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Palabras en desuso rescatadas por escritores y WMagazín para darles una segunda vida (y 2)

Arruncharse, Chapar, Desconchinflar, Fuñir... Narradores, poetas y expertos del idioma de España y Latinoamérica proponen una lista de palabras o acepciones especiales en sus países para protegerlas del olvido. ¿Cuál es la tuya? Una propuesta en días del Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española en Sevilla

El lenguaje es un organismo vivo compuesto de palabras que llevan su carga biográfica y sentimental en continua metamorfosis. Y aunque cada palabra puede tener un significado y varias acepciones reconocidas estas pueden tener una vida autónoma en cada región. Las palabras nacen, se usan, se arraigan y no se sabe el tiempo que durarán… Muchas han desaparecido en el camino, muchas responden a las necesidades de nombrar elementos de cada época… es entonces cuando algunas entran en la ruta del desuso que las pueden llevar a las sombras de arcaísmo o incluso desaparición.

WMagazín quiere recordar esas palabras que tienden al desuso o a ser arcaísmos pero que muestran la riqueza y variedad de nuestro idioma en días del XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), en Sevilla (España), del 4 al 8 de noviembre. Para celebrar la diversidad de la lengua hemos invitado a algunos escritores emergentes de España y América Latina a que apadrinen o amadrinen una palabra muy usada en su país que quieran rescatar o proteger por encontrarse a las puertas del olvido.

Lo hacemos teniendo en cuenta que durante el Congreso de Asale se presentaronn las novedades de la segunda edición del Diccionario de Americanismos  y de la edición 23 del Diccionario de la Lengua Española (puedes ver en este enlace la información). El siguiente es el diccionario de palabras a rescatar propuesta por los autores, ¿cuál es la tuya? Puedes proponerla al final del artículo en la sección de Comentarios:

Tablero para apuntar las palabras a rescatar.

Diccionario de palabras a rescatar y proteger

Preámbulo

Carmen Millán, directora del Instituto Caro y Cuervo.

Como preámbulo a este diccionario de palabras rescatadas pedimos a Carmen Millán, directora del Instituto Caro y Cuervo, la prestigiosa y premiada institución colombiana dedicada al estudio de las palabras, a buscar sus orígenes, su evolución y su relación con el ser humano, que elija un vocablo típico de Colombia y quiera impulsar y otro que le gustaría que se usara más allá y tuviera una segunda oportunidad. Esta es su respuesta:

«Hay dos palabras que me gustan: un colombianismo que no ha caído en desuso y que es muy coloquial: Arruncharse, que quiere decir acobijarse en el abrazo de otra persona; y otra palabra que me fascina y que empieza a usarse poco es Incordio, una palabra muy castiza que significa en origen un grano lleno de pus, pero también designa a alguien fastidioso; me encanta cuando alguien dice «esta persona es un incordio».

A continuación las palabras que quieren rescatar los escritores. Hemos elegido autores no tan populares en el ámbito panhispánico pero de gran calidad en una doble apuesta de WMagazín en la que ellos señalan el vocablo y explican por qué lo eligen:

Chapar

Palabra usada en Argentina amadrinada por Yanina Rosenberg:

«Cha-par: dos sílabas que, como unas Petazetas, explotan primero entre los dientes y después entre los labios. Dos sílabas que, al raspar la piedra, producen un chispazo y encienden una revolución en nuestros sentidos. Porque el significado argentino de chapar nada tiene que ver con las cuatro definiciones que da la RAE. No significa cubrir con chapas, ni decir una verdad de manera contundente, ni poner la herradura en un casco de caballería, ni estudiar o trabajar mucho. No. En Argentina su significado es un poco más romántico: quiere decir besar. O no. Chapar es mucho más que un tibio besar. Chapar es un verbo cargado de riesgos e inminencias, de pasillos desiertos y lentas despedidas, de cines a oscuras y bailes de fin de curso. Rescato la palabra chapar para que besar sea siempre un acto de rebeldía».

Charamada

Palabra usada en Guatemala apadrinada por Alan Mills:

«La palabra charamada tiene su gracia, puede darse a querer, me parece. Es una palabra que se encuentra a medio camino entre ‘llamarada’, que es el crepitar intenso de un fuego aún ardiente, y ‘charamusca’, que es el episodio final, el chisporroteo mortecino de lo que había sido una llama.

Una charamada es una lengua que brota de la fogata. Una ignorada lengua de fuego. Una charamada es una de las lenguas entre la maraña de lenguas que se traban en el incendio. Por su sonido, por ser asimismo una onomatopeya, la palabra charamada nos deja un poco la impresión de que designa a una llamarada que no se toma demasiado en serio: suena como a una llamada, en plan chusco, que nos hace el fogón.

Quiero apadrinar la palabra charamada porque aparenta ser la forma incorrecta y juguetona de decir ‘llamarada’. Deberíamos prender la charamada más seguido, digo, para que no se extinga».

Chullo/a

Palabra usada en Ecuador amadrinada por María Fernanda Ampuero:

«Desde niña me ha fascinado que en Ecuador varias palabras que vienen del quichua se hayan asentado en el habla de todas las regiones. Que todos los ecuatorianos llamemos ñaño a nuestro hermano es el gran ejemplo, pero hay más. Chullo/a, por ejemplo, es una palabra hermosa, sonora y muy útil. Chulla es una cosa a la que le falta otra, que normalmente viene en par pero se ha quedado sola, que es la única que tenemos. En mi casa, como en todas, hay un montón de calcetines que han perdido su par: esos calcetines están chullos. Uno de sus usos más bonitos, que invito a imitar, es el de cuando estás por gastar más de lo que deberías, por ejemplo, qué se yo, en pedir otra ronda de cerveza, se hace al grito de ¡chulla vida! 

Concolón

Palabra usada en Perú amadrinada por Katya Adaui:
«Los peruanos vivimos en estado de amor con la comida. Somos un país que usa provocar como sinónimo de hacer. Me provoca entonces celebrar esta palabra que tamborilea: concolón. Es un resto sabroso. Lo que está pegado al fondo de la olla. El arroz con su sofrito de ajo. Se le hinca con la cuchara, el tenedor, la punta del cuchillo. Hasta con la uña. Se le despega y se le mete diente. Tiene algo de infancia: rascar la olla y robarlo sin que te vean y retener lo crocante para uno. Destape de costra rica y terca, una quemadura sabrosa, que no expone herida alguna. Solo deseo fugazmente vivo. Y tiene algo de adulto: la búsqueda de una repetición que siempre parezca igual y nunca sea la misma».

Descalabrarse

Palabra usada en Colombia apadrinada por Andrés Mauricio Muñoz:

«Me gustaría rescatar del olvido la palabra descalabrarse, traerla de nuevo a mí, porque vendría con ella ese miedo genuino de mi padre de que fuera a abrirme la cabeza mientras jugaba en el parque. Con el tiempo comprendí que ese temor suyo era lo mismo que el amor que siempre supo darme. Cuidado se descalabra, decía; si sigue brincando así se va a descalabrar, insistía. Eran los tiempos en que era fácil descalabrarse, porque no era con una Tablet en la mano ni con los controles del Nintendo con los que solíamos divertirnos, sino en medio de la calle, perdidos entre la vocinglería de otros niños mucho más intrépidos, quienes con el arrojo desmedido al trepar un árbol, hacer la vuelta canela, saltar la cuerda o correr con frenesí como si de no hacerlo el mundo fuera a detenerse, estaban también a punto de descalabrarse».

Desconchinflar

Palabra usada en México amadrinada por Socorro Venegas:

«Esta palabra de cuatro bellas sílabas es la que amadrino. Más sencillo es decir ‘se descompone’, ‘se deteriora’, ‘se jode’. Pero hay que tener paladar, buen gusto y templanza para decir de algo que va de mal en peor: se desconchinfla. Su pronunciación nos lleva redondamente a la O y luego a una suerte de golpe de ping pong: chin y fla, el rebote que junta sílabas con cierto humor, porque no es lo mismo que un país se joda (el Perú de Vargas Llosa) o que se desconchinfle. Como verbo transitivo necesita afectar a un objeto directo para tener sentido completo. ¿Qué objeto, qué puede ser susceptible de desconchinflarse? Todo: la casa o la escuela, los dientes o un libro, un amor o un país entero. Y tal vez se debe al matiz juguetón que le encuentro lo que me gusta tanto de esta palabra: porque si México se nos ha desconchinflado hay esperanza, lo podremos remediar; si está jodido es hasta cínico pensar en soluciones; si está hecho un desmadre es que así seguirá por siempre, que el Apocalipsis llegó hace tiempo y nomás lo estamos administrando. ¿Ustedes qué dicen?».

Fuñir

Palabra usada en Venezuela apadrinada por Juan Carlos Chirinos:

«El Diccionario de la la Lengua Española (DLE) de la RAE no recoge este verbo que no ha desaparecido, ni desaparecerá jamás, mientras haya andinos venezolanos en el mundo. El DLE recoge el verbo intransitivo fuñar; “revolver pendencias”, dice. Pendenciero ando yo desde hace años porque a la RAE no se le ha puesto en la cabeza ingresar nuestro fuñir, con lo rico y útil que es: una persona fuñía hay que tratarla con cortesía y mimo; no se le fuña mucho, pues; pero los niños en las escuelas pueden andar fuñendo pero eso no quiere decir necesariamente que estén molestando, también pueden andar jugando por ahí, como les corresponde. El Diccionario del habla actual de Venezuela, de Francisco Javier Pérez y Rocío Núñez, trae hasta cinco acepciones, y una expresión que yo uso todos los días: ¡no fuña! Se usa “para expresar disgusto o contrariedad”, dice, pero no agrega que también se usa para alegrarse por algo, y como una interjección útil, no fuña, para casi todas las expresiones de la vida. Que entre ese verbo de una vez; menos mal que Francisco Javier es el Secretario de la ASALE, y ya sabe de mi fuñida cruzada. ¡Y no me fuña nadie!

Ófrico

Palabra usada en Bolivia amadrinada por Liliana Colanzi:

«Quien ha recorrido la insondable noche paceña está familiarizado con la sensación de lo ófrico. Nadie conoce el origen este bolivianismo, que parece provenir de la cojunción entre oscuro y tétrico. Digo ‘ófrico’ y me viene a la imaginación un callejón solitario y mal iluminado, pero también las casas antiguas y decadentes de las viejas que esconden debajo de la cama maletas repletas de objetos inservibles. Esta palabra aparece varias veces en la obra de Jaime Saenz, que evoca con frecuencia escenarios y estados de ánimo lóbregos, desolados y apocalípticos».

Pepillo/a

Palabra usada en Cuba apadrinada por Enrique del Risco:

“Pepillo/a, diminutivo de un diminutivo (Pepe/a) se usaba en Cuba -y no sé si en otros sitios- para identificar a quienes se desvivían por estar a la moda. Su imperio se extendió -calculo- entre los años cincuenta y los ochenta del siglo pasado y funcionaba como signo de distinción positiva. No obstante, como ocurre con aquellos vocablos que pretenden atrapar permanentemente la novedad hace mucho se volvió palabra anticuada y un poco ridícula con su pretensión de eterna frescura y su sabor rancio. No obstante, hace tiempo algunos amigos venimos usándola con un sentido levemente perverso. Esto es, para designar a aquellos académicos que abordan un tema ya no por su importancia sino siguiendo los dictados de la moda académica. Por ello pueden existir autores pepillos, estudios pepillos, temas pepillos: o sea, que niegan ese impulso esencial de la búsqueda de conocimiento que es contrariar los lugares comunes de la época, cuestionar sus modas.

Sosiego

Palabra amadrinada en España por Irene Vallejo:

«Me gustan las palabras que evocan lejanos ecos del mar, del viento o del bullicio del mundo. Más aún cuando logran el milagro de la misteriosa afinidad entre sonido y significado, una disminución de la arbitrariedad del signo. “Sosiego” parece acariciarnos con sus consonantes sedosas, la abundancia vocálica y la suave oclusiva. Remite al susurro, a la suavidad, a la lentitud bien empleada. Su origen etimológico remonta, según el lexicógrafo Corominas, al latín vulgar sessicare, que significa “hacer reposar, descansar”, y este a su vez al latín clásico sedere (“estar sentado”). Recuerdo aquella frase que escribió en el siglo XVII el filósofo Pascal: “Las desgracias del hombre derivan del hecho de no ser capaz de permanecer tranquilamente sentado y solo en una habitación”.

En nuestros tiempos nerviosos, el desasosiego parece haber ganado la partida. Colonizados por pantallas e imágenes que estallan como fogonazos, dejamos caer en desuso el sosiego. En nuestro léxico proliferan las palabras donde late la angustia de los horarios imposibles y de un estrés crónico. Antítesis de la prisa, el sosiego es la condición previa del pensamiento y también la puerta de acceso a las aventuras espirituales o carnales. En un mundo atenazado por el vértigo y las noches oscuras, necesitamos volver a refugiarnos en la “casa sosegada” que soñó San Juan de la Cruz. Ha llegado el momento de convertir la serenidad en rebeldía.

Epílogo

Si este breve diccionario lo abrió la directora general del Instituto Caro y Cuervo en Bogotá, el epílogo lo hemos encargado al director del mismo instituto pero en Madrid, Martín Alonso Gómez cuya palabra a proteger se remomenta a su infancia:

«Herpo  es una ‘galguería’ de mi infancia que cada vez se encuentra con menos frecuencia en las tiendas de barrio y que está amenazada por las chucherías, galletas y chocolatinas modernas y de origen extranjero. El Diccionario de colombianismos de l Instituto Caro y Cuervo  la define así: ‘Herpo, m: Galleta cuadrada rellena de bocadillo y arequipe. Se interna por calles del centro en medio de los carritos de los vendedores ambulantes que ofrecen herpo y bocadillo de guayaba».

Te invitamos a que nos digas qué palabra te gustaría rescatar o proteger de tu país, puedes hacerlo al final del artículo en la sección de Comentarios.

 

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6 comentarios

  1. Yo quiero rescatar dos palabras: escurricera, que se utiliza en mi pueblo (Almadén, Ciudad-Real) como sinónimo de tobogán, pero también de cualquier rampa por la que puedas tirarte; la segunda es zarrioso, palabra que utilizaba una tía mía como sinónimo de desastrado, zarrapastroso y que un amigo extremeño me comentó que podría tener que ver con una zona de extremadura, el Zarrio, que era especialmente pobre y deprimida.

  2. PISPA(O) se utilizaba para nombrar una persona atractiva, socarronamente se decía que «pispa» era una fea arreglada. Y otra es ZAMBO (A), que originalmente define el mestizaje entre negro africano e indígena americano, en el habla común en Colombia se usaba para hablar despectivamente de alguien, en el sentido de ser un tonto

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