Entrada principal de Corferias, donde se realiza la FILBo. /WMgazín

La vulnerabilidad y la revolución como territorios literarios en la FILBogotá

FOTOBITÁCORA / La feria de la capital colombiana recibe a autores como Fernando Vallejo, Betina González, Alejandro Palomas, Piedad Bonnett, Edward Rutherfurd, Gustavo Guerrero, Antonio Ortuño, Wendy Guerra, Laurence Debray, Karina Sáinz Borgo, Carolina Sanín...

Cada año la Feria del libro de Bogotá recibe más visitantes. De 2017 a 2018, se pasó de 474.471 visitantes residentes a 496.385. Y sumando participantes internacionales y no residentes, se lograron cifras record para la FILBo con un total de 575.000 asistentes, 25.000 más que el año pasado y un registro de crecimiento del 4,5%.

Así, este año, los organizadores del evento han decidido que el país invitado, además de Colombia y sus 200 años de independencia, sea cada uno de los asistentes de la FILBo 2019. Léete es la consigna de la feria este año y más allá de apelar al asistente como participante activo de su propia lectura, también ha querido plantearles a los autores como se leen, como sienten y como escriben. Desde su sensibilidad, su experiencia y su vida.

El libro se ha resistido a desaparecer

El escritor y editor Gustavo Guerrero.

El año era 2003, la ciudad Francfort. Gustavo Guerrero, editor, profesor, consejero literario y autor de libros de ensayo como Teorías de la lírica o Itinerarios, era testigo de una exposición, en la feria del libro de aquella ciudad, que prometía revolucionar el mundo editorial. En un espacio externo, lejano a la comprensión humana, una especie de satélite sería el encargado de recolectar la información de cada libro en el mundo y enviarlo al computador del lector que lo solicitara. Eran años antes de que pensáramos en los Ipads y los teléfonos inteligentes, era una utopía tecnológica que auguraba la desaparición del libro físico.

“Pero no sucedió”, dice Gustavo Guerrero, quién es oriundo de Venezuela. Para Guerrero los libros electrónicos fueron más euforia que realidad. Según él, los libros representan una distinción histórica y cultural, pero también, dice que no se puede pensar un mundo sin libreros, y en ese sentido, el espectro editorial independiente ha resistido “Es más, hoy en día, estamos produciendo más libros que nunca y a una velocidad impresionante. Solo en Latinoamérica en los noventa producíamos 16.000 títulos al año y hoy producimos 200.000 nuevos títulos anualmente”.

Guerrero mantuvo una conversación con Juan David Correa, director literario del Grupo Planeta Colombia, en el marco de la FILBo 2019. Ambos editores conversaron sobre la transición y los cambios que ha tenido el mundo editorial, pero como el propio Guerrero afirmó “lo editorial no puede pensarse como un espacio aparte del mundo literario”.

La familia: Un compendio de relaciones no elegidas

Los escritores Alejandro Palomas, Miguel Ángel Manrique y Guido Tamayo.

“Mi madre y mi hermana deberían agradecerme porque yo las he retratado mejor de lo que son”, contaba entre risas el escritor catalán Alejandro Palomas en el conversatorio La familia como obsesión literaria, en la que también participó el autor colombiano Miguel Ángel Manrique y que fue moderado por el escritor Guido Tamayo.

Manrique autor de Disturbio, libro que ganó el Premio nacional de novela del Ministerio de cultura colombiano en 2008, dice que la familia es importante para la narración porque es el primer lugar de las contradicciones humanas. “Uno quiere narrar las realidades más ocultas y lo que uno más conoce es la familia”.

Palomas, que en 2018 ganó el Premio Nadal por su libro Un amor, recuerda que escribir sobre su familia le reveló cosas en las que jamás había reparado. Un día se dijo así mismo “Con mi familia nunca me he abrazado”. Llamó a su Madre y a su hermana, las reunió y les dijo “nunca nos hemos dado un abrazo”. Ellas le dieron la razón y desde entonces han entrado a un proceso, que, según el escritor español, ha sido un asunto muy extraño “finalmente es tu madre a la que nunca has abrazado, hay una historia ahí”. Observar esas familias disfuncionales es hermoso para el escritor, pero vivirlas es un horror, dice Palomas.

Para Ángel Manrique y Alejandro Palomas, la familia es el espacio donde una persona puede ser genuina y para el autor español esto es esencial porque sin familia el escritor no podría descubrirse a sí mismo, no tendría una historia detrás y sin eso no habría literatura porque no podría existir la ficción, ese acto de perdonar, recrear, justificar e inventar.

La vulnerabilidad, fuente inagotable de la escritura

De izquierda a derecha: Antonio Ortuño, Carolina Sanín, Humberto Ballesteros y Betina González.

La escena es de piratas. Dos barcos navegan por el Mar Caribe. Del mástil de uno de los barcos va la enamorada y en el otro navío va su amor a rescatarla. El hombre observa como los otros piratas han torturado casi hasta la muerte a la mujer de su vida y él, entregado al llanto, decide emprender su ataque. ¿Cómo escribir esta escena sin jamás haberla sentido? Betina González hizo referencia a que precisamente Francis Scott Fitzgerald, el novelista estadounidense, decía que la emoción debe ser algo vivido, todo se puede imaginar, pero es imposible inventar la emoción.

Conversaciones sobre la vulnerabilidad fue el espacio que reunió a tres autores con especial apego a los afectos y las emociones. Escritores que han elegido la vulnerabilidad para construir su literatura. La mesa la moderó Betina González, argentina y autora del libro Las poseídas, y la conformaron el mexicano Antonio Ortuño (El buscador de cabezas), y los colombianos Carolina Sanín (Somos luces abismales) y Humberto Ballesteros (Diario a bordo de un niño astronauta).

“Escribimos para poner afuera lo que está adentro. Se debe admirar a quien escribe porque expone su vulnerabilidad ante otro, es alguien que revela su yo ante otro que es el lector” dijo Carolina Sanín ante la pregunta de la vulnerabilidad en su escritura. Asumir la debilidad humana para poder escribir y expresar nuestras flaquezas, fue una de las conclusiones de la charla. Ballesteros expresó que él espera que su literatura sea siempre vulnerable y que los fantasmas que lo obsesionan puedan obsérvalo tal cuál como es, un poco en sintonía con Ortuño que dijo que es a través de la escritura que tenemos la posibilidad de mirar y de desarrollar otras sensibilidades.

El hombre que no puede parir su hija al mundo

Piedad Bonnett y Ángelo Nestore.

Un niño en la ducha encoje su cuerpo, esconde el pene y le pregunta a su madre, mamá ¿quién soy? “Ángelo Nestore entiende la poesía como lo que es, un acto político. Sin usar el discurso Actos impuros, es una obra transgresora y entrañable. Pocas veces me sorprendo con algo nuevo en la poesía, pero de vez en cuando surge un Ángelo Nestore para refrescar el género”, afirmo Piedad Bonnett en el conversatorio Formas de lo femenino y lo masculino que contó con la presencia de Nestore, poeta ganador del Premio Hiperión 2017.

Nestore nació en Italia, pero vive desde hace años en Málaga (España). Es un personaje que se está cuestionando la identidad de lo femenino y lo masculino todo el tiempo. Es profesor y en sus clases siempre usa el femenino genérico. Le ha pasado ya varias veces que, al finalizar el curso, son las mismas niñas las que se acercan y dicen que los chicos se sienten incómodos cuando están ellos y Ángelo se refiere a todos como todas. “¿Las mujeres se han aguantado durante siglos y tus compañeros no se pueden aguantar cuatro horas?”, les responde Nestore.

Piedad Bonnett ensayista, poeta y escritora colombiana, y Ángelo Nestore son dos polos opuestos separados por el tiempo, la época y los años. Eso se entendió después de que Bonnett le replicara al poeta italiano que no podía estar de acuerdo con el “todas en vez del todos”, si en el espacio había hombres. Nestore respondió que él lo entendía y que él no pretendía cambiar el lenguaje, pero sí quería pensarlo desde otras perspectivas. Son luchas que él siempre ha dado, desde pequeño cuando su padre le exigía ser un macho, hasta hoy cuando a través de su poesía le escribe a la niña que quisiera dar a luz, pero que su cuerpo no le permite y que solo las letras, y la imaginación, le dejan soñar con la niña que saldría de su vientre.

La acogida de Fernando Vallejo

Fernando Vallejo (derecha) y Mario Jursich en el auditorio José Asunción Silva.

Fernando Vallejo pudo comprobar, una vez más, que tiene unos lectores colombianos que lo quieren. La presentación de su última novela, Memorias de un hijueputa, en el auditorio José Asunción Silva tuvo lleno total. Entre silencios para escucharlo y risas por sus respuestas transcurrió una hora del acto más importante del sábado.

Los jóvenes creen que la historia no es con ellos

El escritor británico Edward Rutherfurd.

Desde que era niño, Edward Rutherfurd fue un devorador de libros. Una vez, cuando era pequeño, le dio una gripa tan terrible que lo postró en la cama. Su madre le dio un libro y sin proponérselo y antes de volver a la escuela, Rutherfurd se había leído once libros en cuestión de días.

Edward Rutherfurd ha escrito ocho novelas históricas como Londres, París y Nueva York en las que traza la biografía de las mismas a través de sagas familaires. “Mis libros son gigantes. Para escribirlos tengo que hacer toda una obra arquitectónica”. El novelista británico estuvo presente en la FILBo 2019 y explicó cada uno de los pasos que realiza para escribir sus historias “mi editorial siempre me quiere matar porque tengo seis proyectos en la cabeza y solo sé que tengo que escribir alguna de ellas porque los personajes se salen solos, prácticamente cuando la novela ya quiere ser escrita”.

El autor piensa que la historia es necesaria y el género literario de la novela histórica también. Necesitamos algo físico para sentir, dice el autor, y recuerda la escultura de arcilla que su hija le hizo un día, no era una gran obra de arte, pero para el novelista es uno de sus más grandes tesoros. “Los jóvenes hoy en día creen que la historia no tiene nada que ver con ellos, que es algo que se cuenta en el pasado, pero la historia comienza desde hoy y va hacia atrás, por eso, es una lástima que en Occidente la historia no se enseñe como se hacía antes, porque todos estamos perdiendo interés en la historia y es algo realmente importante”.

Las hijas de la postrevolución

Distanciadas de la revolución en tiempo, época e ideología, la francesa Laurence Debray, hija del filósofo Regis Debray y la antropóloga Elizabeth Burgos, la cubana Wendy Guerra y la venezolana Karina Sáinz Borgo sostuvieron una conversación sobre los traumas y mitos de las revoluciones en la historia y sus respectivos países.

“Era difícil para mí tener unos padres consagrados a cambiar al mundo que habían olvidado por completo a su familia” aseguró la historiadora francesa autora de Hija de revolucionarios. Las tres escritoras criadas bajo gobiernos revolucionarios, como las autodenominó la novelista Wendy Guerra, son hijas de la postrevolución. Son hijas de gobiernos que ya hicieron la revolución, paridas en un contexto dónde ya no valía la rebelión e insertas en unas dinámicas que intentan subsistir los embates de la políticas en Latinoamérica y en el mundo.

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