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Detalle de la portada del libro ‘Soñar con bicicletas’, de Ángeles Mora (Tusquets). /WMagazín

La poesía de Ángeles Mora, Lorenzo Oliván y Rosa Berbel para celebrar 33 años de Nuevos textos sagrados

Más de medio centenar de poetas consagrados y emergentes de España y Latinoamérica han convertido esta colección de editorial Tusquets en una de las más importantes de nuestra lengua. Tres de los autores que publican nuevos libros hablan de lo que quieren transmitir y de la importancia de esta serie para ellos y para este género literario

¿Somos lo que las palabras nos dejan ser? O ¿Las palabras son lo que las dejamos ser? ¿Somos más búsqueda que huida? ¿Somos más compañía que orfandades? ¿Cómo sobrevivir a las ruinas emocionales que cada persona se provoca o le provocan? ¿Por qué la belleza? ¿Y el amor?

Estas preguntas van de un libro a otro en los recientes poemarios de Ángeles Mora en Soñar con bicicletas, de Lorenzo Oliván en Los daños y de Rosa Berbel en Los planetas fantasma. Dudas y reflexiones que saltan de página en página, de poema en poema, en estos tres escritores que entablan un diálogo con los lectores. Siguen la estela de más de medio centenar de poetas publicados en la colección Nuevos textos sagrados de editorial Tusquets que celebra 33 años en 2022. Fue creada en 1989 y desde entonces se convirtió en una de las colecciones de referencia en español no solo por acoger voces de nombres consagrados, sino, y sobre todo, por su apuesta de nuevos autores a quienes acompaña en su viaje literario posterior.

Las palabras luminosas de Ángeles Mora

La poeta cordobesa Ángeles Mora. /Foto cortesía Tusquets

Este verano de 2022, Ángeles Mora celebra los cuarenta años en la poesía (su primer poemario fue Pensando que el camino iba derecho) con este Soñar con bicicletas, uno de los mejores en lo que va del año, donde escribe versos como Cosas lejanas que no vuelven nunca / ni tampoco se van. ¿Es eso la vida? O ¿somos lo que las palabras nos dejan ser?

Soñar con bicicletas es un libro que, sobre todo, busca la luz. La luz para orientarnos en un mundo que se empeña en lo contrario y en convertirnos en marionetas de nosotros y nosotras mismas.

El verso a que te refieres, supongo, pertenece a un poema de la tercera parte del libro titulada Underworld. Una parte que se sumerge un tanto en el ‘submundo’ en el que, de alguna manera, también vivimos: ese submundo que nos abren los sueños, las pesadillas que dormidos, e incluso despiertos, nos acosan. También recoge algunos poemas que surgieron al hilo del tiempo tan surrealista que hemos vivido durante la pandemia. Y, además, poemas que nos hablan de otras heridas abiertas por la dureza del mundo en que vivimos, las relaciones sociales y la manipulación que padecemos dentro del neoliberalismo que nos domina.

El poema en cuestión se titula OTOÑO y lleva un subtítulo: (Pesadilla IV). En él se habla de quedarse sin palabras como un árbol se desnuda en el otoño perdiendo sus hojas. Es decir, quedarse sin palabras cerrando así el libro de la vida o de mi vida. ¿Qué podría hacer una poeta sin palabras? De todos modos, eso funciona en el poema como metáfora, pero no podemos decir que las palabras, o sea, el lenguaje construya nuestra vida sino al revés: el pensamiento es el que da sentido a las palabras, el que las usa para decirnos. Pero, claro está, el uso que hagamos de las palabras en el poema las llena de sentidos.

En mi libro Bajo la alfombra, el poema inicial, titulado De poética y niebla, decía: “Pero hay que darle la vuelta/ a las palabras, saber/ que viven entre líneas,/ que se muerden la lengua/ para decirnos:/ en lo que callan/ me hablan.// Escribir es niebla./ Para mí quiero/ todas las palabras./ Cuando escribo me escriben./ En su tela me enredo.”

Los relámpagos de Lorenzo Oliván

El poeta cántabro Lorenzo Oliván. /Foto cortesía Tusquets

En esa esfera de las palabras, Lorenzo Oliván ha creado con Los daños un poemario que es como una noche de relámpagos que iluminan-muestran-recuerdan, jugando con un verso suyo, que la vida es “un misterio en fuga / Lo ajeno es lo más nuestro / esa grieta soy yo”. Es el ser ante el Todo universo-creado, y, a partir, de ahí un rosario de constataciones de orfandades y búsquedas del individuo.

“En Los daños me di cuenta de cómo algunos afectos nos constituyen, han alimentado nuestra raíz, nos han hecho crecer de una manera y no de otra. Las distancias impuestas activaron en mí una obsesión por los vínculos. De la misma manera, las muertes y las ausencias, como daños más repetidos de los últimos tiempos, me llevaron a ser cada vez más consciente de las muertes y ausencias que me han pasado factura en mi vida y que más han influido en mi mirada”.

Versos de Rosa Berbel para sobrevivir a las ruinas

La poeta sevillana Rosa Berbel. /Foto cortesía Tusquets

Rosa Berbel (Estepa, Sevilla, 1997) es una de esas voces recientes que con Los planetas fantasma deja de ser una promesa. Aquí lo perdido, lo ido, lo callado, lo devastado, la ausencia presente y “cómo lo bello resplandece también / cuando está muerto” son conceptos capitales. ¿Cómo vivir o sobrevivir a ese paisaje soñado, pero devastado?

“Una pregunta esencial que sostiene el poemario es la que tiene que ver con una posible habitabilidad en las ruinas, cómo vivimos después de que las cosas hayan terminado”, explica Rosa Berbel. Y luego ahonda en otro concepto:

“Esta idea de ‘lo post-‘ me obsesionaba mucho, no tanto desde lo postapocalíptico, como desde cierta convicción utopista. De ahí también que la supervivencia, que vertebra todo nuestro imaginario distópico, me interese menos que la vivencia desde el punto de vista político. Nos merecemos colectivamente una vivencia gozosa, una vivencia exuberante, no una mera supervivencia. Aprender a vivir en estos paisajes implica desaprender formas de relación, de producción, de pensamiento, de organización, de parentesco. También, claro, de enunciación y de imaginación. Diría que no es posible seguir adelante con estrategias reformistas, con pequeños parches. De ahí mi confianza en todo lo que la poesía tiene que aportar a esta reconfiguración: la idea de la poesía siempre se inventa de camino, es un horizonte de posibilidad, el poema está permanentemente insatisfecho. La poesía es un gran laboratorio de experimentaciones utópicas”.

Son reflexiones hechas verso en esta poeta que debutó en 2018 con Las niñas siempre dicen la verdad (Hiperión). Entonces obtuvo el Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal, el Premio Andalucía de la Crítica a la mejor Ópera Prima y del Premio Ojo Crítico de Poesía 2019 de Radio Nacional de España.

Historia de Nuevos Textos Sagrados

Libros de la colección Nuevos Textos Sagrados, de Tusquets, en el verano de 2022.

Los poemarios de Ángeles Mora, Lorenzo Oliván y Rosa Berbel en estos Nuevos textos sagrados se unen a los de más de medio centenar de poetas, desde 1989, como María Victoria Atencia, Marcos Ricardo Barnatán, Felipe Benítez Reyes, Carlos Bousoño, Francisco Brines, José Caballero Bonald, Arnaldo Calveyra, Guillermo Carnero, Luisa Castro, Juan Gustavo Cobo Borda, Antonio Colinas, José Corredor-Matheos, Alfonso Costafreda, Rosa Chacel, Diego Doncel, Francisco Ferrer Lerín, Vicente Gallego, Antonio Gamoneda, Concha García, Dionisia García, Luis García Montero, Olvido García Valdés, Angel González, Jorge Guillén, Rafael Guillén, Vladimir Herrera, Clara Janés, Juan Ramón Jiménez, Chantal Maillard, Juan Carlos Marset, Antonio Martínez Sarrión, Carlos Marzal, José María Micó, Enrique Molina, Luis Muñoz, Manuel Padorno, Juan Luis Panero, Virgilio Piñera, Jorge Riechmann, Claudio Rodríguez, Angel Rupérez, Daniel Samoilovich, Eloy Sánchez Rosillo, Jaime Siles, Andrés Trapiello, José Angel Valente, Vicente Valero, Alvaro Valverde, Luis Antonio de Villena e Ida Vitale.

Para una escritora como Rosa Berbel esta colección ha sido crucial para ella como lectora:

“Es un punto de referencia para cualquier amante de la poesía en español. Se me ocurren pocos catálogos con una idea tan precisa y a la vez tan heterogénea de qué es lo que la poesía puede hacer y pensar en nuestro tiempo, cuáles son sus caminos privilegiados, en un abanico de posibilidades que van desde una poesía más realista y sentimental, como la de Luis García Montero, hasta la radical experimentación lingüística y discursiva de autoras como Olvido García Valdés o Chantal Maillard, pasando por la heterodoxia política y ecologista de Jorge Riechmann. Yendo más allá, diría que es fundamental en el trabajo editorial tener una visión, aun precaria, de la poesía del futuro, y trabajar a partir de ella. Creo que esta colección funciona en parte con este empuje. Para mí fue muy importante descubrir la colección en mi adolescencia, desde antes incluso de comenzar a escribir poesía, y me ha ido acompañando hasta el presente. Es un verdadero lujo estar aquí, todavía me cuesta decirlo en voz alta”.

El caso de Lorenzo Oliván es parecido:

“Cuando estudiaba Filología Hispánica en la Universidad de Oviedo, a finales de los ochenta y a lo largo de los noventa, la colección “Nuevos textos sagrados” me asomó a los últimos libros de la generación del medio siglo. Libros de maestros como Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Francisco Brines, Ángel González o Antonio Gamoneda. Esos poetas han sido para mí determinantes. También descubrí en la colección libros claves de los novísimos, como los de Antonio Colinas, Carnero o Gimferrer. Los de novísimos “secretos” como Eloy Sánchez Rosillo. Los de quien fue uno de mis primeros editores, Andrés Trapiello. Y algunos de los mejores títulos de otros poetas más cercanos en edad, como Luis García Montero, Antonio Cabrera, Carlos Marzal, Álvaro Valverde, Vicente Gallego, Jorge Reichmann o Luis Muñoz. Me descubrió, de igual forma, las voces de mujeres poetas a las que desde entonces he seguido de cerca, muy atento a sus trayectorias, como Olvido García Valdés, Chantal Maillard, Clara Janés o Ida Vitale”.

La belleza es algo presente en todos los creadores y en estos poetas de manera especial. En Ángeles Mora su acercamiento a ese concepto ha cambiado en cuarenta años de poesía:

“Creo que el concepto de belleza o la emoción estética estuvo presente en mí desde que tengo memoria. Antes de intentar hacer algo creativo ya operaba en mí, de un modo inconsciente la emoción poética o artística en general. Es decir, creo que si hubiese tenido las “herramientas” lingüísticas y de conocimiento que con los años fui adquiriendo, hubiese podido escribir poesía desde siempre. Ahora bien, con el tiempo aprendí que la poesía no es solo emoción estética sino una manera de pensar la vida y construir nuestro yo, de aprender a ser tú misma, darle sentido a tu nombre y adquirir personalidad propia. Claro es que cambia la manera con que se percibe el mundo y el concepto de belleza cuando vas madurando como persona y como poeta”.

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