El escritor Horacio Castellanos Moya en Casa de América, de Madrid. /Cortesía Casa de América

Castellanos Moya: «Llevamos dentro la semilla de lo que no hubiéramos querido ser»

El escritor salvadoreño publica un artefacto literario entre la realidad y la ficción: 'Envejece un perro tras los cristales'. Un juego de espejos sobre la mutación de su propia vida, el arte de escribir y cómo el ser humano asume el paso del tiempo

Uno de los escritores que mejor ha mostrado la compleja y violenta realidad centroamericana lleva ahora a sus lectores a un viaje hacia el interior del Tiempo a través de su propia vida, mientras ilumina zonas en penumbra de la creación literaria donde fusiona como uno solo a la persona y al escritor.

«Avanzamos a contracorriente, a ciegas, muy seguros de ir conscientes, pero con una gran inconsciencia», reflexiona Horacio Castellanos Moya. Nació en Honduras, en Tegucigalpa en 1957, se crio desde los cuatro años en El Salvador, ha conocido la esperanza y el dolor de Centroamérica y ha vivido en unos cuantos países de Occidente y Oriente empujado por las amenazas y por su vocación exploratoria.

Desde esos lugares ha escrito sobre ese territorio social, político y cultural casi todos sus libros. Y en uno de esos momentos esquivos de la inspiración que no terminaba de llegar se abrió paso este Envejece un perro tras los cristales (Literatura Random House). Un artefacto literario sin etiquetas ni fronteras que desde el mismo origen muestra su naturaleza de espejos reflectantes y sosias, de juego entre la realidad y la ficción con sus múltiples caras.

Castellanos Moya ha reunido en esta obra los Cuadernos de Tokio (resultado de sus seis meses en Japón en 2009) y Cuaderno de Iowa (escrito entre 2011 y 2016, como profesor de escritura creativa en Estados Unidos). Diarios, apuntes, reflexiones, narraciones, postales físicas y existenciales… Un artefacto literario que más que un juego de espejos es un pequeño laberinto de espejos con pasadizos intercomunicados por donde van y vienen el escritor, su personaje autor, quien observa y cuenta y, claro, quien lee, el lector como lo explica en el siguiente vídeo:

Horacio Castellanos Moya en Casa de América durante la Semana de Autor, en junio de 2019. /WMagazín

Preguntas, dudas, incertidumbres, ideas, pensamientos… La mirada hacia dentro para tratar de entenderse como persona y escritor y poder comprender el mundo. Esa es la base de Envejece un perro tras los cristales sobre la que habla el escritor en uno de los salones de Casa de América, de Madrid durante la Semana de Autor, en junio de 2019.

Winston Manrique Sabogal. Aunque se sabe que el libro son apuntes de sus estancias en Tokio y en Iowa, surge la pregunta: ¿Es todo real? ¿Es usted? ¿Dónde empieza y termina este juego de espejos propio y ajeno?

Horacio Castellanos Moya. Hay una entrada en Cuaderno de Iowa, donde el escritor dice: “Es extraño cómo no se reconoce en la voz de quien escribe”. Eso significa que en el texto hay una preocupación personal, hay un retrato o autorretrato y al mismo tiempo una distorsión que al mismo autor, cuando se ve en el espejo, le resulta difícil reconocerse. Ese es el juego literario.

W. Manrique Sabogal. En el autor-personaje la ficción no termina de llegar, vive un bloqueo, al tiempo que la desactiva escribiendo el cuaderno.

H. Castellanos Moya. Ese es el juego. La sequedad es real de quien escribe los apuntes, es incapaz de escribir ficción, de inventar. Pero es un juego en la medida en que está escribiendo. Es cierto y es mentira.

W. Manrique Sabogal. En el segundo cuaderno hay una idea vertebral: cómo el ser humano busca ser alguien concreto y en ese ejercicio se convierte en lo que no quería ser. En el libro se dice algo así como que «no se reconoce ni en el que fue y cree que sigue siendo, ni en el que es y no asume como propio».

H. Castellanos Moya. Es un juego de esquizofrenia que revela las dos etapas de la Luna. Él nunca se ve completo del todo, siempre ve las cosas partidas. Esa idea recorre todo el libro. Y esa idea pasa a otra que es la de irse convirtiendo, poco a poco, en lo contrario de lo que él hubiera deseado convertirse. Llevamos dentro de nosotros mismos la semilla de nuestra negación, de lo que no hubiéramos querido ser y en lo que nos vamos convirtiendo. Es algo que quien escribe los apuntes enfatiza.

W. Manrique Sabogal. ¿Y Horacio Castellanos Moya?

H. Castellanos Moya. Creo que hay aspectos de mi vida en los que se aplica con total claridad y hay aspectos que no. Eso se menciona en el libro, esa es la gracia. La idea del libro es, también, la multiplicidad del ser humano; de un yo múltiple y con múltiples caras y algunas de esas caras se convierten en lo contrario. Al mismo tiempo otra negación de sí mismo.

Hace treinta años de su primera novela, La diáspora, Premio Nacional otorgado por la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador. Desde entonces, si sus obras tan prestigiosas como El asco. Thomas Bernhard en San Salvador, La diabla en el espejo (Premio Rómulo Gallegos 2001), Insensatez, Tirana memoria, La sirviente y el luchador o Moronga despliegan su mirada crítica sobre países, gobiernos y sociedades de la región con buenas dosis de humor o parodia, en esta ocasión, con Envejece un perro tras los cristales, el objeto es el escritor, el escritor en general y el escritor personificado en él mismo.

W. Manrique Sabogal. Una presencia clara es el ego del autor, la vanidad. «El éxito de que aspiremos al éxito es una tiranía», escribe.

H. Castellanos Moya. El primer punto sobre la escritura entorno a la vanidad del escritor es un componente de la naturaleza humana, no es patrimonio de nadie. El autor reflexiona sobre eso y hasta dónde la vanidad es motor esencial de la escritura o es nada más uno de sus atributos. El autor se pregunta hasta cuándo y dónde escribiría si no es alabado, aplaudido. Hay un momento que dice: «No olvides que escribes para lucirte». Hay una actitud crítica de quien observa porque la voz que cuenta es la voz del que observa y del observado no escuchamos nada, está en el banquillo de los acusados. El narrador, por eso, pregunta dónde está su esencialidad, las supuestas raíces profundas a las que supuestamente invoca cuando escribe.

W. Manrique Sabogal. Y se convierte en lo que no quería ser porque añora cuando escribía sin que nadie lo leyera, ni esperando que alguien lo fuera a hacer.

H. Castellanos Moya. ¡Exactamente! Ahí se enlazan esas dos líneas constitutivas del libro. En el origen como una necesidad vital sin estímulo externo, pero cuando estos aparecen (aplausos, elogios, reconocimiento, fama) y crecen, entonces pasan a ser los estímulos sinceros. Es cuando el observador pone en el banquillo de los acusados al escritor diciéndole: “bueno, entonces ¿dónde está lo esencial, quién eres de veras?

Eso tiene que ver con todos los oficios en mayor o menor grado. Es decir, hasta dónde el desarrollo y reconocimiento de un oficio desgasta las motivaciones y raíces esenciales que han llevado a ese oficio.

W. Manrique Sabogal. Y eso que criticaba de lo profesional también está en el plano personal, de lo íntimo, del miedo, los miedos, a escribir o a estar solo.

H. Castellanos Moya. Hemos tocado los ejes y las líneas maestras que recorren el libro. El miedo, lo dice en muchas ocasiones el autor, “tengo un miedo existencial profundo». Hay un miedo inexplicable y que no es paranoia. Es el miedo que sirve de motor. Es un miedo a preguntarse cuál es el sentido de la vida, de estar en este planeta, qué hay que hacer por el planeta, cuál es el sentido de ser como soy.

W. Manrique Sabogal. Y el miedo a no reconocer lo que no es y no se quería ser.

H. Castellanos Moya. Que no eres dueño de lo que te sucede. Las fuerzas que nos hacen mutar son muy grandes. Mutamos hipnotizados con la idea de nosotros mismos sin darnos cuenta en lo que nos estamos convirtiendo.

W. Manrique Sabogal. ¿Acaso el no aceptar que el sueño de lo que queremos ser es solo un espejismo?

H. Castellanos Moya. Nosotros podemos no creer en nuestros sueños, o al mismo tiempo nuestro sueño es querer llegar a aquella puerta, y tomo un camino, pero algo pasa que me hace ir hacia la puerta opuesta y una vez voy hacia allí digo: “Ese es mi sueño”… y se me olvida el anterior, sin llegar a ver la contradicción de lo que ha sido el cambio en mi vida. Avanzamos a contracorriente, a ciegas, muy seguros de ir conscientes, pero con una gran inconsciencia.

W. Manrique Sabogal. Como sucede con el deseo, siempre latente a pesar del paso del tiempo, y la intensidad de su pulsión no siempre se corresponde con la edad, según lo expresa en el libro.

H. Castellanos Moya. ¡El deseo! La base central de este eje-carril sobre el que se mueve el libro está formada por dos partes: la compulsión sexual de quien escribe, quien está en el banquillo, hay compulsión de deseo, de posesión carnal, más allá de que lo cumplas o no eso no es importante. Por el otro lado,  está el momento en que el ser humano al envejecer comienza a tener conciencia de esa pulsión y descubre que se le acaba el tiempo para ni siquiera soñar con el cumplimiento del deseo al que lo lleva esa pulsión. Es ese cambio en que se va a empezar a entrar a la vejez. No de mayor sabiduría, pero sí que quien observa dice: «Te das cuenta de que sigues deseando como si fueras un joven y ya no tienes edad para estar deseando así, ya no tienes dientes para comerte esa carne».

Y así se despliegan las caras del tiempo de Horacio Castellanos Moya donde reflexiona sobre cómo algunos no terminan de aceptar el tiempo que les corresponde. Echó la vista atrás y vio esa fusión y mutación de una persona en escritor con sus sueños y miedos, ha visto lo inexorable del tiempo, pero también de sus ilusiones. Y supo que detrás de todo está la pasión y que obliga a un continuo aprendizaje y redecubrimiento, como escribe: «Lo esencial nunca se aprende. Las pasiones siempre harán contigo lo que se les antoje». Y eso obliga a reinventar y sentir la vida y, a veces, envejecer tras los cristales.

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