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Detalle de la portada del libro ‘Mis entierros de gente importante’, de Amelia Castilla, en Demipage. /WMagazín

Los entierros de Lola Flores, Camarón, Paco Rabal, Antonio Vega y otros artistas como asomos a sus futuros en el imaginario universal

La periodista reconstruye en 'Mis entierros de gente importante' los adioses que dio la gente a ocho personajes de la cultura española que permiten asomarse a la biografía del país. WMagazín publica pasajes de cómo son recordados estos artistas y permite adivinar su futuro en la memoria

Presentación WMagazín La manera como un país y su gente entierra a sus artistas y figuras importantes es un reflejo del lugar que ocupan estos en el imaginario colectivo y, sobre todo, del horizonte que espera a ese artista en el recuerdo universal y un asomo a la psiquis de la población. Esto se aprecia en el libro Mis entierros de gente importante (Demipage) en el que Amelia Castilla reconstruye las coberturas que hizo en el diario español El País, donde trabajó cuatro décadas, de la muerte, entierros y funerales de ocho personalidades españolas. Una obra que, además de contar la trascendencia del personaje y los avatares periodísticos para informar de esos últimos adioses tan diversos, se aproxima a la biografía de un país, a su idiosincrasia y toma el pulso de cada tiempo donde estas muertes-entierros funcionan como los anillos interiores de los árboles. Son los cambios y metamorfosis de España y su sociedad a través de varias pérdidas culturales y públicas. O, si se quiere, la parafernalia de la muerte para ver la vida y vislumbrar el recuerdo que perdurará.

Este fresco de España creado por Amelia Castilla, periodista cultural, de reportajes y sucesos, surge de sus crónicas de entierros con siete artistas indiscutibles y de Carmen Polo de Franco, viuda de Francisco Franco, dictador de España entre 1939 y 1975. Sus vidas trazan el arco de más de un siglo del país. Aquí están en el orden de sus fallecimientos Carmen Polo (1900-1988), Camarón de la Isla (1958-1992), Lola Flores (1923-1995), Antonio Flores (1961-1995), Paco Rabal (1926-2001), Rocío Jurado (1940-2006), Antonio Vega (1957-2009) y Enrique Morente (1942-2010).

Mis entierros con gente importante es de lectura ágil, amena, analítica y poblado de información y anécdotas jugosas de toda índole narradas con gracia y rigor que, por momentos, parecen ficción o podrían dar pie a un cuento o un culebrón, desde el personaje hasta hechos del entierro en sí.

WMagazín eligió cuatro de estas personalidades y el pasaje del libro referido al escenario en que ya quedaron para siempre desde el cual se adivinan sus proyecciones en el tiempo. Este pasaje se completa con una comentario de su autora que sitúa a estos artistas en el imaginario universal actual y aventura su futuro siguiendo el dicho legendario de que los muertos hablan y dan más información que si estuvieran vivos:

La periodista Amelia Castilla. /Foto de Daniel Mordzinski

'Mis entierros de gente importante'

Por Amelia Castilla

Los ocho personajes del libro representan ocho maneras de vivir, representan una historia de España, desde la muerte de Carmen Polo de Franco, en 1988, hasta la de Enrique Morente, en 2010. Siete de ellos son artistas que siguen vivos en el corazón de la gente con sus canciones y películas con las que siguen teniendo éxito y convertidos en clásicos. Son figuras insustituibles que ya en vida entraron en la categoría de mitos y leyendas de su arte. Esta es una aproximación a su trascendencia a partir del último recuerdo que se tiene de ellos en su despedida definitiva con un pasaje del libro:

Camarón de la Isla

(San Fernando, Cádiz, 5 de diciembre de 1950 – Badalona, Barcelona, 2 de julio de 1992)

Su tumba, convertida en lugar de peregrinaje, recibe frecuentes visitas de admiradores llegados de medio mundo. Su imagen, tallada en granito en posición de echarse un cante, emerge rodeada de lirios blancos y morados de tela. Sólo algunos se atreven a cantarle. Dolores Montoya no gasta pereza para acercarse al pueblo de su marido. “La gente me para por las calles, se arrodilla y me besa las manos recordando que era el mejor”, me contó la viuda, siempre quejosa por el descontrol económico del legado de su marido, pese a los millones recibidos por los discos en estas décadas y los 2.500 euros mensuales que recibe desde 2004 y hasta 2064, en virtud de un convenio con el consistorio por los derechos derivados de la instalación del museo. (…)

En aniversarios redondos volví a San Fernando, donde se guarda con orgullo el legado de su memoria. La humilde vivienda de sus padres luce recién encalada, los turistas contratan guías para recorrer la ruta del cantaor y un flamante museo exhibe sus grabaciones, objetos personales y hasta el mercedes blanco en el que viajaba. Su cara –impresa en tazas y camisetas o esculpida en oro– se vende en las tiendas de la calle Real y en los mercadillos.

El flamenco tampoco olvida a su gran icono pop. En estos casi treinta años, su figura no ha parado de agrandarse. Se han escrito libros, rodado películas y documentales en su honor, pero aún no ha surgido una figura capaz de ocupar el trono que dejó vacante en el universo jondo.

  • Amelia Castilla sobre el presente-futuro de Camarón de la Isla: «Murió en 1992 y no hay un sustituto. Sigue siendo el cataor por excelencia. Aunque las nuevas generaciones lo adoran lo que ha cambiado es la manera como se acercan a la música. Camarón para buscar su repertorio recorría pueblos porque el flamenco se transmitía de manera oral. Ahora eso se ha modificado  y puedes encontrar actuaciones en internet y verlas una y otra vez. Hay, incluso, universidades que enseñan Flamenco, pero la vida, el alma y la materia prima de donde procede no se puede enseñar. Camarón sigue siendo un mito. Con La leyenda del tiempo abrió el flamenco al mundo del rock, consiguió que evolucionara y, ahora, nuevos artistas hacen flamenco con técnicas modernas gracias a que él abrió ese camino para las nuevas generaciones».

 

Lola Flores

(Jerez de la Frontera, Cádiz, 21 de enero de 1923 – Alcobendas, Madrid, 16 de mayo de 1995)

Un cuarto de siglo después de su muerte se la sigue recordando como un personaje indiscutible. En Jerez de la Frontera, donde nació en 1923, se ultiman las obras, y parece que esta vez va en serio, del que se convertirá en el Museo Lola Flores, financiado por el Ayuntamiento y con la colaboración de la familia. Las nuevas generaciones la reivindican como un icono. Una santa que no ha parado de ganar fieles en el intercambio generacional. Lo que en tiempos del Caudillo muchos jóvenes progresistas catalogaban con cierto desdén como casposo y algo cutre, ha pasado a convertirse en un emblema de la modernidad. Hasta se ha estrenado una serie documental, Lola, que recrea su vida y en la que los artistas del momento la citan como fuente de inspiración, aireando su vida privada, en especial su relación con los hombres, como un arma arrojadiza. Un anuncio de una marca de cervezas la resucitó de forma digital con millones de visitas. Y cada Navidad vuelve el vídeo recurrente en el que se la ve deseándonos un feliz año nuevo a los españoles.

  • Amelia Castilla sobre el presente-futuro de Lola Flores: «Como muchos de esos artistas, viene de una familia humilde y con una inteligencia feroz que alcanzaron el éxito y ahora es referente de mujeres y el colectivo LGTBI. Aunque creo que se exagera en esto. Ella vivió su tiempo, tenía un don especial, vivió como le dio la gana, fue una mujer libre, pero tanto como referente del feminismo a conciencia no lo sé, yo no llegaría a ese extremo. Pero sí es un inoco para las nuevas generaciones. Hace poco se estrenó un documental sobre ella que da una dimensión de lo potente del personaje y en una publicidad la revivieron de manera digital. Ya en vida fue un personaje mítico, y, como Camarón, es inclasificable. Figuras de una personalidad tan fuerte que trascienden su propio campo artístico».

 

Paco Rabal

(Águilas, Murcia, 8 de marzo de 1926 – Burdeos, Francia, 29 de agosto de 2001)

No hubo ceremonia religiosa, respetando los deseos del gran actor. Él mismo había pedido que sus restos fueran incinerados y que le mantuvieran alejado del cementerio. Por eso la familia eligió depositar sus restos en el lugar donde había nacido, rodeado de montes pelados, chumberas y con el mar brillando a lo lejos. En ese paisaje, bajo un almendro, situado junto a una pequeña ermita, cerca de la que solía jugar de pequeño, habían excavado una fosa de más de un metro de profundidad. (…)

Al margen de las declaraciones oficiales, meses después, con la llegada del otoño y el nuevo curso, llovieron los homenajes en su honor, en una especie de funerales laicos a los que tan aficionados son las gentes del espectáculo. (…) En Madrid, en el barrio de Palomeras, le dedicaron un centro cultural y la asociación cultural Milana Bonita, con sede en Águilas, recuerda su memoria con homenajes periódicos y en su web se puede seguir una ruta que lleva su nombre. Fuera de los focos, la urna con sus cenizas fue retirada de entre las raíces del almendro donde había transcurrido su infancia y trasladada al cementerio municipal, según anuncia la web.

  • Amelia Castilla sobre el presente-futuro de Paco Rabal: «Su nombre y sus películas perviven y es un referente para actores y público. Muchas de sus películas hace muchos años, incluso con él vivo, se convirtieron en clásicos del cine. La dinastía de actores de Paco Rabal terminó cuando su nieto Liberto se retiró del cine. Pero en Águilas, el pueblo donde nació, recuerdan al personaje como un gran actor y una grandísima persona con un encanto brutal, era un gustazo entrevistarlo».

 

Antonio Vega

(Madrid, 16 de diciembre de 1957 – Majadahonda, Madrid, 12 de mayo de 2009)

Dos años después de su fallecimiento, el 23 de marzo de 2011 se inauguró, bajo la lluvia, el rincón que lleva su nombre en el barrio de Malasaña (en Madrid). Todos los grupos políticos se mostraron de acuerdo. Se decidió en un pleno del Ayuntamiento de Madrid, presidido por el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón y contó con el apoyo del PSOE e IU. La sorpresa no fue tanto la unanimidad municipal, sino que quedara un espacio libre sin denominación en el barrio y, precisamente, a cincuenta metros del Penta, el local que alcanzó la fama al ser citado en La chica de ayer. El bar de copas, que se inauguró en 1976, luce una placa en su recuerdo, mientras nuevas generaciones llegan al barrio, que fue cuna de la Movida madrileña, en busca de canciones nuevas.

  • Amelia Castilla sobre el presente-futuro de Antonio Vega: «La muerte de Antonio Vega, en 2009, es un ejemplo de lo que vendría en cuanto a despedidas de artistas y famosos en las redes sociales: fue trending topic cuando entonces no era habitual despedir a la gente con selfies. Es un compositor de referencia para las nuevas generaciones. Muchas de sus canciones se han convertido en clásicos y hay grupos y bandas que hacen versiones de sus composiciones. Es un compositor tan personal que es difícil que alguien como él surja. Corresponde a una época determinada muy importante en la cultura española. Aunque el pop y el rock no son los géneros de mayor incidencia hoy entre los jóvenes y no encaja bien en estas tendencias, sí es una referencia para ellos».

Mis entierros de gente importante. Amelia Castilla (Demipage).

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