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Las escritoras peruanas Katya Adaui (arriba) y Miluska Benavides participan en la sección en vídeo Diálogos literarios de WMagazín.

Katya Adaui y Miluska Benavides: renovación y futuro de la literatura peruana

Las dos escritoras representan la convivencia del mestizaje literario y de orígenes en Perú con libros que rompen las fronteras de los géneros y exploran el lenguaje y los temas. WMagazín, con apoyo de Endesa, las invitó a su sección Diálogos literarios. "La ficción nos ayuda a elaborar esos tejidos intergeneracionales y para romperlos, oradarlos"

Presentación WMagazín Dos de las escritoras peruanas que están renovando la literatura latinoamericana son Katya Adaui y Miluska Benavides. Voces que desde la narrativa rompen las fronteras de los géneros y tienen un acercamiento especial con el lenguaje. Adaui, cuentista reconocida, ha publicado este año Geografía de la oscuridad (Páginas de Espuma) y Benavides ha reeditado su volumen de cuentos La caza espiritual (Hipatia) y fue seleccionada por la revista Granta como uno de los 25 escritores latinoamericanos menores de 35 años más prometedores. WMagazín, con apoyo de Endesa, ha invitado a estas dos escritoras a participar en su sección mensual en vídeo Diálogos literarios sobre la vida.

Perú como País invitado de honor de la 35ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara, FIL, vive un gran momento de nuevas voces, de visibilidad de nombres de todas las regiones del país, razas y estilos. El mestizaje literario en todos los sentidos es una de sus señas de identidad actual.

Katya Adaui nació en Lima en 1977. Es una narradora que descata en el cuento como se aprecia en los libros Aquí hay icebergs, Algo se nos ha escapado y Geografía de la oscuridad; y en la novela Nunca sabré lo que entiendo. Adaui es una de las voces más interesantes por el manejo del lenguaje al servicio, por ahora, de temas relacionados con los laberintos  y trampas de la familia y sus afectos y sus largas y profundas sombras. Pero eso está próximo a cambiar, según adelanta en este Diálogo. «Creo que para seguir viva hay que olvidar. A partir de ahí pude escribir ficción. Cambiar de género me ha hecho mucho bien, salir de mí y dedicarme a la vida de otra persona», revela la escritora.

Adaui le perdió el respeto a los géneros literarios en su pureza: «A mí me está volviendo loca, y creo que es un aprendizaje de la edad que me importa un bledo el género. Y si un solo libro intenta, hace el esfuerzo explorativo, aventurero, de mezclar, de licuar todo, de diluir es lo que más me interesa junto con el trabajo en el lenguaje: la disolución de la frontera».

Miluska Benavides nació en Lima en 1986. Es autora del libro de cuentos La caza espiritual (2015) en edición no venal que se caba de reeditar en Hipatia. Es traductora especializada en poesía con títulos como Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud en 2012. Es doctora en literatura latinoamericana y trabaja como docente. Está inmersa en la escritura de su primera novela, Hechos.  Su aproximación al lenguaje, a la palabra de lenguas nativas y las sensibildiades que ellas desprenden impregnan su obra. Vive en Estados Unidos.

«Los que hemos nacido en los ochenta, hijos o venidos de abuelos y padres migrantes estamos teniendo la necesidad de contar a través de lo intergeneracional, que pueda parecer como un tema, como una forma de engranar los relatos que no me había dado cuenta que estaba en La caza espiritual», confiesa Benavides. «Nos encontramos con libros dedicados a la memoria de las abuelas inquiriendo en este Perú que vivían las abuelas y que no se cuenta y aparece en la ficción. Lo mismo el libro de Gabriela Wiener, Huaco retrato, es intergeneracional y hay una relación de la experiencia individual y la experiencia nacional. Estamos en un momento en que la ficción nos ayuda a elaborar esos tejidos y quizás para romperlos, oradarlos».

El siguiente es el diálogo en un videorrelato en tres partes con su transcripción entre Katya Adaui y Miluska Benavides, dos escritoras que en este momento exploran la novela y la no ficción:

Las escritoras peruanas Katya Adaui y Miluska Benavides en la primera parte de la sección en vídeo Diálogos literarios de WMagazín.

Procesos de escritura

Miluska Benavides. Siempre se espera que cada libro de un escritor sea distinto o irrumpa. Pero no siempre funciona así. Los grandes libros son parte de una genealogía o de una conversación entre los propios libros. Borges decía que uno reescribe un mismo libro. En tu caso vemos el espíritu de una genealogía en el asunto del lenguaje, de los temas visitados. Puedo mencionar tus dos últimos trabajos, Aquí hay icebergs y Geografía de la oscuridad. ¿En tu labor como cuentista cómo manejas el parentezco entre los libros? ¿Cómo gestas los libros y cuál es tu proceso?

Katya Adaui. A veces es imposible huir de las propias obsesiones. Yo siento que mis textos conversan entre sí ineludiblemente. Pero la diferencia estaría en que en Aquí hay icebergs era un duelo abierto y en Geografía de la oscuridad el duelo se había tramitado, se había convertido en experiencia. Además, me daba cuenta de que si partía en este último libro de imágenes que había vivido ficcionaba desde ahí ya no estaba tan preocupada por sostener la memoria y decir esto pasó realmente y es autobiográfico. Fue permitirme a mí misma el olvido… Creo que para seguir viva hay que olvidar. A partir de ahí pude escribir ficción. Quizás es uno de mis libros menos autobiográficos, aunque no lo parezca. Y pasó algo, como tú dices, a nivel lenguaje. Era algo que con el estilo venía probando, de la fractura del lenguaje, pero en Aquí hay icebergs había hecho un sobreesfuerzo para que ocurriera, y en Geografía de la oscuridad me di cuenta de que lo tenía asimilado, que naturalmente me salía así, por fuera de mí, como si no fuera yo… Como si me fuera dado de alguna manera. En un próximo libro el tema de la familia vuelve a acontecer, pero en el siguiente sobre no ficción salgo por completo del tema de la familia. Cambiar de género me ha hecho mucho bien, salir de mí y dedicarme a la vida de otra persona.

M. Benavides. Es interesante lo que señalas de cambiar de género porque se asume que la ficción en sus formas breves o la novela son formas de enunciación que requieren los mismos trabajos, la misma imaginación, los mismos materiales… Es interesante que los relatos inviten atomizar, incluso, el mundo de manera distinta; a trabajar un enfoque quizás más en personajes, en escenas. La novela requiere de otros narradores, de otros documentos, de otros materiales de la realidad. Lo mismo me sucede con la no ficción que me parece un género muy interesante. Siempre he pensado en los géneros como mecanismos para pensar. Digamos que cada género invita a imaginar o pensar tomando hilos de donde empezar de manera distinta. Pasa algo similar con la poesía que requiere de otros mecanismos para pensar, para asociar. De esto no se habla mucho porque se asume que los escritores pueden escribir distintos géneros. Es una conversación necesaria porque cada género requiere de una reproducción de talentos dintintos.

K. Adaui. Es un tanteo y error. Si uno viene más o menos haciendo ficción sabe que va a trabajar con imaginación y con memoria. En mi caso que he hecho periodismo y contado y narrado noticias, la verdad es que nunca trabajé con material de archivo, ni nunca hice entrevistas. Es como una nueva forma de aprendizaje. Es un terreno absolutamente inseguro; y me gusta esa duda de no saber hacia donde hacerlo. Sentirme ahí perdida me hace bien, me quita seguridad; es algo que disfruto en el proceso de aprendizaje.

La escritora peruana Katya Adaui charla con Miluska Benavides en la segunda parte de la sección vídeo Diálogos literarios de WMagazín, en noviembre de 2021.

Literatura peruana contemporánea

Miluska Benavides. Estoy leyendo poesía peruana de mujeres, estaba leyendo a Joseph Zárate y la crónica es uno de los géneros que me llama mucho la atención. Yo podría recomendar la poesía peruana. En tu caso, ¿podrías hablar de esa nueva generación de autores?

Katya Adaui. Antes de abrirnos a otras escrituras, quería hablar de la tuya que me sorprendió. Sobre todo Los cuerpos celestes, por supuesto lo empalmé con algunos cuerpos celestes de Augusto Effio porque dije: «Ajá, tenemos dos autores interesados en el cielo; además, todas tus obsesiones están ahí». Parece un cuento escrito desde una traducción al inglés. Lo digo por una economía del lenguaje, por la vida en Occidente que acontece en todo el cuento. Hay algo que me parece sorprendente y renovador en nuestra literatura: proponías el viaje en el tiempo y la historia termina de una manera absolutamente distinta de como había comenzado. Empieza en 1800 y hace un viaje hacia el presente y termina en un presente continuo. Sentí que leías muchísimo en inglés y que algo de eso acontecía en tu escritura, algo como si fuera preliterario, incluso, como una escritura contemplativa: voy a narrar el así fue, así pasó con mucha distancia y, sin embargo, todo es ficción. Me pareció precioso y que ese fuera el primer cuento. Puedes contarme de ese cuento inaugural ¿por qué lo pusiste primero?

M. Benavides. El libro se plantea como un friso de la naturaleza, de la vida, y lo que inicia la vida es el cosmos. Mi intención es vincular el cosmos con la presencia humana y, de alguna forma, la única manera de hacerlo es mediante la contemplación. Esa es la distancia que quisiera recuperar en un tiempo en el que todo es muy cercano, accesible, íntimo. También quisiera recuperar la distancia de las entidades naturales, del cosmos… Y es un relato intergeneracional. Eso no lo había pensado hasta hace poco. Para reconectar con la conversación de por qué va primero es porque parte de nuestra intergeneración con el cosmos.

Esta característica intergeneracional también la veo en otros escritores y escritoras peruanas, sobre todo nacidas en los años ochenta. Esa búsqueda en la que ya no son los padres sino los abuelos, sobre todo abuelos cuya historia no está registrada en la Historia Nacional. He leído libros como los de Lourdes Aparición, Gloria Alvitres y Dina Ananco que van sobre las abuelas, las abuelas que nunca contaron su historia. Las abuelas que contaron la historia en la cocina, en los pasillos. Esa característica intergeneracional es muy marcada.

Los que hemos nacido en los ochenta, hijos o venidos de abuelos y padres migrantes estamos teniendo la necesidad de contar a través de lo intergeneracional que pueda parecer como un tema, como una forma de engranar los relatos que no me había dado cuenta que estaban en Los cuerpos celestes. Nos encontramos con libros dedicados a la memoria de las abuelas inquiriendo en este Perú que vivían las abuelas y que no se cuenta y aparece en la ficción. Lo mismo el libro de Gabriela Wiener, Huaco retrato, es intergeneracional y hay una relación de la experiencia individual y la experiencia nacional. Estamos en un momento en que la ficción nos ayuda a elaborar esos tejidos y quizás para romperlos, oradarlos.

K. Adaui. Y para cuestionarlo, como es el caso de Gabriela Wiener en el que puede saltarse dos generaciones y cuestionar su propio apellido. También pienso en ese sentido en Mañana nunca llega, de Tadeo Palacios. Él ya se mete con el pasado más reciente con el golpe de estado que tuvimos hace un año y puede pensar desde ahí la necrópolis perpetua que es el Perú con nuestros muertos que no terminamos de enterrar, los 200.000 muertos por pandemia y analiza las crisis que vivimos en cinco años, cinco presidentes, en cinco meses de gobierno once ministros… Desde ahí también pensar la escritura políticamente. Lo que me sorprendió del libro es que trata de algo que acaba de ocurrir. Solemos tardar muchos años en decantar el conocimiento y la experiencia y Tadeo ha podido hacerlo. Lo mismo Joseph Zárate con Guerras del interior que estratifica sus capas de interés: petróleo, oro, tala… Se puede hacer ficción desde los hechos concretos, y, al mismo tiempo, se puede hacer una no ficción, como tú bien dices, recuperando las voces de los propios familiares para cuestionarlos también. Eso está ocurriendo ahorita.

M. Benavides. Los materiales son distintos porque cada generación maneja materiales distintos. Por eso mencionaba a las poetas y a Tadeo y el caso de una persona muy joven que está trayendo la historia pero no como algo monumental sino como una gran narrativa. También está el caso de Fiesta, de Denisse Vega Farfán, donde se nos presenta el mar como historia. Digamos que la Historia revisitada a través de la ficción. De pronto estos materiales tienen una historicidad y se está hablando de ella en términos de la ficción.

La escritora peruana Miluska Benavides charla con Katya Adaui en la tercera y última parte de la sección en vídeo Diálogos literarios de WMagazín, en noviembre de 2021.

La exploración y disolución de los géneros literarios

Katya Adaui. Quiero preguntarte por la novela que estás escribiendo. Tengo entendido que se llama Hechos. ¿Cómo es ese proceso de escribir para ti una novela viniendo del cuento y la poesía y la traducción?

Miluska Benavides. Mencionabas esa influencia de la traducción y como soy traductora de alguna forma entre la traducción, el cuento y la novela ha sido un tránsito doloroso a nivel textual. La novela es otro género y hay que trabajarlo distinto. Mi proyecto va hacia la reescritura todo el tiempo. Quizás por eso no publico tanto. Pero me siento muy cómoda en la novela. El cuento lo pienso siempre y cuando el relato se encuentre dentro de un libro de ficción, eso es mi libro, un libro de ficción con secciones. No tengo la imaginación de cuentista. Entonces creo que esta novela puede ser el comienzo de otros proyectos. Me encanta también la no ficción, trabajar con la intervención, la disolución de la autoría, por ejemplo. Estamos viviendo un momento en que podemos trabajar con los géneros, mutilarlos desde dentro.

K. Adaui. Perderles el respeto. A mí me está volviendo loca, y creo que es un aprendizaje de la edad que me importa un bledo el género. Y si un solo libro intenta, hace el esfuerzo explorador, aventurero, de mezclar, de licuar todo, de diluir es lo que más me interesa junto con el trabajo en el lenguaje: la disolución de la frontera. Creo que tú tienes la triple exigencia con la traducción y por eso escribes poco.

M. Benavides. Creo que es eso. Los traductores tenemos la mala costumbre de pensar que todo es un borrador y que no existe un texto definitivo. El borrador definitivo es aquel que te da la fecha de entrega. Esa es la disciplina del trabajo en el que me he formado y, de alguna manera, se ha trasladado a la escritura. El último borrador será cuando llegue ese temido deadline y si no llega seguiré reescribiendo. Pero también está la idea de explorar nuevos géneros. Me interesa mucho intervenir crónicas coloniales. A veces, simplemente, hay que dejar ir para que nuevos proyectos cobren vida, cobren materialidad.

Entonces, nos encuentra Katya este momento explorando nuevos géneros, explorando ambas la novela y la no ficción. Ya nuestros textos se van encontrando. Esta idea de mutilar el texto es uno de esos trabajos sobre los que no podríamos hablar hace unos diez o quince años. Estamos en un momento en que incluso las nociones de autoría están siendo cuestionadas que es algo que a mí me fascina intervenir, incorporar, y la escritura nos permite y nos da esa libertad.

K. Adaui. Ha sido un gusto charlar contigo. Que sea una larga vida para Hechos y que puedas trabajar tu novela sin deadline y se demore lo que se tenga que demorar.

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