El escritor irlandés Sebastian Barry autor de ‘Días sin final’ y ‘Mil lunas’. /Foto cortesía editorial AdN

Sebastian Barry: «Sería un ataque a la literatura si se exigiera que fuera ‘políticamente correcta»

El escritor irlandés publica 'Mil lunas', una novela con la que completa el díptico literario iniciado con su premiada 'Días sin final' sobre la naturaleza del amor más allá del sexo y el género, la identidad y la fuerza de la mujer

A mediados del siglo XIX, después de vivir el horror y combatir en las guerras indias de Estados Unidos y luego en la Guerra de Secesión, los jóvenes soldados Thomas McNulty y John Cole descubrieron su verdadero ser y se fueron a vivir juntos. Esa ruta del asombro y la perplejidad ante la violencia entre los seres humanos y las batallas interiores y sociales de los dos compañeros de armas hasta apostar por su propia felicidad Sebastian Barry le puso por título Días sin final, en 2016. Cuatro años después el premiado autor irlandés retoma a sus personajes y ensancha su mundo a través de la niña sioux que adoptaron y que cuenta la historia en Mil lunas (ambas novelas en AdN).

Sebastian Barry (Dublín, 1955) ha escrito dos díptico literario sobre la naturaleza del amor, la diversidad de los sentimientos más allá del sexo y del género en una mirada profunda al interior del ser humano a través de aquello que buscan, une y comparten todas las personas: el amor y la libertad y la igualdad.

A Barry el soplo de inspiración de Días sin final se lo dio su hijo adolescente cuando le contó que era homosexual. A partir de ahí el escritor situó la historia de la novela a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX en la voz del inmigrante irlandés Thomas McNulty y su relación con Cole desde la amistad hasta el amor y la vida en pareja.

La inspiración de Mil lunas surgió de la fuerza que Barry detectó en sus hijas en la era del Me Too y la necesidad que tenía de hablar de los indios exterminados en la conquista norteamericana. La historia la sitúa en 1870 a través de la voz de Winona, la hija adoptiva de McNulty y de Cole, que narra varios aspectos: ser hija de una pareja poco común en la época, la fluidez de género porque durante una época se presenta como un niño, la mirada sobre el exterminio de los indios y la fuerza y derechos de la mujer.

Aunque Sebastian Barry era conocido por sus obras de teatro y ocho novelas, no es hasta Días sin final que su nombre adquiere un gran reconocimiento internacional. Es una novela osada en el enfoque temático y escrita con gran sensibilidad en los temas y en el manejo del inglés como lengua mestiza y en un tono que recuerda a las grandes narraciones con aliento épico. Barry ha obtenido varios premios, entre ellos el Costa Book of the Year y el Walter Scott de ficción histórica en el Reino Unido, fue finalista al Booker y ha tenido críticas muy elogiosas y fue elegido por The Guardian como uno de los mejores libros del siglo XXI. Otras dos de sus novelas han sido finalistas del Booker, Un largo, largo camino y La escritura secreta.

Desde su casa en Dublín, Sebastian Barry reflexiona, a través de internet, de su literatura y de cómo su familia y su país han influido en sus libros.

Winston Manrique Sabogal. ¿Qué opinan sus familiares de que su propia familia sea el motivo de varias de sus novelas?

Sebastian Barry. Las dos familias de las novelas, los Dunne y los McNulty, se unen, en el mundo «real», en el matrimonio de mis padres en 1953, sobre el que nunca he escrito ni tocado nada que venga después. En gran parte, las novelas son un esfuerzo por volver a imaginar a personas que fueron borradas, ocultadas, olvidadas, por lo que, afortunadamente, en gran parte son inventadas. Los McNulty se inspiran en los familiares de mi madre, los Dunne en la de mi padre. Son como trozos y restos de hechos reales frotados para hacer una especie de fuego.

Mi padre, que ahora tiene 90 años, no me ha dicho casi nada a lo largo de los años al respecto; mi madre, que murió en 2007, nunca se sintió disgustada o desconcertada por las aparentes revelaciones en las novelas, en parte porque a veces contienen versiones muy alteradas de cosas que me dijo cuando era niño. Su padre hizo una gran excepción con algunas de las primeras historias que escribí sobre él y sobre mí en mi infancia, pero inicialmente porque no le gustaba la descripción de sus padres como pobres. Las novelas son, en efecto, artefactos ficticios, de ninguna manera precisos o acusatorios. Pero, por supuesto, es terrible y lamentable tener un escritor en la familia.

W. Manrique Sabogal. ¿Por qué decidió continuar con la historia de Thomas y John de Días sin final?

S. Barry. Para ser franco, como padre, me ha impresionado mucho en los últimos años la brecha entre cómo pienso en mis hijos y cómo parecen pensar ellos de sí mismos. Tengo una hija valiente, talentosa e inteligente, a la que tiendo a idolatrar e idealizar (sospecho). Me volví muy consciente del hecho de que en Días sin final solo vemos a Winona a través del relato de Thomas sobre ella. Sentí mucha curiosidad, incluso me preocupé, acerca de cómo podría describir su vida por sí misma. Al mismo tiempo, no pude evitar ser consciente de que no tenía 17 años, ni era mujer, ni Lakota, ni vivía en la década de 1870 en Tennessee.

Días sin final fue un libro muy generoso de escribir. Me sentí muy feliz escribiéndolo, de una manera curiosa. Pero pensé que faltaba algo. No veo Mil lunas como una secuela, sino que veo los dos libros como una forma escultórica, o una pintura, Padre e hijo juntos, o mejor Madre e hijo. Hay una gran pintura de Arshile Gorky de él y su madre, una rara obra figurativa de él. Estaba pintado a partir de la única fotografía que tenía de su madre, que había sido asesinada en la masacre de Armenia. La foto era pequeña y el cuadro muy grande. Pensé que al hacer Días sin final tenía un espacio en blanco en el lienzo, donde debería estar una imagen real de Winona. No fue suficiente para mí que Thomas tuviera la única palabra sobre ella. Así que traté de quedarme muy callado en mi cuarto de trabajo para ver si ella podía hablar.

W. Manrique Sabogal. ¿Por qué decidió que la voz narradora sería la de Winona? ¿Cómo obtuvo ese tono de ella o en quién se inspiró para ella?

S. Barry. Como digo, era crucial que ella hablara por sí misma. Consideré una narración en tercera persona, pero pensé que solo prolongaría la ofensa y sería un silencio adicional. Estamos en el reino de la novela, en el campo misericordioso de la novela, no en la así llamada vida real. Solo podía buscar conocer a Winona, un alma singular, no a todas las Winonas del mundo. Como padre, había sido una revelación para mí que las mujeres jóvenes de nuestro tiempo todavía tuvieran tantos obstáculos, peligros, amenazas de asalto, indignidades, incluso criminalidad absoluta, que enfrentar, como si el mundo fuera un punto constante, y nada más. Como padre eso me oprimió y enfureció. Pero también vi cómo alguien como mi hija empuñaba el arma de su propia dignidad, era valiente y resuelta, pero también, crucialmente, librando sus propias batallas. Esto me dejó perplejo, pero también enormemente admirado. Entonces, si Días sin final provino de cierta revelación en la vida y el carácter de uno de mis hijos, el carácter de Winona en algunos aspectos es un homenaje más a mi hija; pero también, por así decirlo, un regalo que me hizo mi hija, en el sentido de que tuve el privilegio de conocerla y contemplarla.

W. Manrique Sabogal. ¿Qué opina de este momento de mayor aceptación de la fluidez de género?

S. Barry. De alguna manera, parece que no solo el lenguaje en sí mismo se reinventa (todas las palabras precisas de la fluidez de género), sino la existencia misma. En Irlanda, donde nos hemos visto envueltos, abrumados, enterrados en nuestro tipo de catolicismo tóxico, que por supuesto tenía poco que ver con la bondad o la rectitud, la fluidez de género es una vacuna muy potente contra los horrores de la ortodoxia y el control, tanto estatales como personales. Cuando era joven, tales maravillas y signos y posibilidades ni siquiera eran contemplados, ni siquiera imaginados, al menos en el lugar de la tierra que ocupaba. ¡Libertad!

W. Manrique Sabogal. La libertad es un concepto clave en sus novelas tanto en el aspecto social y político como en el individual y sentimental. ¿Por qué?

S. Barry. En Irlanda a lo largo de los siglos de colonización, la población sometida, en el péndulo variable de aceptación y violencia, contempla periódicamente la posibilidad de la libertad. Irish Freedom es una idea nacional. Hablamos de ello, sin que a veces nos tomemos la molestia de precisar qué podría ser y quiénes podrían quedar excluidos.

No hay duda de que, digamos, mi esposa, como protestante irlandesa en su infancia, y en general como mujer, no tenía mucho sentido de esta libertad irlandesa que se aplicaba a ella. Yo mismo nunca sentí que tenía los adjetivos correctos ni siquiera para describirme como irlandés. Había demasiadas anomalías. Hasta más tarde, te das cuenta de que la vida de todos es anómala y nadie viaja con los dos pies en ese Tren de la Libertad.

Muchos participantes en la Guerra de la Independencia y, por supuesto, en la Guerra Civil que siguió, sintieron que la Irlanda que finalmente obtuvimos, esta tierra ‘libre’, fue una desilusión miserable. Muchos se fueron, muchos fueron expulsados. La libertad debía ser solo para las almas adjetivas adecuadas.

Winona en la ley estadounidense de la época sería descrita como una prisionera de guerra. Ella no tendría ciudadanía (no fue, según recuerdo, hasta la década de 1920 cuando a los nativos se les «dio» la ciudadanía, y solo entonces por razones dudosas). Algunos miembros de mi propia familia fueron enviados fuera de Irlanda, uno incluso asesinado en Estados Unidos, por estar en el lado equivocado de la historia.

En mi opinión, la libertad es un concepto enroscado, a veces incluso asesino, aunque a veces también radiante y brillante, por lo que, como novelista irlandés (¿pero lo soy?), estaba muy interesado en tratar de describir y detallar el estado de vida de Winona en ese período en Norte América. ¿Puedes pertenecer a un país que dice, una y otra vez, que no eres nada?

W. Manrique Sabogal. ¿Se ha sentido más libre escribiendo Días sin fin y Mil lunas?

S. Barry. Ha sido maravilloso haber emigrado a los Estados Unidos de mediados del siglo XIX sin dejar Wicklow. Hubo una inmensa libertad en el hecho de que Thomas McNulty es esencialmente analfabeto, pero extremadamente brillante. Tenemos una relación muy extraña con el inglés en Irlanda, en nuestras bocas, donde se suponía que estabe el irlandés. O el francés normal, o el latín medieval, o… Nos especializamos en todo tipo de relaciones extrañas, pero el inglés es realmente así. Por un lado, lo abrazamos y lo convertimos en nuestro propio idioma, sin lugar a dudas. En Dublín se habla inglés desde hace mil años. Pero el Irish es mucho más viejo y lleva su propia carga perdida que quizás era esencial para nosotros. Son cosas sin las cuales no puedes, o no debes, continuar en el futuro. Así que descomponer el inglés en la versión de Thomas que habría visto obligado (en mi comprensión ficticia) a forjar para sí mismo fue, inesperadamente, una especie de alegría. No tener la ansiedad de un inglés perfecto. Pero también para presenciar su comprensión y descripciones del mundo en el que se encontraba, a causa del exilio. Su exilio fue mi exilio indirecto, y sí, encontré una libertad en él. Winona, educada, se esperaba que hablara como «un indio», pero no, triunfalmente, también se alegró de escribir, pero desde el lado opuesto: su inglés cuidadoso y, a veces, incluso elegante. De esta manera, ella es verdaderamente la hija de un inmigrante, aunque siempre con el ingrediente complicado de que su gente habría estado en ‘Isla Tortuga’ durante 14.000, tal vez incluso 40.000 años. Si Winona forja su propia libertad en cierto sentido, también forjó un nuevo sentido de libertad para mí, su mero amanuense.

W. Manrique Sabogal. ¿Qué opina de la denominada apropiación cultural de los escritores?

S. Barry. Me lo han preguntado muchas veces. Generalmente, confío en dos cosas: el ADN y la descripción del trabajo del tipo de novelista que soy. Todos, todos los humanos modernos, provienen de las mismas tres o cinco mujeres de África. Por eso, en mi opinión, es importante tratar de comprender todas las manifestaciones de esta curiosa creación. Intentar ponernos completamente en los zapatos, o los pies descalzos, de los demás, especialmente cuando aparentemente son tan diferentes a nosotros.

Pero la cuestión es que no hay verdadera diferencia, solo hay parentesco, hermandad, consanguinidad. Sí, el señor Dillinger en On Canaan’s Side dice: «La buena noticia es que todos somos la misma familia; la mala noticia es que todos somos la misma familia”, dado lo problemáticas y ruinosas que pueden ser las familias.

De todos modos, creo que es en parte el trabajo del novelista, o el trabajo de este novelista, cruzar barreras y fronteras aparentes, y no solo entender a los «otros». En esta tierra no hay verdaderos ‘ellos’, solo hay ‘nosotros’. Soy muy consciente de que hay otras formas de pensar sobre esto. Supongo que también estoy tratando de afirmar la condición del novelista como forajido, más que como ciudadano perfeccionado.

W. Manrique Sabogal. ¿Cree que la literatura y las artes en general deberían ser políticamente correctas?

S. Barry. Bueno, la política, especialmente en Irlanda, cambia minuto a minuto, a veces asesina minuto a minuto, pero la fuerza de la literatura es mensurable y eterna. De lo contrario, no podría leer a Catullus o Sir Thomas Browne, o JM Synge, como si fueran contemporáneos que vivieran en la misma calle. Sería un ataque indignante a la literatura si se exigiera que fuera «políticamente correcta». Mecenas le dio a Horacio una granja, pero se le dejó libre para escribir sus sátiras. Puede provenir de aparentemente buenas fuentes, buenos pensamientos, impulsos decentes, pero la ‘corrección política’ (que en realidad es muy difícil de definir) ha sumergido, digamos, a Joseph Conrad en las universidades estadounidenses, y no veo cómo la literatura puede hacer sin él.

W. Manrique Sabogal. ¿Por qué cree que hay tantos escritores irlandeses contemporáneos de renombre en el mundo?

Sebastian Barry. Es un misterio delicioso. Cuando estuve en Iowa en 1984 no pude evitar notar que tenían la misma población que Irlanda cuando nací, más o menos. Es verdaderamente un misterio, un misterio excelente. Podemos hablar de la olla a presión del colonialismo, las desilusiones y aventuras de la libertad, el abandono de los shibboleths de las generaciones recientes, el declive de los atroces instintos de la Iglesia Católica. Podrías decir que por ganarnos la libertad de nosotros mismos. Pero no lo explica del todo. Aunque no puedo explicarlo, puedo regocijarme por ello.

Y él, Sebastian Barry, es uno de los escritores irlandeses que disfrutan los lectores de todo el mundo. Entre sus lecturas de autores extranjeros figura el sueco Steve Sem-Sandberg de quien admira la exigencia de sus libros; de Francia le gusta Jérôme Ferrari que “está en mi calle”.

De joven el ejemplo que tomó fue de Conrad, Thomas Hardy y George Eliot, “lo cual es curioso y tal vez me cancele como escritor irlandés”, dice Barry. Seamus Heaney cuenta para él: “Cuando estaba vivo, pensé que era el ejemplo perfecto de un escritor irlandés, tanto en sus libros como en su persona. Se condujo con una amabilidad inspiradora. La ficción irlandesa premiada en los últimos años me ha asombrado, sobre todo el gran río de nuevos escritores, muchos de ellos mujeres, que ha abierto un nuevo camino a través del paisaje”.

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