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El escritor Salman Rushdie (Bombay, 1947). /Foto de Beowulf Sheehan | cortesía FIL Guadalajara

Salman Rushdie, atacado en Nueva York, y las claves de su vida, su literatura y sus ideas en sus propias palabras

El gran escritor británico de origen indio, autor de 'Los versos satánicos' por el que Irán declaró su muerte en 1989, sigue en delicado estado de salud tras el apuñalamiento en Nueva York este 12 de agosto. Recuperamos algunas de sus reflexiones en el Hay Festival de Cartagena de Indias y la FIL de Guadalajara

«La obra de arte es más sabia que el artista»: Salman Rushdie (Bombay, 1947). Uno de los grandes escritores contemporáneos fue apuñalado en el cuello y en el abdomen en el condado de Chautauqua, al occidente del estado de Nueva York, cuando se disponía a dar una conferencia sobre libertad de expresión, la mañana del 12 de agosto de 2022. Aunque no se han revelado aún los motivos del ataque, el hecho sucede 33 años después de que Jomeini, ayatolá y líder supremo del Irán de 1989, dictará la fatwa contra el escritor anglo-indio al declararlo blasfemo por su novela Los versos satánicos (1988). Rushdie estuvo once años escondido para evitar que cumplieran la orden de asesinarlo. Luego empezó a tener una vida rodeada de medidas de seguridad que poco a poco fue relajando en busca de una vida normal, pero…

Tras una operación, Salman Rushdie, de 75 años, estuvo conectado a un respirador artificial, pero ya respira por sí mismo, y se teme que pierda un ojo, y el hígado ha resultado bastante dañado, dijo Andrew Wylie, su agente literario.

Es un autor laureado por obras como Hijos de la medianoche (1981), ganadora del Booker y los Booker de 25 y 40 años respectivamente, lo que la coloca como una de las grandes obras literarias del último siglo británico. Otras novelas suyas son El último suspiro del moro, El suelo bajo sus pies, Furia, Shalimar el payaso, La encantadora de Florencia, Dos años, ocho meses y veintiocho noches, La decadencia de Nerón Golden y Quijote. Entre sus ensayos figuran La sonrisa del jaguar y Joseph Anton. Memorias del tiempo de la fatua, un libro donde cuenta su vida tras el dictamen de muerte de Jomeini; una lección de vida frente a las tinieblas que lanzaron sobre él.

Con esa literatura y su vida ha respondido Rushdie a los fanáticos y radicales que han querido matarlo. Lo ha expresado con frases como las siguientes:

«Para mí escribir un libro es una forma de conversar con el mundo»,

«Si abordas la literatura desde una condición de miedo simplemente no lo hagas»,

y «La belleza de la literatura es que llega a la verdad por muchas puertas distintas para tratar de alcanzar la verdad».

Estas tres ideas de Salman Rushdie sintetizan gran parte de su visión de la literatura y la vida; la de una persona convencida de la libertad de expresión y la creación artística. Aunque nació en una familia musulmana es laico y siempre ha profesado el respeto por la libertad de fe de los individuos y la tolerancia con cero radicalismos frente a quienes piensen diferente.

La potencia de su prosa radica en la libertad del lenguaje al servicio de temas con un polo a tierra, sobre el mundo más real y cuestionable que no deja de mirar con la lupa del arte, y otro en el aire donde la fantasía es dueña y señora, lo cual da como resultado un estilo real maravilloso que se nutre de la tradición oral, del espíritu de Las mil y una noches o la narrativa de Gabriel García Márquez y de sus reflexiones y análisis; pero también está Federico Fellini con su mirada sobre la vida: real, dura, tierna, esperanzadora.

Rushdie en Hay Cartagena de Indias

En los últimos cuatro años, Rushdie ha tenido varios encuentros con el público, entre ellos uno físico y otro virtual: el Hay Festival de Cartagena de Indias 2018 y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2020. Allí ha contado su trágica experiencia y narrado su vida y reflexionado sobre literatura, arte y libertad de expresión. WMagazín ha sido testigo de estos momentos que hoy cobran gran relevancia y recuperamos.

Empiezo con el Hay de Cartagena de Indias, donde charló con el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez en el Centro de Convenciones con un auditorio entregado que entonces convertimos en WMagazín en un videorrelato que puedes ver aquí. Una hora convertida en una clase magistral de la que recordamos algunos de sus comentario por temas:

Salman Rushdie en el Hay Festival de Cartagena de Indias 2018 en una charla con Juan Gabriel Vásquez.

Persecución

«Lo que pasó después de publicar Los versos satánicos me hizo valorar más el arte de la literatura… También pude ver que no soy el primer escritor que se ha metido en problemas. Dostoievsky se enfrentó a un pelotón; Mandelstham escribió sobre el bigote de Stalin y fue a parar a los campos de concentración.  A Lorca lo persiguió Franco. Cuando uno empieza a analizar eso y se da cuenta de que muchos de los autores respondieron de manera heroica me dije: ‘Este es nuestro trabajo. Tengo que vivirlo’. Pude darme por vencido, eso me hizo valorar más la libertad de expresión. Si uno vive en estos países donde hay libertad de expresión, la gente no le presta importancia. La gente no va diciendo: necesito aire, pero se da cuenta cuando empieza a faltarle. La historia de la literatura está llena de autores asesinados y perseguidos».

Libertad de expresión

Juan Gabriel Vásquez recordó que Rushdie es un defensor de la libertad de expresión y lo hace a través de asociaciones como el Pen Club que ayuda a los autores perseguidos. «Usted decía, ¿quién tiene derecho a  contar nuestras historias?»:

-Me refería al autoritarismo que quiere controlar la narrativa. Hay diferentes clases de autoritarismo: religioso, político. Hay una lucha constante contra ella. Es muy importante que la defendamos.

Los escritores de la Ilustración  entendieron que el enemigo no era el Estado, que el enemigo era la Iglesia. En Cartagena de Indias visité hace unos años el antiguo palacio de la Inquisición y dije ¡wow un museo de la tortura!

Es importante que la iglesia no pueda limitar el pensamiento. Esa batalla la ganaron Voltaire, Diderot y hay que defenderla.

Seudónimo

Sobre sus años escondido, Vásquez recordó que esa etapa está recogida en las memorias Joseph Anton, del año 2012. Un seudónimo a dos autores que Rushdie admira: Josep Conrad y Anton Chéjov. El autor anglo-indio reconoció que no lo hizo antes porque no quería revivir aquello para no sentir que retrocedía sino que quería seguir  hacia adelante.

En la época de protección policíaca, me pidieron que encontrara un seudónimo que pudiera utilizarse para alquilar casas. Entonces junté el nombre de Joseph Conrad y Antón Chejov. Conrad porque pensaba que escribía muy bien sobre un mundo secreto, sobre espías e intriga, y yo me encontraba en ese mundo. Y Chejov, porque escribía sobre el aislamiento y la nostalgia, lo que sentía yo en esos momentos. Joseph Anton lo empecé a escribir en primera persona. No me gustó porque me parecía narcisista. Quería dar la impresión de algo novelesco.

El libro aúna cosas sobre los perjuicios inherentes a la verdad… Otro aspecto es que aborda el tema de la libertad de expresión, que es muy fácil apoyarla. A veces se dice yo apoyo la libertad de expresión, pero se restringen derechos por temas religiosos o dependiendo de intereses la libertad de expresión tiene un valor u otro. No, se debe apoyar sin ambages.

Novela

Para mí escribir un libro es una forma de conversar con el mundo. Una de las cosas que puede hacer la novela es reconstruir un estado de la realidad.

En FIL Guadalajara

Salman Rushdie en conversación digital en la FIL de Guadalajara 2020. /WMagazín

Salman Rushdie participó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2020, en una charla virtual con Javier Cercas que cubrió WMagazín. Las siguientes son algunas de sus reflexiones aquel día:

Influencias

¿Cuántos libros hay en la vida que podamos decir que genuinamente amamos? Puede que no sea un número muy grande, puede que sea un número diferente par cada persona, pero no son cientos de libros, es un número pequeño. Y esos libros forman parte de nuestra manera de ver el mundo. Nuestra visión del mundo está formada, en un mayor o menor grado, por los libros que amamos.

Uno de esos libros es Los Buddenbrook, de Thomas Mann, que leí primero a los 21 años y releí recientemente. Charles Dickens me enseñó muchísimo. Amo los libros y autores, en general, que tratan de coger grandes brazadas del mundo. Dickens es uno de los mejores escritores de este tipo y de muchas maneras es muy moderno.

Desarraigo

El desarraigo de mi casa fue con una distancia mayor. Me recuerdo creciendo en Bombay donde tuve una infancia muy feliz y ame la ciudad que fue mi hogar. Y, sin embargo, cuando mi padre me preguntó si quería ir a la escuela en Inglaterra algo en mí dijo: «Sí quiero ir». Ahora encuentro difícil entender por qué fue eso. Después mis padres vendieron la casa y nunca los perdoné (risas), y aquí estoy, con 73 años contando esa historia. De pronto, ese lugar seguro en que nací y crecí, el lugar que conocía íntimamente ya no estaba ahí. Luego mi vida se convirtió en más de un lugar a la vez. Mi familia terminó en Pakistán y yo no quise ir y terminé quedándome en Inglaterra.

Una de las cosas que hizo que me hiciera escritor fue la necesidad de recuperar lo que se había perdido. Una de mis hermosas coincidencias es que mucho de Bombay está construida en una tierra que fue recuperada del mar. Originalmente había siete islas y los británicos recuperaron la tierra del medio para crear la península que ahora es el centro de Bombay. Así que la escritura misma es un acto de recuperación. Y pensé que tenía que hacer un acto de recuperación y que debo recuperarla para mí. Es una de las cosas que me impulsó a ser escritor.

Está la cuestión de la religión, también, porque si creces en India y Pakistán la religión está por todos lados, muchas religiones por doquier. De algún modo, crecí en un ambiente donde mis padres y sus amigos no eran muy religiosos ni practicantes. La religión en mi casa significaba que no comíamos cerdo. Recuerdo cuando en el internado en Inglaterra compré un sandwich de jamón por primera vez y me lo comí. El mundo no se acabó. No hubo un relámpago del cielo matándome. Eso me probó que Dios no existe.

Belleza

En mi novela Hijos de la medianoche, en la primera página un personaje dice «para entenderme a mí, debes tragarte al mundo». Es cierto, existe un contexto. Hay un momento en que la Historia se convierte en un tipo de poesía porque la Historia se reescribe todo el tiempo. Cada era reescribe el pasado de acuerdo con sus propias obsesiones. El pasado no está fijo. El pasado se está reinterpretando constantemente. Lo que también es un tipo de acto creativo.

Para mí la belleza de la literatura es que llega a la verdad por muchas puertas distintas para tratar de alcanzar la verdad. La Historia siempre tiene que llegar por la misma puerta.

Para mí el punto de entrada de un libro siempre es una decisión crucial, al igual que el punto de salida.

Escribir

Si abordas la literatura desde una condición de miedo simplemente no lo hagas. (…)

La autocensura es la muerte de la literatura. (…)

Hay una frase de Saul Bellow que me gusta: la literatura tiene que ver mucho con las raíces de la humanidad, y de lo que se trata es de llegar a la raíz de las cosas. (…)

Este es un trabajo difícil. No solo estamos actuando para el entretenimiento de las masas, sino que estamos tratando de luchar con nosotros mismos. De luchar contra nuestra propia comprensión, al final ese es el límite de nuestro talento. El límite es lo que nosotros mismos somos capaces de comprender y en lo que somos capaces si somos afortunados de aumentar nuestra comprensión.

Siempre siento que cuando termino un libro sé algo que no sabía cuando empecé a escribirlo. Y eso no tiene que ser investigación, puede ser algo sobre el ser humano, qué estamos haciendo aquí. Espero que cuando termine un libro haya aprendido algo, haya descubierto algo que no sabía plenamente.

Con el tiempo mis libros son menos planeados con anticipación de lo que solían ser y son más un proceso de descubrimiento.

Historiador

Antes de ser novelista fui historiador, en la universidad fue mi materia, y ha permanecido en mí de manera importante de cómo abordar el mundo. Me refiero al método histórico que intenta mirar la enorme cantidad de eventos e información y trata de entender el significado del momento, eso es un entrenamiento si estás escribiendo. Creo también que las grandes preguntas que la historia se formula de muchas maneras son también los grandes interrogantes de la literatura. Como ¿cuál es la relación entre el individuo y la sociedad?, ¿cuál es la relación entre un macrocosmos y las grandes narrativas y los individuos dentro de ellos?, ¿hacemos nosotros la Historia o la Historia nos hace a nosotros? ¿Somos los maestros de nuestros tiempos o las víctimas? Estas son las preguntas que como historiador tenemos que responder en cada era. Siento que mis libros continúan, de alguna manera, interactuando con los sujetos de la Historia, sea contemporánea, el movimiento de independencia en India, la última década vivida en Estados Unidos o historia antigua. Encuentro que, de alguna manera, siempre está ahí en el entorno de mis pensamientos, y creo encontrar las formas que mis personajes pueden interactuar con esos temas más grandes. Trato de encontrar las intersecciones, si me lo permites, en dónde la vida privada y la púbica se interceptan, y tratas de encontrar las intersecciones en los libros.

Futuro

En la época de Shakespeare había una plaga y él escribió El rey Lear y Macbeth. Una de las pequeñas cosas que hemos aprendido es que no ser tan sociable está bien. No necesitamos correr todos todo el tiempo; y que la gente que es importante para nosotros son pocas en número… Aprendimos que no debemos ser tan extrovertidos, y eso está bien.

Hay dos cosas que evitan que haya un gran cambio social:

Una es que la gente corriente lo que quiere es la vuelta de la normalidad. No queremos una revolución, queremos nuestra vida de antes. No queremos una gran agitación o revolución después de esta que estamos viviendo, está el instinto del ser humano que dice que es suficiente.

Luego está el tema del poder. El poder no se deja ir tan fácil. Los que poseen el poder no dirán «okey, vamos a dejar las armas y a tener el universo verde»; ni los dictadores van a seguir la voluntad del pueblo. Desafortunadamente así es como funciona el mundo. Así es que creo que, en parte, por el deseo de poder de aferrarse al poder y el deseo de la gente corriente a volver a la vida corriente estas no son cosas que se unan a la revolución.

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