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Meryl Streep y Robert Redford en ‘Memorias de África’, de Sydney Pollack, basada en el libro homónimo de Isak Dinesen.

De ‘Memorias de África’, de Isak Dinesen, al mundo de Meryl Streep, Redford y Pollack

CINE-LIBRO DE VERANO Recordamos la historia de la baronesa Blixen cuya versión cinematográfica cumple 35 años. La película entrelaza las memorias de la escritora y sus biografías de las que se rescata su romance con un cazador que dio como resultado un clásico contemporáneo

Hace 35 años se estrenó la exitosa versión cinematográfica de Memorias de África de Isak Dinesen, seudónimo literario de la baronesa Karen Blixen, que publicó su libro en 1937. Y este mes ha muerto Kurt Luedtke, a los 80 años, el guionista y responsable de la adaptación nutrida de varias biografías de la escritora que reforzaron la relación amorosa que vertebra la película de Syndey Pollack protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford.

Sobre esta historia literaria y cinematográfica trata esta vez el Cine-Libro de verano WMagazín que incluye los puntos en común entre libro y película, un tráiler y el comienzo de las memorias. Este año este ciclo de literatrua y cine gira alrededor de narraciones que transcurren en lugares de veranos eternos, es decir, el trópico. Hoy en Kenia, «al pie de las colinas de Ngong»:

Tráiler de 'Memorias de África', de Sydney Pollack, basada en el libro homónimo de Isak Dinesen, protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford.

'Memorias de África', de Isak Dinesen a Syndey Pollack

«Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El Ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías».

Isak Dinesen (1885-1962) empieza así la evocación de su vida y exploración personal, social y sentimental en Memorias de África. Publicadas en 1937 en Dinamarca, esta obra recorre sus casi veinte años en aquel continente donde tuvo una granja de café en Kenia cuando era colonia del imperio británico. Llegó en 1913, era la baronesa Karen Blixen, tenía 28 años y acababa de casarse con su primo segundo, el Barón Bror von Blixen-Finecke. Allí estuvo hasta comienzos de los años treinta de donde tuvo que marchar con los sueños rotos sobre esa tierra y divorsiada. Esto hace que el libro tenga ese tono de melancolía y retrato de la realidad africana, de una ilusión que se desvance poco a poco a pesar de sus esfuerzos por retenerla y hacerla cumplir. Pues Blixen había contraído matrimonio con su primo por conveniencia, él era un hombre infiel y ella terminó enamorada de Denys Finch-Hatton, un cazador. Sus recuerdos de aquellas tierras siguen así:

«La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era ni excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a la de los árboles de Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y su forma daba a los altos árboles solitarios un parecido con las palmeras, o un aire romántico y heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero vibrase ligeramente».

Tras su publicación en Dinamarca en 1937, Memorias de África llegó al mercado estadounidense en 1938. Pronto recibió muy buena acogida y Blixen obtuvo su prestigio como escritora. El libro está dividido en cinco apartados autónomos que reflejan diferentes aspectos de la vida en el continente, de la colonia, los nativos y las relaciones entre los dos mundos. Esta descripción y análisis es lo que más utiliza Syndey Pollack para su adaptación cinematográfica con la cual sostener  la historia sentimental y de amor de Dinesen con Finch-Hatton reconstruida a partir de biografías de la escritora. Así se ensamblan los recuerdos de la escritora y los textos de sus biógrafos.

Meryl Streep y Robert Redford, protagoistas de ‘Memorias de África’, de Sydney Pollack, del libro homónimo de Isak Dinesen. /WMagazín

La película se estrenó en 1985 con el protagonismo de Meryl Streep y Robert Redford con gran éxito de público y crítica. Desde el primer momento tuvo un aliento a clásico. Obtuvo importantes premios Oscar como Mejor Película, Director y Guion Adaptado. Precisamente el responsable de tejer esta historia de Blixen entre sus memorias y sus biografías fue Kurt Luedtke fallecido a los 80 años este mes de agosto de 2020.

La película empieza y termina con el comienzo y final del libro dando esa sensación de adaptación fiel, Dinesen evocando su granja donde fue feliz a los pies de las colinas de Ngong y luego su marcha sola en el tren y con la seguridad de que amó y fue amada. El siguiente es el comienzo completo del libro:

«Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías.

La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era ni excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a la de los árboles de Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y su forma daba a los altos árboles solitarios un parecido con las palmeras, o un aire romántico y heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero vibrase ligeramente. Las desnudas y retorcidas acacias crecían aquí y allá entre la hierba de las grandes praderas, y la hierba tenía un aroma como de tomillo y arrayán de los pantanos; en algunos lugares el olor era tan fuerte que escocía las narices. Todas las flores que encontrabas en las praderas o entre las trepadoras y lianas de los bosques nativos eran diminutas, como flores de las dunas; tan sólo en el mismísimo principio de las grandes lluvias crecía un cierto número de grandes y pesados lirios muy olorosos. Las panorámicas eran inmensamente vacías. Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable nobleza.

Meryl Streep y Robert Redford en ‘Memorias de África’, de Pollack. /WMagazín

La principal característica del paisaje y de tu vida en él era el aire. Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. Lo habitual era que el cielo tuviera un color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas, siempre cambiantes, encumbradas y flotantes, pero también tenía un vigor azulado, y a corta distancia coloreaba con un azul intenso y fresco las cadenas de colinas y los bosques. A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra, como una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana. Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: ‘Estoy donde debo estar’.

La montaña de Ngong se extiende, como una larga cordillera, de norte a sur y está coronada por cuatro majestuosos picos que, como olas inmóviles azul oscuro, se recortan contra el cielo. Tiene una altura de ocho mil pies sobre el nivel del mar y al este dos mil pies sobre la tierra que le rodea; pero hacia el oeste la vertiente es más profunda y empinada: las colinas bajan verticalmente hacia el valle de la Falla Grande».

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