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El puente de la Torre de Londres.

‘El hijo del oligarca’, de Patrick Radden Keefe: la doble vida de Zac Brettler, la paternidad, el dinero y el submundo de Londres

EL LIBRO DEL MES EN LOS MEDIOS El periodista de The New Yorker investiga la muerte de un joven que se hacía pasar por hijo de un millonario. Una obra de no ficción que, detrás del misterio y las máscaras personales, sociales e institucionales, indaga en “la naturaleza del amor parental y el reto de ser padres en una época de fantasía aspiracional”

Del desconcierto ante el suicidio de un hijo al submundo criminal. Del dolor de la pérdida al dolor de una revelación, la culpa y la injusticia. Esa es la ruta que recorre y descubre Patrick Radden Keefe  (Boston, Estados Unidos, 1976) en su nuevo libro de no ficción, El hijo del oligarca. Un joven impostor. Una tragedia familiar. Una ciudad devorada por la corrupción (traducción de Javier Calvo Perales en Seix Barral).

El prestigioso periodista de The New Yorker parte de un hecho real en Londres: qué llevó al joven Zac Brettler a saltar, el 19 de noviembre de 2019, desde el balcón del lujoso apartamento, a orillas del Támesis, de un hombre de reputación dudosa asociado con asuntos delictivos. Los padres de Zac quieren saber la verdad porque la investigación oficial no aclara gran cosa. Lo primero que sorprende es que su hijo llevaba una doble vida y decía que era hijo de un oligarca ruso y que tenía un círculo de amigos en el submundo criminal de la capital inglesa.

La investigación de Patrick Radden Keefe desvela no solo los dobles espejos de las personas, sino también “la naturaleza del amor parental y el reto de ser padres en una época de fantasía aspiracional, encarnados en el retrato de una familia que intenta resolver el enigma no solo de cómo murió su hijo, sino de quién fue realmente en vida”.

El hijo del oligarca es una narración que toma el pulso de la vida desde lo emocional, lo racional, lo soñado y lo instintivo. Un relato que va retirando, con delicadeza y contundencia, las máscaras personales, sociales e institucionales hasta dejar al descubierto las zonas de sombra de una familia, una ciudad y una época fascinada por el dinero.

Patrick Radden Keefe es autor de obras de referencia como No digas nada, sobre el conflicto norirlandés a través del secuestro y asesinato de Jean McConville, una madre de diez hijos, en Belfast en 1972, y cómo la cultura del silencio se impuso (Premio Orwell de no ficción política y el National Book Critics Circle Award, fue elegido como uno de los veinte mejores libros del siglo XXI por The New York Times Book Review) o El imperio del dolor acerca de la historia secreta de la familia Sackler y su responsabilidad en la crisis de los opioides en Estados Unidos, que se remonta a la Gran Depresión (Premio Baillie Gifford). En ambos casos convirtió una investigación periodística de gran complejidad en relatos donde los hechos, las personas y las estructuras de poder avanzan juntos.

El hijo del oligarca protagoniza nuestra sección El libro del mes en los medios para WMagazín. El siguiente es un retablo sobre esta obra a partir de las reseñas y críticas literarias publicadas en diferentes medios de comunicación:

Sentimientos y submundo

The New York Times

“Escribir sobre temas emocionalmente complejos y moralmente delicados con sensibilidad y habilidad fue lo que le permitió conocer la dolorosa historia que inspira su nuevo libro, London Falling. (…)

Es un maestro en la creación de narrativas complejas, que dispone las numerosas piezas con precisión. London Falling sugiere que la historia de Zac es, en última instancia, una historia de crimen, ambientada en una ciudad tan corrompida por el dinero que está perdiendo el rumbo.

Pero, necesariamente, también es una historia familiar. Keefe es un periodista demasiado diligente como para dejarse influir por la perspectiva de la familia. Sin embargo, dada la terrible experiencia que vivieron, quizás no debería sorprender que la narración —en lo que se destaca y lo que no— se ajuste tan fielmente a su punto de vista. En los agradecimientos, Keefe da las gracias a los Brettler por haberle confiado algo tan difícil y doloroso: ‘Espero haber escrito un libro que esté a la altura de la magnitud de ese gesto”.

El periodista y escritor Patrick Radden Keefe. /Wikipedia

El secreto de la escritura

The Guardian

“Es una obra sombría y absorbente de principio a fin, que abre una ventana a un mundo de turbios negocios financieros y fantasías de riqueza desmedida, al estilo de Walter Mitty. Keefe, quizás más conocido ahora por sus libros como No digas nada y El imperio del dolor, escribe siguiendo la tradición de Gay Talese y Joseph Mitchell, que enganchan desde la primera página. Se basa en gran medida en transcripciones de interrogatorios policiales, correos electrónicos, cartas y grabaciones de cámaras de seguridad, pero sobre todo en horas de conversación con Rachelle y Matthew Brettler. Durante más de dos años, los padres de Zac compartieron recuerdos y reflexiones sobre la vida de su amado hijo. Sufrieron una pérdida irreparable, ¿y para qué? En el momento de su caída, se descubrió que Zac tenía tan solo cuatro libras en su cuenta bancaria”.

Impostura y culpa

Babelia (El País)

“Radden Keefe admite en su nueva obra que una parte esencial del material proviene del acceso privilegiado a Rachelle y Matthew, los padres que vieron cómo su hijo adolescente, bromista y deportivo, se convertía de la noche a la mañana en un chaval arisco, a veces agresivo, con sus propios negocios y 800.000 libras en la cuenta bancaria. Pero eso no convierte el libro en una exculpación de unos progenitores dolientes, más bien al contrario. ¿Por qué nadie intentó saber de dónde provenía ese dinero? ¿Por qué asumieron como normal que su hijo, apenas mayor de edad, pasase días en pisos que cuestan millones de euros, frente al Támesis? El propio Radden Keefe lo refleja en el agradecimiento que dedica a los Brettler: “Espero haber escrito un libro que esté a la altura de la magnitud de ese gesto [abrirle la puerta de su intimidad]. Eso no quiere decir que algunos aspectos de esta crónica no les vayan a resultar incómodos”.

Una de las pruebas más claras de ello es que en su voluminosa obra, de casi 500 páginas, Keefe no renuncia a mostrar todas las caras que encuentra de la misma historia, que no es otra que la tentación de inventarse una vida. Una impostura que, en su variante más destructiva, supone un nido de mentiras sin escapatoria. Los sucesos están repletos de mentirosos. Lo contó Emmanuel Carrère en El adversario, Javier Cercas en El impostor o Guillem Sánchez en El estafador. No se sabe a dónde hubiese podido llegar el engaño de Zac si no hubiese saltado al Támesis, pero Keefe explica, y de manera detallada, que no fue el primero en la familia que adornó su biografía”.

Edición inglesa de ‘El hijo del oligarca’ (London Falling), de Patrick Radden Keefe. /WMagazín

Trampas y espejismos

La Sexta TV. Ahora qué leo

“Radden Keefe utiliza la historia de Zac para echarle a Londres una mirada muy diferente de la que nos tiene acostumbrados. El mismo lugar que vende apartamentos millonarios con vistas al Támesis es también una ciudad donde durante años han circulado fortunas de dudosa procedencia.

El dinero extranjero ha comprado edificios, clubes de fútbol, mansiones y una idea de éxito muy reconocible. Pero también hay dinero que no se gana —ni se gasta— por los cauces habituales. Hay una línea sorprendentemente fina entre quienes lo amasan dentro de la legalidad y los que saben cómo aprovechar las grietas del sistema para conseguirlo.

Por eso El hijo del oligarca termina siendo también un libro que nos habla de dinero. De una ciudad que puede acostumbrarse tanto a él que deja de preguntar de dónde viene. Esa fascinación por la riqueza acaba contaminando incluso a quienes nunca podrán tenerla. Vamos a conocer una Londres moldeada por el dinero opaco, la desregulación y una cultura aspiracional cada vez más agresiva”.

 

Y el libro dice…

Patrick Radden Keefe empieza a reconstruir la vida de Zac Brettler en El hijo del oligarca así:

“Después de que muriera Zac Brettler, sus padres intentaron descifrar el misterio de lo que le había sucedido, revisitando incansablemente una serie de momentos específicos de su breve vida. Había nacido una noche lluviosa de septiembre de 2000 con la cabeza coronada por una suave mata de pelo rojo. Era un detalle inesperado: ni su madre, Rachelle, ni su padre, Matthew, recordaban a nadie de sus familias respectivas que tuviera el pelo de aquel color. Al principio pareció que quizá no fuera pelo, sino una mancha de sangre seca, de forma que intentaron limpiársela. Pero era pelo. Los hijos pueden sorprenderte desde el primer día”.

 

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Maribel Lienhard

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