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El periodista y escritor francés Olivier Guez (Estrasburgo, 1974) durante su visita a Madrid en otoño de 2025. /Foto WMagazín

Olivier Guez (y 2): “El juego y la indolencia con que se crearon los países del Oriente Medio Moderno solo han creado catástrofes”

Gertrude Bell es la protagonista de ‘Mesopotamia’, una de las personas más influyentes en la configuración de territorios como Siria, Palestina el Kurdistán o Irak. La novela del periodista y escritor francés llega tras su exitoso ciclo literario sobre la Alemania y la Europa de la posguerra

De izquierda a derecha: Winston Churchill, Gertrude Bell y T. S. Lawrence delante de la esfinge de Giza, en 1921. /Foto de Imago /ACI – cortesia Tusquets

“Lawrence de Arabia, Gertrude Bell y Churchill fueron tres personajes alocados que crearon el Oriente Medio moderno. Lo que pasa es que las consecuencias son tremendas y no hemos salido de ello todavía”.

Olivier Guez afirma esto preocupado por la espiral enmarañada que no deja de crearse en esta zona del planeta. Su novela Mesopotamia (con traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona, en Tusquets) sigue la vida de Gertrude Bell (14 de julio de 1868, Durham, Inglaterra – 12 de julio de 1926, Bagdad, Irak), aventurera, geógrafa, arqueóloga, políglota, escritora y espía británica. A través de ella, habla de la creación moderna de una parte clave del mundo con la configuración de las fronteras de territorios como Siria, Palestina el Kurdistán o Irak (Puedes ver aquí la primera parte de la entrevista).

Guez (51 años /Estrasburgo, Francia, 1974) es un periodista y escritor que estudió en la London School of Economics. Es una persona que conoce bien Oriente Medio y Europa y colabora con medios como The New York TimesLe Monde o el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Su experiencia y mirada original para conectar la historia con el presente lo han llevado a publicar varios ensayos geopolíticos y novelas como La desaparición de Mengele (Premio Renaudot 2017), sobre la vida clandestina de este militar nazi en la Argentina de Perón hasta su muerte. Fue el cierre de una trilogía sobre la Alemania de la posguerra que incluye El regreso imposible: Una historia de los judíos en Alemania desde 1945, la obra en que se basó para escribir el guion de la película El caso Fritz Bauer, en torno al fiscal alemán que persiguió a numerosos nazis.

En Mesopotamia, Olivier Guez se adentra en la vida de Gertrude Bell y los efectos de su labor. Habla de ella, una tarde, en un hotel de Madrid, y de su interés, desde niño, por la historia:

El periodista y escritor francés Olivier Guez (Estrasburgo, 1974) durante su visita a Madrid en otoño de 2025. /Foto WMagazín

Winston Manrique Sabogal. ¿Qué fue primero en su vida: Mesopotamia o Gertrude Bell?

Olivier Guez. Mesopotamia.

W. Manrique Sabogal. ¿Cuándo y cómo llegó a ella?

Oliver Guez. De niño estudiaba en una escuela religiosa judía. Y Mesopotamia es el jardín del Edén, es Abraham, es Ur, es la cuna del mundo de nuestras civilizaciones. Así que desde muy joven me vi zarandeado por esas leyendas en torno a esta tierra. Bell vino mucho más tarde.

W. Manrique Sabogal. ¿Cuándo la descubrió?

Olivier Guez. Fue en dos o tres fases. Vamos a decir que hay una prefase: hace casi treinta años en el 96-97 era estudiante en la London School of Economics y había una un curso sobre historia de Oriente Medio. Había un viejo profesor, llamado profesor Wilson, y el profesor Wilson había trabajado para la administración civil británica en Transjordania en los años cuarenta. Así que transmitió algo sobre este imperio británico en Oriente Medio.

Además, yo tenía una auténtica pasión por la región, he viajado mucho. Era la generación de la caída del muro de Berlín y de los acuerdos de Oslo. La verdad que eran simpáticos los años noventa en cuanto a apertura, a la desaparición de las fronteras, y existía una sensación de posibilidad.

Viajé mucho por esa región al final de los años noventa, a Siria, al Sinaí, a Jordania, a Israel, al territorio palestino. Trabajé como periodista en la región. No vivía ahí, pero iba y volvía. Y, un poco antes de la guerra en Irak, en 2003, la prensa británica redescubrió a Gertrud Bell, puesto que era la madre de Irak.

Así descubrí al personaje. Vi un poco lo que había hecho y pensé: “Qué mujer, qué increíble, qué historia loca”. La gran familia que acaba arruinándose, los estudios en Oxford, el celibato, los viajes, el alpinismo, las traducciones, Fez, Persia, la amistad con Lawrence de Arabia, la Primera Guerra Mundial… ¡Creó un país!

Una tarde le dije a un amigo: “Esto sería un personaje de novela formidable”. Pero era incapaz de escribir un libro así hace veinte años. Así que lo dejé. Escuchaba demasiadas conspiranoias en Oriente Medio y no hablaba árabe, había un límite. Así que me fui a Alemania.

Quince años más tarde, en 2018, leía un libro de Jean Roland y Gertrude Bell apareció en una página.

Siempre es así. Cuando encuentro un personaje que me interesa es una sensación física, como cuando uno se enamora. Es increíble, lo siento físicamente. Pero después, claro, hay que distinguir entre enamoriscarse o una gran historia de amor, ver si eso cristaliza o no. Hay que esperar un poco.

Y le enseñé la famosa foto de la conferencia de El Cairo, donde está Churchill y otros cuarenta hombres, mientras ella está en el extremo izquierdo, la única mujer. Y le dije a mi editor: “Voy contar la historia de esta mujer. Voy a decirte por qué. Y a través de esta mujer voy a contar el nacimiento del Oriente Medio contemporáneo”. No pensaba que sería tanto trabajo. Sabía que iba a ser mucho, pero no tanto.

Así me encontré con Gertrude dos o tres veces.

W. Manrique Sabogal. Acaba de terminar la novela sobre Mengele. Habla de un flechazo parecido al del amor, y cuenta cómo Gertrude vive un flechazo, escrito desde la ficción.

Olivier Guez. Sí esa es la ficción. Todos hemos tenido momentos así, sentir que ocurre algo y que no hay que perderse ese momento.

W. Manrique Sabogal. Ha dicho que no fue fácil escribirla, tardó como seis años. ¿Cómo fue esa imbricación de realidad y ficción? Recrea momentos amorosos e íntimos de ella que la hacen muy humana.

Olivier Guez. Ella dejó muchas cartas. Así que leí mucha correspondencia. Vamos a decir que es costura, es una investigación muy amplia, una acumulación enorme de todo y luego hay un trabajo de escritor, es decir, de recorte, de ritmo, de escritura.

En el fondo, pertenezco a la escuela de la bossa nova, esa es mi gran teoría. Cuando se escucha la bossa nova da la impresión de que un niño de ocho años podría tocar la guitarra. Pero es ultra complicado. Es decir, cuanto menos se ven las costuras más fluido es. Por eso nunca intervengo en los libros. Quiero que quede como si fuese natural. Nunca le hago guiños al lector o hago aquello de hacerle que se acerque. No, me parece demasiado fácil. Así que eso lleva tiempo, mucho tiempo.

W. Manrique Sabogal. Aparte de todo el rigor histórico, una de las líneas más sensibles de ella es a través de las cartas, sus amores, nunca se casó, no tuvo hijos, pero queda demostrada su veta más humana y frágil, y su búsqueda del amor. Es un plus que le da a la historia.

Olivier Guez. Me he inventado poco las historias de amor. Que Dick esté tan loco como ella y viva un concepto totalmente medieval del amor cortés donde no se tocan, donde la mujer amada es una virgen absoluta, una doncella. No he inventado nada, luego hay un trabajo de puesta en escena, claro.

Pero es lo que hace a esta mujer emotiva. No es muy simpática, no tiene humor, nunca es divertida. He leído todas sus cartas y no es divertida; pero al traducir algunas cartas se me han humedecido los ojos, porque es tan torpe, tiene tan mala suerte, le salen las cosas tan mal con los hombres, que hace de ella un gran personaje de novela.

Gertrude Bell en 1909, visitando excavaciones arqueológicas en Babilonia / Foto Wikipedia

W. Manrique Sabogal. En la época de Gertrude Bell empieza a surgir Palestina. Usted menciona que, acabada la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña quería que estuviera bajo el control internacional, luego pasa lo que pasa, que estaba más de acuerdo con el estado judío. Luego llega la Segunda Guerra Mundial, etcétera. Lo que soñaba Gertrude Bell se destruyó en los años cincuenta y todo ha ido a peor en los alrededores de Mesopotamia.

Olivier Guez. Nunca comento la actualidad, no me interesa. Hay personas a las que les encanta hacer eso, a mí para nada. Lo que más me chocó fue la indolencia con la que todos esos países de Oriente Medio fueron creados como un juego.

Rivalidad entre Francia, Inglaterra, dos chavales que se pelean y dicen: “Esto es mío, esto es mío, esto me toca a mí”.

Y Winston Churchill, por ejemplo. Extraordinario. Una especie de genio, pero también capaz de una gran indolencia y ambición. Es un chavalillo en la época asociado o ayudado por otros dos niños.

Luego, Lawrence y Bell que viven en mundos totalmente paralelos. Uno es las cruzadas, los beduinos, la libertad, con una mala conciencia absoluta, es Lawrence. Y la otra, una solterona increíblemente desdichada que se agarra, desesperadamente, a la creación de un mini imperio del que sería la madrina o la madre.

Estos tres locos: Lawrence de Arabia, Gertrude Bell y Churchill fueron tres personajes alocados que crearon el Oriente Medio moderno. Y me parece absolutamente genial desde cierto punto de vista. Parece que es algún cuadro de Dalí. Lo que pasa es que las consecuencias son tremendas y no hemos salido de ello todavía, porque nada podía reemplazar al Imperio Otomano. Una región siempre dominada por los grandes imperios, gobernanza imperial, y donde el Estado nación a la europea no tiene ninguna legitimidad.

Irak no existía. Líbano no existía. Siria no existía. Israel, si nos remontamos a los tiempos bíblicos, como Egipto, no tienen fronteras naturales. ¿Cómo se recorta un desierto cuando no hay ríos, no hay Pirineos? Así que hicieron un poco cualquier cosa globalmente.

El escritor francés Olivier Guez (1974) autor de ‘Mesopotamia’. /Foto JF Paga / Grasset

Y ha costado caro, y sigue costando caro. Han creado solo catástrofes, porque son regiones multiétnicas, multirreligiosas, etcétera.

 

 

W. Manrique Sabogal. Ese juego de niños en el tablero geopolítico parece que continúa. Hoy vemos que la ilustración, es decir, los valores de la ilustración, con sus errores y sus aciertos, cada vez son más atacados por los partidos de ultraderecha o derechas. ¿Por qué cree que sucede esto y qué cree que podemos hacer los ciudadanos o los gobiernos?

Olivier Guez. No sé qué podemos hacer. El gran problema es que ya no hay centro, no hay verdad. Por lo tanto, todo el mundo vive en un universo paralelo al de al lado. Si queremos debatir el mejor lugar es el ágora, pero si cada cual tiene su propia ágora con su propia verdad, entonces resulta imposible.

Mi próxima novela, una obra contemporánea, será sobre esta cuestión, centrada en las redes sociales. Las redes han destruido toda forma de verdad. Ese es el problema: ya no hay verdad. Si ya no hay verdad, no podemos hablarnos. Yo digo qué bonita camisa roja. Pero si es que mi camisa es blanca, me dirás tú. Entonces no podemos debatir. Y, prácticamente, hemos llegado ahí, cada uno tiene su realidad.

¿Qué podemos hacer? No lo sé. Hay que cortar las redes a lo mejor, aunque es imposible.

Es un periodo complicado, aterrador y fascinante, porque, realmente, es un gran punto de inflexión. Estamos entrando en cosas que no conocemos.

W. Manrique Sabogal. Las redes sociales han trastocado todo, potencian la posverdad. Y acaban de empezar.

Olivier Guez. Esa es la clave, pero no tenemos la llave. Es un cambio de paradigma total.

Lo modifica todo. También la psicología. La capacidad de concentración. La capacidad de ver el mundo. La capacidad de ser tranquilo. Sin tocar nada, sin mirar, es algo increíble. Y crea una nueva ansiedad enorme, enorme.

  • Puedes ver la primera parte de la entrevista AQUÍ.
  • Mesopotamia.  Olivier Guez. Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona (Tusquets).

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Winston Manrique Sabogal

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