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Detalle de la portada del libro ‘El fin del principio’, de Manolo García (Aguilar). /WMagazín

Por qué los cineastas, pintores, actores, músicos y guionistas se pasan a la literatura

David Hockney, Quentin Tarantino, Rodrigo García Barcha, María Folguera, Daniel Remón, Nick Cave, Manolo García y Christina Rosenvinge son algunos de los creadores que han decidido escribir novelas, cuentos o ensayos. ¿Por qué no les resulta suficiente el arte en que tienen un nombre?

¿Qué tiene la literatura que tienta a pintores, cineastas, músicos, actores y guionistas? Que los poetas un día escriban novelas o cuentos y viceversa es un destino esperable, y hasta deseable. Que los escritores escriban guiones de cine y televisión está en su territorio. Pero que artistas de diferentes disciplinas busquen expandir su universo creativo a través de la palabra escrita es menos común. Hoy las mesas de novedades literarias ofrecen libros de pintores que escriben ensayos, músicos que escriben poemas y memorias, actores que escriben cuentos, cineastas, dramaturgos y guionistas de cine y televisión que escriben novelas.

Quieren que les llamen escritores. Quieren estar en una biblioteca. Estar junto a los autores que los ayudaron e impulsaron a ser lo que son y por lo que son reconocidos. Descubren que todo está y pasa por la palabra, y casi todo por la palabra escrita. En los últimos años son varios los creadores que se han pasado a contar lo que piensan, sienten y han vivido a través de la literatura:

El pintor David Hockney ha escrito un ensayo en el que traza la evolución de la imagen a lo largo del tiempo en Una historia de las imágenes (Siruela).

El cineasta Quentin Tarantino ha novelado su guion de la exitosa Érase una vez en Hollywood (Reservoir Books).

El director y guionista de cine y televisión Rodrigo García Barcha ha reconstruido en un libro entre memoria y relato los últimos días con sus padres Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha en Gabo y Mercedes: Una despedida (Literatura Random House).

La dramaturga y directora de escena María Folguera ha debutado en la novela con una historia sobre los buenos ratos de las escritoras en Hermana. (Placer) (Alianza).

El cantautor Manolo García ha vuelto a la literatura con un poemario en El fin del principio (Aguilar).

La cantante Mala Rodríguez ha decidido contar cómo llegó a ser la reina del rap de España en Cómo ser mala (Temas de Hoy).

El actor Pablo Rivero ha escrito un thriller que pasa por la publicidad y las trampas de las redes sociales en Las niñas que soñaban con ser vistas (Suma de Letras).

El guionista de cine y dramaturgo Daniel Remón ha plasmado en una novela una fábula sobre la pérdida, los miedos y la redención en Literatura (Seix Barral).

La cantautora Christina Rosenvinge recopiló las letras de sus canciones acompañada de relatos que cuentan de dónde surgieron sus álbumes en Debut. Cuadernos y canciones (Literatura Random House).

El cantautor José Luis Perales sigue en la narrativa con Al otro lado del mundo (Plaza y Janés).

El actor Tom Hanks escribió 17 cuentos donde priman los extravíos de las personas en Tipos singulares y algunas historias (Roca).

La cantante y artista visual Patti Smith sigue explotando su línea literaria esta vez en un viaje a su propia historia en El año del Mono (Lumen).

El cantautor Nick Cave recogió todas las letras de sus canciones con algunos ensayos en Obra lírica completa 1978-2019 (Libros del Kultrum) y en 2018 publicó la novela La muerte de Bunny Munro (Malpaso).

…Y así unas cuantas novelas, poemarios, ensayos y volúmenes de cuentos. Eso sin contar a los cineastas y dramaturgos llevan años alternando esos oficios con la escritura como el mexicano Guillermo Arriaga y el español Rodrigo García Cortés.

Libros recientes de cineastas, pintores, dramaturgos y músicos. /WMagazín

Entre los motivos de estos creadores para expresarse en otras artes está la doble sensación de que lo que hacen en su arte respectivo de alguna manera lo controlan y necesitan explorar otros territorios que les permitan expresarse no mejor, sino en otras formas, para no sentirse estancados.

Las palabras de la poeta Ana Merino sobre su debut en la novela con El mapa de los afectos (Destino) se ajusta a la idea general: “Llega un momento que esa mirada poética se estabiliza y parece que necesitas ampliar el espacio de voces. En mi caso alcancé la madurez y vi que la poesía me permitía un lenguaje introspectivo con mi ser y me había ayudado en la evolución del mundo y la construcción de mi voz personal, pero que había muchas voces a mi alrededor y que esas voces se construían mejor en el espacio de una novela. Que esas atmósferas y experiencias que habían macerado en mí eran corales y que el mejor espacio era la novela».

El pintor británico David Hockney quiso ir más allá de la expresión visual que le ha dado un lugar en el arte del último medio siglo para indagar en qué es la imagen a la vez que comparte sus conocimientos y experiencias en Una historia de las imágenes.

Sobre eso que él mismo crea, imágenes, reflexiona en su ensayo: “Solo recordamos unas pocas de entre los millones que se hacen. Las voy guardando en la memoria. Supongo, claro está, que la basura siempre desaparece en el arte. Muchos cuadros y montajes se desvanecerán, así que doy por sentado que en los ordenadores se perderán muchas. El principal motivo por el que las imágenes —y otras cosas— sobreviven es que le gustan a alguien. Hay imágenes realmente memorables, pero no sabemos qué las convierte en tales. Si lo supiéramos, habría muchísimas más”.

El paso de María Folguera a la literatura con Hermana (Placer) lo contó en una entrevista en WMagazín:  “Esta novela tuvo una versión previa que en 2019 decidí guardar en el cajón, porque no funcionaba. Allí ya había una protagonista que investigaba sobre los buenos ratos de las escritoras y tenía una amiga muy distinta a ella, una mujer de acción, más desinhibida que ella. En 2020, después de dirigir la versión teatral de Celia en la revolución y de escribir y dirigir Elena Fortún para el Centro Dramático Nacional, decido iniciar la reescritura del texto, y convertir en eje principal la amistad entre las antagonistas. Me pasé a la segunda persona, ese “tú” que es la amiga, y lo relacioné con el papel que jugó la búsqueda de interlocutora en las escritoras que aparecen en la Enciclopedia”

Fiel a sí mismo, Quentin Tarantino parece empeñado en cerrar sobre sí mismo el círculo de su universo cinematográfico. Es fiel al mundo que ha creado entre la ficción y la realidad y el homenaje a las películas de serie B y de los años sesenta y setenta en Hollywood, el autor de Érase una vez en Hollywood ahora ha convertido en novela su propia película homónima. Tal como era frecuente hace unas décadas cuando algunas películas exitosas pasaban a ser libros de entretenimiento en gasolineras y hoteles.

Hace un tiempo Tarantino dijo que después de su décima película, en la que está ahora mismo, se dedicaría a escribir novelas. Pues se adelantó y lo hizo tras su noveno largometraje. Esta novelización no es una adaptación sino la expansión y profundización de la historia y, sobre todo, del personaje de Cliff, interpretado por Brand Pitt, el doble del actor Rick, interpretado por Leonardo Di Caprio. En Radio Nacional de España, Tarantino dijo que se documentó mucho para la película, sobre la época en lo político, social y cultural, pero, afirmó que todo eso nopudo incluirlo en la película, aunque: «me esforcé por meter todo lo que pude. Ahora sí está todo sobre la época que como novelista sí podía hacer y eso es lo que más emocionante me parecía».

En cantautores como Nick Cave la literatura ha estado presente desde siempre. En el libro que recopila sus letras, desvela el origen de la literatura en su vida como creación y refugio y consuelo al mismo tiempo. En una conferencia dijo:

“En retrospectiva, podría alegarse que, a lo largo de estos últimos 20 años, se ha mantenido cierta coherencia en mi discurso. En medio de la locura y el caos, parecería como si hubiera estado aporreando un solo tambor. Puedo constatar, sin ruborizarme, cómo mi vida artística se ha centrado en el afán por articular la crónica de una sensación de pérdida casi palpable que, para colmo, parecía reclamar mi propia vida. La inesperada muerte de mi padre iba a dejar un gran vacío en mi mundo cuando apenas contaba 19 años. Lo único que fui capaz de urdir para llenar este agujero, este vacío, fue ponerme a escribir. Mi padre, profesor de literatura, me adiestró a tal efecto como si con ello pretendiera ya prepararme para su marcha. La escritura fue el salvoconducto para acceder a mi imaginación, a la inspiración y, en última instancia, a Dios. Descubrí que a través del uso del lenguaje estaba dirigiéndome a un Dios de carne y hueso. El lenguaje se convirtió en el manto que arrojé sobre el hombre invisible, lo que le confirió forma y fondo. La transubstanciación de Dios a través de la Canción de Amor sigue siendo mi principal motivación como artista. Caí en la cuenta de que el lenguaje se había convertido en el mejor bálsamo para aliviar el trauma sufrido con la muerte de mi padre”.

Ese discurso lo termina Nick Cave con otra revelación sobre su forma de adentrarse en las emociones a través de la palabra:

“El escritor que se niega a explorar las regiones más oscuras del corazón jamás podrá escribir convincentemente sobre el poder del encantamiento, la magia y la alegría del amor, pues al igual que no puede confiarse en el bien a menos que haya respirado el mismo aire que el mal —­la metáfora del Unigénito crucificado entre dos criminales viene aquí a mi mente—, en la estructura de la Canción de Amor, en su melodía, en la letra, debe uno sentir que ha saboreado la capacidad de sufrimiento”.

Parte de eso experimentó Rodrigo García Barcha, el director de cine y televisión, hijo de Gabriel García Márquez, uno de los grandes escritores del siglo XX convertido ya en vida en un clásico. Sobre Gabo y Mercedes: Una despedida García Barcha ha señalado que una de las cosas que lo entristece es que al final nunca pudo escribir algo con su padre. Siete años después de su muerte, en 2014, el cineasta decidió escribir lo vivido durante aquel periodo de enfermedad y despedida de su padre. Es un libro íntimo, emotivo y de grandes revelaciones, pues a partir de aquellos últimos días de su padre, García Barcha evoca y comparte esos momentos y va a episodios de otros tiempos de la vida y creación literaria del autor de Cien años de soledad y El otoño del patriarca.

Crecer, explorar, curiosear… los artistas buscan nuevos lenguajes más explícitos para expresar lo que sienten, piensan y han vivido y la palabra escrita siempre es una vía latente. Como si todos quisieran estar en una biblioteca. Estar junto a los autores que los acercaron al arte e impulsaron a ser lo que son y por lo que son reconocidos.

@winstonmanrique

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