El escritor croata Robert Perišić, auto de ‘El último artefacto socialista (Impedimenta). / Foto de Jurica Galoic – cortesía editorial Impedimenta
Robert Perišić: “El neoliberalismo creó un caos en el mundo postcomunista que tiene que ver con el regreso del autoritarismo a Rusia”
El escritor croata novela en 'El último artefacto comunista' la historia de su país tras la era del socialismo yugoslavo y la guerra de los balcanes y el presente colpsado por el nuevo capitalismo del siglo XXI. Una sátira en la que se refleja parte del mundo actual con las heridas de los cambios
“Empecé a leer cómics a los 8 o 9 años. Había cómics traducidos en Yugoslavia, y puede que fueran italianos (no estoy seguro), pero su trama se desarrollaba principalmente durante la lucha estadounidense por la independencia contra los ingleses y los héroes eran (solo los conozco traducidos) Black Rock, el comandante Mark, Zagor Te Ney y otros. Siempre luchaban contra los ingleses, que tenían ejército, y estos héroes no tenían ejército, eran tramperos y tenían amigos entre los indios… Por aquel entonces no leía libros; eran obras tediosas y ‘aburridas’. Esos cómics se compraban en el quiosco y eran muy populares. Más tarde, eso me llevó a héroes un poco más complejos como Corto Maltés. Creo que, alrededor de los 10 u 11 años, empecé a leer libros sin ilustraciones. El último mohicano, de James Fenimore Cooper, probablemente, se inspiró mucho en esos primeros cómics. Recuerdo que me impactó profundamente. Siempre tuve una actitud positiva hacia los indígenas americanos, un principio que se está extendiendo. En aquella época, también me conmovieron los libros Los muchachos de la calle Paul, del escritor húngaro Ferenc Molnár, así como La compañía Pere Kvržica, del escritor croata Mato Lovrak… Todos estos libros tenían, de alguna manera, un carácter social. No me gustaba la fantasía ni los cuentos de hadas. Pensaba: ‘No me cuentes tonterías’. Mi última novela tiene elementos de fantasía, pero de niño me oponía por completo”.
Estos fueron los inicios de Robert Perišić (Split, Croacia, 1969) en el universo de la creación literaria en contacto con la realidad, las injusticias sociales y la política que despertaron su posterior espíritu antibelicista y su mirada múltiple sobre las heridas que deja el pasado y lo que sucedía alrededor. Eran los años en que Croacia pertenecía a la antigua Yugoslavia socialista o “titoísta” de Josip Broz Tito. Tres décadas largas después de aquellos años del descubrimiento de los cómics, en 2015, Robert Perišić publicó una de sus novelas más reconocidas internacionalmente: El último artefacto socialista (Impedimenta, 2025), y que fue llevada a la televisión. Para entonces, Perišić ya era considerado uno de los autores croatas contemporáneos más relevantes y claro autor antibelicista y observador y analista agudo de los cambios vividos por Croacia tanto en la época socialista como postsocialista con las nuevas reglas del capitalismo en tromba y las heridas tras la guerra de los Balcanes.

Colapso, identidad, ruinas, desarraigo, desencanto… Y amistad, amor, resiliencia, esperanza… Son algunos de los conceptos presentes en la obra de este escritor que empezó como periodista y crítico cultural mientras escribía poesía, teatro o guiones de televisión. De todos esos ámbitos surge un autor que mira el presente a través de las huellas del pasado que se resisten a desaparecer creando un nuevo orden que aborda con franqueza, ironía y mordacidad, lo que da un toque de humor crítico, pero con un elemento singular: una ternura sutil en algunas situaciones o personajes.
Algo que se refleja en la manera como Robert Perišić recuerda cuando empezó a tomar más conciencia de la lectura, del mundo y de su propio ser ya vinculado para siempre con la literatura, donde se entiende la conjunción de vida y lecturas de la que surge un escritor como él:
“Después de ser alumno con honores en mi primer año de instituto, cuando tenía unos 15 años, mi profesor de literatura me regaló un libro interesante en nombre del colegio: la novela de Dostoievski, El adolescente. La leí y no entendí nada. Había nihilistas en juego, círculos intelectuales y discusiones vagas, un joven confundido, muy serio y secretamente enamorado de alguien de clase alta; todo era muy vago e incomprensible… Creo que leí ese libro hasta la mitad. Y no es la mejor novela de Dostoievski. Pero, aun así, algo me atrajo y me confundió… Fue la primera novela intelectual que leí; me maravilló ese mundo, y aunque no lo entendía, fue como si me abriera algunas puertas… Luego leí a escritores croatas serios: de Miroslav Krleža, la novela El regreso de Filip Latinović, y de Ranko Marinković, la novela Cíclope. Estos son clásicos modernistas croatas, novelas que aún puedo recomendar. También leía periódicos juveniles de la época, como Polet, que se publicaban dentro del sistema de la Organización de la Juventud Socialista de Croacia, por lo que contaban con financiación sistémica, pero eran bastante liberales. Publicaban contribuciones literarias de jóvenes escritores, principalmente textos neovanguardistas y posmodernos, sobre todo poesía, lo que, creo, me atrajo a la escritura, porque bromeaban mucho sobre literatura, y empecé a escribir poesía bastante incomprensible… Un año después, hacia el final del instituto, leí a Allen Ginsberg. Llevé su selección de poesía al ejército yugoslavo en 1987, y por algún milagro —algo poco habitual— logré salir después de tres meses y medio, aunque el servicio militar duraba un año en aquel entonces. No quiero decir que fuera solo por Ginsberg, pero, sin duda, ayudó un poco a que me declararan no apto para el servicio militar en Yugoslavia antes de la guerra, lo que posteriormente influyó en mi biografía…”.
Todo esto forma el embrión personal-literario de Robert Perišić que brilla en El último artefacto socialista. Una novela que no solo hace referencia a Croacia y los Balcanes y su historia reconducida, sino que involucra a todo el mundo. Lo hace a través del relato de dos empresarios “al servicio del nuevo capitalismo” que llegan a una ciudad para reabrir una antigua fábrica de turbinas. Para ganarse la confianza de la población predican el viejo socialismo de autogestión y la promesa de una “nueva prosperidad” resucita fantasmas. Se produce el choque entre el pasado, la máscara y el engaño por un presente que quiere devorarlo todo, mientras las complicidades, la confianza, la amistad, la ilusión y los amores en tránsito sostienen la verdadera existencia.
Las heridas de la guerra y del nuevo mundo

Robert Perišić muestra las grietas del sistema o del colapso, el desarraigo, la propia incertidumbre, la identidad, una identidad nacional global en un momento en que toman fuerza los nacionalismos… Es de lo primero sobre lo que el escritor empezó a reflexionar una mañana de junio con el rumor de fondo de la Feria del Libro de Madrid 2025:
“El colapso del sistema es algo que, en el libro, ya les ocurrió a esos personajes. Fue en el pasado, en su historia personal y también en su historia colectiva. Les sucedió a todos, pero de forma diferente, porque algunos vivían en centros, en lugares conectados con las élites, mientras que otros estaban totalmente marginados, en lugares que, de alguna manera, quedaron abandonados o desatendidos. Estos lugares, en este libro, se encuentran en el fondo de este colapso.
En la novela, el colapso también se refiere a una situación postsocialista o postcomunista, cuando se produce un cambio de sistema acontecido de un modo bastante específico: ocurrió durante el auge del pensamiento neoliberal en Occidente.
Asesores neoliberales llegaron a los países excomunistas tras la caída del Muro de Berlín para aconsejarles sobre cómo debían gestionar la economía. Este proceso de privatización y las cosas que ocurrían en el bloque postsoviético y en la ex Yugoslavia, que no pertenecía a la Unión Soviética, pero sí era un país socialista, fue parte del colapso. Porque el colapso en sí no fue solo un colapso político, sino también un caos económico y una especie de privatización caótica de muchas cosas. Tras el colapso del Estado, ya sea socialista o comunista, las propiedades quedaron, en cierto sentido, sin dueño. Teníamos, por ejemplo, en Yugoslavia, un concepto que no se llamaba propiedad estatal de las cosas, sino propiedad social de las cosas, de las fábricas.
Era un colapso de una situación económica y social caótica. Y las víctimas fueron, a menudo, fábricas clásicas, especialmente fábricas complejas. Durante ese proceso de privatización rápida se produjeron muchos problemas. Es difícil describirlo con criterios económicos normales, pero, por ejemplo, era normal que algunas personas dirigieran empresas y las dirigieran muy mal solo con la intención de bajar el precio de la empresa, de reducir su valor. Porque si se declaraba en quiebra se compraba barato y luego se intentaba hacer algo con la propiedad. Básicamente fue un cambio de sistema y un cambio hacia un mercado libre, una forma bastante extrema de libre mercado.
Esta política neoliberal de privatizaciones creó caos en todo el mundo postcomunista, lo que tiene que ver, por ejemplo, con el regreso del autoritarismo a Rusia, debido a lo que sucedía mientras tanto. Así que también hubo un fracaso en la democratización de esas zonas.
En algunos países, la situación fue aún peor. En otros, un poco menos. Por ejemplo, Croacia tiene turismo y si no tuviéramos turismo, si no tuviéramos una costa extensa con hermosas playas e islas, tendríamos graves problemas económicos. Gracias al turismo estamos sobreviviendo.
Otro colapso citado en la novela se refiere a la guerra que ocurrió en diferentes partes de la era postsoviética y postcomunista en su mayoría… Pero, también, hubo guerras en Armenia, en Georgia y en diferentes lugares, especialmente en los márgenes del mundo soviético.
Y la peor parte de la situación fue para la gente de la zona. En esta novela hablo de un lugar inventado que es, en cierto modo, un reflejo de lo que digo. Como quería incluir a diferentes personas con diferentes orígenes, en este pueblo hay tres religiones, así que podría parecerse más a Bosnia, no a Croacia. Soy de Croacia, pero también conozco Bosnia muy bien. Aunque no es Bosnia”.
Ironía, sátira, mordacidad, humor

Para describir estas transformaciones o retrocesos o resquebrajamientos, Robert Perišić optó por la sátira, la ironía, el humor a través de la vida más cotidiana…
“Antes publiqué dos libros de cuentos cortos que son ese mismo estilo de ironía. Al principio, mientras tanto, escribí una comedia social que se representó en un teatro de Zagreb. Y también la novela Nuestro hombre en Irak. Pero en El último artefacto socialista todo está escrito en ese tono, principalmente en la primera parte. El tono es, digamos, más irónico. Eso se conecta con nuestra perspectiva como lectores y con la de estos dos chicos que vienen de una ciudad céntrica a una provincia remota de un pueblo remoto y deprimido. Su perspectiva es un poco desde arriba, especialmente al principio. Es melancólica, pero también desde la perspectiva de alguien que vive en un lugar mejor. Esto también es importante. Creo que lo hice espontáneamente. Cuando pienso en esta novela también es importante pensar que refleja la perspectiva de mis lectores que viven principalmente en centros urbanos, de clase media o media-alta. Ellos ven estos lugares desde esa perspectiva.
Para mí es un viaje para la clase media urbana, es decir, para el lector de clase media, que busca reconectar con alguien de otro espectro social. Puede que sean culturalmente diferentes, son personas que no se ven mucho y que quizás se evitan en la vida real.
No estoy seguro de si la ironía sea una buena palabra para explicar la novela. Este libro tiene un tono satírico e irónico que se extiende por todo él y, sin duda, hay muchos momentos donde la gente puede reírse al leerlo, no solo por la vida ruidosa, sino también por el amor. Mucha gente me dijo que se rio, pero también que lloró, especialmente en la segunda parte de la novela.
Así que no es solo sátira. También tiene una visión más amplia, porque la ironía es que, a veces, vemos las cosas desde una perspectiva diferente, como si buscáramos sobrevivir, porque en mi generación, crecimos en ese caos. La ironía también se relaciona con la situación de la que nos reímos de algo. Es como un arma que usamos para defendernos.
Cuando mencionaba la primera novela, Nuestro hombre en Irak, es a la que Jonathan Franzen se refirió afirmando que tenía “un tono irónico e inteligente’. En ese momento me ayudó mucho como escritor en el extranjero, porque Franzen difundió mi primera novela cuando se publicó en el Reino Unido y Estados Unidos.
Creo que esa novela cambió un poco mi escritura. Después publiqué una novela que la gente decía que no tenía nada que ver con mis escritos anteriores. En Croacia el título es Barco, pero tiene que ver con animales, con muchas cosas, y con algunas personas con las que es muy difícil conectar”.
Los afectos y el amor
Un aspecto destacable de El último artefacto socialista es la función que cumplen los afectos y el amor que son una constante vital en medio de todos esos grandes cambios e incertidumbres que generan caos. Robert Perišić representa el sentimiento amoroso tanto en los dos empresarios que llegan a trastocarlo todo como en los demás hombres y mujeres del pueblo. A través de ellos se aprecia las múltiples búsquedas afectivas e incluso del “amor en tránsito”, de su necesidad para toda clase de personas y situaciones.
“Me alegra mucho que hayas planteado esto porque la gente rara vez lo hace y es muy importante para la novela. Normalmente comienza con los dos chicos, y siempre hablamos de ellos en entrevistas, pero también hay personajes femeninos interesantes y que los críticos han notado que son activos y resuelven cosas. Por ejemplo, uno de los dos protagonistas tiene una especie de pareja, aunque no es un amor oficialmente, es casi como un patrocinio. Pero él empieza a sentir cosas por ella y ambos terminan atrapados en eso; casi podríamos decir que mantienen una relación económica, una relación de clase, o una relación entre jefe y asistente. Sabemos que esto sucede en todas partes, pero en esta novela también aparece un tipo de amor o algo emocional que no debería suceder, ellos no quieren que suceda, y es una situación paradójica porque la mayoría de la gente quiere amar”.
Robert Perišić va más allá de la presencia amorosa como algo episódico. En sus libros, retratos sociales, políticos, económicos o culturales, el amor se muestra en sus búsquedas, sus relaciones y sus lazos como una válvula de oxígeno para sus personajes y para la misma construcción y continuación de sus vidas.
“Es algo que hago conscientemente para que alguien pueda leer esas historias de amor y sentirse involucrado de una manera casi sentimental.
En mis libros no quiero perder los elementos sociales de las relaciones, incluso en las relaciones amorosas, especialmente la forma en que las personas comienzan algo y cómo se desarrolla. En mi obra lo que quiero decir tiene que ver con eso. Hay algunas maneras en mi escritura que son románticas, algo de lo que algunos escritores modernos con ambiciones escaparían porque podría recordar las historias de amor y las historias románticas. Por otro lado, no pierdo los aspectos económicos y de clase que determinan las relaciones humanas. Cuando escribo sobre el amor no pierdo el contexto social del espacio de trabajo”.
- El último artefacto socialista. Robert Perišić. Traducción: Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek (Impedimenta).

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