Librería Cálamo o 35 años de contribuir a la cultura

A los 23 años Francisco Goyanes apostó por un sueño que cumple tres décadas y media en Zaragoza (España) convertido en uno de los libreros de referencia en el ámbito hispanohablante. Esta es la historia de cómo una librería forma parte de una cultura y su sociedad

En el número 5 de la Plaza de San Francisco de Zaragoza (España) crece desde hace 35 años un sueño que vende sueños. Es la librería Cálamo que abrió al público en noviembre de 1983 luego de que el joven Francisco, Paco, Goyanes invirtiera todos sus ahorros y parte de los de su familia para cumplir un deseo: “Ser una parte activa social y culturalmente en mi comunidad”. Y lo ha logrado, además de crear unos premios literarios votados por sus lectores que este 23 de febrero llegaron a su edición número 17.

Goyanes convirtió en librería su pasión por los libros. Pero no una librería entendida como un establecimiento donde se venden libros porque su concepto iba más allá, iba y va hacia un encuentro mutuo con el libro donde todos son parte activa: el lector, el autor y el librero-recomendador.

A lo largo de su historia, Cálamo ha organizado más de 2.000 presentaciones de libros y todo tipo de actos de animación a la lectura. Paco Goyanes reconoce que “en el momento de la inauguración no había muchas librerías que tuvieran actividad cultural, que hicieran firmas o conferencias. Fuimos pioneros en ese sentido”. Su compromiso con su público y con la lectura es una de las máximas no solo para él sino para los seis empleados que conforman la plantilla laboral de Cálamo. La librería cuenta con dos establecimientos, uno para libros infantiles y otro para público adulto, ambas en la misma plaza. Para Goyanes, “una librería es ante todo un espacio de libros y libreros con compromiso con la lectura, tienen que saber de libros y querer recomendarlos. Hay que ser muy profesionales en el servicio y tener una actividad cultural importante, yo no entiendo la librería de otra manera”.

Librería Cálamo, en Zaragoza.

Primeros años

Tras cinco años de asentamiento inicial en los que también organizaron encuentros literarios, su actividad cultural se reconoció en 1989 cuando recibió del Ministerio de Cultura y CEGAL (Confederación Española de Gremio y Asociaciones de Libreros) el Premio a la mejor labor cultural organizada por librerías. A partir de ese momento su “curriculum” se disparó y en 1990 la librería fue invitada por el Syndicat de l´Edition a una estancia de formación sobre libro francés durante tres meses en París junto con ocho libreros más del resto del mundo. Este hermanamiento francés conllevó la obtención del reconocimiento Libreririe Francophone de Reférénce, otorgado por el Centre National du Livre. Algo similar al Sello de librería de Calidad que también otorga el Ministerio de Eduación, Cultura y Deporte en España y que Cálamo tiene desde 2016.  El Premio Librero Cultural 2001 y el Premio Boixareu Ginesta 2016, concedido por los editores, también están entre sus reconocimientos.

“Quiero hacer mucho más de lo que he hecho en estos 35 años, disfruto mucho con la librería”, confiesa Goyanes, siempre atento, además, al mundo del libro. En 2012 la Feria del Libro de Buenos Aires lo consideró una de “Las 50 personas más influyentes en el mundo editorial hispanoamericano”. A ello contribuyeron los encuentros  Talento Editorial, organizados en colaboración con Hay Festival América y las diferentes ediciones del Encuentro Internacional de Librerías y Editoriales Independientes “Otra Mirada”, cuya próxima cita, y será la cuarta, se celebrará en la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá (FiLBO).

Otro de los sueños de Goyanes es abrir librerías en América Latina: “Los proyectos en Latinoamérica nos han abierto los ojos al mundo porque a veces estamos demasiado metidos en nuestro pequeño mundo. En ocasiones sueño con abrir establecimientos en Latinoamérica, pero son solo sueños, falta el dinero”.

Premio Cálamo

Implicado con sus clientes-lectores-amigos en el año 2001 Cálamo puso en marcha la primera edición de sus Premios literarios. Galardones sin dotación económica votados por el público. “Los premios Cálamo surgieron con un par de cervezas (ríe al recordarlo). Pensamos que si había premio Planeta, Premio Nadal… ¿por qué no premios Cálamo?, el acierto fue implicar a los clientes y amigos de la librería que votan directamente el libro que más les ha gustado. No hay dinero para los ganadores, solo una escultura donada por Isidro Ferrer. Pero son premios que se han ganado su prestigio por el cariño, el amor que ponemos y la valoración de los lectores”. Este año los premios llegaron a su edición 17 y fueron distinguidos: Monika Zgustova por Vestidas para un baile en la nieve (Galaxia Gutenberg, y pronto en audiolibro por Storytel), Conjunto vacío, de Verónica Gerber (Pepitas de Calabaza), Kanada, de Juan Gómez Bárcena (Sexto Piso) y Perros que duermen, de Juan Madrid (Alianza).

De izquierda a derecha: Veronica Berger, Juan Madrid, Monika Zgustova, Juan Gómez Bárcena y Paco Goyanes.

En 35 años se han vivido muchos momentos. La crisis planeó por la plaza de San Francisco pero sin posarse del todo: “Sobrevivimos a la crisis gracias a la estructura de la librería y a la fidelidad de los clientes, cayeron mucho las ventas a organismos públicos y eso todavía se nota en la facturación, pero nuestras ventas a particulares se mantuvieron y la actividad cultural atrae público a la librería donde siempre encuentran algún libro bueno”.

La ubicación estratégica es fundamental, “vender libros es más difícil que vender ropa o cualquier otro producto y si no estás en un sitio visible es muy difícil que el público acuda”, dice el fundador de Cálamo. Lo que considera realmente importante es la profesionalización de los libreros y crear comunidad en torno a la librería, En un país, dice, “con muchos bares y cafeterías la solución de la librería no es poner una máquina de café. Hay que tener un buen fondo y compromiso con el lector para conseguirle las lecturas que demande”.

Solo hay una cosa de la que Paco Goyanes se arrepiente en estos 35 años:  “Me hubiera gustado ser más empresario”. Aunque sabe que el oficio de librero requiere muchas habilidades: filólogo, historiador, conocimiento de RRSS, Marketing, Contabilidad, Atención al cliente… Lamenta que en España no haya una formación reglada al respecto: “Sería muy valioso para esta profesión que existiera una formación reglada sobre librerías como ya ocurre en Alemania y en Francia. Así se podría aprender el oficio de forma diversa y no a base de batacazos”.

Millares de obras han pasado por sus manos, millares de obras ha leído, millares de libros ha recomendado, pero hay dos que Paco Goyanes destaca: El entenado, de Juan José Saer, y Muerte de un hombre feliz, de Giorgio Fontana. A Saer, contó a WMagazín, lo leyó “por la mejor de las razones, por amor”. Y por amor lo ha recomendado año tras año.

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