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Aurora boreal en el Polo Norte.

Secretos, fascinación y motivos de la codicia del ser humano por el Polo Norte

Ahora que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenaza con incorporar Groenlandia a su país dinamitando todas las reglas, recordamos la aventura de Erling Kaage en su libro 'Más allá del Polo Norte'

Presentación WMagazín El Polo Norte ha pasado de formar parte de la fascinación y misterio que despierta en el imaginario a la preocupación como prueba del cambio climático y, en los últimos meses, a ser un territorio en tensión política y geoestratégica. Gran parte de esa evolución la refleja Erling Kaage (Oslo, Noruega, 1963) escritor, explorador, abogado, coleccionista de arte y editor, que fue el primero en completar el “desafío de los tres polos” (Norte, Sur y cima del Everest). En 1990 se convirtió en la primera persona en aventurarse en el Polo Norte con la única ayuda de unos esquís. Lo hizo avanzando durante sesenta días.

Esa travesía la recoge en el libro Más allá del Polo Norte. Historia de una obsesión (con traducción de Lotte Katrine Tollefsen, en Taurus) y muestra los motivos por los que esta parte del planeta es tan codiciada. Erling Kaage comparte la belleza de lo que vio y vivió, reflexiona sobre nuestra relación con el Ártico y recuerda la historia del mundo que abarca miles de años, desde Heródoto, pionero en imaginar cómo sería el punto más septentrional de la Tierra, hasta la legendaria “carrera” de Fridtjof Nansen contra Robert Peary para alcanzar el Ártico, pasando por los cartógrafos que trazaron los primeros mapas del mundo con los que llegar a este lugar que parecía inalcanzable.

Realidad, leyenda, frío, cambio climático, un lugar estratégico en lo militar y económico codiciado por potencias como Rusia y China y un arca especial de los llamados materiales de tierras raras indispensables para avanzar en las tecnologías vanguardistas que prometen parte del progreso del mundo, por no hablar de un lugar estratégico en lo comercial.

Ahí reside parte del interés del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por poseer, como sea, esta isla-continente. Y para hacerlo está dispuesto a dinamitar todas las reglas y convenios que han regido al mundo en los últimos tiempos para tener el poder en nombre de la seguridad del mundo, o al menos de la parte sobre la que él quiere ejercer su esfera de influencia. Es la reconfiguración del mundo.

Los siguientes son algunos extractos de Más allá del Polo Norte:

 

Más allá del Polo Norte. Historia de una obsesión

Por Erling Kaage

 

Børge Ousland y yo alcanzamos el Polo Norte el 4 de mayo de 1990. Fuimos los primeros en llegar esquiando, sin perros, sin víveres almacenados ni apoyo de vehículos motorizados. Habíamos caminado durante 58 días, intercambiábamos unas palabras de vez en cuando, pero la mayoría de los días teníamos suficiente con ser capaces de levantarnos temprano y dar un paso tras otro. (…)

El polo norte geográfico es el punto de anclaje del globo terráqueo, un punto de referencia en torno al que giramos de manera casi imperceptible los seres humanos, todos los mares, países y continentes. Si te encuentras en el hemisferio norte y miras hacia el firmamento nocturno, al mar de estrellas, ves que no solo nuestro planeta, sino todas las estrellas —salvo una, la estrella polar—, se mueven en círculo alrededor de ese punto.

La localización del Polo Norte hace que su historia se diferencie de la de otros lugares de la Tierra. Cuanto más leo y aprendo sobre él, más convencido estoy de que su devenir es el relato de cómo se transforman nuestros sentimientos y nuestro respeto por todo lo que no ha creado el ser humano. La historia del Polo Norte corre paralela a la de nuestra relación con la naturaleza.

Me refiero a su belleza y su brutalidad, a nuestro amor por los sueños y nuestro deseo de controlar y explotarla.

El Polo Norte ha estado cubierto de hielo más de 2,7 millones de años, sobre un mar que alcanza los 4.807 metros de profundidad. El hielo que lo rodea refleja nuestra vulnerabilidad y es la región de la Tierra cuya temperatura aumenta más deprisa.

La lucha por el prestigio y el ansia de fama arrastran a la gente hacia el hielo de la cima del mundo; es fuente de avaricia y da lugar a estafas. En mi experiencia, la intensidad de estas fuerzas varía mucho, pero se han intensificado en las últimas décadas, todo ello mientras la banquisa se funde.

La historia del Polo Norte también trata de dos actitudes: el asombro, dejar que la sorpresa sea el motor de tu vida. Y el espíritu aventurero, esa fascinante combinación de dos términos, «espíritu» y «aventura», que valoro por separado y amo cuando se unen.

Los historiadores suelen basarse en las vivencias y los relatos de la gente, pero la mayor parte de la historia del Polo Norte es producto de la extrañeza del ser humano ante lo desconocido. Su devenir es diferente, porque los primeros exploradores polares hicieron el viaje solo en su mente. Al comienzo de la historia nadie se había aproximado a este punto cardinal.

En la Prehistoria, en el transcurso de la Edad de Piedra, la Edad del Bronce, la Edad del Hierro y la Edad Media, intentaron comprender el Polo Norte a través del estudio del cielo estrellado, de escucharse unos a otros y hacerse preguntas. Las numerosas cuestiones que se plantearon los astrónomos, astrólogos, geógrafos y filósofos son testimonio de una imaginación impresionante. ¿Cómo eran la luz, los colores y la vegetación allá arriba? Las respuestas fueron, en muchos casos, similares. El Polo Norte era una montaña magnética de gran altura, resplandeciente, el lugar de la Tierra que estaba más próximo a los dioses. Otros opinaban que era el paraíso perdido donde en su momento vivieron Adán y Eva. El Polo Norte había sido, y tal vez siguiera siendo, luminoso, cálido y fértil.

En los siglos transcurridos desde entonces, en el Renacimiento, en la Ilustración, creció el interés de Europa por explorar todo el mundo desconocido. A través de su estudio celeste, Nicolás Copérnico (1473-1543) comprendió cómo se mueve la Tierra. El astrónomo polaco se basó en que el mundo se rige por leyes naturales y sabía que el Sol, no la Tierra, ocupaba el centro del sistema solar. La fuente de conocimiento había pasado a residir en el ser humano, no en Dios. El filósofo italiano Giordano Bruno (1548-1600) intentó convencer a sus contemporáneos de que existían innumerables sistemas solares y de que el universo era infinito. Murió quemado en la hoguera por hereje. En los siglos XV y XVI, los navegantes portugueses y españoles regresaron trayendo el relato de gentes desconocidas, mares, tierras y posibilidades comerciales. La cartografía dibujó el planeta, pero lo que ocultaba el Polo Norte siguió siendo un misterio. Por ello persistieron las fabulaciones sobre qué había en el alto norte.

En todas las épocas nuestras suposiciones han sido, en su mayoría, erróneas.

A muchos no les bastó con hacerse preguntas, se dejaron llevar por su espíritu aventurero. Hasta fechas recientes solo había hombres entre los exploradores, inuit, europeos y norteamericanos. Han intentado llegar a pie, esquiando, navegando y en avión. Han combatido corrientes marinas, frío, tormentas, lluvias, animales salvajes, nieve, hielo, el ciclo solar y los cambios climáticos. Alcanzar la cima del globo terráqueo fue, entre las metas clásicas de los exploradores, la que más tiempo exigió lograr. Las condiciones climáticas extremas de la región han sido las que más dolor han provocado entre los participantes, y el hielo, el viento, el agua y el frío se han cobrado muchas vidas humanas.

El enorme esfuerzo llevado a cabo después, la fascinación y el deseo de aventuras no impidieron que, durante miles de años, supiéramos más de Venus, Marte, Júpiter y el lado iluminado de la Luna que de la zona que rodea el Polo Norte. Habíamos estudiados los planetas, noche tras noche, durante miles de años, mientras que ningún ser humano había visto el punto cardinal o se había aproximado a él. Esta circunstancia se mantuvo hasta que Fridtjof Nansen y Hjalmar Johansen batieron un récord en 1895. (…)

El Polo Norte celeste

Tras descubrir el polo norte geográfico en el globo terráqueo, empecé a preguntarme qué podía haber más allá del Polo Norte. En un primer momento creí que no había nada, que el globo se terminaba, sin más. Después comprendí que había algo. De pie en el Polo Norte, en la oscuridad invernal, levantando la vista en un ángulo de noventa grados hacia el cielo estrellado, te adentras en el polo norte celeste.

Ese polo es un punto imaginario del cielo donde el eje de rotación de la Tierra continúa en vertical desde el polo norte hasta la estrella polar y hacia el infinito.

La estrella polar está formada por tres que parecen una y son una prolongación de la Osa Mayor. Las siete estrellas más visibles de Ursa Major. Si observas las dos últimas, Merak y Dubhe, y trazas una línea recta vertical de cinco veces la distancia entre ellas, verás la estrella polar. Esa regla siempre funciona, porque la Osa Mayor y la Osa Menor giran en torno al polo norte. La estrella polar, la más luminosa de las que componen la Osa Menor, Ursa Minor, es la que se encuentra justo encima del polo norte.

  • Más allá del Polo Norte. Historia de una obsesión. Erling Kaage. Traducción: Lotte Katrine Tollefsen (Taurus)

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En homenaje a Félix Manrique Perdomo (Colombia, 1937 – 2025), apicultor, periodista, fundador del Periódico y Radioperiódico Agrohuila y pionero del periodismo agropecuario, medio ambiental y de todo lo relacionado con el bienestar del planeta:

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