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Detalle de la portada del libro ‘Antonio de Nebrija o el rastro de la verdad’, de José Antonio Millán (Galaxia Gutenberg). /Cortesía de la editorial

500 años de la muerte de Antonio de Nebrija: claves de la primera ‘Gramática castellana’

Con motivo de la conmemoración del humanista español recordamos la importancia de su obra aparecida en 1492. WMagazín publica un pasaje de la biografía de Nebrija en la que se explica de qué consta su trabajo cumbre

Presentación WMagazín Hace 500 años, el 5 de julio de 1522, murió Elio Antonio de Nebrija (España, Lebrija, 1444-Alcalá de Henares, 1522), el autor de la primera gramática de la lengua española publicada en lengua romance en 1492. La importancia de aquella aventura de ordenar, aclarar y mapear el habla castellana llegan hasta hoy. Nebrija también elaboró diccionarios latín-español y español-latín, y una ortografía de nuestra lengua. Se interesó por la fonética del castellano, del latín y del hebreo, y lamentó la catástrofe cultural de la expulsión de los judíos. José Antonio de Millán ha escrito una biografía que profundiza en el lado humanista de una persona que se enfrentó a su tiempo en Antonio Nebrija o el rastro de la verdad (Galaxia Gutenberg).

WMagazín publica un pasaje de este libro clave en la lengua castellana y en la sociedad que ha surgido alrededor de esta a lo largo de los últimos cinco siglos largos. «Esta biografía quiere borrar los rasgos imperiales en el Nebrija recibido», señala la editorial. Pues Nebrija fue conocido entre nosotros sobre todo por su malinterpretada frase ‘siempre la lengua fue compañera del imperio'». (…)

Por su ansia de profundizar en la obra de los clásicos es equiparable a los humanistas italianos, con quienes se formó. Se preocupó de cuestiones prácticas y científicas, como el valor real de las medidas de la Antigüedad, en un momento en el que Colón disputaba en Salamanca sobre el tamaño del globo. Su espíritu crítico le llevó a revisar la traducción canónica de las Escrituras. Cuando Nebrija detectó problemas en su transmisión (siguiendo el rastro textual), la Inquisición intentó acallarle. Fue Nebrija de los primeros autores europeos en escribir casi exclusivamente para la imprenta, y el primero que usó la nueva estructura de protección de los derechos de autor que proporcionaban los privilegios y tasas reales.

El pasaje que WMagazín reproduce de la biografía de José Antonio Millán es el referido a la propia estructura y contenido de la Gramática:

'Antonio de Nebrija o el rastro de la verdad'

Por José Antonio Millán

La Gramática sobre la lengua castellana, que había sido comenzada en Salamanca, donde fue presentada a la reina, y concluida en Extremadura, apareció en agosto de 1492. Como ya avanzábamos, se trataba de una auténtica rareza: del latín o el griego se hacían gramáticas porque, al tratarse de lenguas muertas, no se aprendían de forma natural, como las lenguas vulgares, sino a través del estudio, precisamente del estudio de la ciencia llamada «Gramática». Por otra parte, en la trayectoria de Nebrija, centrada en el latín, tampoco resulta un fruto muy esperable, aunque no hay que dudar de que formaba parte de un plan superior.

¿Era la Gramática de Nebrija la primera que se escribía sobre el castellano? Sabemos que existían precedentes, que había una tradición de escritos gramaticales sobre nuestra lengua que nos han llegado fragmentariamente. Nebrija se inscribe en una tradición gramatical hispana que se remonta a Isidoro de Sevilla. Por otra parte, comparte con el humanismo italiano el interés por las lenguas vulgares. Precisamente Leon Battista Alberti, famoso humanista, poeta y arquitecto, había escrito hacia la fecha del nacimiento de Nebrija una brevísima «gramática de la lengua toscana», que permaneció inédita largo tiempo, y que probablemente nuestro hombre no conoció. La Gramática sobre la lengua castellana es, así, la primera gramática que merece el nombre de tal dedicada a una lengua vulgar, y la primera impresa.

La obra iba encabezada por un Prólogo dirigido «A la  muy alta y esclarecida princesa doña Isabel, la tercera deste nombre, Reina y señora natural de España y las islas de nuestro mar». La mención de «España» fue habitual referida a los reyes Fernando e Isabel, aun antes de la conquista de Granada y de la anexión del reino de Navarra. Por primera vez desde la provincia romana de Hispania, la mayoría de la Península formaba una unidad política… o se aspiraba a que llegara a serlo. Para Nebrija «España» era la «gente» (en latín, gens, equivalente a ‘pueblo’), compuesta por «naciones»: «la gente tiene debaxo de sí muchas naciones, como España a Castilla, Aragón, Navarra, Portogal». Sin embargo, en su Vocabulario español-latino −que veremos inmediatamente− declaraba como traducción de Castilla: «Hispania».

El párrafo más famoso del Prólogo de la Gramática es sin duda el primero:

«Cuando bien conmigo pienso, muy esclarecida Reina, y pongo delante los ojos el antigüedad de todas las cosas, que para nuestra recordación y memoria quedaron escriptas, una cosa hallo y: saco por conclusión muy cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio; y de tal manera lo siguió, que juntamente començaron, crecieron y florecieron, y después junta fue la caída de entrambos».

(…)
Y, por último, como ya había dicho a través de fray Hernando cuando le presentaron a la reina el avance de la Gramática:

«Después que vuestra Alteza metiesse debaxo de su iugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellos ternían necessidad de recebirlas leyes quel vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua, entonces, por esta mi arte, podrían venir en el conocimiento della».

Naturalmente, tanto en la presentación de 1486 como en 1492, los «pueblos bárbaros» en que podría pensar Nebrija o la misma reina eran por una parte los pobladores del recién conquistado reino de Granada y por otra los habitantes del norte de África, y los de su costa oeste e islas, que eran las zonas por las que portugueses y españoles trataban de extender sus posesiones.

Pero el conocimiento del castellano no solamente aprovecharía a los «enemigos de nuestra fe», sino también a los «vizcaínos, navarros, franceses, italianos, y todos los otros que tienen algún trato y conversación en España». Esta curiosa enumeración comprende pobladores de reinos independientes (porque Navarra no sería anexionada hasta veinte años después), a los que se añaden los vizcaínos, tal vez también por lo peregrino de su lengua y por sus proverbiales dificultades con el castellano.

El primer libro de la Gramática es sobre las letras, a cuya invención dedica un capítulo: «La causa de la invención de las letras primera mente fue para nuestra memoria y después para que por ellas pudiessemos hablar con los absentes i los que están por venir». En esta idea seguía a Agustín de Hipona e Isidoro de Sevilla.

El punto de partida es el abecedario latino, a partir del cual se averigua qué letras sobran o faltan en castellano. Para ello sigue los principios de Quintiliano, autor hispano-romano del siglo I, muy influyente en los siglos posteriores: «Assí tenemos que escrivir como pronunciamos y pronunciar como escrivimos». La multiplicidad de letras para un mismo sonido que se encuentra en c, k, q es uno de los problemas, ya heredado del latín. Para los nuevos fonemas castellanos busca soluciones de compromiso: propone dejar ll para el sonido palatal, con buen criterio: «por no hacer mudanza sino donde mucho es menester». Para la i y la u en función consonante propone j y v. De esta manera, acaba con la propuesta de veintiséis letras (dos de ellas, ch y ll, dobles), para los veintiséis sonidos que reconoce en el español, prescindiendo de la y y la q.

Aunque mucha de su terminología proviene de la tradición gramatical, y es por tanto latina o griega, destacan aportaciones muy castizas, como que a veces las vocales cuajen en un diptongo, o que traduzca sinalefa como ahogamiento de las vocales. Nebrija prescinde de la tradición gramatical latina cuando no la ve apropiada: aunque Quintiliano dice que no se puede formar diptongo con más de dos vocales, nuestro gramático reconoce triptongos en palabras como espaciáis. La obra oscila entre tratar de la forma hablada y de la escrita, a veces con excusable confusión entre ambas. Letra a veces significa ‘sonido’, y una exposición sobre las consonantes puede verse interrumpida por normas sobre cómo cortar las palabras al final de línea. De todas formas, Nebrija exhibe una notable atención a la lengua hablada: la Gramática usa un centenar de ocasiones formas de los verbos dezir, hablar, pronunciar, frente a veinticuatro de escrivir.

La fuente de la norma puede ser doble, el arbitrio superior o el acuerdo sobre el uso: «el autoridad de vuestra Alteza [la reina, a la que dedica la obra] o el consentimiento de aquellos que pueden hazer uso». Pero recordemos que en la práctica acabaron siendo los cajistas y correctores de las imprentas quienes fijaron normas de facto.

El segundo libro trata de la prosodia: de la naturaleza de los versos españoles a diferencia de los latinos o hebreos, de la medida y de la rima, con ejemplos de muchos poetas contemporáneos.

El tercer libro es sobre las partes de la oración. Como todas las lenguas que conoce el autor (menos el latín) tienen artículo, acepta y analiza esta peculiaridad del español. En el apartado del nombre describe procedimientos que hoy se situarían en la morfología: la derivación y la composición.

El cuarto libro es sobre la sintaxis. Aparecen también cuestiones relativas al orden de palabras, y toda una serie de figuras del lenguaje, también con ejemplos sacados de muchas obras.

El quinto libro (el único que cuenta con un prólogo propio) es el destinado a los hablantes de otras lenguas que aprenden español. A diferencia de los otros, éste se desarrolla básicamente mediante listas de declinaciones y conjugaciones, procedimiento en el que Nebrija fue pionero. Es como si se hubiera inspirado en las tablas astronómicas en las que se inició en su juventud: quien quiera saber cómo funciona un determinado verbo, busca su modelo de conjugación y a partir de ahí interpola con las nuevas raíces: «Todas las otras personas deste tiempo siguen la proporción de aquellos tres verbos que pusimos arriba por muestra de la conjugación regular».

Y ésta es la Gramática: poca doctrina, en suma, que no contuvieran ya las gramáticas latinas, pero con la inmensa novedad de aplicarlas a la lengua castellana. Sabemos que fue una obra que no gozó de gran fama, y de hecho (y a diferencia de las otras de Nebrija) no se reimprimió hasta el siglo XVIII. Pero su influencia sobre las gramáticas de otras lenguas fue grande, y su huella es perceptible en las gramáticas de español que le siguieron.

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2 comentarios

    1. Hola María Mercedes, Gracias por leer WMagazín. Le cuento que WMagazín es básicamnete digital. Solo en momentos concretos hay ediciones impresas que se reparten en el lugar que e smotivo de la impresión, como ferias internacionales del libro o Día del Libro. Pero puede recibir nuestra newsletter gratuita en este enlace: https://wmagazin.us15.list-manage.com/subscribe/post?u=6412dea6c69c61e425e371aed&id=58b9233f3f Un saludo y que todo vaya bien.

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