El poeta y narrador español Toni Quero, en junio de 2017 en Madrid. /Fotografía de Lisbeth Salas

Toni Quero: “En esta tendencia de la autoficción hay también postureo”

El poeta español debuta en la novela con 'Párpados', una obra que relata el viaje físico e interior de una pareja que recorre Europa en moto. Un libro de personajes e historias móviles que retratan un tiempo

“Me llamo Toni Quero y aunque en mis documentos oficiales he alternado siempre las formas Antoni y Antonio, Toni era la única opción que me permitía vencer esta dicotomía. Nací en Sabadell, una ciudad obrera y dormitorio de Barcelona que odio y amo a partes iguales, y crecer en ella en los años ochenta y noventa obligaba a cualquiera a desarrollar un acusado espíritu de supervivencia. Desde el principio, la escritura y la lectura se convirtieron en mis formas de evasión y conocimiento. Mi primera obra, el poemario ‘Los adolescentes furtivos’, fue premiada en Francia y prologada por Pere Gimferrer, pero pasó desapercibida. Mi segundo libro, ‘Párpados’, ha sido galardonado con el III Premio Dos Passos a la Primera Novela y publicado por Galaxia Gutenberg. No pertenezco a ningún grupo ni camarilla literaria y asumo la invisibilidad que eso conlleva. Creo que toda manifestación artística ha de tener un componente de riesgo e intento ser consecuente con ello antes de lanzarme al vacío”.

Ocho años hace de aquella primera vez que Toni Quero (Sabadell, 1978) se lanzó al vacío con aquel Los adolescentes furtivos. Tenía 30 años, era 2009 y la crisis económica en España acababa de empezar y empujó a un poeta a peregrinar por diferentes espacios del ecosistema del libro para trabajar: edición de obras, corrección, traducción y, ahora, como editor de publicaciones corporativas mientras hace lo que más le gusta: escribir.

El aliento poético de Quero recorre su narrativa de Párpados, desde el argumento y los temas hasta la estructura y el fraseo de la historia. Es una novela de espejos y parejas; donde el paisaje se refleja en los cuerpos y el alma de los dos personajes relacionados sentimentalmente y viceversa. Una pareja joven emprende un viaje en moto cuyo trayecto no es solo un viaje físico, sino sobre todo interior hacia la relación amorosa de los dos. Es un viaje lento y transparente en una situación emocional de la que ninguno puede controlar su velocidad, aunque saben hacia donde van.

Una estela de nostalgia y sombra de pérdida cubre sus páginas.

“Creo que hay bastante poesía en ‘Párpados’. Bastante en el sentido de que intento que haya una única voz: es decir mi lenguaje poético y mi lenguaje literario con todas las salvedades y la forma distinta de narrar intento que sea muy similar.  Hay mucha metáfora e incluso pequeñas dosis de surrealismo y la imagen es el centro de mi manera de narrar. Hay poesía, sí, pero sabiendo que son dos géneros totalmente distintos y, por tanto, trato de construir una narración”.

La novela traza un atlas emocional, sentimental y existencial a través de cien capítulos breves, cien días, cien momentos sentimentales, anímicos. Cien piezas del puzle de la vida de cada uno de ellos que al ser leídas van mostrando el cuadro impresionista que es Párpados. Duna es pintora, él es fotógrafo. Muy al comienzo de la novela, una frase da claves del fondo y la forma: “Duna también era el centro de mi exposición, ella lo inundaba todo. Mis fotografías eran fragmentos de vida, desnudos, parte de su anatomía”.

“Son estudiantes de bellas artes y pienso en cómo es su manera de interpretar el mundo. La narración muchas veces no se ha hecho a través de sus ojos sino del visor de su cámara. Es decir, él narra lo que ve y, por tanto, es un fragmento de realidad; es una realidad que tú no logras ver del todo, ves solo lo que captas. Al final de cada día intento cerrarlo con voluntad poética, sabía que no podía ser una frase o un verso cualquiera”.

La pregunta que surge a medida que avanza la historia de la pintora y el fotógrafo es: ¿Es real esta historia, es un sueño, o sólo sucede en la mente del narrador? Hasta que llega la postal o pincelada 61 que se abre así: “¿Qué es real y qué es ficción? ¿Cuántas veces hemos dudado de si estamos o no despiertos, de si las decisiones que vamos a tomar a continuación tendrán un efecto concreto en nuestro mundo?”. Quero plantea la pregunta de hasta qué punto lo sentido o imaginado es tan real como el mundo que creemos real. Y, claro, en el amor cuánto hay de verdad y cuánto de sueño e imaginación son tierras nebulosas.

“Unos párpados abiertos es vida, es luz, es día; unos párpados cerrados pueden ser muerte, sueño; unos que parpadean pueden ser dudas o crisis de la realidad… Existen distintos niveles de realidad. Por un lado, la realidad que percibimos, la realidad que podemos crearnos… Y está la realidad que se puede crear en un libro que ha de ser verosímil. Vivimos en un mundo que hace realidades, pero puede haber una cuarta, una quinta, una sexta, no sabemos… Con un libro sufres y padeces. Puedes crear una realidad sin salir de tu habitación”.

Es la potencia de la imaginación. Hay autores que dicen que hay que viajar y vivir para poder escribir algo y que sea verosímil. Otros simplemente viven en y de su imaginación y crean universos reales como lo hizo, por ejemplo, Emily Brontë en Cumbres Borrascosas. La literatura está llena de mundos propios. Entre tanto, aumenta una tendencia de la autoficción, donde el autor se convierte en protagonista de la narración al contar su vida con lujo de detalles.

“Todo es válido en literatura. Lo necesario es el talento. Aunque hay un exceso de autoficción y de ego; de pensar que tu vida es interesante y creer que tiene algún valor. En esta tendencia de la autoficción hay también postureo. La apariencia. Pero hay maneras de abordar esta autoficción convirtiéndola en una ficción mucho más interesante que… ‘Hoy me levanté, di la vuelta…’, eso es contar tu banalidad”.

Toni Quero es autor del poemario ‘Los adolescentes furtivos’ y la novela ‘Párpados’. / Fotografía de Lisbeth Salas

Porque la puerta que Toni Quero abre sobre qué es realidad y qué es ficción deja ver también el debate sobre si acaso el aumento de la autoficción es reflejo de una crisis de la imaginación y los autores recurren a contar su propia vida. Por otro lado es algo que ha existido toda la vida pero de manera más literaria o enmascarada. Y Párpados es una novela que juega las dos bazas: es una ficción que pone en duda las fronteras sobre realidad y ficción y su narrador lo que hace es una autoficción.

“Creo que abordar una buena ficción es más difícil. Creo que hay una falta de lectura en algunos autores, o se leen entre ellos, se tiende a ser autorreferenciales y al final, claro, como lo que hoy parece que está en boga es esto pues al final solo leen esto”.

En Párpados está el mundo del Yo en un territorio movedizo. Una autoficción desde la imaginación. ¿Un golpe de mesa a esa autoficción?

“Yo no me he subido en una moto en mi vida. A mí las motos me dan miedo, me encanta verlas, pero subirlas nunca. Por tanto, no sería nunca ese personaje de ‘Párpados’. Las fotos las tomo fatal y hay sitios que narro donde nunca he estado. Y el personaje no intenta ser heroico. Hablo de jóvenes desarraigados. Hay que ser verosímil. Ya he dicho que creo que abordar una buena ficción es más difícil”.

Sus personajes son seres en movimiento, en continua búsqueda interior y exterior, de cierta inestabilidad  cuyo rastro se aprecia en este tiempo presente, sobre todo para la generación de Quero y las que vienen detrás. Tres años y medio tardó el poeta en escribir su primera novela, Párpados.

“Hay un hastío vital. Son personajes que suelen ser felices en los no espacios o en los no lugares. Son felices en una playa, campando en espacios libres, donde no hay una prueba terrena. Hoy todo es consumismo, todo es capitalismo, todo son vidas grises, todo es esa continuidad. Ellos quieren ser libres como pájaros. Ahí es donde son felices, el espacio es móvil, el espacio es la carretera, ese es su gran espacio”.

Siempre en ruta. El sedentarismo es moderno en la historia del ser humano. Y como en el antiguo nomadismo solitario, o con pocos amigos, Toni Quero es como el muchacho de su novela. Alejado del mundillo literario. Lo ve a lo lejos. Él solo escribe. Su narrador es un gran observador de las aves, en una voluntad de salir hacia delante.

“Para estar en el mundillo literario hay que valer. Lo más importante es la construcción de la obra, no la construcción del personaje autor que es uno de los consejos que más recibo ahora. Hay gente bien intencionada que me habla de que debo tener una mayor presencia en los medios, en las redes sociales y tener más amigos del sector…”.

El tiempo dirá si sigue esos consejos. Lo que ha hecho, por lo pronto, es dejar a los lectores dos amigos más: esa pareja que viaja en moto por Europa y que sin saberlo los llevará al encuentro de sí mismos y de su relación. Del paso del tiempo sobre los sentimientos. Y él, el narrador poeta, está atento a la belleza que lo rodea y lo conecta como uno solo con el paisaje:

“Tumbados en la hierba le confieso a Duna que la noche anterior soñé con ella. Estábamos en el Delta, conducíamos por una carretera interminable y los arrozales estaban verdes y se bandeaban de un lugar a otro como si estuvieran bajo un remolino. La carretera moría literalmente en el agua y nos deteníamos en el borde junto a una línea de espuma. No había nadie alrededor y nos sumergíamos desnudos en el mar.

Pero si tú nunca te bañas, me interrumpe Duna sonriendo”.

  • Párpados. Toni Quero. Editorial Galaxia Gutenberg.

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