El escritor y crítico cultural español Benjamín Rosado debutó en la novela con ‘El vuelo del hombre’ (Seix Barral). /Foto de Javier Salas – Cortesía Seix Barral

Benjamín G. Rosado: “El lenguaje sirve para dotarnos de una ficción que nos proteja y para expresar lo que queremos ser y lo que esperamos del otro”

El escritor español debuta en la novela con 'El vuelo del hombre', una obra sobre amor, identidad, reinvención y aventuras que plantea si la ficción puede cambiar la realidad. Y donde el origen y el misterio de la vida están presentes

Un niño que participó en el coro de La bohème, que habla sobre amor, vida, muerte, reinvención y la fuerza de la palabra y las historias hechas canto, se convirtió en un escritor que se pregunta en su primera novela de amor, identidad, reinvención y aventuras si la ficción puede cambiar la realidad. Una historia que ronda varios orígenes sobre el lenguaje que intenta mostrar cómo la vida puede imitar al arte.

Benjamín G. Rosado (Ávila, España, 1985) escribe en El vuelo del hombre (Seix Barral, Premio Biblioteca Breve) sobre el misterio del poder de las historias que juegan entre la realidad y la ficción; de la palabra y del lenguaje como forjadoras de la vida y del mundo. Y del milagro del canto de las aves como principio del futuro del ser humano que plantea un viaje al origen del milagro de la vida y su evolución a través de las palabras.

El vuelo del hombre plantea una travesía poblada tanto de aventuras existenciales, sentimentales, creativas y físicas, como de fascinantes ideas cultas y científicas que enriquecen el placer de la lectura.

Benjamín G. Rosado es un periodista especializado en música clásica (colabora con medios como El Cultural, Esquire, Scherzo, Vanity Fair, Harper’s Bazaar…) que ha transitado por labores tan variadas como la de aquel niño del coro del Teatro Real de Madrid en La bohème, de Puccini, speech writer o escritor en la sombra, o “negro literario”. Un periplo creativo y laboral que derivó en uno físico de búsquedas personales y profesionales subido en barcos por países como Colombia, Argentina, Chile o Estados Unidos.

La idea de la novela surgió cuando Benjamín Rosado leyó la noticia de que un grupo de científicos de la Universidad de Oxford había conseguido aislar un gen, al que bautizaron FoxP2, para “demostrar su implicación en el canto de los pájaros y el lenguaje primitivo de los primeros seres humanos”. El milagro que nos ha traído hasta aquí.

La novela sigue al filólogo Diego Marín que viaja a Valparaíso (Chile) para resolver un asunto académico y conoce al profesor Castro que comparte una información que le termina inspirando su primera novela, Ciudad café. La obra es un éxito, Marín se va a vivir a Nueva York, pero donde la vida y el amor se interponen en la escritura de su segundo libro, y su nombre cae en el olvido. Hasta que su editor le dice que en las selvas colombianas ha muerto un piloto que se llama como el protagonista de su novela.

Así empieza el círculo de realidad y ficción, de la imitación y la reinvención. Delante de una planta que intenta dar vida a un aula de la Biblioteca Eugenio Trías, de Madrid, desde cuya pared de cristal se ven algunos árboles del parque del Buen Retiro, Benjamín G. Rosado empieza por responder sobre el origen del origen.

Benjamín G. Rosado (Ávila, España, 1985), autor de ‘El vuelo del hombre’ (Seix Barral). /Foto de Javier Salas – cortesía Seix Barral

Winston Manrique Sabogal. Hay dos aspectos muy presentes en la novela: el tratamiento sobre el misterio y el origen de la vida, de esa evolución a través del calidris y del lenguaje y toda esa historia, los agujeros negros, la inteligencia artificial que indaga en el de dónde venimos y a dónde vamos. ¿Fue consciente de esto o fue algo que fue apareciendo?

Benjamín G. Rosado. Esa vocación por abarcarlo todo, o al menos remitirme al origen de los orígenes, tiene que ver con dar respuesta a la pregunta fundamental del libro, y es que antes de empezar a trazar una historia o a pensar sobre qué quería escribir, la pregunta que me hice fue: ¿Para qué escribir? Cuando uno se plantea esa pregunta en serio las respuestas van muy lejos. Y, en mi caso, me llevó a tratar de decir: ¿Cómo empezamos a contarnos historias? De ahí la curiosidad mía como escritor de llegar a entender cómo empezamos, cómo los humanos empezaron a pronunciar las primeras palabras, hasta dar el salto al lenguaje. Es el punto de partida.

Respondiendo de otra manera, la pregunta que yo me que me hice antes de empezar a escribir era demasiado ambiciosa para quedar resuelta con una trama actual. Entonces, tenía que irme un poco lejos, al origen de escribir.

W. Manrique Sabogal. Es la pregunta básica de cualquier creador, más o menos serio, en cualquier expresión artística: ¿Por qué pinto? ¿por qué compongo canciones? por qué lo que sea.

Benjamín G. Rosado. El misterio está en el propio origen. Creo que ha sido algo aleatorio, ha surgido de manera espontánea.

W. Manrique Sabogal. La inteligencia artificial aparece en su novela: ¿La IA obliga a cambiar el concepto o la aproximación al arte?

Benjamín G. Rosado. Hablo de la IA a través de la mención de un programa. Crear novelas de manera automática ya lleva pasando mucho tiempo. No fue algo que me propusiera, simplemente, apareció a la hora de abordar todas las formas que hay en las que uno se puede enfrentar a la literatura o a contar historias.

W. Manrique Sabogal. El vuelo del hombre desarrolla algunos hitos que giran alrededor de los orígenes de la creación.

Benjamín G. Rosado. El primero es el origen del lenguaje, el segundo es la forma de escribir, que en el caso del protagonista es absolutamente sorprendente para él mismo. Él no entiende cómo ha conseguido escribir su primer libro que le proporciona el éxito, el bloqueo creativo, los nuevos novelistas, la inteligencia artificial y, finalmente, la renuncia al libro.

Quizá el hilo conductor tiene que ver con el origen de la vida, como tú dices. Y que acaba hablando de lo que habla el libro en el tiempo presente: haber sido capaz de algo que es netamente científico y difícil de expresar y de comprender, como es un gen, el FoxP2, que parece ser el responsable del canto de los humanos y que está relacionado con el canto de los pájaros.

Convertir eso en algo que tenga una cierta enjundia poética, lírica, como una metáfora del vuelo de esos pájaros. Me refiero que eso es parte del juego. Pero son teorías que están dentro de la obra.

W. Manrique Sabogal. Es lo que siempre se ha dicho, que cantamos o desarrollamos otras expresiones artísticas como imitación de la naturaleza. En el caso de la música, Ramón Andrés lo recuerda en su ensayo Filosofía y consuelo de la música, de la imitación de la belleza del sonido de la nauraleza.

Benjamín G. Rosado. Es una teoría absolutamente sugestiva. Hay todo tipo de teorías, algunas apócrifas, otras, como puede ser las de Ramón Andrés con una buena base filosófica sobre que el origen de la palabra fue el canto. Hay una reflexión sobre esto mismo en el ordenador Hall 9000, en la película 2001, una odisea del espacio, de Stanley Kubrick: cuando Hall 9000 está muriéndose, porque el protagonista empieza a desconectarlo, y hace una alusión a esos orígenes, al origen de la humanidad; y esa vuelta a los orígenes es cantando esa canción bellísima que es Daisy, una forma de remitir al lenguaje más primitivo.

Y alguien que se dedica como yo a la música sabe que la música, a pesar de que cada vez que coges a un músico, un director, te suelen decir que es un lenguaje universal, la música no es un lenguaje universal: la música es otro lenguaje. Además, quien se asome a la música buscando imágenes se perderá un montón de cosas. Quien se asome a la música encontrando una dramaturgia, se perderá un montón de cosas.

Esta alocada teoría del profesor Castro, en mi novela, que tiene su fundamento científico, lo que viene a decir es que compartiendo un mismo gen, porque todo el mundo sabe que esos genes están presentes en otros animales, con una implicación no solo en una función, sino que, por ejemplo, el FoxP2, si no recuerdo mal, además del canto tiene que ver con la motricidad en los primates se alcanza una serie de implicaciones, por eso es tan difícil aislarlo.

W. Manrique Sabogal. ¿Qué es eso en concreto?

Benjamín G. Rosado. Se hizo un experimento con la familia K, británica, sobre FoxP2 que llevaba muchas décadas. Este gen empieza a llamarse FoxP2 en 2001. Antes de eso hacía alusión a una serie de genes con diferentes nombres. Entonces, se le induce a los pájaros, a los humanos. Se analiza una familia que tiene problemas para comunicarse, para hablar y que tienen afasia y cosas así, se dan cuenta de que tienen problemas en esa franja de genes. Esta es la base científica que Castro plantea y en la que el salto es el siguiente:

Puesto que los pájaros tienen el FoxP2, relacionado con el canto, y los primeros humanos tienen el FoxP2, parece ser que está relacionado con el desarrollo del lenguaje. Pudo existir una especie de traslación o de robo genético en el que, por imitación, recogiendo tu pregunta, los primeros humanos o los primates o como quieran llamarlos, en un momento dado, se plantean si podría resultar de utilidad ese canto para comunicarse, o no.

W. Manrique Sabogal. Una frase o idea que condensa el espíritu del libro: que el lenguaje nunca puede contener la realidad, solo puede acercarse. Un autor al acercarse a la realidad y escribir tiene que adulterar, alterar; por eso todo lo que contamos o todo lo que nos contamos contiene un porcentaje de mentira, de imaginación, de interpretación, de exageración, de manipulación. Es como el Mito de la caverna, de Platón.

Benjamín G. Rosado. ¡Exacto! Por eso esa precaución de los primeros homínidos, según Castro: no dejarse manipular y, por lo tanto, no querer comunicarse de una manera más desarrollada.

W. Manrique Sabogal. La novela nos recuerda que el ser humano es palabra, que estamos hechos de palabras, que somos lenguaje.

Benjamín G. Rosado. Exacto. Somos lo que somos, lo que decimos, el lenguaje pronunciado o no pronunciado. Otra cosa es que, como tú bien dices, somos y vemos como decía Platón, un reflejo de la imagen original. Quiero decir, que nunca las palabras logran o logramos con ellas contar la realidad.

W. Manrique Sabogal. Eso tiene otro equivalente en el amor, y en esta novela pasa lo mismo: el tema del amor se suele sustentar, como en la escritura literaria, en una ficción que nos contamos. El lenguaje es palabra y todo lo que usted ha dicho, y en el amor, la mitad del contenido, seguramente, también es imaginación, es ficción. La realidad es la realidad, lo visible o constatable. Y en el amor dependemos de la realidad del otro. Y de lo que percibimos. Con esos elementos creamos nuestro propio relato, entre realidad, percepción y ficción.

Benjamín G. Rosado. Me parece brillante, no puedo estar más de acuerdo.

W. Manrique Sabogal. Es lo que me invita a reflexionar su novela, con, por ejemplo, las dos historias de amor que contiene.

Benjamín G. Rosado. Me alegro que lo hayas percibido porque no salta a la vista, pero está ahí, es una de las capas. Y no puedo estar más de acuerdo con eso que dices de que para que el amor triunfe tiene que funcionar como una ficción. Efectivamente, tú tienes que ser director de escena de tu propia la vida, tienes que creerte lo que hay. Y una parte del amor, del enamoramiento o del compromiso que mantenemos con una pareja, es saber que vivimos en una realidad que debe estar bañada de imaginación y que eso hace posible que la controlemos.

¿Qué ocurre con las parejas del libro? y qué ocurre con el ejemplo, que te va a gustar más, de una serie que se llama Los años nuevos, de Rodrigo Sorogoyen. Es sobre la imposibilidad de una pareja para encontrar su momento, para continuar juntos. Se suele decir, y se ha dicho sobre esta serie, que se separan o que no consiguen estar juntos porque no quieren lo mismo, y no es así. Se separan porque no consiguen expresar lo que quieren. Es decir que para crear esa ficción hay que saber expresarla y para saber expresarla hace falta un lenguaje.

A lo mejor no hace falta verbalizarlo, pero hace falta convertirlo en algo. Entonces, esa imposibilidad de los primates o de los primeros humanos para comunicarse en las dos relaciones amorosas del libro también se traduce en una imposibilidad para decir quién es y qué es lo que quieres. En este caso, más de qué es lo que quieres, es quién eres; porque las dos coinciden en algo: y es que se termina revelando la identidad de quién se es. Es decir, cuando él persigue a Sara, se da cuenta de quién es Sara, a pesar de la historia de Mike. Y cuando él conoce a Kati, ahí la revelación es total.

Él está dispuesto a compartir su vida con una persona que no se parece en nada a la que conoce en el mundo real. Para eso sirve el lenguaje, para dotarnos de una ficción que nos proteja y para expresar lo que queremos ser y lo que esperamos del otro. Sabiendo siempre que hay un abismo, una cuestión de incomunicación.

W. Manrique Sabogal. La identidad es otro aspecto de la novela, la búsqueda de identidad, de construcciones, de descubrimientos de la identidad.

Benjamín G. Rosado. Cuando la acabé de me di cuenta de que es una novela de desapariciones. Personajes que desaparecen para luego tener la oportunidad de reinventarse, de ser alguien nuevo. Lo expresé sin darme demasiada cuenta. Quizás, tiene que ver con el hecho de que cuando escribí el libro estaba huyendo, lo escribí durante un largo viaje de dos años, estaba fuera de todo. Cuando tú pones tierra de por medio, viajas lejos y nadie te conoce, tienes la oportunidad de ser otra persona.

W. Manrique Sabogal. Chile y Colombia ocupan un lugar central en la novela.

Benjamín G. Rosado. Soy un apasionado de Colombia. Mi corazón está dividido entre Chile, que me parece un país fascinante, y Colombia que me dio más de lo que yo jamás le podría devolver. En Cartagena de Indias alquilé una casita en el barrio de Getsemaní, durante dos meses, y estuve escribiendo. En ese momento me di cuenta de que la historia tenía que pasar por ahí. Necesitaba la población de Mitú, en el Amazonas, por varias razones: porque necesitaba que el escenario final fuera en la Amazonía, en la selva, en un lugar exuberante, perdido. Como eso que plantea el final de la novela: un juego total de identidades, en el que tú no sabes quién es Lucho, cuándo es Lucho o quién es Diego. En ese diálogo final quería que el pueblo se llamara Mitú, que es yo, tú, quién es quién.

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