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Detalle de la portada del libro ‘Cántico espiritual’, de san Juan de la Cruz, en la nueva edición de Lola Josa (Lumen). /WMagazín

Vigencia y nuevas interpretaciones del ‘Cántico espiritual’, de san Juan de la Cruz

Lola Josa arroja nueva luz y fija este texto esencial ya libre de la censura católica. La filóloga explica los motivos por los cuales debería leerse en tiempos de exploraciones literarias. Con esta obra celebramos el Día Mundial de la Poesía

AMADA

«–¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ido. 5

»Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decilde que adolezco, peno y muero. 10

»Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas,
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.» 15

[…]

Es tiempo de san Juan de la Cruz y de otros clásicos de la poesía y la literatura en momentos de búsquedas y transformaciones literarias. De san Juan de la Cruz tanto por su poesía en sí y lo revolucionario, como por su uso magistral de la lengua española. Lo recuerda la nueva edición de su Cántico espiritual (1578), a cargo de Lola Josa (Lumen), que ilumina y fija este texto esencial del español ya libre de la censura católica.

Lola Josa “ha llevado a cabo en este libro un verdadero trabajo de restauración, iluminando, con autoridad y persuasión, muchas zonas del Cántico espiritual que hasta ahora permanecían en penumbra o que se habían ennegrecido por ciertas inercias de la rutina interpretativa», escribe Andreu Jaume, crítico literario español, en la presentación de esta edición de 2021.

Una obra que adquiere especial vigencia en estos tiempos de innovaciones o revoluciones frente a la poesía por parte de las nuevas generaciones, tanto analógicas, pero sobre todo digitales. Los motivos por los cuales sería un buen momento para leer a san Juan de la Cruz los expone Lola Josa:

“Por un motivo ontológico: su poesía es una lima sorda que nos quita astillas, nos libera, nos desnuda y sólo así podemos sentir la ductilidad de nuestra mente y su ilimitada capacidad creativa, imaginativa; aquello de lo que depende nuestra libertad. La voz lírica de san Juan de la Cruz canta y cuenta experiencias de dimensiones que sólo la consciencia humana (la llamada ‘alma’) hambrienta de sabiduría puede vivir en su soledad irreductible, sin necesidad de nada más que no sea meditar sobre lo aprendido. Además, considero que leer al místico más carismático de Occidente es acostumbrarnos a la genialidad de una música nacida del verbo tan perfecta que nos armoniza imperceptiblemente. Leerle es abrirse a un encuentro con quien fue, sin lugar a duda, excepcionalmente sabio, y que supo, por experiencia, de la posibilidad de hacer a Dios”.

Desde la adolescencia, Lola Josa estudia las tradiciones espirituales. Poco después, se centró en la mística hebrea, y desde entonces, está con san Juan de la Cruz. Aunque, cuenta la filóloga, que es en los últimos diez años cuando empezó su trabajo de exégesis hebraica de su poesía. Con Cántico, en concreto, ha estado siete años de exégesis y escritura del trabajo.

El nombre del fraile es Juan de Yepes Álvarez; nació en España en Fontiveros el 24 de junio de 1543 y falleció en Úbeda el 14 de diciembre de 1591. El Cántico espiritual fue escrito en la cárcel a donde fue enviado por tratar de reformar la orden de los Carmelitas. Su obra es considerada como una de las cimas de la mística española: “De todos los hombres que han usado la lengua española para los fines de la poesía, san Juan de la Cruz es el más grande”, dijo Jorge Luis Borges. “Poesía es voz de lo inefable. A pocos poetas les ha sido dado tener esa voz. En España la tuvo san Juan de la Cruz”, afirmó Juan Ramón Jiménez.

Hallazgos y nuevas interpretaciones

Andreu Jaume explica los hallazgos de Lola Josa: «Honrando lo mejor de la tradición filológica en la que se ha formado y cumpliendo con las exigencias que en su día ya formularon expertos como Domingo Ynduráin, Lola Josa, dueña de un impresionante conocimiento de la materia, ha descubierto el caudal sapiencial hebreo que subyace al Cántico, situando a su autor entre los cristianos que en su época quisieron sumergirse en las fuentes bíblicas, a despecho de la Vulgata y con especial atención al Antiguo Testamento, un libro casi vetado en la tradición católica. Entre las muchas observaciones sagaces de Lola Josa destaca el paralelismo que ha trazado entre san Juan y Casiodoro de Reina a propósito de la traducción del libro de Ezequiel, una confluencia que en sí misma nos revela hasta qué punto la obra del primero puede considerarse un ejercicio de traducción sublimada de la Biblia y, en el caso concreto del Cántico, del Cantar de los cantares, que también fascinó a fray Luis de León”.

“La excepcionalidad de la labor de Lola Josa”, explica Andreu Jaume, “estriba también en que su vuelo interpretativo, lejos de distraerla del detalle filológico, la ha ayudado a fijar el texto con más precisión, proponiendo una nueva disposición dramática de las voces que hablan en el poema, deshaciendo errores de transmisión en algunos casos muy elocuentes y desentrañando el significado de expresiones como ‘adamabas’, que ahora, en virtud de su lectura, adquieren una nueva y reveladora dimensión. Esta edición prueba también que la intimidad con la Biblia –y con aquellos autores que en tiempos peligrosos se atrevieron a estudiarla y traducirla– eleva de inmediato el discurso y beneficia tanto la concepción como el cultivo de la crítica, la filosofía y la literatura”.

Un acercamiento a esa labor de precisión, depuración y reconocimiento de los principales errores de transmisión del Cántico espiritual a los que se enfrentó y corrigió fueron varios:

“Hasta ahora, Cántico espiritual se había editado conforme a una tradición y una metodología filológica que no podía o sabía hacer exégesis de una mística (la de san Juan) surgida de la confiada y secreta convivencia entre sabios hebreos y cristianos. Este es el motivo por el que no se pudieron entender palabras y conceptos que san Juan de la Cruz introduce en sus versos y comentarios, y que son propios sólo de la sabiduría hebrea. El no vislumbrar el código de otra tradición impedía entender lo que el manuscrito que san Juan tuvo entre manos nos ha transmitido. A modo de ejemplo cabe referir la confusa distribución de la categoría de ‘Esposa’ y ‘Esposo’, ya que sólo deben fijarse a partir del momento en el que las primeras nupcias se celebran. Con mi trabajo he podido diferenciar y fijar a los interlocutores conforme los fértiles encuentros entre los amantes, y futuros esposos, se suceden en las estrofas.

También hay una tercera voz que no se había identificado y que no se trata de la de los interlocutores, sino la de un narrador que testifica lo que los esposos viven en la intimidad, porque hay saltos temporales que no permitían entender qué ocurría en el poema, así como cambios bruscos en el uso de pronombres que confundían la lectura y forzaban ciertas interpretaciones. No olvidemos que san Juan, a su vez, escribió el Cántico como exégesis poética del Cantar de los cantares, pero también de otros libros bíblicos del Antiguo Testamento, ofreciendo un argumento lírico y místico fiel a los procesos que jalonan las vivencias del alma (consciencia) que anhela la sacralización según lo estudia y explica la cábala castellana desde la Edad Media. En sus ‘Declaraciones’ al Cántico, asimismo, queda refrendado todo ello”.

San Juan de la Cruz concibió y escribió su poema en una cárcel denigrante donde su carcelero le facilitó papel y tinta para escribir, al igual que aguja e hilo con los cuales cosió las mantas y trapos para fugarse. Y con él llevó el cuaderno con las primeras treinta y una estrofas de las Canciones entre el Alma y el Esposo que había compuesto de memoria en la noche de su encierro. “Mediante una metáfora erótica, el poema describía una profunda experiencia mística que se vinculaba con la tradición sapiencial hebrea, buscando la comunión con Dios a través del encuentro con la esencia de la palabra bíblica, tal y como habían propuesto Casiodoro de Reina, autor de la primera y prohibida traducción completa de la Biblia al castellano, o fray Luis de León, probable maestro de fray Juan en Salamanca”, recuerda la editorial Lumen.

La voz de san Juan de la Cruz

Lo mejor es escuchar la voz de san Juan de la Cruz en unos pasajes seleccionados por Lola Josa:

AMADA

«–¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ido. 5

»Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decilde que adolezco, peno y muero. 10

»Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas,
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.» 15

[…]

»¡Oh, cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados! 55

»¡Apártalos, Amado,
que voy de vuelo!»

AMADO

«–Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu vuelo y fresco toma.» 60

[…]

AMADA

«En solo aquel cabello,
que en mi cuello volar consideraste,
mirástele en mi cuello
y en él preso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste. 110

»Cuando Tú me mirabas
tu gracia en mí tus ojos imprimían,
por eso me adamabas,
y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti vían. 115

»No quieras despreciarme,
que, si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste. 120

»Cogednos las raposas,
que está ya florecida nuestra viña;
en tanto que de rosas
hacemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña. 125

»Detente, cierzo muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran sus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.» 130

[VOZ NARRATIVA]

Entrádose ha la Esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobre los dulces brazos del Amado. 135

[ESPOSO]

«–Debajo del manzano,
allí conmigo fuiste desposada;
allí te di la mano
y fuiste reparada,
donde tu madre fuera violada. 140

»¡A las aves ligeras,
leones, ciervos, gamos saltadores;
montes, valles, riberas;
aguas, aires, ardores
y miedos de las noches veladores, 145

»por las amenas liras
y canto de serenas os conjuro!:
que cesen vuestras iras
y no toquéis al muro
porque la Esposa duerma más seguro.» 150

[…]

ESPOSA

«–Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura,
al monte u al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura. 175

»Y luego a las subidas
cavernas de la Piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.» 180

[…]

[VOZ NARRATIVA]

Que nadie lo miraba,
Aminadab tampoco parecía,
y el cerco sosegaba,
y la caballería
a vista de las aguas descendía. 195

Cántico espiritual. San Juan de la Cruz. Edición de Lola Josa (Lumen).

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