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El sociólogo, filósofo y ensayista polaco Zygmunt Bauman (1925-2017) en un detalle de la portada del libro ‘Vivir en tiempos turbulentos’, de Peter Haffner. (Tusquets). /WMagazín

Zygmunt Bauman: «Dios morirá, pero con él morirá también la humanidad»

'Vivir en tiempos turbulentos' reúne las conversaciones que el periodista y escritor suizo tuvo con el gran sociólogo e intelectual polaco meses antes de su muerte en 2017. WMagazín publica pasajes sobre el pensamiento de Bauman acerca del amor, la lucha de clases y la religión y la fe

Presentación WMagazín Zygmunt Bauman (1925-2017) es uno de los sociólogos y pensadores más importantes, interesantes e influyentes del último medio siglo. Sus ideas sobre el rumbo del individuo y la sociedad en sus aspectos cotidianos, es decir, de la vida contemporánea, nos pusieron frente a un espejo innovador y real. Entre febrero de 2014 y abril de 2016, unos meses antes de morir, Bauman mantuvo una serie de reveladores diálogos con el ensayista y periodista suizo Peter Haffner. El resultado es el libro Zygmunt.Bauman. Vivir en tiempo turbulentos (Tusquets). Una obra excelente en la que expresa ideas inéditas o complementarias a su filosofía de «modernidad líquida».

WMagazín publica algunos pasajes sobre temas esenciales del pensamiento del intelectual polaco y capitales para el individuo: amor, destino, lucha de clase y religión y fe. Un libro excelente, sencillo y muy ameno para conocer, reflexionar y debatir las ideas de Bauman llevadas de manera inmejorable por Peter Haffner.

Vivir en tiempos revueltos es tambien un retrato muy personal de Bauman porque habla de asuntos como su experiencia como soldado en la Segunda Guerra Mundial o rememora la represión que, como judío, sufrió en su propio país.

Zygmunt Bauman.

Bauman deja ideas reveladoras como:

  • «La idea (con internet) es que es posible construir el objeto de nuestro amor a partir de una serie de características, físicas y sociales, que somos capaces de medir. Y nos olvidamos de lo decisivo: la persona».
  • «Creo que soy ateo. No creo que exista algo así como un dios que se asemeje a una persona. Pero sí creo que un dios es indispensable para nuestra supervivencia. No puedo imaginarme que la humanidad pueda vivir sin un dios».

Los siguientes son los pasajes en primicia de Vivir en tiempos turbulentos que invitan a la reflexión, el debate y la conversación:

Portada de 'Zygmunt Bauman. Vivir en tiempos turbulentos', de Peter Haffner (Tusquets). /WMagazín

'Zygmunt Bauman. Vivir en tiempos turbulentos. Conversaciones con Peter Haffner'

 

Amor y sexo

Peter Haffner: Comencemos por lo más importante: el amor. Usted dice que estamos empezando a olvidar cómo amar. ¿Qué le lleva a pensar esto?

Zygmunt Bauman: La moda de buscar pareja por internet es una continuación de la moda de comprar por internet. Yo mismo prefiero no ir a las tiendas y compro casi todo online: libros, películas, ropa. Si uno necesita una chaqueta nueva, la página web de la tienda le muestra un catálogo. Si uno busca una pareja, también puede encontrar un catálogo online. El patrón que define la relación entre clientes y mercancía se convierte también en el patrón para las relaciones entre personas.

Haffner: ¿Cuál es la diferencia entre esto y encontrar a la futura esposa en la fiesta del pueblo o en un baile en la ciudad? ¿No teníamos ahí también nuestras preferencias?

Bauman: Internet puede ayudar a las personas que sufren de timidez. No tienen que sobreponerse a sí mismos para hablar con una mujer, porque temen sonrojarse. Pueden establecer contactos con más facilidad, sin bloquearse. Pero cuando buscamos pareja online invertimos todos nuestros esfuerzos en definir unos rasgos que se corresponden con nuestros propios deseos. La búsqueda se basa en el color de pelo o de la tez, en la altura, el tipo, el contorno del pecho, la edad, los intereses, en aquello que le gusta o desagrada. La idea es que es posible construir el objeto de nuestro amor a partir de una serie de características, físicas y sociales, que somos capaces de medir. Y nos olvidamos de lo decisivo: la persona.

Haffner: Sin embargo, incluso en el caso de que seamos capaces de definir el tipo de persona que nos gusta, todo cambia cuando nos encontramos con la persona, pues esta es mucho más que la suma de todos estos rasgos.

Bauman: El peligro es que el patrón para nuestras relaciones se asemeje a la relación que establecemos con los objetos de consumo. A una silla no le juramos fidelidad. ¿Por qué debería jurar que moriría por esa silla? En el momento en el que deje de gustarme, me compraré una nueva. No es un proceso consciente, pero es la forma en la que aprendemos a observar el mundo y a las personas. ¿Qué sucede cuando conocemos a alguien que nos resulta más atractivo? Es como la muñeca Barbie, cuando aparece una nueva versión, reemplazamos la antigua.

Haffner: Lo que usted quiere decir es que nos separamos sin reflexionar.

Bauman: Uno comienza una relación porque piensa que le aportará satisfacción. Si uno tiene la sensación de que otra persona le podrá satisfacer más, rompe la relación para comenzar una nueva. Para que una relación dé comienzo es necesario que dos personas estén de acuerdo. Para que finalice, basta la voluntad de una. Esto significa que ambas partes sufren un miedo constante a que los abandonen, a que alguien se deshaga de ellos como de una chaqueta que ha pasado de moda.

Haffner: Pero esto reside en la naturaleza de todos los acuerdos.

Bauman: Sí, claro, pero antes apenas era posible romper una relación, incluso cuando no resultaba satisfactoria. Divorciarse era difícil y no existían alternativas al matrimonio. La gente sufría, pero no se separaba.

Haffner: ¿Y por qué razón es peor la libertad de poder separarse que la obligación de permanecer juntos pero infelices?

Bauman: Se gana algo, sí, pero también se pierde. Uno es más libre, pero sufre porque su pareja también lo es. Y esto lleva a una vida en la que las relaciones y la vida en pareja se modelan según el patrón del arrendamiento con opción a compra. Si podemos liberarnos de los compromisos, no tenemos por qué esforzarnos en mantenerlos. Y el valor de las personas parece estar sujeto a su capacidad de generar satisfacción. Tras todo esto se esconde la creencia de que las relaciones duraderas se interponen en la búsqueda de la felicidad.

Haffner: Y eso sería un error, como usted escribe en Amor líquido, su libro sobre la felicidad y las relaciones.

Bauman: Es el problema del «amor líquido». En tiempos turbulentos necesitamos amigos y una pareja que no nos dejen tirados. Que nos apoyen cuando los necesitamos. El deseo de estabilidad es importante en la vida. Los dieciséis mil millones de dólares de Facebook provienen de capitalizar esta necesidad de no querer estar solo. Pero, por otra parte, huimos del deber de comprometernos con alguien y mantener una relación sólida. En la sociedad existe el temor a estar perdiéndose algo. Buscamos un puerto seguro, pero queremos tener las manos libres.

Recuerdos y destino

Haffner: Un libro maravilloso, (El arte de la vida) es mi preferido de todos cuantos ha escrito.

Bauman: … en este libro reflexiono sobre la idea de que el viaje de la vida de una persona se fundamenta en dos factores que interactúan. El primero es el destino. Destino es una forma simple de definir todo aquello sobre lo que no tenemos control. El otro factor son las opciones realistas que permite el destino. Una niña neoyorquina que nace en Harlem tiene un destino diferente al de una niña que nace en Central Park, porque el conjunto de opciones de una y otra es muy diverso.

Haffner: Pero ambas tienen ese conjunto de opciones, tienen capacidad de elegir. ¿Cuál es el factor decisivo para que una persona se decante por hacer realidad unas u otras opciones?

Bauman: El carácter. No es posible obviar el conjunto de opciones realistas que el destino nos otorga. Sin embargo, cada persona hará una elección diferente, que dependerá de su carácter. Y, por ello, tenemos motivos para el pesimismo, pero también para el optimismo. Pesimismo, porque las posibilidades que se nos presentan tienen límites infranqueables y esto es a lo que llamamos destino. Optimismo, porque, al contrario que con el destino, uno puede influir en su carácter. Yo no soy responsable de mi destino, esa es una decisión de Dios, por así decirlo. Pero sí soy responsable de mi carácter, porque es algo que puede ser moldeado, pulido, mejorado.

Lucha de clases

Haffner: Sin embargo, aunque la lucha de clases pertenezca al pasado, el compromiso político, la implicación por algo o contra algo no ha disminuido, al contrario.

Bauman: La gente se compromete con un sinfín de cosas, ya sea por cuestiones ecológicas, éticas o religiosas. Hay un revival de lo local, se lucha por las subvenciones públicas, por eso o por lo otro y se compite con otros. Existe todo tipo de conflictos y antagonismos, pero ninguno de ellos se comprendería en términos de clase. Si hay algo que recuerde a la lucha de clases, es la lucha entre el rico y el pobre. Sobre este tema trata mi libro Retrotopía. Sobre las «dos naciones» de las que hablaba Benjamin Disraeli, el dirigente conservador y escritor británico, en su novela Sybil, o las dos naciones (1845). En ella aparece un trabajador radical llamado Walter Gerard que se refiere a las «dos naciones» que existen en el país. Estas naciones no tienen trato entre ellas, simpatía la una por la otra ni conocen tampoco las costumbres, opiniones y sentimientos de la otra, de tal forma que parece que viven en dos planetas distintos. Se han educado y alimentado de forma diferente, tienen otras costumbres y no están sometidas a las mismas leyes, dice el libro. Y de lo que en sus páginas se habla, como allí se indica, es de los pobres y de los ricos. Más de ciento setenta años después, esta imagen es adecuada para describir la situación actual. Pero los pobres y los ricos no constituyen clases, aunque la lucha entre ellos pueda expresarse en términos sociales. En contra de la opinión más extendida, las personas que viven en la pobreza no instigan las revoluciones. Los pobres sirven como soldados de a pie, pero la idea de congregarlos bajo una bandera, bajo una bandera de clase, procede de la intelligentsia, de personas cultivadas, que tienen tiempo para reflexionar. Sin embargo, hoy no hay ni una intelligentsia que pudiese dirigir algo así, ni un ejército de a pie dispuesto a aceptar su oferta. Esa es mi respuesta a su pregunta sobre mi cambio de interés. Creo que la realidad social se ha transformado.

Religión y fe

Haffner: Dado su interés por las cuestiones religiosas, entiendo que usted no es ateo. Pero tampoco me parece usted creyente. ¿Se considera agnóstico?

Bauman: Creo que soy ateo. No creo que exista algo así como un dios que se asemeje a una persona. Pero sí creo que un dios es indispensable para nuestra supervivencia. No puedo imaginarme que la humanidad pueda vivir sin un dios. El hombre es un animal inteligente. Pero, a diferencia de los animales, es consciente de su insuficiencia, de que carece de algo. Por más valientes y audaces que seamos, siempre que llegamos a un límite, nos preguntamos qué habrá tras él.

Haffner: Pero esta experiencia no lleva necesariamente a la fe, fíjese en usted.

Bauman: Hay dos ideas que no es posible objetivamente concebir ni comprender. La primera es la idea de la eternidad; la otra, la de la nada. No es posible imaginar la nada, porque cuando intentamos imaginarla, nosotros estamos presentes en el acto de imaginar. Es imposible imaginar algo que no nos contiene a nosotros. Y, por lo tanto, lo que imaginemos no será la nada. Y esto supera nuestra capacidad de comprensión. Lo mismo sucede con la eternidad. Todas nuestras experiencias están vinculadas a un eje temporal. La eternidad no es algo que dura más y más tiempo, sino algo que no tiene principio ni fin. La idea del Big Bang, del gran estallido, el principio de la eternidad, nos lleva a hacernos la pregunta de qué había antes. Las grandes mentes de la cosmología moderna pueden proporcionarle todos los detalles y describir con precisión lo que sucedió en las décimas de segundo que siguieron al Big Bang…

Haffner: El premio Nobel Steven Weinberg ha escrito un libro muy bello sobre el tema, Los tres primeros minutos del universo

Bauman: … pero los científicos enmudecen cuando deben responder a la pregunta de qué había antes. Esos son los límites naturales de nuestro entendimiento. Sin embargo, es raro que, partiendo de este conocimiento, se llegue a Dios, porque las cuestiones de la nada y de la eternidad son problemas filosóficos. Puedo comprender que un filósofo no logre conciliar el sueño cuando comienza a reflexionar sobre ello. Pero dudo que otra persona, ajena a la filosofía, se mantenga en vela por ello. Solo quiero decir que este sentimiento de que existe una fuerza, un ser superior, un dios, tiene un fundamento intelectual. Nuestra capacidad de comprensión tiene límites. Puede que existan diferencias individuales con relación a cómo han surgido estos límites, pero siempre están ahí. Repito: Dios morirá, pero con él morirá también la humanidad.

Haffner: Lo que usted dice es una paradoja: ser ateo, pero creer al mismo tiempo que la humanidad morirá cuando muera Dios.

Bauman: No pienso que sea una paradoja. Es una parte de lo que constituye ser un hombre. Tenemos toda clase de cualidades esenciales. Y, entre ellas, también la de que nuestros actos y nuestros pensamientos llevan, de forma inevitable, a reconocer nuestra incapacidad. Y esto lleva, a su vez, a suponer que tiene que existir algo que está más allá y por encima de nosotros, una fuerza que lo sostiene todo. Soy una persona, y, porque soy una persona, mi capacidad de comprensión está limitada. El hecho de que yo tenga límites es una señal de que hay algo más allá de estos límites. Todos nosotros aumentamos a gran escala la demanda de religión. No necesitamos sacerdotes que lo hagan por nosotros. Es algo espontáneo. No veo ninguna paradoja.

Portada de WMagazín con avances literarios en primicia.

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