan las vidas de estas mujeres porque en Lux, afirmó Rosalía a Popcast, “la inspiración principal es la mística femenina”:

Hildegard de Bingen (1098-1179)

Esta mujer alemana, conocida, también, como Sibila del Rin y profetisa, fue una de las figuras más influyentes de la baja Edad Media en Occidente. Santa, abadesa benedictina, filósofa, polímata (científica, naturalista, médica, compositor, escritora) y destacada por su monofonía sacra. Está presente en la canción Berghain.

Vida y visiones de Hildegard von Bingen

Theoderich von Echternach

Edición y traducción del latín de Victoria Cirlot (Siruela)

“Así pues, el fenómeno visionario se presenta como un hecho pentecostal, consistiendo la única diferencia entre el suceso bíblico y el que ahora tiene lugar, el hecho de que Hildegard está sentada escribiendo sobre unas tablillas de cera, trasladando en palabras lo que le llega en el fuego divino. Y al contemplar estas dos miniaturas hay que oír las palabras de Hildegard:

‘Sucedió en el año 1141 después de la encarnación de Jesucristo. A la edad de cuarenta y dos años y siete meses, vino del cielo abierto una luz ígnea que se derramó como una llama en todo mi cerebro, en todo mi corazón y en todo mi pecho. No ardía, solo era caliente, del mismo modo que calienta el sol todo aquello sobre lo que pone sus rayos. Y de pronto comprendí el sentido de los libros, de los salterios, de los Evangelios y de otros volúmenes católicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, aun sin conocer la explicación de cada una de las palabras del texto, ni la división de las sílabas, ni los casos, ni los tiempos’ (Scivias, Parte primera, Atestado, pág. 190).

¿Qué quiere decir todo esto? ¿Cómo es posible la comprensión instantánea de todo lo que hay que comprender? En esta misma revelación Hildegard von Bingen recibió la orden del cielo de escribir todo cuanto viera y oyera. Con los ojos y los oídos interiores. Ese fue el comienzo de su primera obra profética, Scivias, y desde entonces la escritura la acompañó hasta la muerte. Es una escritura que despliega una imagen de Dios, del mundo y del hombre, una cosmovisión donde todo está comprendido y explicado. Esta misma mujer, que veía, oía y escribía, curaba a enfermos que desde todos los lugares acudían a ella, imponiéndoles las manos como había hecho Jesucristo, asperjiéndolos con agua y sacándoles los demonios del cuerpo mediante los ritos propios del exorcismo. Trozos de sus cabellos depositados junto a los enfermos sirvieron para su curación.

Una intensa extrañeza cubre nuestra mirada sobre todos estos actos, sus palabras y sus silencios, o por las mismas imágenes que se contemplan en las miniaturas. (…)

Lo único cierto es que esas palabras en primera persona resuenan en la biografía que finalmente elaboró Theoderich von Echternach después de la muerte de Hildegard en la década de los ochenta del siglo XII. En el interior de esta Vida las palabras de Hildegard se refieren directamente a la experiencia de la visión, asombrosa para ella misma:

‘A los tres años vi una luz tal, que mi alma tembló, pero debido a mi niñez nada pude proferir acerca de esto. A los ocho años fui ofrecida a Dios para la vida espiritual y hasta los quince vi mucho y explicaba algo de un modo muy simple. Los que lo oían se quedaban admirados, preguntándome de dónde venía y de quién era. A mí me sorprendía mucho el hecho de que, mientras miraba en lo más hondo de mi alma, mantuviera también la visión exterior, y asimismo el que no hubiera oído nada parecido de nadie hizo que ocultara cuanto pude la visión que veía en el alma (Vida, Libro II, Visión primera, pág. 55)’.

No se sabe en qué momento de su vida Hildegard recordó su primera visión de luz, ni el temblor, ni tampoco su sentimiento de soledad ante lo que solo a ella sucedía. Pero este breve pasaje concede identidad biográfica a la autora del Scivias”.

***

Santa Rosa de Lima (1586-1617)

Una dominica y mística peruana que se convirtió en la primera mujer de América en ser reconocida con la santidad. Encontró en el sacrificio la entrega a Dios y ayudó a los pobres, especialmente a los indios. Sus rezos en la iglesia para evitar que piratas neerlandeses tomaran Lima y el retiro final de las embarcaciones acrecentaron su fama. Rosalía ha dicho que la santa peruana fue una de las que inspiró el espíritu y relato de Lux.

Santa Rosa de Lima

José Antonio del Busto Duthurburu (Fondo Editorial. Pontificia Universidad Católica del Perú)

“Santa Rosa de Lima, en el mundo terrenal Isabel Flores de Oliva y en el mundo dominico Rosa de Santa María, vivió en la jurisdicción limeña entre 1586, año de su nacimiento, y 1617, año de su defunción. La Ciudad de los Reyes, por nombre indígena Lima, fue su urbe natal. Era ciudad importante. (…)

Si para gloriar a Dios nació, Rosa no desperdició un momento de su vida y murió impregnada del amor divino. Su camino fue secreto, silente y eficaz, ajeno a toda vanagloria y lucimiento, honesto, sufriente y tenaz. A Rosa no le importaba la opinión de los hombres; solo le importaba la opinión de Dios. Por eso, acaso sin saberlo, siguió el camino de la santidad. (…)

Su vida la desarrolló en dos casas: la del arcabucero Gaspar Flores, su padre, donde estuvo 27 años, y la del contador Gonzalo de la Maza, donde moró los cuatro últimos de su existencia. Durante la mayor parte de estos años, su presencia fue un acto de fe, esperanza y caridad, fervor y penitencia, lealtad inquebrantable a la Iglesia tridentina y un inconmensurable amor a Dios. Su amor a Dios era infinito. Si para gloriar a Dios nació, Rosa no desperdició un momento de su vida y murió impregnada del amor divino. Su camino fue secreto, silente y eficaz, ajeno a toda vanagloria y lucimiento, honesto, sufriente y tenaz. A Rosa no le importaba la opinión de los hombres; solo le importaba la opinión de Dios. Por eso, acaso sin saberlo, siguió el camino de la santidad. (…)

Fue la de Rosa una época especial, pues vivieron junto a ella, en el virreinato del Perú, santo Toribio de Mogrovejo (1538-1606), san Francisco Solano (1549-1610), san Martín de Porres (1579-1639) y acaso san Juan Masías (1585-1645). Con Rosa fueron cinco los santos que produjo la capital virreinal peruana, todos muertos en Lima, salvo santo Toribio que finó en Saña24. También fue de este lapso la beata sor Ana de los Ángeles Monteagudo (1602-1686), que floreció en Arequipa.”

***

Simone Weil (1909-1943)

El activismo, el pensamiento humanista y la filosofía de vida de la intelectual francesa han calado hondo en Rosalía. La gravedad y la gracia es una de las obras que más la habrían impactado por sus reflexiones sobre la condición humana a través de asuntos que van del sufrimiento al amor.

La gravedad y la gracia

Simone Weil

Traducción: Aníbal Díaz Gallinal (Ediciones Godot)

“El tiempo es una imagen de la eternidad, pero es asimismo un sucedáneo de la eternidad.

El avaro a quien le quitan el tesoro. Lo que le quitan es pasado congelado. Pasado y futuro, las únicas riquezas del hombre.

Futuro colmador de vacíos. A veces también el pasado desempeña ese papel (yo era, yo hice…). En otros casos, la desgracia hace intolerable el pensamiento de la felicidad; priva, entonces, al desgraciado de su pasado (nessun maggior dolore…).

El pasado y el futuro ponen trabas al efecto salvador de la desgracia, brindando un campo ilimitado para las elevaciones imaginarias. Por eso la renuncia al pasado y al futuro es la primera de las renuncias.

El presente no obtiene la finalidad. El futuro tampoco, porque sólo es lo que será presente. Pero no se le conoce. Si traemos al presente la punta de ese deseo nuestro que se corresponde con la finalidad, ésta penetra a través de él hasta lo eterno. Ése es el uso de la desesperación que aparta del futuro.

Cuando el placer que estábamos esperando llega y nos deja defraudados, el motivo de esa decepción es que lo que esperábamos era el futuro, y ese futuro, una vez aquí, es ya presente. Sería preciso que el futuro estuviera aquí sin dejar de ser futuro. Absurdo del que solamente cura la eternidad.

El tiempo y la caverna. Salir de la caverna, apartarse, consiste en no orientarse más hacia el futuro.

Un modo de purificación: rezar a Dios, no sólo en secreto, por lo que toca a los hombres, sino pensando que Dios no existe. Piedad para con los muertos: darlo todo por quien no existe. El dolor por la muerte ajena es el dolor del vacío, del desequilibrio. De ahora en adelante, esfuerzos sin objeto, y, por lo tanto, sin recompensa. Si la imaginación lo suple, rebajamiento. ‘Deja a los muertos sepultar a sus muertos’. ¿Y no cabría decir lo mismo de la propia muerte? El objeto, la recompensa, se hallan en el futuro. Privación de futuro, vacío, desequilibrio. Por eso, «filosofar es aprender a morir’. Por eso, ‘orar es como una muerte”.

***

Otros libros de mujeres que inspiraron a Rosalía su álbum Lux son:

Santa Olga de Kiev (879 – 969): Ayudó a difundir la fe cristiana, lo cual la llevó a convertirse en santa. Fue una noble varega o vikinga, regente de su hijo Sviatoslav I, en el Rus de Kiev. Se convirtió al cristianismo y fue bautizada en Constantinopla donde adoptó el nombre de Elena.

Santa Rosalía de Palermo (1130-1170): Noble y virgen de Sicilia (Italia) que dedicó su vida a Dios viviendo en una cueva. Su entrega a la oración alejada de todo y de todos y rogando por el bien de la gente la llevó a la creación de un culto y se le atribuyen varios milagros.

Juana de Arco (1412 – 1431): Fue una campesina francesa que dijo haber recibido mensajes del Arcángel Miguel y de varias santas para ayudar a la liberación de Francia al final de la guerra de los Cien años con los ingleses. Carlos VII la envió al asedio de Orleans y nueve días después se ganó la ciudad. Pero fue capturada y condenada a la hoguera.

Detalles de los cuatro álbumes de Rosalía. /WMagazín

***

Suscríbete gratis a la Newsletter de WMagazín en ESTE ENLACE.

Te invitamos a ser mecenas de WMagazín y apoyar el periodismo cultural de calidad e independiente, en ESTE ENLACE.

Si quieres conocer WMagazín y sus secciones PULSA AQUÍ. 

Visited 413 times, 1 visit(s) today
Winston Manrique Sabogal

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter ·