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Elena Poniatowska (París, 19 de mayo de 1932), escritora mexicana y Premio Miguel de Cervantes 2013. /foto Casa de América Madrid.

«La belleza es todo lo que nos hace sonreír, sentirnos un poquito felices»: Elena Poniatowska

AUTORRETRATO ARTÍSTICO DE UN ESCRITOR 4 / Celebramos los 90 años de la escritora mexicana, Premio Cervantes y una de las periodistas pioneras de Latinoamérica en temas sociales, políticos y de lucha de la igualdad de las mujeres. La artes están en su vida desde los 5 años con la música de Chopin y un cuadro de Rembrandt. Un diálogo de WMagazín, con apoyo de Endesa

La música de Chopin hechizaba toda la casa por obra y gracia del piano de ella, de la niña. O eso creía cuando su padre, frente al piano, la sentaba en sus piernas, y ponía las manitas de ella sobre las suyas mientras tocaba al compositor polaco. “Creía que era una gran pianista”, recuerda Elena Poniatowska con una evocación vívida. Es el arte del que tiene el primer recuerdo más nítido ahora que cumple 90 años, el 19 de mayo de 2022. Un cuadro de Rembrandt es el otro recuerdo que la ha acompañado toda su vida. En casa de su abuelo, en París, había una pintura de un mendigo y decían que era de Rembrandt.

Chopin y Rembrandt son los dos artistas que acercaron a esta periodista y escritora mexicana de origen polaco a la belleza de las artes. Nació con el título de princesa Héléne Elizabeth Louise Amelie Paula Dolores Poniatowska Amor. Debido a la Segunda Guerra Mundial, cuando tenía diez años su familia se fue a vivir a Ciudad de México donde estudió piano y descubrió la literatura en español. Diez años después empezó a trabajar en el periódico Excelsior con una serie de entrevistas donde ya mostró su inclinación por temas sociales, políticos y femeninos en los que las voces de sus personajes dieron vida a sus crónicas y reportajes mucho antes de que proliferaran en el periodismo lo cual la llevó a ser conocida como la Princesa Roja. Pocas escritoras y periodistas han contado la vida de las mujeres anónimas a través de sus propias voces como la autora mexicana.

Con Elena Poniatowska, una de las grandes periodistas y escritoras latinoamericanas y Premio Cervantes 2013, WMagazín, con apoyo de Endesa, continúa su serie mensual Autorretrato artístico de un escritor. Poniatowska toma el relevo de los escritores Piedad Bonnett (Colombia), Rafael Argullol (España) y  Margo Glantz (México).

Autorretrato artístico de un escritor nos recuerda en la voz de sus autores, de cualquier lugar del mundo, la relación que tienen con obras y artistas. Desvelan el diálogo perpetuo de ellos con las artes y de ellas entre sí, la riqueza de su transversalidad, la importancia del arte en la vida desde niños, las obras que los acompañan a lo largo de su existencia, los motivos por los que les gustan determinadas obras y creadores… El primer disco que compraron, o la música que los acompaña, o el cuadro o escultura que siempre quisieron ver, o los conciertos donde más aplaudieron, o los artistas que les susurran e inspiran, o las obras de teatro que los hicieron soñar con subir a un escenario, o las películas que más han visto, o el edificio que los ha dejado con la boca abierta, o la ópera que más les ha emocionado, o si escriben con la compañía o bajo la mirada de alguna obra de arte o artista en su lugar de trabajo.… Al final, los escritores comparten cómo es su relación con la belleza o con qué o quién la suelen relacionar.

Es la relación con el arte como una de las bellas artes para vivir, crear y disfrutar.

Ese vínculo de Elena Poniatowska se remonta a cuando tenía unos cinco años. En un medio día de México en su despacho con la ventana abierta que da al pequeño jardín desde donde quieren meterse las hermosas plúmbagos azules, la escritora empieza, en esta videoentrevista, por evocar las primeras notas musicales cuando cría que era una gran pianista con las cuales da sus primeras pinceladas para su Autorretrato artístico de un escritor:

La escritora mexicana Elena Poniatowska y algunas de las obras y artistas que la han acompañado siempre: de arriba abajo y de izquierda a derecha: Detalle del cuadro 'Noche estrellada', de Van Gogh; Chopin, 'Mendigo', de Rembrandt, Ballet folclórico de México y fresco de José Clemente Orozco en el Hospicio Cabañas, de Guadalajara (México). /WMagazín

Autorretrato artístico de un escritor: Elena Poniatowska

Tengo un recuerdo de muy pequeña, de unos cinco o seis años, en París. Mi padre, que tocaba el piano, como buen polaco interpretaba a Chopin muy bien, me sentaba en sus piernas y ponía mis manos de niña sobre las suyas y yo creía que yo era una gran pianista… Ese es uno de mis primeros recuerdos más claros con las artes. Mi padre compuso varias cosas, eran sus genes polacos. Ya después, en México, entramos, con mi hermana, a la academia de piano de una señorita llamada Belén Pérez Gavilán, en la calle de Liverpool. Era muy bonito. Había muchos pianos y todo el mundo tocaba al mismo tiempo, eso creaba una cacofonía que llenaba todas las calles de alrededor.

Chopin.

Toqué el piano como hasta los 20 años. Hasta que el teclado sustituyó al piano, el teclado de la máquina de escribir

Ya no tengo piano, pero sí escucho música clásica. Aunque no puedo escribir con música. A diferencia de otros escritores que sí lo hacen, a mí me distrae demasiado la música porque la voy siguiendo y, entonces, olvido lo que escribo.

Ahora tengo mucha afición por los franceses, por Debussy, por Rabel o por Francis Poulenc que vivía en la región donde estábamos nosotros. Recuerdo que un día mi mamá me llevó a saludarlo y él nos dedicó una partitura, puso “A mis gentiles vecinas de Thourain”, esa partitura la tengo encuadernada.

La música para mí es muy importante, lo ha sido siempre. También lo fue para Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco. Cada vez que íbamos a Estados Unidos comprábamos una cantidad de discos. A Monsiváis y a mí nos gustaba la música de los grandes cantantes negros.

Con la pintura también tengo un recuerdo de muy pequeña en París. En la casa de mi abuelo decían que había un Rembrandt. Era una pintura muy bella de un mendigo. Me da muchísimo orgullo pensar que de niña pude convivir con un Rembrandt, pero no sé, dicen que muchos cuadros no son auténticos, y no sé si este haya sido auténtico. Pero lo veía.

 

Cúpula del Hospicio Cabañas, en Guadalajara (México), pintada por José Clemente Orozco. /Foto de Wikipedia

A mí siempre me ha conmovido Van Gogh, sus espacios, la locura de sus cielos, la silla, la cama, en fin… Van Gogh para mí ha sido muy impresionante de joven. Pero yo vivo en una ciudad grande donde han pintado, tanto en Guadalajara como en Ciudad de México, los grandes muralistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, a quien visité en la cárcel. También tuve una enorme amistad con un grabador del grupo de Leopoldo Méndez, Taller de Gráfica Popular, que se llamó Alberto Beltrán a quien veía hacer apuntes en la calle. Uno de los espacios que más me impresionan es el Hospicio Cabañas, en Guadalajara, con los murales de José Clemente Orozco

De joven ya me impresionó mucho Luis Buñuel. Hay una escena de Un perro andaluz que me horroriza, y es cuando abre un ojo con una navaja. Tuve el privilegio de tratar a Buñuel, de quererlo, incluso de llevarlo a la cárcel de Lecumberri a ver a Álvaro Mutis. A Buñuel le gustaba que fuéramos a ver unos ratones que vendían en una tienda. Estaban como en una caja de cristal.

Cartel de la película ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

El gran cine mexicano me gusta. Quise mucho a Gabriel Figueroa, el camarógrafo de las grandes películas mexicanas; las de María Félix, las de Dolores del Río, todas esas primeras películas en las que se vieron a los charros y a las mujeres con su reboso, las chinampas, las canoas, las flores… Todo eso para mí fue muy impactante.

El cine en México hace una exaltación del país y de su historia, del pueblo, de sus revoluciones, de sus antepasados indígenas que han dado una cultura extraordinaria.

Parte de eso se refleja en los bailes, en la danza. Mi segunda entrevista fue con Amalia Hernández, del Ballet folclórico de México. Era la madre de José Luis Martínez, un intelectual muy reconocido. Varias veces fui no solo a ver el ballet, sino también a llevar personas que querían conocer a México y quedaban encantadas no solo con los pasos de baile, sino con los vestidos, con los trajes, era bellísimo verlos. Ella logró un espectáculo que recorrió el mundo entero, causó sensación.

Ballet Folclórico de México.

Pero mi primer recuerdo de ser consciente de que estaba frente a algo hermoso fue de muy pequeña. Era una niña católica y rezaba mucho, supongo que todo lo que sucedía en el altar me parecía bello. Además, los altares de México son extraordinarios, las iglesias coloniales, pero en manos de los indios son un espectáculo de santos y vírgenes con angelitos que tienen entre las manos, piñas, manzanas, plátanos… Ver esas iglesias del arte popular en manos indias que estaban transformando el barroco español fue muy importante para mí. Esas iglesias son un gran tesoro para mi país y para mi corazón.

Mi fascinación con la literatura no empezó con libros en español. Yo leí en español hasta tarde. Recuerdo que leí Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, cuando tenía 14 años, así que fue tardísimo. Antes yo leía en francés. Me gustaban todos los libros de una condesa. Eran unos libros preciosos de color rojo con láminas doradas, los libros de la Condesa de Ségur, Las desventuras de Sofía que trataba de las desgracias de una niña traviesa; del diablito bueno, de uno que se pintó unos diablos en las nalgas… fueron un aprendizaje enorme porque obviamente cuando nací no había televisión, solo libros.

La naturaleza siempre ha estado conmigo. Ahorita, aquí afuera, veo una ventana por donde se asoman, quieren entrar, unas flores azules, muchos plúmbagos. A Martina, que trabaja conmigo, le gusta mucho el jardín y lo cultiva, le siembra chiles, le siembra tomates, tomates verdes chiquitos para la salsa verde picante; así que, bueno, el jardín es chiquito, pero ella hace que quepan todas las verduras de la tierra.

En mi despacho tengo la foto de una gran fotógrafa, Úrsula Bernal, de un niño de la calle. Ella estaba en una boda muy elegante y, de repente, volteó su cámara y vio a este niño que estaba viendo a los novios y a toda la riqueza de esta boda.  Tengo una foto de Mariana Yampolski de una madre con su bebé. Tengo una foto de mi hija Paula y mi hijo Felipe, varias fotos de mis padres, una foto de mi papá vestido de militar, y de mi madre, que era una mujer bellísima, no lo digo porque recuerde que era una niña que veía bella a su madre sino porque mi mamá, de veras, fue bellísima, fue modelo de escaparate y apareció en revistas de la época. También tengo a la virgen de Guadalupe que es muy simpática.

Y hay una foto de una mujer que está tratando de salvar a un árbol que se está cayendo al abismo. Después me dijeron que era mi retrato porque siempre estaba yo como en una mecedora balanceándome sobre un abismo.

Va a sonar cursi lo que voy a decir de la belleza, pero para mí la belleza es la sonrisa de los demás… México es un país bello de por sí, también Francia es un jardín, todo está cultivado, crece pastico hasta entre los rieles de los trenes. La belleza es todo lo que nos hace sonreír, supongo que sentirnos felices, un poquito felices”.

 

  • Elena Poniatowska (París, 19 de mayo de 1932), obtuvo el Premio Miguel de Cervantes de 2013.  A los diez años su familia se trasladó de París a Ciudad de México. Después de una formación inicial en lengua inglesa y castellana, en 1949 realizó sus estudios en Estados Unidos, hasta regresar a México en 1953. Empezó a trabajar en el periódico Excélsior.

En 1955 publicó su primera novela, Lilus Kikus, luego vendrían títulos como Hasta no verte, Jesús mío (1969), en 1971 obtuvo el premio literario Xavier Villaurrutia por La noche de Tlatelolco, aunque lo rechazó. Entre sus obras figuran Todo México (1990), Tinísima (1991) -sobre la vida de la fotógrafa italiana Tina Modotti-, Paseo de la Reforma (1997), Todo empezó en domingo (1998), Cartas de Alvaro Mutis a Elena Poniatowska (1998), Las soldaderas (1999), Juan Soriano, Niño de mil años (1999), La piel del cielo (2002, Premio Alfaguara de Novela), El tren pasa primero (2006), Leonora (2011, Premio Biblioteca Breve), Dos veces única (2015) y El amante polaco (2019).

Puedes ver AQUÍ el Autorretrato artístico de Piedad Bonnett.

Puedes ver AQUÍ el Autorretrato artístico de Rafael Argullol.

Puedes ver AQUÍ el Autorretrato artístico de Margo Glantz.

 

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