Roy Scheider en una escena de ‘Tiburón’, de Steven Spielberg, basada en la novela de Peter Benchley, en el Cine club literario WMagazín 2025. /WMagazín
‘Tiburón’, cuando Spielberg cambió las reglas del cine comercial gracias al libro súper ventas de Peter Benchley
CINE CLUB LITERARIO WMAGAZÍN Celebramos los 50 años de un clásico cinematográfico que inauguró la era de los taquillazos o 'blockbuster' basados en obras literarias. Reseñamos la película y el libro y publicamos uno de sus fragmentos
Tiburón, de Steven Spielberg, no solo es uno de los primeros y grandes blockbuster del cine, sino que confirmó la alianza millonaria del cine con los libros súper ventas. En este caso con la novela Jaws (fauces o mandíbukas) de Peter Benchley sobre un tiburón blanco que merodea cerca de la playa de Amity Island, en Estados Unidos, dejando un rastro de miedo y sangre, lo cual obliga al jefe de policía a organizar su búsqueda.
Spielberg cambió las reglas del juego del cine comercial: recurrió a una técnica del cine de suspenso de los años cuarenta y cincuenta, la de no mostrar el objeto peligroso, pero sí sus proximidades, consecuencias y efectos en el ambiente y en las personas. Ritmo pausado, con aire psicológico y el miedo instalado más en la mente de los personajes y del espectador, aquí ayudado por la música perfecta de John Williams que encarna todo esto. La sugestión visual fue un éxito. Además, la mercadotecnia fue muy novedosa y su impacto modificó la forma de promocionar los estrenos cinematográficos.
Con películas como Tiburón, “el cine quiso replicar el éxito de algunos libros en cuyas historias los productores y directores veían un gran potencial que intensificaban el ritmo, despertaban miedos ancestrales en el ser humano o abordaban temáticas contemporáneas, de la mafia a la corrupción del poder y las múltiples violencias”, explica Maribel Lienhard en el reportaje de WMagazín Por qué los best sellers cambiaron la historia del cine en los años setenta del siglo XX, de febrero de 2025.

En este clásico cinematográfico nos detenemos hoy en nuestro Cine club literario WMagazín, que este verano de 2025 dedicamos a buenas adaptaciones cinematográficas sobre obras literarias que celebran una efeméride importante. Los 50 años de Tiburón, de Steven Spielberg, basado en la novela de Peter Benchley, llega a nuestra sección tras los 60 años de Doctor Zhivago, de David Lean, adaptación de la única novela de Borís Pasternak; los 70 años de Las diabólicas, de Henri-Georges Clouzot, basada en la novela de Pierre Boileau y Thomas Narcejac; y los 80 años de El retrato de Dorian Gray, de Albert Lewin, sobre la novela clásica de Oscar Wilde.
Bienvenidos a nuestro Cine club literario WMagazín con Tiburón:
Fotograma de 'Tiburón', de Steven Spielberg, basada en la novela de Peter Benchley, 'Jaws'.
La película: 'Tiburón' (1975)
Director: Steven Spielberg. Guion: Steven Spielberg, Peter Benchley y Carl Gottlieb. Protagonistas: Roy Scheider, Richard Dreyfuss y Robert Shaw.
Basada en la novela homónima de Peter Benchley.
El suspense en el cine tuvo un nuevo tono con Tiburón al no mostrar el objeto de miedo sino su proximidad y consecuencias, ayudado por la música.
Con 34 años, Peter Benchley (Estados Unidos, 1940-2006) lo publicó en 1974. Antes de que llegara a las librerías los productores compraron los derechos del libro y terminaron eligiendo como su director a un joven cineasta de 28 años llamado Steven Spielberg.
Novela y película narran cómo en un pequeño pueblo costero del oriente de Estados Unidos un tiburón blanco empieza a matar a los bañistas. El jefe de policía, un oceanógrafo y un cazador de tiburones se unen para acabar con el tiburón mar adentro en una aventura que los enfrenta a la vida y a la muerte en una versión moderna de Moby Dick, de Herman Melville.
Tiburón forma parte de las películas que concluyeron la transición del cine clásico de Hollywood e inauguraron un nuevo tiempo cinematográfico y, por ende, de gran influencia global. En el guion de la película participó el propio escritor de la novela, Peter Benchley.
El azar jugó un papel importante en el resultado de la película: al comenzar el rodaje, el tiburón mecánico debía aparecer, pero entre fallos del aparato y que su aspecto y entrada en escena no convencían a Spielberg, este tomó la decisión de ocultarlo físicamente y utilizar escenas que potenciaran la intuición de su proximidad peligrosa.
La película ganó tres premios Oscar (Montaje, Banda sonora y Sonido), y fue nominada a Mejor Película.
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La novela: Jaws /Tiburón
Peter Benchley, periodista de medios como The Washington Post o Newsweek y redactor de discursos para el presidente Lyndon B. Johnson, al final de su mandato en 1969, quería vivir de la escritura. Tras varios intentos logró una novela que llamaba la atención y despertaba la tensión en el lector desde la primera página. Con técnicas periodísticas, Benchley creó un primer párrafo a la manera de un lead de una noticia o reportaje, le siguió un ritmo pausado en el que desplegaba el conocimiento del mundo y la biología de los tiburones y más documentación e información interesante para el lector. Todo ello con un argumento sencillo que despierta un miedo ancestral a ser atacado por un animal marino.
Benchley conoció la historia de la captura de un gran tiburón blanco y su cabeza empezó a fantasear con lo que un escualo como este podría hacer y aterrorizar a la gente. Tras documentarse empezó a escribir situando la primera escena en una noche sin luna bajo el mar, empieza a describir al tiburón, algunas de sus características y comportamientos en el agua cuando está cerca de una playa. Luego pasa a una pareja que esa misma madrugada sale de su casa en la playa, él se queda dormido sobre la arena y ella decide nadar en el mar… En otro rápido despliegue del conocimiento sobre tiburones y la manera en que el animal detecta sonidos y lo que llama su atención, Benchley logra que veamos al animal en las profundidades nocturnas del mar, detecta a la mujer que nada tranquilmente, crea su estrategia y ataca… Se entiende por qué el título original de la novela es Jaws (fauces).
El escritor detalla todo lo ocurrido con aquella mujer, cómo se descubre lo que ocurrió y la manera en que el pequeño pueblo se divierte bajo el sol y la brisa mientras en el agua se mueve el tiburón a la espera de una nueva víctima. Después la aventura para cazarlo.
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FRAGMENTO
El gran tiburón se movía en silencio por el agua nocturna, impulsándose con latigazos breves de su cola en forma de media luna. Tenía la boca abierta lo justo para que le entrara agua en las branquias. No había mucho más movimiento: alguna que otra corrección del rumbo en apariencia aleatorio a base de elevar o bajar ligeramente una aleta pectoral, igual que los pájaros cambian de dirección bajando un ala y subiendo la otra. Sus ojos eran ciegos en la negrura y los demás sentidos tampoco le transmitían nada fuera de lo ordinario a su cerebro pequeño y primitivo. Aunque pudiera parecer que el tiburón estaba dormido, lo delataba el movimiento que le dictaban incontables millones de años de continuidad instintiva: a falta de la vejiga natatoria común en otros peces y de alerones que palpitaran para introducir agua cargada de oxígeno en las branquias, solo podía sobrevivir a base de moverse. Si se detuviera, se hundiría hasta el fondo y moriría de anoxia.
En ausencia de luna, la tierra se veía igual de oscura que el agua. Lo único que separaba el mar de la costa era una franja alargada y recta de playa, tan blanca que brillaba en la oscuridad. Las luces de una casa situada al otro lado de las dunas salpicadas de hierba proyectaban su resplandor amarillo sobre la arena.
(…)
La mujer retrocedió unos pasos y se metió corriendo en el agua. Sus zancadas fueron largas y elegantes hasta que le rompió una ola pequeña contra las rodillas. Vaciló, recuperó el equilibrio y saltó por encima de la siguiente, que le rebasó la cintura. El agua solo le cubría hasta las caderas, de forma que volvió a ponerse de pie, se apartó el cabello de los ojos y siguió caminando hasta que el agua le cubrió los hombros. Y entonces empezó a nadar, con brazadas entrecortadas y la cabeza por encima de la superficie, como nadan quienes no tienen formación.
A un centenar de metros de la orilla, el tiburón notó un cambio en el ritmo del mar. No vio a la mujer y tampoco la olió. Le recorrían el cuerpo una serie de finos canales, llenos de mucosa y cubiertos de terminaciones nerviosas, y fueron aquellos nervios los que detectaron vibraciones y mandaron señales a su cerebro. El tiburón giró hacia la orilla.
(…)
En ese momento el tiburón la olió, y las vibraciones —bruscas y erráticas— le indicaron miedo. El tiburón empezó a nadar en círculos más cerca de la superficie. Su aleta dorsal emergió y su cola, sacudiéndose de un lado a otro, traspasó con un susurro la superficie cristalina. Le surcaron el cuerpo una serie de temblores.
Por primera vez, la mujer sintió miedo, aunque sin saber por qué. La adrenalina le fluyó por el tronco y las extremidades, generando un calor y un hormigueo que la apremiaron a nadar más deprisa. Calculó que debía de estar a unos cincuenta metros de la orilla. Ya podía ver la línea de espuma blanca que dejaban las olas al romper en la playa. Vio las luces de la casa y, por un instante, la reconfortó la impresión de que pasaba alguien tras una de las ventanas.
El tiburón estaba a una docena de metros de la mujer, a un costado, cuando viró bruscamente a la izquierda, se sumergió por completo y con un par de latigazos rápidos de la cola se abalanzó sobre ella.
Al principio la mujer creyó que se había enganchado la pierna en una roca o en un pedazo flotante de madera. En un primer momento no sintió dolor; solo un tirón violento en la pierna derecha. Estiró el brazo para tocarse el pie, pataleando con la pierna izquierda para mantener la cabeza por encima del agua y palpando a oscuras con la mano izquierda. No se lo pudo encontrar. Buscó a tientas en una parte más alta de la pierna y la invadió una ráfaga de náuseas y vértigo. Sus dedos acababan de encontrar una protuberancia de hueso y carne desgarrada. Supo que el líquido cálido que le fluía rítmicamente entre los dedos en medio del agua helada era su sangre.
El dolor y el pánico la golpearon a la vez. La mujer echó la cabeza hacia atrás y soltó un grito gutural de terror.
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Cine club literario 2025
80 años: El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, y su vigencia inquietante popularizada por el cine.
70 años: Las diabólicas, de Clouzot, o la película que renovó el suspenso y el terror psicológico.
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Serie completa: Cine Club Literario de verano de 2021 a 2024
Cine club literario de verano 2024
90 años: Madame Bovary. el clásico de Flaubert, exaltado en el cine por Jean Renoir.
70 años: La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock, una obra maestra del cine basada en un relato sencillo.
50 años de El gran Gatsby, la obra maestra de Filtzgerald, adaptada al cine con guion de Coppola y Capote.
40 años: Los santos inocentes, de Mario Camus, basada en la gran novela de Miguel Delibes.
30 años: El Cartero y Pablo Neruda, la película que conquistó el corazón de la gente basada en la novela de Antonio Skármeta.
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Cine club literario de verano 2023
El jorobado de Notre Dame, cien años de la película basada en la novela clásica de Victor Hugo.
Los pájaros, de Hitchcock, 60 años de un clásico basado en un relato de Daphne du Maurier.
El gatopardo, de Luchino Visconti, 60 años de una obra maestra basada en la novela de Lampedusa.
El exorcista: la película de terror que cambió el género, basada en el best seller de Blatty.
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Cine club literario de verano 2022
Nosferatu: cien años de la película que abrió las puertas del terror en el cine con Drácula.
Casablanca: 80 años del clásico del cine de amor y del alegato contra la Segunda Guerra Mundial.
Lolita: 60 años de la película perturbadora de Kubrick, basada en la obra maestra de Nabokov.
Lawrence de Arabia: 60 años de una película épica sobre batallas anticoloniales.
El padrino: 50 años de una de las mejores películas de la historia.
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Cine club literario de verano 2021
Frankenstein: 90 años del monstruo del futuro en el cine.
Desayuno con diamantes: 60 años de un gran romance con el público.
Fahrenheit 451: 55 años de una película aún vigente sobre un mundo que prohíbe los libros.
La naranja mecánica: 50 años de una película de culto perturbadora.
El silencio de los corderos: 30 años de la película que cambió las reglas del cine de terror.
El señor de los anillos: 20 años de una gran película de aventura épica y fantástica.
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