La escritora francesa Annie Ernaux en Formentor, Mallorca (España) en septiembre de 2019. /Fotografía de Cati Cladera

Annie Ernaux: «La función de artistas y escritores es contar la manipulación pública de la palabra»

La escritora francesa ganadora del Formentor de las Letras 2019 recibe un homenaje en FIL Guadalajara. En esta conversación habla de sus orígenes y temas: el Tiempo, la memoria, la pasión, el amor, el feminismo...

Un vestido rojo jaspeado de rosas blancas le da un aspecto juvenil a Annie Ernaux (Lillebonne, Francia, 1940). Un vestido de tela ligera con el que juega con mucha facilidad la brisa del mar que sube hasta donde está ella, arriba, en el comienzo de la ancha y larga escalinata de piedra del hotel Formentor, en Pollença, en la isla española de Mallorca, y que suaviza la imagen distante de esta escritora autodefinida como desclasada.

Posa para una fotografía en medio de sus dos editores de Cabaret Voltaire, Miguel Lozano y Pepe Pomares, y su traductora, Lydia Vázquez. El sol está en lo alto. Es el último día oficial del verano de 2019, un viernes 20 de septiembre. Es un paréntesis en su serie de encuentros con los periodistas horas antes de recibir el Premio Formentor de las Letras. Después de la foto vuelve al salón de la chimenea donde la esperan cuatro periodistas.

Annie Ernaux se sienta en el sofá junto a su traductora, convertida en intérprete. Frente a ella los periodistas abren la entrevista con una pregunta sobre cómo maneja ella un elemento vital en su obra como es el Tiempo y terminarán con las protestas de los chalecos amarillos en París, pasando por temas cruciales suyos como el amor y los sentimientos. Las respuestas de Annie Ernaux permiten armar el siguiente monólogo a la manera de sus libros, sobre todo el más reciente, Los años (Cabaret Voltaire), con escenas, ideas, pensamientos y destellos de su vida contados en primerísima persona de manera directa y sin pudor y con una altísima calidad literaria y hondura donde la belleza aparece incluso en el dolor. Algo que hace desde los años setenta, muchísimo antes de esta avalancha de autoficción que tiende a monopolizar y abaratar la literatura.

De izquierda a derecha: Pepe Pomares, Annie Ernaux, Lydia Vázquez y Miguel Lozano. /Fotografía de Cati Cladera- Conversaciones literarias de Formentor

Así sus respuestas, que funden su vida y su libro que es vida, llevan ya la pátina de un tiempo. Y retornan hoy, dos meses después de aquel encuentro, porque la escritora francesa recibe un homenaje en la 33ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) este 4 de diciembre. Primero habla de cómo se enfrenta ella al Tiempo, a su tiempo, a la hora de escribir… Después su universo literario y personal e  intelectual:

“La manera como me enfrento al Tiempo en la literatura es una disposición personal que consiste en no considerarse uno el centro del universo y mantener distancia. Cuando tengo un recuerdo personal lo sitúo en una época y lo relaciono con los acontecimientos de esa época y las diferentes maneras de vivir de ese momento.

…»Todas las imágenes desaparecerán’, empieza mi libro Los años. Una de las funciones de la literatura es transmitir lo que ha sido y ha existido y que todo eso se conserve en la memoria y el recuerdo.

…No se trata de si es mejor recordar o inventar. Es un falso problema. Lo importante es escribir la verdad. La forma que se adopte, ficción, autoficción, biografía o no ficción, no es lo importante. Es la verdad.

…Lo mismo ocurre con la autoficción en auge. Lo importante es la relación de la escritura y de escribir con el mundo. La escritura está a la búsqueda de encontrar formas para enfrentarse a ese mundo.

…Es verdad que a la hora de escribir yo he partido de muchas historias de amor, pero lo importante del libro no es esa historia personal, sino la forma que se le da en palabras y al libro para que se convierta en un objeto. En cuanto escribo esa historia, ese hecho, se aleja de la realidad para ir al encuentro de su relación con el mundo.

…Los sentimientos y entre ellos el del amor son cruciales. Y siguen siéndolo, a pesar de estos tiempos de redes sociales. Sigue siendo algo distinto para hombres y para mujeres. El amor es algo vital. El impulso sexual es básico e instintivo y no se puede parar, es así. El amor es algo básico en el ser humano, es instinto sexual porque somos mamíferos y el ser humano ha sabido hacer de eso algo inmenso. André Breton, el artista surrealista, definía el amor como un núcleo de noche. Y eso es para mí el amor.

…Toda la vida la palabra pública ha sido un instrumento de poder y de manipulación. Las cosas no han cambiado. La función de los artistas y escritores es contar y desmontar esa manipulación de las palabras, las tergiversaciones del poder. Creo que lo que ha cambiado es que es más difícil a los artistas y creadores acceder a los medios de comunicación para desmontar esa narrativa del poder.

…El lenguaje público asume la forma de que lo que dice es como si fuera verdad. Pero para mí el lenguaje es un instrumento para buscar y alcanzar la verdad. El lenguaje político es más simple que el de los escritores, que a pesar de su apariencia de facilidad resulta muy complejo. El lenguaje público es simple y repetitivo y por esa repetición aspira a convertirse en verdad.

No estoy de acuerdo con el manifiesto de respuesta de algunas mujeres francesas al Movimiento Me too. Son unas mujeres privilegiadas que han podido escoger la vida sexual que han querido, son el prototipo de Catherine Millet que ha podido elegir. Pero eso no tiene nada que ver con la muchacha a la que le tocan el culo en el metro sin que ella quiera, o a la que el patrón obliga a acostarse con él si quiere conservar el trabajo. Lo que me parece gravísimo es que esas mujeres francesas del manifiesto no fueran solidarias y no comprendieran a las otras mujeres y se pusieran en su piel.

…Los chalecos amarillos no son un movimiento masculino. Empezó con una mujer. Tampoco creo que sean nihilistas porque no haya sido impulsado por los intelectuales o grupos feministas franceses. Por eso se ha buscado desprestigiarlos diciendo que son violentos y antisemitas, cuando la verdad es que hay más de eso en los intelectuales franceses de manera larvada. Lo defiendo por mis orígenes y los de mi escritura”.

La escritora Annie Ernaux y su editor francés Antoine Gallimard en el hotel Formentor, donde la autora francesa recibió el Premio Formentor de las Letras. /Fotografía de WMagazín

Una literatura contra la dominación social y sexual

Por todo ello, Annie Ernaux recibió el Formentor de las Letras, debido, según el jurado, a un “implacable ejercicio de veracidad que penetra los más íntimos recovecos de la conciencia”. Es la primera mujer en recibir este premio en su segunda etapa (en los años sesenta lo ganaron Dacia Maraini, Nathalie Sarraute y Gisela Elsner). La escritora francesa se unió a un premio que ya obtuvieron autores como Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, Carlos Fuentes, Javier Marías y Roberto Calasso.

Ernaux es autora de una veintena de libros donde están reflejados en su crudeza las desigualdades, el amor, los celos, el aborto, los derechos de la mujer, el sexo, el dolor… Mundos íntimos o secretos que están imbricados con la realidad en títulos como El lugar (premio Renaudot, 1984), La mujer helada (Cabaret Voltaire), Pura pasión (Tusquets), No he salido de mi noche (Cabaret Voltaire), El acontecimiento (Tusquets), La ocupación (Herce), La vergüenza, (Tusquets), Los años (Cabaret Voltaire) y La otra hija (KRK).

Annie Ernaux es una mujer que llegó al mundo para reemplazar a una hermana no nata. Esto lo supo a los diez años y fue crucial en la constitución de su infancia, “la lengua hablada y el lenguaje del cuerpo, la alimentación, la vivienda y el barrio, sitúa la mía en el mundo popular, categoría ‘obreros de origen campesino’, y más adelante ‘tenderos-taberneros’.

Lo empezó a contar esa última tarde de verano en Mallorca al dar su discurso de aceptación del premio; en las mismas escaleras de piedra donde estaba a medio día, pero ahora está abajo, al final, más cerca del Mediterráneo. Recordó que tuvo “una infancia que transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, entre las privaciones de alimentos y las bombas de los Aliados que causaron 20.000 muertes de civiles en Normandía y destruyeron el 82 % de la ciudad de Le Havre, cerca de donde vivíamos”

Allí encontró “la brutalidad, la densidad material de aquel primer mundo, cruzado de la mañana a la noche por las voces y las historias de hombres, de mujeres sometidos a la necesidad económica, al leer a Faulkner, Steinbeck, Caldwell, cuyos libros, literalmente, ‘me removerán las entrañas’ siendo yo una adolescente, aunque entonces no entendiera por qué”.

Eso la marcaría como persona y escritora. Luego revelaría un aspecto esencial reflejado en su literatura: “Todos somos seres atravesados por conflictos. El que me habita en la adolescencia, que es el que determina las actitudes ante la vida, ante el futuro, tiene como particularidad la interiorización de la división social del mundo”.

Un discurso sobre la literatura como herencia de la libertad contra la dominación social y sexual.

Annie Ernaux empezó a contar su historia cuando el sol empezaba a hundirse en el mar y la terminó ya en la oscuridad con el Mediterráneo plateado de Luna a su espalda.

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