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De arriba abajo y de izquierda a derecha: Carmen Laforet, Sofía Casanova, Carmen Burgos, María Teresa León y Elena Fortún, incluidas en el libro ‘Inspiración y talento’, de Inmaculada de la Fuente (Punto de Vista). /WMagazín

Cinco mujeres pioneras del periodismo y la literatura en la España del siglo XX

'Inspiración y talento' homenajea a 16 creadoras sin las cuales no se entendería parte del avance de la sociedad. WMagazín se acerca a varias de ellas a través de los pasajes escritos por De la Fuente: Carmen Burgos, Sofía Casanova, María Teresa León, Elena Fortún y Carmen Laforet

Presentación WMagazín Los libros son una gran puerta de entrada para iluminar el papel crucial de las mujeres en el avance del mundo y la sociedad, del hogar y la política a la creación artística propia y como apoyo a otras personas. En sus páginas se da cuenta de esa realidad que es fundamental conocer, reconocer y reivindicar. Una de las obras recientes es Inspiración y talento. Dieciséis mujeres del siglo XX, de Inmaculada de la Fuente (Punto de Vista). Ese fue su tiempo y lo hicieron suyo, afirma De la Fuente, como se refleja en su libro con «vidas llenas de fuego y vértigo, irrepetibles, pero también hay niebla e incertidumbre en la trayectoria de algunas. La mayoría son españolas y sin ellas el siglo XX no sería igual».

WMagazín ha seleccionado cinco de esas mujeres, cinco españolas que fueron precursoras en el periodismo y la literatura del siglo pasado. Hacemos un breve asomo en sus vidas con pasajes de esta obra que es más que un rosario de diciséis biografías porque si bien es verdad que están trazados sus perfiles entre el ensayo y la crónica, el texto permite un asomo a la historia del siglo XX y mostrar un recorrido, unos latidos y caminos que buscaban abrirse un espacio en al sociedad gracias a estas mujeres. Inmaculada de la Fuente lo explica: «El lector tiene delante una obra transversal que puede abordar biografía a biografía o, tratando de vislumbrar el latido histórico que encierran sus vidas. En este universo de mujeres llenas de talento, agudeza y lucidez, hay una mayoría de escritoras y políticas —algunas ambas cosas—, junto con tres fotógrafas y una cineasta, marcadas todas ellas por las encrucijadas políticas y sociales de su tiempo».

Estas son las vidas de cinco mujeres a quienes debemos buena parte de lo que hoy es el periodismo y la literatura:

Inspiración y talento

Por Inmacula de la Fuente

Carmen de Burgos: una librepensadora cargada de razones

La periodista y escritoa Carmen Burgos y Seguí (Rodalquilar, 1867-Madrid, 1932).

«En el verano de 1909 se convirtió en la primera corresponsal de guerra. La matanza de soldados españoles en el Barranco del Lobo, próximo a Melilla, generó una cadena de protestas en el país que llevó a la periodista a los orígenes del foco informativo. Estaba de vacaciones como profesora y viajó a Málaga para escribir crónicas sobre los heridos, la acción humanitaria de Cruz Roja y la escasez de agua que sufría Melilla. Le acompañaba su hermana Ketty. Posteriormente, se desplazó a Almería para cubrir el conflicto desde otro ángulo y consiguió pasar a Melilla, adelantándose por propia iniciativa a las indicaciones de El Heraldo. No era fácil para una mujer acceder a Melilla. Desde Málaga ni ella ni las damas de la Cruz Roja podían hacerlo. Pero buscó la manera de acercarse al centro del conflicto y contarlo. (…)

En 1932 la nueva ley de divorcio aprobada en las Cortes permitió a María poner fin a su primer matrimonio para casarse con Ernesto Zegarra Romano. Carmen de Burgos continuaba entregada a diferentes causas, entre ellas la abolición de la prostitución. El 8 de octubre de 1932 por la tarde participaba en una de las mesas redondas que cada sábado celebraba el Círculo Radical Socialista, en esa ocasión sobre educación sexual, y se sintió indispuesta. Fue atendida por dos médicos que se encontraban en la reunión y ella pidió que llamaran a Gregorio Marañón. Pero su corazón ya no tenía más yesca para seguir ardiendo y se agotó en la madrugada del 9. ‘Muero contenta porque muero republicana. ¡Viva la República!’. Terminaba así una de las trayectorias más sólidas y fulgurantes del primer tercio del siglo XX. Alguien que se había codeado con Pérez Galdós, Indalecio Prieto, Giner de los Ríos, Marañón, Sorolla… Una hija de la naturaleza que a base de trabajo, viajes y algunas excentricidades había llegado a la cima. La dictadura franquista intentó apagar su voz, pero no lo consiguió».

Sofía Casanova: una reportera española en la Gran Guerra

La periodista y escritora Sofía Casanova (A Coruña, 1861-Polonia, 1958).

«Soy la única mujer española que vengo de aquellos lugares de desolación y muerte, en donde los hambrientos cavan sus fosas y en ellas se matan con sus mujeres e hijos’, escribe, en una de sus crónicas de la Primera Guerra Mundial, Sofía Casanova, consciente de la singularidad de su testimonio y del triste privilegio que suponía haber tocado el horror con los ojos.

Sus crónicas le dieron tal popularidad que, en 1920, cuando el diario madrileño El Fígaro propuso a sus lectores que votaran a las diez mujeres que en su opinión deberían ser diputadas (la legislación aún no lo permitía), Sofía Casanova apareció en tercer lugar en la lista de las elegidas. Delante de ella figuraban Emilia Pardo Bazán y Carmen de Burgos. Detrás, mujeres tan relevantes como Margarita Nelken, María de Maeztu, María Guerrero, María Lejárraga o Margarita Xirgu.

Pacifista, conservadora, humanista, Sofía Casanova (A Coruña, España, 1861-Poznan, Polonia, 1958) fue reportera de guerra en un tiempo en que las mujeres o eran pioneras y transgresoras o estaban abocadas a vivir como simples espectadoras».

María Teresa León: coraje y melancolía

La escritora María Teresa León (Logroño, 1903-Madrid, 1988).

«En 1924 inició sus colaboraciones en el Diario de Burgos con artículos de temática cultural y de denuncia de la situación de la mujer que firmaba con el seudónimo de Isabel Inghirami (el nombre de la heroína de Gabrielle d’Annunzio en la novela Forze che si, forze che no). Daba también conferencias en los ateneos de la capital y otras ciudades. Era una forma de mantener su aliento literario, sin dejarse absorber por el estatus provinciano de joven mujer casada. Y en 1928 se estrenó como escritora con Cuentos para soñar (primera de las siete recopilaciones de relatos y narrativa breve de la autora) inspirados en mitos infantiles. Su tía María Goyri firmaba el prólogo y las ilustraciones eran de la pintora Rosario de Velasco. Esta colaboración con Rosario de Velasco resulta curiosa, ya que ambas seguirían años después ideologías contrapuestas. La dedicatoria iba dirigida a su hijo mayor: ‘Para ti, mi pequeño de negros ojos, y para todos los niños que gusten soñar’. Unos relatos primerizos en los que la autora dejaba traslucir el desgarro entre su vida de soledades y la necesidad de soñar. (…)

Si el rechazo a la injusticia alumbró sus artículos de juventud y los romances populares inspiraron sus primeros relatos, la denuncia política adquirirá en la obra de León una dimensión más articulada. En el número 3 de la revista Octubre publicará su primera pieza teatral, Huelga en el puerto, ambientada en unos sucesos acaecidos en 1931 en Sevilla tras la proclamación de la Segunda República. Esta voz militante convivirá en la ficción con una visión más soñadora, casi surrealista. En Rosa-Fría, patinadora de la luna, un conjunto de nueve relatos ilustrados por Alberti y publicados en 1934, la autora se apoya en su capacidad fabuladora para rescatar y modernizar narraciones de raíces populares».

Elena Fortún: todas sus vidas

La escritora Elena Fortún (Madrid, 1886-1952).

«Hay varias vidas en Elena Fortún, además de diversas identidades. Es paradójico que una escritora tan popular como la creadora de Celia fuera en ciertos ámbitos una desconocida. El personaje de Celia Gálvez de Montalbán se apoderó durante años de la autora, como si fueran lo mismo. En los últimos años, sin embargo, la figura de Elena Fortún ha vuelto a renacer. Pero todavía quedan capas que desvelar tras ese nombre sonoro, Elena Fortún. A fin de cuentas, el seudónimo era solo la tarjeta de visita de la escritora, un nombre de ficción tomado prestado de la protagonista de la novela de su marido, Eusebio de Gorbea, Los mil años de Elena Fortún (1922). Una novela plúmbea y olvidada cuya protagonista ha pasado a la posteridad como el célebre e imborrable seudónimo de una escritora leída por diversas generaciones de niños. Encarnación Aragoneses Urquijo (1886-1952), su verdadero nombre ha permanecido escondido durante años bajo su firma literaria.»

Carmen Laforet: la voz del silencio

La escritora Carmen Laforet (Barcelona, 1921-Madrid, 2004).

«Carmen Laforet sigue siendo la voz más esquiva de la literatura española del siglo XX. Guardó para sí zonas de sombra, enigmas personales y literarios que no quiso compartir ni revelar en vida. Selló de tal modo sus secretos que ni siquiera ella misma se atrevió a abrirlos más tarde. Se replegó en el silencio en la segunda parte de su vida, unas décadas después de haber escrito Nada y algunas novelas más, diversos relatos y libros de viaje. Pasó del resplandor a la penumbra por propia voluntad. Marcó a varias generaciones de lectores que quisieron saber más de una autora que les fascinaba y a la vez se les desvanecía, incitándoles a seguir su huella. Incluso en su correspondencia, transparente en su juventud, cuando se escribía con sus amigos Lola de la Fe o Ricardo Lezcano, pasó a contenerse, a elegir lo que contaba y lo que callaba. En sus cartas a Ramón J. Sender o a Elena Fortún, se atisban sobreentendidos, la necesidad de no decirlo todo y ser comprendida sin desvelarse. Hasta crear una sombra de grises alrededor que preservara su independencia; hasta contribuir a dibujar en el imaginario colectivo una figura tan mítica como inalcanzable.

Nada obtuvo el primer Premio Nadal en 1945 y revolucionó no solo el mundo literario, sino la vida de Carmen Laforet. Cualquier otra historia de posguerra languidece ante esta asombrosa novela escrita en 1944 por una universitaria de 23 años».

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