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El escritor Nelio Biedermann (Suiza, 2003), autor de ‘Lázár’ (Salamandra), en el Instituto Goethe de Madrid, en 2026. /WMagazín

Nelio Biedermann: “Todas las migraciones son iguales: vienen de un dolor o un peligro muy grande”

El escritor suizo, de 23 años, triunfa con su segunda novela, ‘Lázár’, traducida a 30 idiomas. Inspirada en sus antepasados, recrea 60 años clave del siglo XX a través de una familia noble de Hungría que, tras la llegada de los soviéticos, se exilia en Suiza. En esta entrevista relata su precocidad: “El arte intenta acercarse a la realidad, el lenguaje se nos escapa”

A los quince años, unas pocas palabras cambiaron la vida de Nelio Biedermann (Suiza, 2003). Seis años después, con 21, lo impulsarían a convertirse en uno de los escritores más exitosos del momento con su segunda novela: Lázár (Salamandra), traducida a más de treinta idiomas.

Aquellas palabras de adolescencia que le aclararon su futuro, en 2018, fueron:

“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: ‘Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias’. Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer”.

Así empieza El extranjero, de Albert Camus. Fue una lectura en la clase de francés de su colegio en Zúrich. Desde entonces, cada año escucha la novela. En esas páginas anida una parte esencial de los temas de su precoz carrera literaria: existencialismo, transitoriedad y muerte; y una veta de poesía contenida para describir la dureza de la realidad.

Nelio Biedermann es un joven descendiente de la nobleza húngara, cuya familia fue empujada al exilio por los soviéticos y se refugió en Suiza. Creció rodeado de libros, de cultura y de historias familiares que parecían ficción. Desde muy pequeño le leyeron fábulas y cuentos, y, pronto, él mismo descubrió el placer de la lectura. Y también de escribir algunos textos en secreto.

Pero no fue hasta los quince años cuando se topó con Camus y su deseo dormido despertó. Participó en un concurso literario en el colegio, luego publicó, por azar, su primera novela en una editorial donde trabajaba una sola persona y, con Lázár, siete editoriales lo cortejaron. Su segunda novela está inspirada en la historia de su familia y su travesía le sirve para recrear seis de las décadas más convulsas del siglo XX.

“Las ganas de contar esta historia estaban desde que empecé a escribir, con mis primeras narraciones. La tentación estaba ahí. La dificultad fue cómo narrarla y probar durante años qué podía funcionar y qué no”.

Nelio Biedermann (Suiza, 2003), autor de la novela ‘Lázár’, en el Instituto Goethe, de Madrid, en 2026. /WMagazín

Camus y el origen del futuro escritor

Nelio Biedermann tiene 23 años. Esta mañana de jueves de septiembre en Madrid, en el Instituto Goethe, es un retrato vivo de las fotografías con las que lo promociona su editorial y de muchas de las que circulan en internet: un muchacho de piel blanca cálida, cabello castaño claro con algunas iluminaciones, un bigote suave y vestido de camiseta negra con una cadena plateada, pantalón marrón y varios anillos y argollas en sus manos.

Es amable, un poco tímido, de sonrisa fácil y voz calmada, piensa con tranquilidad ante cada pregunta y muestra una madurez impropia de su edad.

El primer libro que escribió fue en el colegio, una especie de tesis con relatos:

“No se publicó, aunque imprimí unos pocos ejemplares para regalar a mis amigos. Fue un trabajo de secundaria, la primera prosa larga que escribía. Era una especie de novela, porque los personajes eran de mi edad, en Zúrich, y se iban interrelacionando.

Ahora la gente me pregunta por qué escribí algo tan alejado de mi realidad, y la razón es que con aquella primera obra escribí sobre mis circunstancias, mi manera de estar en el mundo. Con ese primer libro me saqué de encima esas vivencias, esa primera impresión de vida.

Antes de empezar Lázár ya llevaba escribiendo dos años. Leía mucho de niño.

Uno de los primeros libros que leí y que me llevó a pensar en la escritura fue El extranjero, de Camus. Tras leer la novela dije: ‘Yo también quiero escribir, quiero crear algo yo mismo’. En clase de francés tenía como 15 años. Justo poco después hubo un concurso de escritura en el colegio y participé por casualidad. Era pandemia, estaba en cuarentena y no salía de mi cuarto, y dije: ‘Voy a hacer esto’.

Sigue siendo uno de mis libros fundamentales. Todos los años lo escucho. Sus temas me siguen acompañando, aunque el tono y ritmo son distintos”.

Se refiere a asuntos como la transitoriedad de la vida, el existencialismo que surge a partir de esa verdad irrefutable. Luego el azar hizo que publicara la novela Anton quiere quedarse:

“No conocía a nadie del mundo editorial. Fue como en las películas: mandé manuscritos a editoriales conocidas, no recibí respuesta en Zúrich, salvo de una editorial pequeña que llevaba una sola persona, quien me dijo que lo quería publicar, era Arisverlag.

En realidad, todo empezó antes porque aquel libro del colegio lo había enviado a esa editorial. Antes de terminar el colegio viajé tres meses a México de vacaciones y fue cuando escribí Anton quiere quedarse. En ese momento me llegó la respuesta de la editorial que expresaba su interés por ese libro, pero les dije que había escrito algo que era mucho mejor. Les envié el primer capítulo. Quedamos en un café en Zúrich y me dijeron que sí les interesaba publicar”.

Nelio Biedermann (Suiza, 2003), autor de la novela ‘Lázár’, en la biblioteca del Instituto Goethe, de Madrid, en 2026. /WMagazín

El azar y el realismo mágico

Biedermann escribió esa novela con 19 años en 2022 y Arisverlag la publicó en 2023. Y aquí vuelve a jugar el azar sobre su segunda novela:

“Fue todo muy casual. Después de Anton quiere quedarse encontré un agente de forma casual. En una presentación que hice de esa novela en mi pueblo asistió una agente literaria que, además, no estaba trabajando porque estaba de baja por maternidad. Me dio su tarjeta y me dijo: ‘Cuando escribas algo nuevo, me llamas’.

Cuando aún no había terminado Lázár se la envié a esa agente. La leyó, y a partir de ahí la situación fue la contraria: siete editoriales que querían sacar el libro”.

Tanto en Lázár como en Anton quiere quedarse las artes están presentes como refugio, cómplice o aliada para poder contar la realidad

“Son cuestiones inseparables: por un lado, el arte es un refugio y esa sensación de desaparecer que se tiene a veces con la lectura. Y es justo lo que me gusta: cuando estoy empezando un libro estoy más despierto, alerta a todo lo que sucede a mi alrededor, todo es pasión. Y es, también, ese aliado para percibir mejor la realidad. Creo que la percepción se agudiza enormemente con esta atención”.

Eso le permitió escribir una novela que es un mosaico de estilos y géneros literarios: empieza en tono de fábula con el comienzo del patriarca, pasa a ser realista clásico con la realidad de la Segunda Guerra Mundial y termina con la ficción más literaria, pero en toda ella hay una presencia poética del realismo mágico. Si la lectura de El extranjero, de Camus, es un punto de inflexión en la vida Biedermann y los libros de Marcel Proust y Gabriel García Márquez completan su inspiración literaria, la pregunta es por qué este escritor suizo amplía una tendencia hacia el espíritu del realismo mágico en la narrativa más contemporánea en diferentes idiomas:

“No puedo hablar por otros escritores, pero el arte siempre es un intento de acercarse y procesar la realidad. Pero, claro, lo que hay entre la realidad y el arte es el idioma, el lenguaje, y el lenguaje se nos escapa de la realidad: nunca alcanza a abarcarla por completo. Nos aleja de ella.

En los últimos siglos, en la historia de la literatura ha habido varios intentos de acercarse a la realidad desde la literatura clásica y no han funcionado. Luego está el arte moderno, que surgió antes de mi época; y, probablemente, el último gran intento fue con su enfoque fragmentario. Creo que también hay un alejamiento, porque uno se da cuenta de que ya no se puede llegar a la realidad con estas formas. Quizás también sea la confianza en que se puede alcanzar a través de lo mágico, dejando muy claro que no es la realidad, sino arte, y que tal vez se pueda llegar a algún tipo de verdad a través de esta forma literaria”.

Nelio Biedermann (Suiza, 2003), autor de la novela ‘Lázár’, en el Instituto Goethe, de Madrid, en 2026. /WMagazín

La migración y la memoria

En Lázár, los soviéticos llevan a que esa familia noble de Hungría termine emigrando a Suiza. Así, Biedermann reflexiona sobre cómo las migraciones y los exilios contribuyeron a dar forma a la actual Europa del bienestar, que hoy reniega, al menos una parte de ella, de esas migraciones o las mira con recelo, mientras partidos de ultraderecha resurgen:

“Al final, en realidad, todas las migraciones son iguales: no importa de dónde viene la gente que huye, lo hace de un dolor o un peligro que tiene que ser muy grande para dejar atrás todo lo que conoce.

A veces me sorprende lo rápido que en Europa olvidamos estar en esa situación, que ya no somos lo suficientemente afortunados como para no vernos afectados por ello, porque esta historia no tiene cien años. Por supuesto, la gente ha huido en Europa desde entonces. Por ejemplo, las guerras yugoslavas, en los Balcanes, en los años noventa, y los refugiados que huyeron de la guerra y fueron a Suiza en aquel entonces, parecen casi olvidados. Y la guerra en Ucrania se está tratando como la primera gran guerra en Europa en años, aunque la última guerra no fue hace tanto tiempo, y no es así.

Siempre intento, tanto por escrito como en otros ámbitos, entablar un diálogo y analizar las cosas desde diferentes perspectivas, y creo que existen muchas explicaciones para muchas cosas. Por supuesto, hay explicaciones de por qué, por ejemplo, el Partido Nazi encontró un terreno tan fértil en Alemania en aquella época. Claro que eso no surgió de la nada. Y al mismo tiempo, hay que reconocer que también es erróneo condenarnos a nosotros mismos hoy en día, incluso si de alguna manera se puede explicar.

Ahora sucede algo parecido: se pueden explicar los miedos de la gente. Se puede explicar por qué estos partidos populistas encuentran de nuevo un terreno tan fértil. Y hay que hablar de ello y denunciar que no está bien.

En Europa nos hemos creído un relato de que estamos muchísimo peor de lo que es la realidad, y eso es un gran peligro cuando se pierde la empatía por estar centrados en el propio bienestar porque este se ve potencialmente amenazado, aunque el entorno sea mejor y esas personas se dejan engañar. Hay que enfrentar ese relato de que estamos mal cuando la verdad es la contraria”.

 

Nelio Biedermann se despide con una sonrisa. Se levanta, da un par de pasos hasta una de las estanterías de la biblioteca del Instituto Goethe y toma un libro y empieza a leer de pie. Lo hace cada vez que puede, aquí o donde esté. Lleva dos años tratando de robarle tiempo a sus presentaciones y entrevistas por el lanzamiento de su novela en diferentes países para poder leer y escribir. Intenta tener la misma vida de antes: vive en Zúrich con su hermana y un amigo, escribe en una habitación que le sirve de despacho y lo hace siempre que puede, sin horarios, debido a los compromisos con Lázár, mientras estudia en la universidad como uno más.

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Winston Manrique Sabogal

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