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Wole Soyinka (Nigeria, 1934), Nobel de Literatura 1986 invitado del Hay Festival Cartagena de Indias 2022.7 Foto tomada de la promoción del Hay Festival

Wole Soyinka: «Necesitamos una lluvia de ideas en todos los ámbitos y un estado organizado»

El Nobel de Literatura nigeriano abrió la última jornada del Hay Festival de Cartagena de Indias 2022 con una charla sobre la historia de violencia, desigualdad y lucha en su país y su papel de activista desde la literatura. WMagazín, con apoyo de Endesa, trae su voz con los momentos más relevantes

La imagen amable y voz pausada y segura de Wole Soyinka, desde Nigeria, a través de una pantalla grande en el escenario, abrió a las diez de la mañana la última jornada del Hay Festival de Cartagena de Indias, este domingo 30 de enero de 2022. Este hombre de pelo y barba como copos de nieve parece tener menos de sus 87 años (Abeokuta, Nigeria, 13 de julio de 1934). Esta forma de conversación con el primer Nobel de Literatura africano sintetiza el futuro que ya es presente en las ferias y festivales literarios que incorporan lo digital de manera natural a los encuentros. Soyinka iba a viajar a Cartagena, pero un accidente en el penúltimo momento le impidió tomar el vuelo, pero asistió al Hay desde su casa a través del mundo virtual mientras en el auditorio la gente atendía a sus palabras.

Wole Soyinka habla con sus lectores en un formato híbrido como su propia obra literaria que combina la tradición africana con la europea en fondo y forma, en voces, estructuras… Poeta, ensayista y dramaturgo, sobre todo, desde donde desarrolló su literatura cargada de activismo, crítica y denuncia por la que estuvo casi dos años preso a finales de los años sesenta. Su energía sigue intacta. Ahora ha vuelto a la novela después de medio siglo con Crónicas desde el país de la gente más feliz de la Tierra (Alfaguara). Se trata de un título irónico para su tercera novela en la que ha creado un fresco de su país a través de las zonas más oscuras y menos esperanzadoras del ser humano como son la corrupción, la desigualdad, las diferentes violencias, el extremismo religioso, las supersticiones… la insolidaridad, en suma…

La periodista británica Rosie Boycott fue la encargada de moderar este diálogo desde el auditorio Getsemaní del Centro de Convenciones de Cartagena de Indias. Boycott empezó por preguntar por qué Soyinka escogió una novela para hablar de los problemas de Nigeria:

«Tengo que conocer un poco sobre Nigeria para poder entender esta nación que es la mía. La variedad de personas, cultura, historia, para tratar de crear una nación y, por supuesto, las intervenciones militares. Y también hemos tenido distorsiones en la sociedad en la que crecí y de la cual formo parte. Tuve que estudiar mucho y la novela me tomó mucho tiempo».

Wole Soyinka en conversación digital, desde Nigeria, con Rosie Boycott en el Hay Festival de Cartagena de Indias 2022. /WMagazín

Tras esta introducción, Rosie Boycott preguntó por el origen de su activismo, el momento o los hechos que lo convirtieron en lo que es como referencia literaria y de compromiso. Sus recuerdos y reflexiones se juntan aquí en un solo flujo oral, como el formato tradicional de las transmisiones de las ideas y relatos de su país.

«Crecí con parte de la trayectoria de lo que hacía la sociedad. Yo crecí en una familia combativa, creábamos problemas, protestas. Cuando uno observa la historia de Nigeria, civil y militar, nosotros podíamos producir bastantes disturbios de una manera u otra. Teníamos una buena proporción de activistas. Esto es algo que heredé.

Con 8 o 9 años, mi madre se sentía oprimida por el sistema y la gente se rebeló contra impuestos, acosos por parte de la policía y confiscación de bienes. Una tía llevó a una rebelión y mi madre estaba allí. De pronto, yo me convertí en una especie de correo entre los distintos grupos de mujeres. Así recibí como una inoculación de activismo».

«Desde niño fui bastante curioso, siempre estaba preguntando. Esa curiosidad me llevó un día a la biblioteca de mi papá, a cualquier cosa escrita. Leía todo. La curiosidad salió de mi casa y me di cuenta que los extranjeros daban órdenes, y me preguntaba qué hacían los europeos aquí.

Leí primero libros en inglés, luego en francés. Leí a Eurípides muy joven.

Además de leer esta literatura escuchaba la tradición de los cuentos. Me di cuenta que nunca estuve satisfecho. Yo necesitaba estar en paz con las diferentes fuentes. Trataba de construir un mundo. Recibí, también, Historia y el servicio de radio difusión y comencé a tratar de contar historias, usé personajes ya leídos y hallé correlaciones entre todo lo que leía y los hechos ocurridos. No sé muy bien cuándo comencé a usar mi escritura como forma de activismo. Sé que fue tempranamente».

«Mi visión sobre el activismo estaba limitada a una mejor política. Vino el movimiento en la escuala secundaria cuando escribí un par de ensayos para el periódico de la escuela pública. Entonces el rector señaló las ideas que yo tenía en la cabeza y me tuve que defender. La crítica era importante, y yo era realmente una persona problemática».

«Estábamos bajo soberanía extranjera y fue muy difícil. Yo conocía la historia sagrada y había héroes, refugiados y estaba el problema de la esclavitud, del islam. Pero el problema era el hecho de estar bajo dominio extranjero. Recuerdo mi grupo de activistas que comenzó dicendo: ‘Nigeria, país de esclavos’. Expresé ideas y tuve problemas con mi profesor de inglés».

«No debemos ser negativos acerca de las influencias externas, es una combinación. En Nigeria nunca perdimos nuestra tradición. Aquellos que le dieron la espalda a lo que llamo el lenguaje tradicional, la historia tradicional, la cultura tradicional, eran simplemente personas ridículas; les decimos ‘los aristócratas de la colonia’ que actúan de manera alienada».

«Antes de curarse de las heridas del colonialismo hay que indicar que hay gente joven que se ha liberado de ese yugo colonial y que no está preparada para someterse a ningún tipo de dominio, incluyendo el religioso».

«Yo sigo en contacto con ongs, quería retirarme lo más posible de la polítca pública. No tengo nuevas ideas por el momento. Necesitamos una lluvia de ideas en todos los campos, filosofía, psicología, educación, medicina… La gente se ha cansado de pensar. Se requiere un Estado organizado, acabar con la violencia. He propuesto internacionalizar el problema y reconocer que estamos invadidos por fuerzas internas para que la comunida internacional pueda hacer algo de lo que nosotros hemos hecho por otros. Hemos estado de observadores en Yugoslavia, en América Latina… Es el momento de dejar a un lado el orgullo y hacer un llamado a la sociedad internacional».

Llegó el momento de las preguntas y una persona del auditorio quiso saber cuál creía que era para él el papel de la literatura y las artes para resolver el conflicto y cómo pueden las nuevas generaciones aportar a ello:

«La naturaleza de la literatura cambia entre la realidad y el deseo. Los jóvenes escritores no deben pensar que la literatura es una propuesta de alternativa de la realidad que la sociedad puede ignorar porque puede influenciar en la psiquis colectiva y se puede desarrollar gradualmente en alguna parte de la sociedad. Más allá de lo que llamo el ‘teatro de la guerrilla’ que llega directamente a la gente y puede ir a los campesinos y cualquier sitio. Hay que escribir hacia dentro y escribir hacia afuera.

Otro lector del auditorio le pregunto si es importante que los poetas asuman una responsabilidad histórica y fomenten el cambio de un país:

«A mí no me gusta el término responsabilidad. Eso es una excusa para otros brazos de la sociedad, hay músicos también… Uno puede hablar como arquitecto a la sociedad y diseñar desde ahí, por ejemplo viviendas de bajo costo y que los gobernantes asuman la propuesta. En otras palabras, la responsabilidad le pertenece a todo el mundo. A mí me gusta aceptar responsabilidades, y aspectos especiales para los escritores, pero es inevitable que cuando se habla de realidad, sociedad, ideología, historia o cultura se está proponiendo construcciones. La diferencia es que se usan palabras del escritor, pero hay otros actores en la sociedad. El escritor solo hace un llamado a los otros para que jueguen un papel».

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