‘Patria’, de Fernando Aramburu, gana el Premio Nacional de Narrativa

La novela española aborda algunos años convulsos del País Vasco asediado por ETA. WMagazín publica el comienzo del libro y el vídeo del autor donde da claves de la obra

“Por la profundidad psicológica de los personajes, la tensión narrativa y la integración de los puntos de vista, así como por la voluntad de escribir una novela global sobre algunos años convulsos en el País Vasco”. Esta es la declaración por la que el jurado español del Premio Nacional de Narrativa concede el galardón a la novela Patria (Tusquets), de Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959).

Mucho se ha dicho en los medios de comunicación de esta novela, desde su publicación hace un año. Y más aún han comentado, debatido y polemizado los lectores. La novela que entra en la vida del País Vasco, asediado por ETA, que recorre las vidas de sus pobladores, que merodea por sus emociones, dudas, ideas, sueños y, sobre todo, despliega los sentimientos enfrentados a contradicciones, a pulsiones internas del pensar, del deber, del querer y del sentir. Un universo realzado por las voces de sus personajes, por sus tonalidades y cadencias, por sus humanidades.

Más allá de cualquier otro comentario, WMagazín comparte con sus lectores el comienzo de la novela del año y el vídeo de Aramburu en el que habla de este libro:

***

Tacones sobre el parqué

Ahí va la pobre, a romperse en él. Lo mismo que se rompe una ola en las rocas. Un poco de espuma y adiós. ¿No ve que ni siquiera se toma la molestia de abrirle la puerta? Sometida, más que sometida.
Y esos zapatos de tacón y esos labios rojos a sus cuarenta y cinco años, ¿para qué? Con tu categoría, hija, con tu posición y tus estudios, ¿qué te lleva a comportarte como una adolescente? Si el aita levantara la cabeza…
En el momento de subir al coche, Nerea dirigió la vista hacia la ventana tras cuyo visillo supuso que su madre, como de costumbre, estaría observándola. Y sí, aunque ella no pudiese verla desde la calle, Bittori la estaba mirando con pena y con el entrecejo arrugado, y hablaba a solas y susurró diciendo ahí va la pobre, de adorno de ese vanidoso a quien nunca se le ha pasado por la cabeza hacer feliz a nadie. ¿No se da cuenta de que una mujer ha de estar muy desesperada para tratar de seducir a su marido después de doce años de matrimonio? En el fondo es mejor que no hayan tenido descendencia.
Nerea agitó brevemente la mano en señal de despedida antes de meterse dentro del taxi. Su madre, en el tercer piso, oculta tras el visillo, desvió la mirada. Se veía una amplia franja de mar por encima de los tejados, el faro de la isla de Santa Clara, nubes tenues a lo lejos. La mujer del tiempo había anunciado sol. Y ella, ay, qué vieja me estoy haciendo, volvió a mirar la calle y el taxi ya se había perdido de vista.

Buscó a continuación, más allá de los tejados, más allá de la isla y de la línea azul del horizonte, y más allá de las nubes remotas y aún más allá, en el pasado perdido para siempre, escenas de la boda de su hija. Y la vio de nuevo en la catedral del Buen Pastor, vestida de blanco, con su ramo de flores y su excesiva felicidad, y así mirándola a la salida, tan esbelta, tan sonriente, tan guapa, le vino un mal presentimiento. De noche, cuando volvió sola a su casa, estuvo a dos dedos de sentarse ante la foto del Txato y confesarle sus temores; pero le dolía la cabeza y además el Txato, en cuestiones familiares, aún más tratándose de su hija, tenía la costumbre de ponerse sentimental. Era de lágrima fácil aquel hombre, y aunque las fotos no lloran, yo ya me entiendo.

Los tacones eran para despertarle el apetito a Quique, no precisamente el que se sacia comiendo. Toc, toc, toc, los había oído un rato antes puntear sobre el parqué. A ver si va a llenármelo de agujeros. Por la paz de casa, no se lo reprochó. Sólo iban a estar un rato. Habían venido a despedirse. Y a él, a las nueve de la mañana, ya le olía la boca a whisky o a una bebida de esas con las que comercia.
—Ama, ¿seguro que te las arreglarás sola?
—¿Por qué no vais en autobús al aeropuerto? El taxi de aquí a Bilbao os va a costar un dineral.
Él:
—No te preocupes por eso.
Las maletas, la incomodidad, la lentitud, alegó.
—Sí, pero vais con tiempo, ¿no?
—Ama, no insistas. Está decidido que iremos en taxi. Es lo más cómodo.
Quique empezaba a impacientarse.
—Es lo único cómodo.
Añadió que se iba a fumar un cigarrillo a la calle mientras habláis. Olía fuerte a perfume ese hombre. Pero la boca le huele a bebida y no son más que las nueve de la mañana. Se despidió mirándose la cara en el espejo del recibidor. Presumido. Y después, ¿autoritario, cordial pero seco?, a Nerea:
—No tardes.

Booktrailer del libro 'Patria'

 

 * Patria. Fernando Aramburu. Editorial Tusquets

Puedes escuchar aquí un avance del audiolibro de Patria:

 

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