Mónica Nepote, directora de e-Literatura, proyecto del Centro de Cultura Digital de Ciudad de México. /Fotografía Andrea Tejeda Korkowski -Cortesía Fundación Telefónica

Mónica Nepote: «Lo digital permite desafiar las ideas canónicas de escritura y lectura»

La escritora y directora del innovador proyecto mexicano e-Literatura analiza la transformación que vive el ser humano en el umbral del desarrollo tecnológico, digital y audiovisual donde las humanidades deben ser la clave

En tiempos de internet, el verdadero oro está en los datos y el conocimiento y en la capacidad de innovar. La interfaz protege, democratiza y exalta: “Para bien y para mal”, afirma Mónica Nepote (Guadalajara, México, 1970), escritora, editora, gestora cultural y directora del proyecto e-literatura del Centro de Cultura Digital de Ciudad de México. Por eso, agrega la experta, es importante desarrollar un pensamiento crítico que profundice, comprenda y emprenda. Y ese desarrollo debería impulsarse desde las aulas incorporando, de manera transversal, asignaturas relacionadas con las artes, las humanidades y las ciencias sociales a las denominadas “ciencias duras” o STEM (science, technology, engineering and mathematics), y viceversa.

Es el momento porque es ahora cuando la era digital sienta las bases e impulsa la transformación de un nuevo ser humano en todos sus ámbitos sin conocer sus consecuencias. Además, insiste Nepote, lo que ocurre en la red se siente en el cuerpo, lo analógico y lo digital están conectados. Todo ello en medio de búsquedas de nuevas narrativas y relatos en todos los frentes que requieren de diversas miradas en los programadores como responsables del diseño del mundo acorde a las sensibilidades reales de la gente y la sociedad.

Cuando en 1963, un ya reconocido Julio Cortázar, rompió moldes de la literatura canónica publicando Rayuela, tanto sus lectores como la crítica, se vieron desconcertados. El mismo Cortázar se empeñó en explicarla, ampliando el
desconcierto. De ella se dijo que era la anti novela, la contra novela, una bomba atómica, incluso se llegó a llamarla Mandala. Sin interfaces, sin algoritmos, sin internet, sin Facebook, Cortázar creó entonces al lector cómplice, capaz de establecer una conexión casi real y de construir su propia novela. Y así sucesivamente, infinitas novelas.

“Las prácticas de escritura siempre se han preguntado qué es el libro y cómo habitar el libro desde hace 600 años a la fecha”, zanja Nepote, durante la entrevista. Y esa es justamente la pregunta detonante que se hacen día a día en e-literatura, a través de laboratorios en los que participan escritores, programadores, animadores, diseñadores y músicos. Umbrales es el resultado de uno de esos laboratorios. El eje vertebrador de este relato interactivo es una serie de textos del taller de narrativa impartido a los pacientes de un pabellón psiquiátrico. Se trata de una plataforma que invita al lector a ser testigo de los umbrales entre los que oscilan constantemente los pacientes, entre la luz, la oscuridad y los conceptos de pasado o futuro, a partir de testimonios y recuerdos en primera persona. En Tatuaje, una novela policiaca hipermedia, producida íntegramente por el Centro de Cultura Digital, el lector recibe un argumento y una serie de pistas (mapas, fotos, documentos y hasta correos electrónicos) que lo implican en el ejercicio detectivesco. La plataforma de e-Literatura acoge muchas piezas más en las que se experimenta con la lectura y la escritura y una basta bibliografía descargable de manera gratuita, también edita la revista 404, un espacio vivo de reflexión constante sobre las posibilidades de la lectura electrónica

Son justamente esas reflexiones las que trajeron a Mónica Nepote a Madrid, para presentar la revista Telos 112, de Fundación Telefónica, dedicada a Humanidades en un mundo STEM, en la que ella aparece en portada y una entrevista a fondo en sus páginas interiores. Tras la presentación, en el edificio casi centenario de Telefónica, sobre la Gran Vía, Nepote amplió lo expresado en Telos.

Mónica Nepote durante la presentación de la revista ‘Telos’ número 112, en Madrid en enero de 2020. /Cortesía Fundación Telefónica

Carolina Ethel. ¿Qué tipo de lectores o escritores podemos ser si llegáramos a esa Ítaca en la que las ciencias “duras”, esas disciplinas rotuladas como STEM convivieran, fluyeran, en un círculo virtuoso e incuestionable, con las humanidades, que explican quiénes y cómo somos?.

Mónica Nepote. Se me ocurre responderte citando lo que me dijo en una entrevista, Johannes Thumfart, un historiador filosófico alemán, que decía que los programadores son los nuevos sacerdotes. Es una gran metáfora. El que sabe es el que tiene el poder. Ahí te dejo yo, te revierto la pregunta… ¿En manos de quién vamos a dejar el lenguaje y el conocimiento?

C. Ethel. Entonces si el programador es el sacerdote. Y el escritor es programador. El escritor es el sacerdote.

M. Nepote. Si lo ves desde ese punto de vista, es una invitación irresistible a que de veras pensemos en nuestras formaciones desde el humanismo, desde el periodismo, como una oportunidad de conocer y entender cómo funciona la caja negra, cómo funciona el algoritmo. Tenemos la posibilidad de capacitarnos en lenguajes y herramientas que hace veinte o treinta años no se consideraban. Antes era: los ingenieros están allá y los de humanidades acá. Si hacemos un trabajo periodístico es necesario saber hacia dónde nos estamos dirigiendo, como esta gran masa que somos de productores. Como dice Geert Lovink, «si algo en internet es gratis es porque tú eres el producto». ¿Sabemos cuánto valen nuestros datos?. Y estamos escuchando hablar de cómo los datos son el nuevo oro. Sería conveniente que pudiéramos saber cómo borramos nuestra huella digital, qué dejamos, qué no. Ni siquiera nos leemos los términos y condiciones cuando nos descargamos una app. Les regalas tus contactos a Facebook a Instagram, todo lo que dejamos en estos términos y condiciones que nunca leemos, es muchísimo de nuestra información.

A lo mejor no programar, pero sí entender qué está pasado o cómo funciona esta caja.

C. Ethel. Usted dice que hemos pasado de ser unos lectores voyeurs a unos lectores que participamos activamente del relato, que guiamos el relato. Eso cambia el oficio del escritor…

M. Nepote. Y también nos cambia como lectores. Vicente Luis Mora habla de «lectoescritores» o «escrilectores». Tenemos otras funciones, podemos participar en la escritura, completar, tomar decisiones, marcar el rumbo del relato. Es algo que caracteriza también la literatura digital. La idea del escritor voyeour, no quiero decir que ha sido superada, pero sí ha sido rebasada por esto otro. Esper Arset, que es uno de los especialistas en videojuegos, empezó a trabajar con la idea de narrativas en videojuegos. Y a mí eso es lo que me resulta muy atractivo de todas estas materialidades digitales: la posibilidad de hacer una escritura que desafía nuestras ideas canónicas de escritura. Aunque la experimentación ha estado presente siempre. Digo, la historia más cercana es la generación de los años sesenta, como Oulipo en Francia y antes los surrealistas. Las prácticas de escritura siempre se han preguntado qué es el libro y cómo habitar el libro desde hace 600 años a la fecha.

C. Ethel. ¿Cuál es el perfil del lector de literatura digital?

M. Nepote. Esa es una gran pregunta. La gente joven obviamente ha nacido con la tecnología y con los dispositivos digitales en la mano. Pero ahí te topas con que para los jóvenes la literatura sigue siendo algo que vive en los libros. Jóvenes que son gamers y que se la pasan conectados pero que no les gusta la lectura en pantalla. Eso me llama mucho la atención. Entonces creo que ahora la gran apuesta de la literatura digital se está dirigiendo hacia los niños. Están probando por ahí, en una mezcla entre juego, lectura y donde hay varias piezas que resultan bien interesantes de ver. Estamos todavía en un terreno inestable y yo trabajo con las materialidades digitales, pero vengo del papel.

C. Ethel. ¿Por qué dice que las humanidades deberían estar intrínsecamente ligadas a la formación en cualquier disciplina, por qué los humanistas deben estar al día, conocer y controlar la tecnología?

M. Nepote. El programador tiene biografía, tiene visión del mundo. Y eso se nota en sus trabajos. Lo vemos, por ejemplo, en los ambientes de videojuegos. No hay espacio más misógino que el espacio de los programadores de videojuegos. Es cierto que hay videojuegos de sellos independientes que tienen otras temáticas, por ejemplo quers o que se alimentan directamente de la literatura, pero algo que tú siempre vas a escuchar cuando tienes a una programadora o desarrolladora de videojuegos es una situación de acoso, chicas que se inventan avatares de chicos para evadir los ataques. La interfaz protege y exalta. Es complicado. Por eso es bien importante tener un pensamiento que profundice, no solo que analice. Si tu tienes una formación en pensamiento analítico o sensible, eso te hace relacionarte con el entorno desde una mirada más rica y empática. Pensarías y programarías acorde a esto. Lo que yo digo, que suena a chiste, es que los programadores deben descansar, ir más despacio y plantearse qué tipo de tecnologías tenemos que construir, sobre todo en estos momentos con la agenda 2030 sobre la mesa y que vemos que los gobiernos le están sacando la vuelta al tema, porque es de tal magnitud que no saben ni qué hacer. El problema ya está aquí… situaciones como los incendios en Amazonas o Australia van a tener consecuencias para todos… No nos va a quedar de otra más que ponernos de acuerdo ciudadanamente y hacer presión.

C. Ethel. ¿El camino para ese consenso es el entorno digital?

M. Nepote. El camino digital lo que me ha enseñado es a valorar el sistema nodal, pensar en tipos de organizaciones, pero algo bien importante es dejar espacio a estar off line. Podemos estar online y reencontrarnos y organizarnos off line. Y no se trata de lo real y lo virtual.

C. Ethel. Lo virtual también es real…

M. Nepote. Sí, yo siempre digo, si tú estás ahí en el twitter y te empiezan a acosar, ¿Dónde vas a sentir eso, en tu cuerpo virtual o en tu cuerpo real?. ¿A dónde se te va la angustia, al corazón de tu avatar? ¡No!, ¡Se te viene acá! Lo sientes en el cuerpo. No hay una división, estamos ahí todos, mediados irremediablemente por pantallas. Lo preocupante es que también hemos trasladado todo lo malo del mundo “real” al mundo virtual y allí se exacerba, de manera que ya tenemos hasta formaciones para protegernos de los ciberataques.

C. Ethel. Desde e-Literatura se generan espacios para la experimentación sobre nuevas formas de escritura y de lectura en un ecosistema en el que, sobre todo, no hay fórmulas ni reglas, guiados por la curiosidad y un poco retratanto los cambios y preocupaciones de la sociedad, ¿qué opinión tiene sobre las grandes plataformas de contenidos, como Netflix?

M. Nepote. Tengo una debilidad para tener una opinión crítica hacia los cambios en el consumo de cultura… Y es que, por ejemplo, me encanta la música y la posibilidad de tener acceso a los sonidos que quiero cuando quiero, me fascina. Pero entiendo que el riesgo es justo que lo que no está ahí parecería que no existe. Que lo que no está regulado por una forma de entender estructuras, parecería que no existe. Me preocupa la idea de la producción audiovisual corporativa que obedece a ciertas lógicas narrativas y a ciertas fórmulas. ¿Dónde quedarían los “otros” relatos… necesitarían tener otras plataformas de salida? Solo quiero subrayar que por una lado tienes ese acceso que es muy seductor, pero también quizá hay otro mundo que no estás viendo y que existe.

…Y otro mundo en construcción que es la suma de los dos anteriores, más las búsquedas de nuevas narrativas que tratan de adaptarse a esta época analógica y digital. Es el umbral de la transformación del ser humano del cual saldrá un nueva persona. Por eso es importante, señala Mónica Nepote, la incorporación de nuevas y diversas sensibilidades entre los que diseñan el nuevo horizonte hacia el que va el mundo para que refleje la realidad, variedad e hibridación de sus pobladores.

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